lunes, 12 de noviembre de 2007

Antinomias de la razón tolerante por Slavoj Zizek


El gran idealista alemán Immanuel Kant desarrolló la noción de "antinomias de la razón pura", cualquier razón inevitablemente cae en la contradicción cuando intenta ir más allá de nuestra experiencia sensata y concreta para dirigirse a cuestiones tales como: ¿Tiene el universo un comienzo, un espacio limitado, una causa inicial, o es infinito? La antinomia se origina porque es posible construir un argumento válido para discutir ambas partes de la cuestión: podemos demostrar de forma conclusa que el universo es finito y que es infinito... Kant argumenta que si este conflicto de la razón no se resuelve, la humanidad cometerá el error de caer en el escepticismo desesperanzador que él llama "eutanasia de la razón pura". Las reacciones a las atrocidades por parte de los musulmanes en las caricaturas danesas sobre Mahoma parecen confrontarnos con una similar antinomia de la razón tolerante: dos historias opuestas que se cuentan en la caricaturas, cada una convincente y bien argumentada sin mediación o reconciliación entre ellas.
Por el otro lado, para los liberales occidentales para los cuales la libertad de prensa es uno de los valores más altos, la cuestión es clara. Aun si rechazamos con disgusto las caricaturas, su publicación no justifica de ninguna forma una muchedumbre violenta y sanguinaria y la estigmatización de un país entero. Algunas compañías ya se han adelantado a las nuevas reglas del juego, entre ellas, Nestlé y Carrefour. Nestlé enfantiza que no usa leche proveniente de vacas danesas en sus productos. La cadena de supermercados francesa Carrefour en Egipto informa a sus "estimados clientes" que para solidarizar con la comunidad islámica "no utilizan productos daneses". El horror de esto es que ambos aceptan la estigmatización de un país entero. Si se va un poco más lejos aún, ¡el presidente esloveno se disculpó con los musulmanes en nombre de la "civilización europea"!

Aquellos que se sintieron ofendidos por las caricaturas deben ir a una Corte y perseguir al injuriador, no tienen que esperar disculpas del Estado. La reacción musulmana ante esto demuestra la evidente falta de compresión del principio de una sociedad civil independiente y subraya el estatus de sagrado que tiene para los musulmanes la escritura (que es por lo cual está prohibido el uso del papel higiénico). La idea de una escritura completamente secularizada es inimaginable en la cultura islámica por no mencionar la montipintonesca caricatura de la "vida de Mahoma". Aquí hay más de lo que parece. Una burla carnavalesca de la divinidad es parte de la religión europea misma, comenzando con los antiguos griegos con sus ridículos rituales a los dioses del Olimpo. No hay nada subversivo o ateo en eso: es una parte inherente de la vida religiosa misma. Para el cristianismo, ¿no es acaso la crucifixión un espectáculo grotesco de blasfemia, cuando se visualiza la imagen de Cristo como rey con la corona de espinas montado a un borrico? Aún más, ¿no hay momentos de ironía carnavalesca en las parábolas y enigmas de Cristo? Y por último pero no menos importante, ¿qué hay sobre las caricaturas anti-semitas y anti-cristianas vulgares y brutales que circulan en la prensa y en los libros de texto en los países musulmanes? ¿Dónde está aquí el respeto por los demás y su religión que ellos le exigen a Occidente?
Por otro lado, un caso no menos convincente se le puede cuestionar a Occidente. Pronto se hizo conocido que el mismo diario danés donde se publicaron aquellas caricaturas de Mahoma, antes había rechazo las caricaturas de Cristo por considerarlas demasiado ofensivas. Además de esto, previo a las manifestaciones públicas, los musulmanes daneses trataron durante meses de dialogar "al estilo europeo" con las autoridades del gobierno, diálogos que fueron rechazados e ignorados. La realidad detrás de todo esto es que el triste hecho de la creciente xenofobia en Dinamarca, señala en fin del mito de la tolerancia escandinava. ¿Y que hay sobre nuestra propias prohibiciones y limitaciones de la libertad de prensa? ¿No es el holocausto nuestro hecho sagrado e intocable? En el mismo momento cuando las protestas musulmanas se estaban tiñendo de furia, David Irving estaba en una cárcel austriaca por expresar sus dudas acerca de la veracidad del holocausto en un artículo publicado quince años atrás, por tal artículo fue condenado a tres años de prisión. Por lo tanto está prohibido en nuestras sociedades liberales dudar del holocausto...

Sin embargo, el liberalismo occidental partisano puede señalar la exagerada reacción hacia las caricaturas, como va emergiendo de forma violenta y sanguinaria y expandiéndose hacia toda Europa u Occidente; indica que las protestas no son "realmente" sobre las caricaturas, sino sobre las humillaciones y frustraciones contra el imperialismo occidental. Los periodistas en las últimas semanas compitieron entre ellos enumerando las "razones verdaderas": la ocupación de los israelíes en Palestina, la insatisfacción con la política pro americana de Musharaf en Pakistán, en antiamericanismo en Irán, etc. El problema con esta excusa es: ¿no es lo mismo para el antisemitismo? No es "realmente" la protesta respecto a los judíos, una protesta desplazada acerca del capitalismo y la explotación. Así que esta causa sólo lo hace peor para los musulmanes: ¿por qué no se dirigen a la verdadera causa?
Algunos grupos respondieron a las caricaturas danesas con sus propias caricaturas ofensivas. En Europa un grupo musulmán distribuyó en internet dibujos de Anna Frank en la cama con Hitler. Hamshari, uno de los diarios que más se venden en Irán anunció su concurso sobre caricaturas acerca del holocausto en respuesta a lo publicado por los diarios europeos sobre las caricaturas del profeta Mahoma. El objetivo es dar vuelta las piezas respecto al alegato de que los diarios puede imprimir cualquier material ofensivo en nombre de la libertad de expresión: "los diarios occidentales imprimieron estas caricaturas sacrílegas basándose en el pretexto de la libre expresión, así que veamos a qué se refieren con esto, e imprimamos caricaturas sobre el Holocausto". Este ejercicio es claramente contraproducente: si realmente creen que las caricaturas danesas de Mahoma fueron un crimen sacrílego que merece el peor castigo; ¿las caricaturas sobre el Holocausto no repetirán el crimen? Sobre el hecho que lo estén haciendo con la excusa de "¡vamos a ver cuán tolerantes son ustedes!" de ninguna forma cambia este hecho. En breve, esta reacción es una prueba de que lo que verdaderamente importa para los ofuscados musulmanes es la lucha por el reconocimiento y el respecto, un sentimiento de humillación y orgullo herido, pero no religioso.
Una prueba más sobre este hecho es la extraña inconsistencia a la referencia que hacen sobre el holocausto. El diario jordano Ad-Duster publicó el 19 de octubre del 2003 una caricatura que retrataba las vías del tren camino al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, con las banderas israelíes en lugar de las nazis, y un cartel que en árabe decía: "La Franja de Gaza o el campo de aniquilación israelí". Esta idea sobre las políticas de Israel hacia los palestinos que han sido comparadas a las acciones nazi contra los judíos contradice extrañamente la negación del holocausto. ¿No estamos siendo testigos de otro ejemplo del chiste evocado por Freud para bosquejar la extraña lógica de los sueños?: 1) Nunca te pedí que me prestaras una tetera. 2) Te devolví rota la tetera. 3) La tetera ya estaba rota cuando me la prestaste. Tal enumeración de argumentos inconsistentes, confirma per negationem lo que se intenta negar, que te devolví una tetera rota... ¿Esa misma inconsistencia caracteriza el modo radical en que los islamistas niegan el holocausto? 1) El holocausto no pasó. 2) El holocausto pasó pero los judíos se lo merecían. 3) Los judíos no se lo merecían, pero perdieron el derecho a quejarse por lo que le hicieron a los palestinos lo que los nazis le hicieron a ellos.
Es, no obstante, fácil ganar puntos en este debate con reveses ingeniosos: ¿qué pasa si las verdaderas caricaturas del Islam son las violentas demostraciones anti-danesas, ofreciendo una imagen ridícula que encaja exactamente con el cliché occidental? El colmo de la ironía, por supuesto, es que la ira de las multitudes musulmanas se vuelve contra Europa, la cual contiene a los anti islamistas, como lo percibía Oriana Falacci como una manera demasiado tolerante hacia el Islam, rindiéndose ante su presión, y en Europa contra Dinamarca, parte del modelo escandinavo de tolerancia. Mientras más tolerante se es con el Islam, peor la presión que habrá sobre ti...
Con el pretexto de las afrentas musulmanas violentas, tropezamos con el límite de la tolerancia liberal y multicultural, con su propensión al auto flagelo y el esfuerzo por "entender" al otro: el otro aquí es un VERDADERO otro, real en su odio. No sólo las fórmulas liberales políticamente correctas sobre las caricaturas eran insultantes e insensibles sino también lo eran las reacciones contra ellas. Lo que demuestra esto es cómo la libertad conlleva responsabilidad y no debe ser abusada. Qué es la "libertad de prensa" sino una nueva versión de la vieja paradoja de la elección forzada: le da a usted libertad de elegir con la condición de que haga la elección correcta; le dan la libertad con la condición de que realmente no la use.
¿Cómo vamos a romper el círculo vicioso de la oscilación interminable entre los pro y los contra que comporta la razón tolerante sobre una inercia debilitante? Hay una sola manera de hacerlo: rechazar los términos en el cual el problema es planteado. Como enfatiza Gilles Deleuze, no hay sólo buenas o malas soluciones a los problemas, hay también buenos y malos problemas. Percibir el problema en su justa medida entre el respeto por los otros versus nuestra propia libertad es en sí mismo una mistificación. No se cuestiona, desde un análisis más detenido, que los dos polos opuestos revelan su secreta solidaridad. El lenguaje del respeto es el lenguaje de la tolerancia liberal: el respeto sólo tiene significado como respeto para aquellos con los cuales NO estoy de acuerdo. Por lo tanto, cuando los musulmanes ofendidos exigen respeto por la otredad, aceptan el marco en el cual está encuadrado el discurso liberal. Por el otro lado, la blasfemia no es sólo una actitud de abominación, de tratar de pegar al otro donde más le duele, al centro mismo de sus creencias. Es un problema religioso en el estricto sentido: funciona dentro del espiral del espacio religioso.
Lo que se advierte en el horizonte si evitamos este camino es un prospecto de pesadilla de una sociedad regulada por un pacto perverso entre los fundamentalistas religiosos y los predicadores políticamente correctos de la tolerancia y el respecto por las creencia de los otros: una sociedad inmovilizada por la preocupación de no herir al otro, no importa cuán cruel y supersticioso es el otro, y en qué rituales cotidianos de "atestiguar" su victimización están comprometidos los individuos.

En los últimos años hubo un debate candente en Eslovenia: ¿Se les debe permitir a los musulmanes (la mayoría trabajadores inmigrantes de la ex Yugoslavia) construir una mezquita en Ljubljana, la capital de Eslovenia? Mientras que los conservadores se oponían por razones culturales, políticas, arquitectónicas; el semanario Mladina, que fue también el único en reimprimir las caricaturas de Mahoma apoyaba su construcción. Y, contrariamente, aquellos que mostraban tener gran "comprensión" por las protestas musulmanas eran los mismos que expresaron su preocupación por la Europa cristiana.
Los conservadores en Eslovenia evocaron un paralelo con un escándalo que ocurrió en ese país un par de años atrás, cuando el grupo de rock Strelnikoff imprimió un afiche anunciando su concierto: la clásica pintura de la Virgen María con Jesús de bebé en su regazo, pero en el afiche se la mostraba a María sosteniendo en vez de un bebé a una rata. El punto con este paralelo era, por supuesto, reprimir las caricaturas que se mofaban del cristianismo, y al mismo tiempo, se notaba que la diferencia en las reacciones de las comunidades religiosas era un argumento para la diferencia de civilizaciones... Por ejemplo, la superioridad de Europa: nosotros, cristianos, nos limitamos a las protestas verbales, mientras que los musulmanes resuelven las cosas con matanzas ...
Esta rara alianza a la que se enfrenta la comunidad europea musulmana con una elección complicada demuestra su paradójica posición: la única fuerza política que no los reduce a ciudadanos de segunda clase, sino que les da un espacio para destacar su identidad, son los ateos "sin Dios" liberales, mientras que aquellos que están más cerca de la práctica religiosa-social son sus grandes enemigos políticos. La paradoja es que, no para aquellos que publicaron primeros las caricaturas, sino para aquellos sin la solidaridad de la libertad de expresión, reimprimieron las caricaturas de Mahoma, son sus verdaderos aliados.

Karl Marx, en su análisis político sobre el caos de la revolución francesa de 1848, señalaba la situación paradójica del partido dirigente autodenominado "Partido del Orden", una coalición formada por las dos alas reales (los leales a los Borbones y los seguidores de Orleáns). No obstante, mientras ninguno de los dos partidos pudieron, por definición, encontrar un común denominador a nivel monárquico (no se puede ser monárquico en general, sino que se debe apoyar una determinada casa real), la única razón por la cual los dos se unieron fue bajo la enseña de un "reino anónimo de la república": la única forma de ser un monárquico en general es ser republicano. ¿Y este análisis no se aplica a la religión también? Aquí, uno no puede ser religioso en general, uno puede creer en algún(os) dios(es) en detrimento de otros. El fracaso de todos los esfuerzos para unir religiones prueba que sólo hay un único camino para volverse religioso en general y es bajo la enseña de la "religión anónima de ateísmo". Como lo demuestra el destino de las comunidades musulmanas en Occidente, es sólo bajo este estandarte que pueden progresar. Sin embargo, hay una especie de justicia poética en el hecho de que todos los lamentos de los musulmanes contra los daneses impíos, a esto le siguiera una violencia sin escala entre los sunnis y los shiites, dos facciones musulmanas en Irak. ¿No es la lección para todos los totalitarismos que en la lucha contra el enemigo externo se produce un quiebre interno y esta lucha se vuelve tarde o temprano contra un enemigo interior?

Luego de todo el escándalo sobre la vuelta "postsecular" de la religión, y sobre los límites del desencanto y la necesidad de descubrir lo sagrado, quizás, lo que verdaderamente necesitamos es una dosis del viejo ateísmo. Aquella ofensa causada por las caricaturas de Mahoma a las comunidades musulmanas nos da otro ejemplo acabado de que las creencias religiosas son forzadas a que se tengan en cuenta. Deplorable como la violencia de las multitudes musulmanas, los cínicos e irreflexivos libertarios occidentales deben aprender su primera lección de ello: los límites del desencanto secular. O al menos nos dicen eso.
¿Es esta la lección que tenemos que aprender particularmente de las muchedumbres asesinas que saquean e incendian en nombre de la religión? Por mucho tiempo nos dijeron que sin religión, se nos reduce a animales egotistas que luchan por su pedazo de tierra, con la única moral que el pacto de los lobos, y que la religión nos puede elevar a un nivel más espiritual. Hoy, cuando la religión está emergiendo como la principal fuente de una violencia brutal alrededor del mundo, uno se cansa de la convicción de que los fundamentalistas cristianos, musulmanes o hindúes son los únicos que están abusando y pervirtiendo el noble mensaje espiritual de su credo. ¿Qué pasa si restauramos la dignidad del ateísmo? ¿Es a lo mejor nuestra única chance por la paz?

Hace más de un siglo Dostoievski nos advirtió en su libro los Hermanos Karamazov sobre el peligro de la moral nihilista y atea: "Si Dios no existe, entonces todo está permitido". El filósofo Andre Glucksmann usó esta frase de Dostoievski para criticar los acontecimientos del 9/11s, lo tituló "Dostoievski en Maniatan". No pudo estar más equivocado: la lección del terrorismo actual es que si existe Dios, entonces todo está permitido, inclusive matar a miles de personas inocentes. Está permitido para aquellos que claman que su acto tiene un vínculo directo con Dios, ya que actúan como instrumentos del deseo de Dios. Entonces un lazo directo con el Todopoderoso justifica cualquier violación humana. Los comunistas estalinistas "impíos" son el mejor ejemplo acabado de esto: todo está permitido ya que ellos son el instrumento directo de su divinidad, en este caso la necesidad histórica del progreso hacia al comunismo.
La fórmula para el cese de la ética del fundamentalismo religioso fue propuesta por San Agustín, quien escribió: "Ama a Dios y haz lo que quieras" (al fin de cuentas las proposiciones significan lo mismo, ya que el amor es Dios). El truco por supuesto es que si realmente amas a Dios, "querrás lo que él quiere", lo que a él le agrada te agradará a ti y lo que le desagrada a él te hará sentir miserable a ti. Por lo tanto no es que puedas "hacer lo que quieras": tu amor a Dios, si es verdadero, garantiza eso, de que lo que hagas seguirá lo más altos estándares éticos. Es un poco como ese chiste que dice: "Mi prometida nunca llega tarde a una cita, porque si llega tarde, no será más mi prometida". Si amas a Dios, puedes hacer lo que quieras, porque cuando haces algún daño, esto en sí mismo es una prueba de que realmente no amas a Dios... No obstante, la ambigüedad persiste, de que no hay garantía, fuera de tu creencia, de que lo que Dios quiere realmente, con la ausencia de estándares externos a tu creencia en el amor a Dios, el peligro siempre está al acecho de que uses el amor a Dios como una legitimación para cometer los actos más horrendos.
Durante la cruzada del rey San Luis, Yves Le Breton, informó que una anciana vagaba por la calle con un plato lleno de fuego en su mano derecha y con un tazón lleno de agua en su mano izquierda. ¿No es esto nuestra experiencia más elemental de la moral? Cuando realizo un buen acto, no lo hago con miras de ganarme un favor de Dios, lo hago de todas formas, y si no pudiera hacerlo, no sería capaz de mirarme en el espejo. Un acto moral es por definición nuestro propio premio. David Hume, un creyente, aclaró este tema de una manera muy mordaz, cuando escribió que la única manera de mostrar respeto por Dios es actuar moralmente ignorando la existencia del mismo.

La historia del ateísmo en Europa, desde la Grecia antigua y los origines de Roma (De rerum natura de Lucrecio) hasta los clásicos modernos como Spinoza, ofrecen una lección en dignidad y coraje. La historia del ateísmo en Europa, más allá de los exabruptos de hedonismo, está marcada por la conciencia amarga de que no existe ninguna autoridad suprema que regule el destino de cada ser humano y que nos garantice un final feliz. Al mismo tiempo, estas doctrinas ateístas se afanan por formular un mensaje de felicidad basado en la premisa de no escapar de la realidad sino aceptarla y encontrar de una manera creativa un lugar en ella. Lo que hace a esta tradición materialista única es que combina la conciencia de la humildad de que no somos maestros del universo, sino parte del todo, expuestos a los giros contingentes del destino, con la buena voluntad de aceptar la carga pesada de la responsabilidad total sobre lo que hacemos con nuestras vidas; cuando las amenazas de catástrofes impredecibles se manifiestan por todos lados, ¿no es acaso esta una actitud sumamente necesaria hoy?
Tiempo atrás hubo un debate candente en Europa sobre si en la Constitución europea debía ser mencionado el Cristianismo como un elemento fundamental del legado europeo. Como es usual, se llegó a un arreglo donde junto con el Cristianismo fueron mencionados el Judaísmo y el Islamismo como parte de un legado antiguo. No obstante, ¿dónde se mencionó el legado más moderno de Europa, el ateísmo? Lo que hace moderna a Europa es que es la única civilización donde se acepta como una opción legitima al ateísmo para un puesto público. Este es el legado de Europa por el que más vale la pena luchar.

Mientras que un verdadero ateo no tiene necesidad alguna de fomentar su posición por medio de declaraciones blasfemas hacia los creyentes, también se rehúsa a reducir el problema de las caricaturas de Mahoma a una cuestión de respetar las creencias del otro. Respeto por la creencia de los otros como un valor supremo puede significar dos cosas: o tratamos al otro de una manera condescendiente y evitamos herirlo para no arruinar sus ilusiones, o adoptamos la postura relativista del régimen de "múltiples verdades". ¿Qué pasaría si sometiéramos al Islam -junto con las otras religiones- a un análisis crítico, que sea respetuoso pero no por eso menos duro? Esto y sólo esto es la única forma de mostrar un verdadero respeto por los musulmanes: tratarlos como adultos serios y responsables por sus creencias.

LA NORMA:TEORIA GENERAL DEL DERECHO por Silvana Bais

I .¿QUE ES UNA TEORIA?
Es un conjunto de ideas. El origen de la palabra es CONTEMPLACION.
Es un saber; la práctica es un saber
Es un tipo de saber.
Es un conjunto de ideas ordenadas.

II ¿CUAL ES LA EVOLUCION DEL SABER?
Tuvo en Grecia un momento revolucionario: Que va a influir en el saber occidental que quiebra el curso del saber dándole mayor dinámica: nació la FILOSOFIA, el s aber hacia lo que no se sabe.
Uno de los primeros filósofos “se que no se” “sólo se que no se nada”, que va a dar origen a la ciencia y a la teoría occidental.
Tiene vocación real de saberlo todo, está influido por diversidades parciales, nace la disciplina de la Edad Media: la TEOLOGIA.
En 1779 nació la ECONOMIA, la primera de las ciencias sociales
Nacen igualmente, otros SABERES, como las CIENCIAS NATURALES, le siguen las CIENCIAS EXACTAS y luego las CIENCIAS SOCIALES y hay una vuelta dialéctica a las CIENCIAS NATURALES, vuelven a ser grandes sujetos del conocimiento.
Se da una vuelta a la biología científica con desarrollo del psicoanálisis y la crisis de la genética.
El poder ha hecho funcionar todo esto: nuevas maneras del poder con nuevas maneras del SABER.-
Hoy el saber poder pasa a una forma exquisita de hacer hombre en la
genética.

III- CAMBIOS Y CARACTERISTICAS DE LA TEORIA:
* La Teoría no es santa: no hay teorías que no lleven en sí mismas un fenómeno de poder.
* El que considera la Teoría, va a advertir que toda TEORIA es un FENOMENO DE PODER que no es malo, pero hay que saber dónde existe.
* La TEORIA es siempre limitada, del cual el conocimiento no lo es.
* Aparecen Teorías en constante elaboración, con lo cual una TEORIA pura tiene que ser suplida atento la complejidad del mundo.
* Toda TEORIA para que no sea gris hay que relacionarla con la vida, la de Kelsen es un GRIS OSCURO.
* Toda TEORIA tiene que ver con el hacer, a veces se despega de la vida y otras veces la vida se ocupa la Teoría, entonces pasa a ser una no TEORIA.
* Es importante el deseo de saber para saber: sería la TEORIA TECNICA, aprisiona el saber por el hacer.
* El saber pasa por el tamiz de la Teoría.
* El saber vulgar no tiene Teorías.
* La Filosofía es un saber poder.
Hay quienes dicen que la Filosofía es una crítica y otros tienen una postura positiva, opinan que esta ciencia pretende construir, donde la crítica cava pero no construye, no hay sólo que cavar el fondo existente., considerando que el capitalismo lo compra todo.

IV - CONCEPTO DE GENERAL:
Hay dos grandes vertientes en cuanto a este concepto:
a) de lo general como lo general, tolo lo que tienen todos los elementos del grupo COMO COMUN.
¿Qué es lo que se va a tener de común a todo fenómeno jurídico?
En todos los individuos de este universo hay lo mismo.
b) no todo lo que tienen los individuos del universo, sino también todo lo que ABARCA EL UNIVERSO. Se opone a lo sectorial, lo que abarca a todos los sectores. Todas las ramas jurídicas se tratan en lo general, individuo-rama-naturaleza.
Cada individuo forma parte del todo. Es lo común y lo abarcativo.

V - ¿QUE SE ENTIENDE POR DERECHO?:
Siendo muy amplio lograr un concepto, bien se puede dar una idea. Pero en función que nuestra vida es basada en el cumplimiento de conductas, donde todo es indicativo de lo que se debe hacer o dejar de hacer. El derecho constituye una parte notable de la experiencia normativa.
Debe comprender el concepto de sociedad. Debe ir mas allá de la parte individual de los individuos, debe tener una idea de orden social. Los elementos constitutivos de derecho deben ser tres: el orden como fin al cual tiende el derecho, la sociedad como base de hecho de donde deriva su existencia y la organización, como medio para realizar el orden. De hecho puede decirse que existe derecho cuando hay una organización de una sociedad ordenada, o una sociedad ordenada por medio de una organización o un orden social organizado.

VI - ¿Cómo se relaciona EL DERECHO CON LAS NORMAS?
Precisamente el derecho se presenta como normas jurídicas entre relaciones de personas, que constituye un sistema que deriva en un ordenamiento jurídico. De esta manera el Derecho estudia:
- la norma.
- las relaciones jurídicas.
- el ordenamiento jurídico.
En la relación jurídica se comprende lo que es una norma jurídica. Una primera aproximación al concepto de norma jurídica sería que “una norma es un enunciado en imperativo o un uso obligatorio. Para comprender mejor qué es un enunciado imperativo conviene conocer ciertos aspectos del lenguaje (modos de expresar algo), en distintas proposiciones.
-Proposiciones descriptivas: suministra información sobre la realidad, con referencia a algo que ha acontecido. Por ejemplo, la noticia –como géneronarrada por un periodista.
-Proposiciones expresivas: expresa estados de ánimo, sentimientos, emociones (no puede ser comprobada la correspondencia con la realidad).
-Proposiciones preformativas: un uso del lenguaje que pretende crear obligaciones como, por ejemplo, quien se compromete a entregar una cantidad de dinero en un tiempo. Se genera una expectativa “te pagaré dentro de un año”. En el derecho, este tipo de lenguaje tiene gran importancia. En los contratos se usa mucho este tipo de lenguaje. Pero, sin embargo, este tipo de lenguaje no es imperativo.
-Proposiciones prescriptivas: su finalidad es influir en el comportamiento de una persona. Esta proposición es la que introduce el imperativo. Distinguimos tres clases de este tipo de proposiciones: consejos, peticiones e imperativos.
Quien da un consejo no se presenta como un impositor, sino como un influyente. En el imperativo, quien tiene poder sí que pretende imponer un poder destinatario y, las peticiones tampoco te fuerzan a que lo hagas –“por favor, haz esto” sería una petición. Para que sea una norma jurídica, ese imperativo necesita de una estabilidad. Esto es necesario para distinguir una norma de un acto jurídico.
En conclusión, un enunciado imperativo es un tipo de proposición prescriptiva, y al derecho le interesa por su intención de influir en el comportamiento de una persona o personas. Esto nos sirve para entender lo que es una norma jurídica.

VII - ¿Qué es LA NORMA?
Simplemente es una captación lógica de la realidad social, un juicio que capta lógicamente los repartos proyectados.
También podemos agregar que es una construcción racional. Pero ¿cuál es su estructura? Se puede considerar que posee.

VIII - ¿Cómo se construye la NORMA?
Depende lo que se quiera construir en el mundo jurídico.
a) Kelsen:
Nació en 1881 en Praga. Impone la exclusión de todo lo causal. Le queda
la imputación en el objeto. Ella es para que sea puro. El objeto del saber
jurídico no es una causal.
Dentro del DEBER SER hay dos clases:
1) con sanción: deber jurídico
2) sin sanción: DEBER SER MORAL.
Moral: es subjetivo, no va a ninguna ciencia.
Para este filósofo, Kelsen, la norma es en relación de imputación con sanción.
Si tenemos imputación sin sanción, se esta frente a lo moral, no es apreciable, salvo que se pacte el contenido.-
Además, ampliando su pensamiento, desarrolló un método jurídico estricto, mediante el cual quiso eliminar toda influencia psicológica, sociológica y teológica en la construcción jurídica, y acotar la misión de la ciencia del derecho al estudio exclusivo de las formas normativas posibles y
a las conexiones esenciales entre las mismas.
Su ‘Teoría Pura del derecho’ se expuso por primera vez en 1911. El derecho no debía tener otro fundamento de validez y ordenación que la propia teoría del derecho, entendida como «pura» en cuanto a que habría de sostenerse por si misma y no depender de valores extralegales. No existiría, pues, un derecho natural, sino que toda norma se basaría en otra anterior aceptada por una proposición sustantiva de la comunidad. En este sentido, admitía el importante papel de la sociología y de la ética en el proceso de elaboración del derecho y en el contenido de las leyes.
Hans Kelsen murió en Berkeley California, el 20 de abril de 1973.
En una síntesis de su pensamiento cabe destacar lo siguientes:
En primer lugar, el punto principal lo constituye la norma. La estructura de la norma jurídica consiste en una proposición hipotética. De ahí que, al implicar la norma jurídica un deber ser, el derecho pertenezca a la esfera del deber ser y no a la del ser.
En segundo lugar, la norma jurídica es explicada no aisladamente, sino en el marco de un complejo unitario llamado ordenamiento jurídico que se funda en el hecho que todas las normas del conjunto se derivan de una única norma suprema o fundamental.
En tercer lugar, si bien la unidad del ordenamiento jurídico postula su exclusividad cabe la coexistencia de ordenamientos, que Kelsen explica, del mismo modo que con las distintas normas y la norma fundamental, mediante un orden jerárquico entre los ordenamientos, de modo que el inferior es autorizado por el superior hasta llegar al ordenamiento internacional, por lo que la paz universal es pensable a través de un único ordenamiento jurídico mundial.
En mérito a lo establecido, igualmente, se puede opinar que su construcción adolece, no obstante del desconocimiento del derecho natural, como fundamento de la justicia y, consiguientemente, incide en las dificultades límites de toda filosofía del derecho de tipo positivista.
“Igualmente, Kelsen se preocupó de precisar que, configurando al derecho como una técnica social específica, no quiere hacer del efectivo motivo que determina el comportamiento de los individuos en la sociedad un carácter esencial del derecho, tanto más cuando no siempre son obedecidas las normas jurídicas por temor a la sanción, sino, a menudo, por motivos psicológicos más complejos, también de naturaleza moral o religiosa. Lo que caracteriza al derecho es sencillamente disponer la sanción, con independencia de que sea para dar lugar a determinados comportamientos."

b) TRIALISMO:
La lógica de la norma refleja los hechos: ingresan consideraciones valorativas.
Según esta doctrina la Norma:
* es la captación lógica de un reparto proyectado
* se remite a la causalidad de los repartos.
“Si es delito será la pena”
La norma surge del reparto.¿Es un concepto complejo en el cual se refleja la captación lógica del
reparto proyectado. La captación lógica del reparto (de los hechos) proyectado en cuyo funcionamiento deben realizarse cierto valores (por ejemplo para el maestro Goldchsmidt el valor Justicia)

ANTECEDENTES Y CONSECUENCIAS.
* Nace de la realidad y vuelve.
* Otros dicen el antecedente de la norma es la voluntad de Dios "EL
CORAM"
• La norma tiene que realizarse en el reparto.


IX - ¿Cuáles deben ser las cualidades de las normas para enlazar con la vida?
En principio tiene que ser fiel a quien la hizo, consistiendo esa fidelidad consiguiendo ver e investigar cómo nació.
Pero además, la consigna consiste en describir la voluntad del conductor, siendo éste en principio, el legislador que integra el Poder Legislativo.
Más aún, además de ser fiel, debe CUMPLIRSE, debiendo ser exacta, y lo es cuando se cumple.
Con respecto a esto, hay opiniones contrarias: si La Norma sólo es el deber ser, lo va a ser aún cuando no se cumpla (diría KELSEN), mata el problema de la exactitud.

X - LA NORMA, ¿Es un juicio lógico?
La idea es que afirmativa, siendo sus componentes
Los ANTECEDENTES donde se va a contar un problema y por otro lado las CONSECUENCIAS JURIDICAS que van a dar la solución.
Ejemplo práctico y de aplicación de esta estructura:
El Art. 79 del Código Penal asusta empezando por la consecuencia y después por el antecedente. "Se aplicará reclusión o prisión de ocho a veinticinco años, al que matare a otro, siempre que en este código no se estableciere otra pena".
Armar un juicio que en sus antecedentes tenga 2 características:
POSITIVA: el que matare a otro Art. 79 CPP.
NEGATIVA: artículo 34 salvo que, "No son punibles......(...)".
Pero... si el juicio el juicio cuenta el problema, entonces ¿los artículos están escritos para juristas y no para legos? Deduciendo esto pareciera que sí.
Y aplicándolo a un ejemplo práctico: ¿podría ser así?
El Sr. Juez escribe en su dictamen final: "Dado que Juan mató a la señora Gómez y que no fue legítima defensa, (Art. 34 CP) se lo condena a 20 años.”
Es diferente al de La Norma.
La Norma, igualmente suele entrañar juicios de valor, juicios de valor verdaderos. Aún cuando, tal cual el ejemplo, por ser un imperativo no equivalga a una proposición susceptible de ser calificada como verdadera o falsa, sin embargo supone normalmente un juicio de valor, el cual, como todo juicio, tiene un valor de verdad.
Pero tal juicio de valor es que la conducta mandada o prohibida en el precepto es el medio que conduce adecuadamente al fin de justicia en la relación de la cual se trate.
Pertenece a la razón el disponer los medios que conducen al fin. Por tanto, La Norma consistiría en una ordenación de la razón acerca de los medios que son adecuados al fin de justicia en las relaciones entre los hombres, y de los medios conducentes al bien común político.

XI - Criterio de aplicación en diferentes normas
Se pueden considerar diferentes tipos de normas:

Hay según se refieran al contenido:
NORMAS SUSTANCIALES Y NORMAS PROCESALES
NORMAS DE COMPORTAMIENTO Y NORMAS DE ORGANZACION

Otra según sea del destinatario:
NORMAS PRIMARIAS Y NORMAS SECUNDARIAS

Según la naturaleza y estructura de la sociedad regulada:
NORMAS DE DERECHO ESTATAL, CANONICO,
INTERNACIONAL, DE FAMILIA.

Norma general:
La del legislador que contempla el futuro. Pudiendo traducirse así: "si tal cosa llegara a ocurrir, ocurrirá la otra..."
Hay que realizar el valor PREDECIBILIDAD: alto grado de abstracción, como si tal ocurriera. Es diferente a: "dado que por cosa: ser a X (consecuencia siempre en el futuro)."
Norma individual:
En este caso describe, porque está en el pasado y es real, inmodificable, ocurrió, realza el valor inmediatez. El Sr. Juez tiene el caso delante suyo.
No necesita gran poder de abstracción. Va, insustituiblemente, ante el legislador porque tiene el caso ante sí.
Según Kelsen una norma es general cuando sus ámbitos de validez personal y temporal-espacial no están individualizados, deduciendo que una norma es individual cuando solo puede aplicarse a un caso único; y es general cuando es aplicable a mas de un caso.”una norma presenta el carácter general cuando dicta un comportamiento debido determinado en el nivel general: por ejemplo:
La norma establece que todos los ladrones deben ser castigados con la cárcel.
El carácter de individual o general no depende de que la norma en cuestión este dirigida a un hombre determinado individualmente, una categoría de hombres, es decir, a una pluralidad de personas determinadas de manera no individual, sino solamente general. Por ejemplo para le son generales las normas por ejemplo cuando “ cuando un padre, autorizando a ello por la moral imperante , en cuanto a las ordenes que dirige a sus hijos, ordena a su hijo Pablo asistir cada domingo a la iglesia o a no decir mentiras. “
Si la norma tiene carácter general se le designa como regla debida, solo en este caso resulta apropiado hablar de una norma, es decir considera fundamentalmente el carácter general del concepto de la norma. Porque el rasgo fundamental de la norma es que estable un comportamiento como debido. Esto puede suceder tanto en el nivel individual como en el general.”
Para el estudioso Von Wrigtn, expresa que la norma puede ser particular con respecto del sujeto, o particular con respecto de la ocasión. Una norma es particular en sentido estricto, cuando es particular con respecto del sujeto y la ocasión. De hecho la misma condición vale para una norma individual: una norma es individual, en sentido escrito, cuando están individualizados
su sujeto o sujetos, y su ocasión.
Para que una norma sea general, en cambio basta que no sea particular el sujeto o la ocasión. Bata que el sujeto o la ocasión no sena determinados, para que la norma sea de aplicación ilimitada.

XII - ¿CUALES SON LAS FUENTES DE LA NORMA?
Ya se ha manifestado en este trabajo, que la norma es la CAPTACION LOGICA DE LA REALIDAD DE UN REPARTO PROYECTADO.
La fuente entonces, es el Reparto de la realidad de la vida.
Se puede considerar la idea de origen divino de las normas: si se discute si es un pecado. Lo es: el pecado de la rebelión.
Por ejemplo, el Islam cree que hay un libro sagrado: "el Corán". El derecho del CORAN se basa en un libro religioso.
Cabe agregar que, Occidente acepta la fuente divina sobre el derecho positivo.
Si en un punto se relaciona con Dios, entonces se va a la naturaleza en general o a la razón escrita.

¿Todas las fuentes del instituto son iguales?
Hay varias. La verdadera fuente de La Norma que capta un reparto es el
REPARTO., se trataría de la llamada fuente real material: de donde viene
La Norma. Aquella norma que es considerada fundamento de validez de otra norma, es su fuente.
Igualmente, no puede dejar de mencionarse, que una norma jurídica también se origina, en ciertas circunstancias sociales o policitas que la explicarían desde un punto de vista sociológico.
De hecho, Los repartidores (los legisladores, en principio, tal lo ya expresado ut-supra) cuentan su reparto (autobiografía: escribir una vida).
Asimismo, la fuente formal es el cuento de su reparto que hacen los mismos repartidores. Son las normas positivas, de cualquier tipo, que pueden ser invocadas por un órgano como fundamento de validez de la norma que estatuye: el legislador invoca como fundamento de la ley a la constitución; el juez alude a la ley como fundamento de sus sentencias.- en definitiva la fuente formal es una norma de nivel superior a la que se aplica, en la que ésta tiene fundamento de validez.

Ejemplo: Código Civil: es una autobiografía de los repartos de Vélez
Sársfield
Sentencia: es la autobiografía del reparto elaborado por el juez.

Generalmente la fuente formal es escrita. En definitiva Fuente Formal y Fuente Material forman las llamadas Fuentes Reales.
Están en la realidad social. Con ello se hace La Norma. Pero no son las únicas fuentes.
También las hay de conocimiento: ¿Son éstas las únicas?
Hay oportunidades que lo que cuenta la fuente formal es para que se cumpla alguna vez, no inmediatamente, entonces se llama:

Fuente de Propaganda:
* Propaga una idea, su objetivo es lograr convencer a la gente de algo, si se logra, entonces la gente sí se convence. En definitiva alguna vez se cumple.
También existe otra fuente formal:
Espectáculo:
Se hizo como trampa para tontos, ni siguiera para que se cumpla.
Ejemplo: artículo de nuestra Constitución Nacional Art. 18 (...) "Las cárceles de la Nación serán sanas y limpias (...)".
Sin embargo, esta Constitución Nacional es una constitución material.

XIII - SINTESIS.
Nuestra vida se desenvuelve dentro de un mundo de normas. Se cree que se es libre, pero en la realidad se muestra que se está encerrado en una red de reglas de conductas, que desde el nacimiento y hasta que se termina la vida biológica, este camino, que es la vida humana, es dirigida en su totalidad por ella. Y atento esto, gran mayoría de normas se han tornado comunes y ordinarias, con lo cual no se advierte su presencia. En este trabajo se buscó integrar el concepto de norma con la realidad social.
La realidad social priva sobre todo. La verdad de la gente es la que vale, es la que debe conducir a los repartidores.


Bibliografía consultada.
"Historia de la filosofía", 2ª. Ed., G. Fraile O. P. edit. La editorial Católica S.A., 1966.
"El concepto y la validez del derecho". Robert Alexy- Edit. Gedisa. 1994.
"El valor de la ley positiva" Artículo del Dr. Camilo Tale.
Conferencias del Dr. Ciuro Caldani Miguel Angel, durante el curso.-
Constitución de la Nación Argentina
Código Penal de la Nación.
“Curso de Teroría General del Derecho” Roberto Vernengo – Edit. Desalma - 1985.
“Teoría General de las normas” – Hans Kelsen – Edit. Trillas.1994
“Teoría General del Derecho” – Norberto Bobbio – Edit. Temis – 1997.-

martes, 6 de noviembre de 2007

" El fin del estado y el porvenir del capitalismo. Reflexiones desde una lectura de Marx." por Hector León Moncayo S.



La globalización, o mejor el actual oleaje de globalización, contrario a lo que habitualmente se piensa, antes que un hecho económico es más que todo un hecho político. La preeminencia del dogma del libre comercio mundial o más exactamente su imposición práctica, especialmente en los países periféricos, es el resultado de una serie de decisiones (¿suicidas?) de Estado que, al “abrir” las economías nacionales, no han hecho otra cosa que renunciar a porciones significativas de soberanía a favor de las leyes “impersonales” del mercado [1] . O mejor, según se ha venido insistiendo en múltiples foros académicos y políticos, en favor de las grandes corporaciones multinacionales y de los estados hegemónicos (“hegemones”). El fortalecimiento, o la aparición, de instituciones supranacionales como las tradicionales de Bretton Woods o la Organización Mundial del Comercio (OMC), y la recientemente creada Corte Penal Internacional, refuerzan la imagen de que el antiguo orden mundial basado en estados nacionales, ha llegado a su final.

Tales decisiones forman parte de un programa político más general, denominado, para simplificar, neoliberalismo, que en el interior de los países viene concediendo también preeminencia al mercado. Así, podría decirse que si el primer proceso conduce a un debilitamiento de la soberanía “externa”, el segundo afecta la “interna”, sobre todo cuando se tiene en cuenta que a veces coincide con políticas de descentralización y en general de privatización de funciones públicas. No obstante, podría argumentarse en este último caso que otorgar primacía al mercado no está en contradicción con la naturaleza del Estado (¿gendarme?), en cuanto es un simple reordenamiento jurídico que, aún reduciendo o modificando por decisión propia la capacidad de intervención del aparato estatal, mantendría, de todas maneras, el marco constitucional. No sucede así, en cambio, en el plano internacional. Probablemente se podría invocar la existencia de una superestructura jurídica mundial pero, a esta altura, ya no es evidente que los estados hayan jugado un papel definitivo en su construcción. En el caso de la preeminencia otorgada al mercado mundial no puede, pues, procederse por analogía [2] .

El fin de los estados, aunque no se trate de todos, no es, sin embargo, una conclusión fácil de aceptar. No tanto desde el punto de vista práctico, como del teórico. Es posible reconocer que el espacio de las principales decisiones políticas ya no es el de las “naciones” y que hoy como nunca se ha materializado un poder que es de suyo global, o mundial. E incluso, que el ejercicio de dicho poder, pura y simple dominación del gran capital, ya no precisa de intermediaciones jurídico-políticas, ni siquiera en la forma de colonialismo. No obstante, las relaciones de mercado que regulan el intercambio y la circulación de mecancías y sobre todo la movilidad del capital, aún prescindiendo de las dificultades que propone, por ejemplo, la diferencia de monedas (atributo de la soberanía estatal), permiten la exacción, traslado y apropiación del valor generado en cualquier parte del planeta, pero no bastan ni para arbitrar la pugna entre las fracciones del capital ni mucho menos para construir verdaderas relaciones sociales de poder. La dimensión política, en el sentido de la relación de dominación legítima –para recurrir al lenguaje weberiano– sigue siendo indispensable.

Obviamente, desde otras perspectivas teóricas que no reivindican la centralidad del capital en la sociedad moderna y se ubican en una lógica de comportamientos e interacciones entre actores, el problema no adquiriría tal magnitud. En efecto, desde antes del auge de la noción de globalización, en los años setenta, ya algunas corrientes de la teoría de las relaciones internacionales cuestionaban el papel exclusivo del Estado, identificándose como transnacionalistas, transgubernamentales o globalistas [3] . Habría muchos otros actores, partidos, gremios, empresas multinacionales, organizaciones de la sociedad civil (ONG), las propias burocracias en los distintos niveles de los estados, e incluso las instituciones internacionales. Los resultados, así en el ámbito nacional como en el internacional, dependerían de un juego cooperativo (interdependencia, negociaciones) que eventualmente suscita el conflicto.

Sobra decir que estos enfoques son hoy predominantes en los análisis de la politología. En este ensayo no vamos a detenernos en estos aportes, aunque en su nivel, proporcionan perspectivas interesantes. En realidad es mayor su voluntad normativa (formulación de recomendaciones) que su capacidad interpretativa o explicativa. El punto de discrepancia tiene que ver con la noción de poder. Para la mayoría de ellos éste se reduce a una suma de recursos a disposición de cada uno de los “actores”. Entran en juego en el mismo nivel que otros factores que determinan la dinámica de la política global y abren o restringen los espacios de oportunidad política. El sentido de la “democracia” a nivel internacional es el mismo que se predica en el espacio nacional: la tramitación pacífica de conflictos entre intereses y actores o, mejor, su transformación en cooperación [4] . No es una feliz analogía. La naturaleza del Estado consiste, precisamente, en que, separado de la sociedad civil, concentra y monopoliza el poder político. Si esta pretensión es ya fallida a escala nacional e inexistente a escala mundial, estamos frente a un problema histórico que no podemos resolver constatando simplemente la “multiplicidad de poderes” en uno y otro caso, y menos si involucramos el espacio del mercado.

Es por eso que aquí volveremos sobre el problema fundamental planteado inicialmente. Se trata de esclarecer sus términos teóricos. El punto de partida es Marx.



El lugar del Estado en el pensamiento de Marx
En Marx hay dos aproximaciones a la teoría del Estado: una, desde la teoría “pura”, desde el análisis del modo de producción capitalista. Otra, desde una perspectiva histórica, desde la complejidad de la lucha de clases. En la primera el Estado aparece como un componente esencial. Sugestivo es en este sentido el plan de su obra liminar. Dice en una carta a Engels:

Lo que sigue es una síntesis muy breve de la primera parte. Me propongo reunir este material en seis libros: 1) Del capital; 2) De la propiedad territorial; 3) El trabajo asalariado; 4) El Estado; 5) El comercio internacional; 6) El mercado mundial [5] .

Seguramente introdujo modificaciones en este plan que no pudo llevar a cabo, y ya se sabe la participación de Engels en la edición del segundo y tercer tomos de El capital, pero no deja de ser sugestivo que introdujera, como asunto específico, el tema del Estado, incluso como presupuesto del comercio internacional y del mercado mundial. A primera vista daría lugar a pensar en un enfoque convencional de la economía política. No obstante, Adam Smith, por ejemplo, introduce el comercio internacional en el Libro sobre los sistemas de economía política, antes de tratar del Estado, tema que se reduce a considerar los ingresos del soberano o de la república. Obviamente, para éste, el punto de partida son las “naciones” y aunque reivindica las virtudes del mercado –en debate frontal, como se sabe, contra las doctrinas del mercantilismo–, el Estado como tal, es algo dado y no merece justificación alguna. En cambio, para Marx, quien por cierto señala que para los mercantilistas la riqueza de la nación es la “riqueza para el Estado”, el mercado mundial es, si no un supuesto analítico, por lo menos una fuerza que determina todo el proceso de despliegue de la dominación del capital, como lo sabemos desde el Manifiesto Comunista. Así, el Estado aparecería como una realidad histórica que se interpone en el avance de este proceso. Precisamente por ello, sería necesario considerarlo previamente.

En los famosos “borradores” (Grundrisse) detalla aún más esta lógica expositiva, aclarando que los tres primeros libros llevarían a una determinación de las tres clases fundamentales: “Luego, el Estado (Estado y sociedad burguesa-los impuestos o la existencia de las clases improductivas-la deuda pública-la población-el Estado volcado al exterior: colonias. Comercio exterior. El curso cambiario. El dinero como moneda internacional. Por último, el mercado mundial. Dominio de la sociedad burguesa sobre el Estado. La crisis. Disolución del modo de producción y de la forma de sociedad fundados en el valor de cambio. El trabajo individual puesto realmente como social y viceversa)” [6] ..

En este orden de ideas es evidente que se refiere al Estado en su forma nacional-territorial y que se trata de una realidad histórica necesaria. Por ello diferencia entre comercio internacional (división internacional del trabajo) y mercado mundial (que supone dinero mundial). Y no sería exagerado observar maliciosamente que la propia consideración del mercado mundial –más allá de los estados– lleva a la de la crisis. No hay que olvidar que medio siglo después se libraría un gran debate en torno a la naturaleza de la expansión planetaria del capitalismo, el cual daría lugar a las teorías del imperialismo. ¿Necesita el capital de un entorno no capitalista? ¿La incorporación de este último (internalización) llevaría, como lo había previsto Marx, a su conversión en capitalista? ¿Qué implicaciones tendría para la continuidad de la acumulación?

Al “plan de la obra” que se está comentando se alude en varios documentos. Por ejemplo, en la Introducción general a la crítica de la economía política, que figura como primera parte de estos borradores, donde hace, respecto del Estado, una significativa precisión: “...las tres grandes clases sociales. Cambio entre ellas. Circulación. Crédito (privado). 3) Síntesis de la sociedad burguesa bajo la forma del Estado. Considerada en relación consigo misma. Las clases improductivas... etc.” [7] . En este contexto, no cabe duda de que la “síntesis de la sociedad burguesa” debe interpretarse en su forma nacional y necesariamente como Estado. Seguramente –y esta es una razón adicional– le interesaba diferenciarla claramente de la noción de “comunidad”. Esta suposición, cuyas implicaciones todavía están por verse, no debe sorprender. Ya algunos autores han señalado que, en el campo de la sociología, también se supone, muchas veces de manera inconsciente, que la “sociedad” objeto de estudio es aquella circunscrita por el Estado [8] .. Sin embargo, puede dejarse de lado provisionalmente esta constatación e indagar un poco más en la definición del Estado como si fuese en el campo de la “teoría pura”.



El análisis de la forma Estado en el capitalismo
El análisis del Estado, hasta donde conocemos, se levanta sobre la tradición de los teóricos de los siglos XVIII y XIX, especialmente Hegel, que lo construyeron sobre el artificio puramente abstracto de la “sociedad” o la “comunidad”, con alusiones –importantes, pero tal vez no esenciales– a la “nación”. Para Marx, el Estado moderno sólo podía nacer de las relaciones sociales capitalistas. Se explica por ellas. Pero, como se dijo antes: ¿las relaciones sociales capitalistas deben expresarse necesariamente en el Estado moderno? La pregunta es tanto más inquietante cuanto que el Estado moderno es nacional territorial.

El argumento es bien conocido. Se desarrolla, sin duda, por contraste con el antiguo régimen feudal europeo. El Estado moderno sólo puede surgir allí donde han desaparecido las relaciones personales de dependencia y donde, por lo tanto, las relaciones políticas asumen un carácter específico, diferente y separado de las relaciones puramente económicas que se presentan como intercambios entre sujetos individuales, libres e iguales. Aparece como un proceso de gradual monopolización del poder y por tanto exclusión (no la simple subordinación) de cualquier otro, llámese nobleza, clero, gremios o burgos. Es la construcción de la soberanía “interna” que significativamente sucede a la definición de la soberanía “externa”, primer paso en el establecimiento de un espacio territorial.

La fórmula que sintetiza esta presentación, es, en Marx como en la tradición filosófica precedente, la separación entre la sociedad civil y el Estado. Pero, como lo señaló muchas veces, y en eso consiste su aporte, se trata precisamente de analizar la primera. Tal como lo dice en la Introducción general:

El contrato social de Rousseau que pone en relación y conexión a través del contrato a sujetos por naturaleza independientes, tampoco reposa sobre semejante naturalismo (las robinsonadas). En realidad se trata más bien de una anticipación de la sociedad civil que se preparaba desde el siglo XVI y que en el siglo XVIII marchaba a pasos de gigante hacia su madurez. En esta sociedad de libre competencia cada individuo aparece como desprendido de los lazos naturales, etc., que en las epocas históricas precedentes hacen de él una parte integrante de un conglomerado humano determinado y circunscrito.

Así, el artificio conceptual, que aparece en Hobbes y en cierto modo en Rousseau, en Locke y hasta en Kant, en Marx es un producto histórico. Pero no le interesa solamente establecer la determinación (de la “superestructura” por la “base”), como creen muchos comentaristas, sino el mecanismo que la hace posible, la unidad que existe detrás de la separación y la eficacia específica de ésta en la reproducción de la sociedad burguesa en su conjunto. La lectura de Hegel le ayuda a la reflexión. Como se sabe a ello dedicó buena parte de sus estudios y trabajos de juventud, especialmente la Crítica de la filosofía del Estado de Hegel; de juventud, es cierto, pero, como se señalará más adelante, la problemática no desaparecerá durante la madurez.

En los manuscritos que componen la obra mencionada, desarrolla una crítica acerba al que considera el extremo idealismo de Hegel. “El verdadero interés lo constituye la lógica y no la filosofía del derecho... El momento filosófico no es la lógica del objeto, es el objeto de la lógica. La lógica no sirve para probar el Estado, sino que, por el contrario, el Estado sirve para probar la lógica” [9] . La crítica avanza hasta señalar las ambigüedades y contradicciones del filósofo, aun dentro de su propia definición del Estado, la cual acepta, en los términos de la separación entre el Estado y la sociedad civil (la familia, la propiedad privada) y por tanto entre las esferas de lo universal (lo general) y de lo particular. Aquí uno de los problemas fundamentales, como en Rousseau, será el de la formación o expresión (¿representación?) de la voluntad general, que Hegel intenta resolver problemáticamente con la tridivisión: “poder legislativo”, “poder gubernativo (o ejecutivo)”, y “poder soberano”.. Es en esta intersección entre sociedad civil y Estado en donde Hegel parece enredarse, introduciendo a veces las clases sociales como mediadoras o colocando una de ellas, los propietarios de la tierra, como portadores (¿éticos?) del interés general, con lo cual se convierte en blanco fácil de los ataques de Marx.

La crítica tiene consistencia precisamente porque el punto de partida es en ambos el mismo. Las relaciones de poder político ya no son relaciones de producción. En el medioevo las clases de la sociedad civil y las clases desde el punto de vista político eran idénticas, puesto que la sociedad civil era la sociedad política Ello sucedía incluso en las monarquías absolutas. Por eso Marx concluye:

La Revolución Francesa fue la que terminó la transformación de las clases políticas (estamentos) en clases sociales o, en otros términos, hizo de las diferencias de clases de la sociedad civil, simples diferencias sociales, diferencias de la vida privada sin importancia en la vida política” [10] .

Es por eso que no acepta la solución sugerida por Hegel y lo llama a ser consecuente con su presupuesto atomístico que, por lo demás, no está lejos del paradigma de mercado introducido por la economía política, el cual sería la alternativa, aún para Marx, a la terrible “guerra de todos contra todos”: “Por lo tanto el ciudadano del Estado y el ciudadano simplemente miembro de la sociedad civil están también separados. (...) Para comportarse pues como ciudadano real del Estado, adquirir significación y actividad políticas, está obligado a salir de su actividad cívica, a hacer abstracción de ella, a retirarse de toda organización en su individualidad; pues la única existencia que cuenta para su cualidad de ciudadano del Estado, es su individualidad pura y simple, pues la existencia del Estado en tanto que es gobierno se lleva a cabo sin el, y su existencia en la sociedad civil se lleva a cabo sin el Estado” [11] .. En fin, los diferentes miembros del pueblo son iguales en el cielo de la política y desiguales en la existencia terrestre de la sociedad. Sólo así puede operarse el milagro de la abstracción en el Estado.



De la perspectiva histórica a la realidad de la política
El aspecto que cabe ahora resaltar de todo lo anterior consiste en que para Marx no se trata de un velo ideológico. Es un aspecto esencial en el funcionamiento del capitalismo y por ello toma el Estado como la síntesis de la sociedad burguesa. Incluso, en la misma crítica a Hegel, destaca la aparente paradoja de que apareciendo determinado el Estado por la sociedad civil (de la cual es su abstracción), a la vez ésta aparece determinada por el Estado que al “separarla” le asigna sus principios y modalidades de existencia “privada”. En el lenguaje de hoy diríamos que alude al campo de lo jurídico en lo que sería el surgimiento simultáneo del derecho público y el derecho privado.

En este orden de ideas, el que por mucho tiempo se denominó “carácter de clase del Estado” se explicaría, en principio, como un “efecto estructural”. Sin embargo, como se dijo antes, aparte de la “teoría pura”, Marx realiza igualmente una aproximación desde una perspectiva histórica, desde la complejidad de la lucha de clases que no contradice para nada la anterior y más bien la desarrolla. En principio, el argumento era puramente empírico: “A esta propiedad privada moderna corresponde el Estado moderno, el cual adquirido gradualmente por los dueños de la propiedad por medio de las contribuciones, ha caído enteramente bajo su dominio a través de la deuda nacional” [12] .

Aquí debe tenerse en cuenta, de todas maneras, que, desde un punto de vista histórico concreto, la formación del Estado moderno sólo puede examinarse en relación con las formas anteriores del poder en los avatares de la disolución del regimen feudal (allí habla de Alemania antes de 1848). Marx no ignora los antecedentes, hoy ampliamente reconocidos, de la paz de Westfalia, ni la importancia de las monarquías absolutas, o la disolución de los grandes imperios en el siglo XIX. En este proceso de transición, la propiedad territorial y el capital se disputan un lugar en la conformación del Estado que adquirirá en cada caso una forma distinta. Y ya conformado seguirá siendo el espacio de pugnas entre diferentes fracciones de las clases dominantes, como lo demostraría en sus textos posteriores sobre La lucha de clases en Francia y El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte.

Pero aún en este libro –La ideología alemana– que es anterior al desarrollo pleno de su teoría, nos ofrece también una indicación fundamental:

Los capitalistas forman una clase sólo en la medida en que son obligados a sostener una lucha común contra otra clase. Pues, por lo demás, ellos mismos se enfrentan unos con otros, en el plano de la competencia, en pos de ganancias en el mercado [13] .

Lo primero que salta a la vista es que, según esta apreciación, el capital, dado que existe empíricamente en la forma de capitales individuales, no podría constituirse, desde su realidad “civil”, en un proyecto consistente de dominación sobre la sociedad, simplemente porque se encuentra aherrojado por la inmedatez de la competencia. Sin embargo, lo necesita para asegurar la estabilidad social y la continuidad de la acumulación. Son otras clases, principalmente el proletariado, quienes se encargan de recordárselo. De ahí que resulte esencial el referente del Estado en donde sus intereses particulares asumen la forma de interés general, en lo cual reside el secreto de la política moderna por la vía indirecta de la representación.

Seguramente Marx nunca abandonó el contenido más profundo de lo establecido por Hegel. Tiempo después, en su obra fundamental, diría:

Estas leyes fabriles vienen a poner un freno a la avidez del capital, a su codicia de explotar sin medida la fuerza de trabajo, limitando coactivamente la jornada de trabajo por imperio del Estado, por imperio de un Estado gobernado por capitalistas y terratenientes. Prescindiendo del movimiento obrero, cada día más fuerte y amenazador, esta traba puesta al trabajo fabril fue dictada por la misma necesidad que trajo el guano a las tierras inglesas. La misma codicia ciega que en ese caso agotó la susutancia de la tierra, atentó en el otro contra las raíces de la fuerza vital de la nación [14] .

El interés de largo plazo del capital asume entonces la forma de interés general de la sociedad. O, expresado a la inversa: sólo el Estado en cuanto representante del interés general (¿público?) es capaz de materializar su interés de largo plazo. Desde luego, como resultado de una presión desde abajo.

Por eso al capitalista se le da un ardite la salud y la duración de la vida del obrero, a menos que la sociedad lo obligue a tomarla en consideración... la implantación de una jornada normal de trabajo es el fruto de una lucha multisecular entre capitalistas y obreros [15] .

Curiosamente, en Marx, esta dialéctica resulta implacable. Permite la confrontación pero a la vez conserva la unidad. En este terreno común, los obreros, sometidos ellos mismos a la competencia, hacen lo mismo y toman como referente al Estado. Se convierten así en clase. Parece como si Marx hubiera retomado la solución propuesta por Hegel. La atomización es superada mediante la conversión de las clases de la sociedad civil en una nueva forma de clases políticas que ejercerían la representación y la mediación frente al Estado.

Para defenderse contra la serpiente de sus tormentos, los obreros no tienen más remedio que apretar el cerco y arrancar, como clase, una ley del Estado, un obstáculo social insuperable que les impida a ellos mismos venderse y vender a su descendencia como carne de muerte y esclavitud mediante un contrato libre con el capital. Y así donde antes se alzaba el pomposo catálogo de los derechos inalienables del hombre aparece ahora la modesta Magna Charta de la jornada legal de trabajo, que establece por fin claramente en donde termina el tiempo vendido por el obrero y dónde empieza aquel de que él puede disponer [16] .

Esta conclusión ha sido cuestionada desde puntos de vista anarquistas. ¿Una creencia ingenua –o perversa– en el Estado? ¿O una manera de redefinir el interés general hegeliano a partir de la lucha de clases y ya no de la razón? Sin duda se trata de lo segundo. La diferencia consiste en lo siguiente: también para los anarquistas el punto de partida es el divorcio entre la sociedad civil y el Estado. Sin embargo, mientras que para éstos se trata, generalmente, de absolutizar la primera, para Marx sigue vigente el problema de la formación del interés general que sólo se resuelve con la superación de dicho divorcio y no con la simple supresión de uno de sus términos. Significa una ruptura. Ya no como en el caso de las leyes sobre la jornada de trabajo. Es precisa una revolución [17] .

Por eso dice en la Crítica del Programa de Gotha, tal vez el último documento representativo de su pensamiento fundamental:

El objetivo del movimiento obrero no debe consisitir en liberar el Estado de la sociedad, sino, al contrario, convertir el Estado, de un órgano que está por encima de la sociedad en un órgano completamente subordinado a ella [18] .

Como se sabe, es en este texto donde Marx concluye que el Estado burgués debe ser destruido para dar paso no tanto a otro tipo de Estado como a otro tipo de organización de la sociedad. El texto puede ser leído como una convergencia con los anarquistas aunque la solución es diferente. Pero lo más importante es que se enfrenta a los socialismos (o capitalismos) de Estado por entonces en boga. Y en esa medida anticipa un rechazo categórico al estalinismo que terminó por hacer del “socialismo” un proyecto de absorción de la sociedad civil en el Estado, como en todos los totalitarismos.



El Imperio como alternativa al declive de los estados nacionales
En síntesis, puede concluirse que, para Marx, la forma Estado es esencial en la reproducción de la sociedad capitalista. Queda, sin embargo, la inquietud que originó estas notas: ¿Necesariamente un Estado nacional territorial? Como se dijo antes, él no ignoraba el proceso histórico real y concreto que había dado lugar a los estados modernos, precisamente en contra de las ideologías que naturalizaban el concepto de Estado-Nación como un hecho simplemente cultural, ocultando la realidad de las violentas imposiciones y sojuzgamientos de pueblos (etnias) en la propia Europa. Y así mismo supo valorar los nacionalismos que resultaron justamente de ese proceso. Frente al caso de Irlanda, por ejemplo, no dudó en afirmar que mientras el obrero inglés no abandonara su pretensión de dominio sobre sus hermanos de clase, no sería capaz de emanciparse a sí mismo. Pero tomó todos los nacionalismos, de uno y otro signo, como fuerzas objetivas en capacidad de impulsar la consolidación o, eventualmente, la formación de estados. Sin duda reconocía que la posibilidad de materializar esa necesaria “síntesis de la sociedad burguesa” residía en alguna fuerza de cohesión. Pero sabía igualmente que la propia realidad del Estado, o del soberano, podía definir la “nacionalidad” –el pueblo–, como tuvo oportunidad de comentarlo a propósito de la definición de soberanía popular por exclusión que hacía Hegel [19] . Los estados nacionales eran, pues, ante todo, un hecho.

No obstante, independientemente de los orígenes de los estados, es claro que ellos se constituyen en la única forma de estructurar la relación de poder en el capitalismo, como ha quedado establecido. En ese sentido, Marx apreció las diversas formas de colonialismos como proyecciones de Estado hacia espacios no capitalistas. Dado que consideraba que el efecto de esta dominación no podía más que inducir el capitalismo, no se le hacía extraño el surgimiento de nuevos estados a través de luchas o acuerdos de independencia. Pero seguramente consideró, al mismo nivel, la formación y expansión del mercado mundial como una tendencia contradictoria. Tendencia que, en la medida en que erosionara los estados nacionales, serviría de base para la emancipación del proletariado. Es el sustento de la famosa consigna: “Proletarios de todos los países uníos”. No son ellos quienes idealmente se lo proponen sino el propio capitalismo el que los obliga a hacerlo. De ahí la insistencia, no exenta de ironía, sobre la marcha implacable del mercado mundial, en el Manifiesto Comunista, en lo que algunos han creído ver la primera apología de la globalización.

El proceso, como sabemos, ha dado, no obstante, algunas vueltas. Después del imperialismo, entre los siglos XIX y XX, y de dos guerras mundiales, la “descolonización” subsiguiente multiplicó de manera sorprendente (y ficticia) los “estados nacionales”. Pero la expansión del mercado mundial siguió su marcha. Hoy tenemos dudas fundadas de si muchos de esos estados en realidad sirvieron de formas de cohesión o de simples mediadores de la dominación del capital global (neocolonialismo). En todo caso, como se señaló al principio, la tendencia actual a la erosión es evidente. Dado que el colonialismo parece ya superado, la pregunta es si estamos en presencia de nuevas formas Estado que, en una escala superior, corresponderían a la necesaría “síntesis de la sociedad burguesa” contemplada en el pensamiento marxista. Podría decirse que existen diversos proyectos de integración, entre los cuales el mejor ejemplo es la Unión Europea, que apuntarían a conformar esos nuevos estados. Sin embargo, es claro que los capitales trascienden ya dichas fronteras integradas, en una intensificación y densificación de las relaciones económicas, de naturaleza planetaria. Por lo demás, la hegemonía de los Estados Unidos es incontestable, al menos desde el punto de vista de su capacidad de coerción. No hay muchas respuestas.

En el reciente libro de Michael Hardt, que lleva la coautoría de Toni Negri, se introduce para este efecto el concepto de “Imperio”. La propuesta es tremendamente sugestiva. Sin embargo, la formulación es bastante débil y la sustentación, en lo que se refiere a la historia y el papel de los Estados Unidos, es poco menos que lamentable [20] .. Se puede rescatar la hipótesis según la cual, desde su nacimiento, el Estado de los Estados Unidos habría tenido una vocación de Imperio. Esto lo coloca en una posición privilegiada para asumir la reorganización del mundo, aunque curiosamente, para los autores, este no es el punto de partida. Efectivamente, estamos en presencia de una redefinición del espacio del capital y de la territorialidad y con ellos de la noción de soberanía. El imperio se caracteriza, entonces, porque no tiene límites. Pero tampoco tiene centro territorial. La insistencia en este último punto hace esfumar tanto el papel de los Estados Unidos, paradójicamente, como el sentido de cualquier reorganización política, lo cual los lleva a una formulación similar a la habitual de la politología, la cual se mencionó al principio de este ensayo.

En efecto, en este libro, de la mano de los enfoques “posmodernos”, se pone el énfasis en el descentramiento. “(El Imperio) es un aparato de mando descentrado y desterritorializado que incorpora progresivamente a todo el reino global dentro de sus fronteras abiertas y expansivas. El Imperio maneja identidades híbridas, jerarquías flexibles e intercambios plurales por medio de redes moduladoras de comando”. No gratuitamente se retoman las teorías de sistemas autorregulados (autopoiéticos). Pero cuando desciende a su formulación histórica, el esquema se reduce a un inventario de entidades u organismos de diferente tipo y naturaleza (incluyendo estados nacionales) que los autores organizan, para escapar del “aparente caos”, en una pirámide de tres escalones que a su vez contienen múltiples niveles.

En la cúspide están los Estados Unidos, los otros estados principales y ciertas asociaciones que cumplen funciones económicas o culturales claves en una función de unificación. En el segundo, las Corporaciones multinacionales, que no unifican sino que funcionan en red, hacia la articulación. Y los demás estados nacionales. En el tercer escalón, el más amplio, la base, están los grupos que representan intereses populares. La novedad aquí es que ya los estados nacionales no son los únicos que representan al pueblo sino también otro tipo de organizaciones, donde no falta la mención a las ONG. No podía ser más convencional. El principio de organización o de estructuración (no se trata en este caso del poder) no proviene de la propia lógica del entramado sino de la voluntad clasificatoria más o menos plausible de los autores.

El problema sigue sin resolverse. En realidad no basta con señalar que en la actualidad la política ya ha perdido su autonomía, como signo precisamente del declive de los estados, si es que se recurre al argumento simple de que hoy los consensos se tramitan en espacios diferentes (¿de la sociedad civil?), constatación que ya han hecho muchos autores desde otras vertientes ideológicas. Tampoco basta con advertir, de la mano de Foucault, la naturaleza biopolítica del nuevo paradigma de poder (se regula la vida social desde su interior), que en este caso va más allá de la sociedad disciplinaria hacia la sociedad de control a través de la tecnología. Se produce directamente la subjetividad, de ahí la importancia de los medios de comunicación. Pero afirmar que ahora el poder no está separado sino instalado en las propias relaciones de producción, antes que una refutación del supuesto paradigma de Marx (y ya se aclaró su contenido) no es otra cosa que buscar la forma de eludir el problema.

Sería indispensable definir en qué forma se estructura globalmente este poder, que aparentemente puede prescindir de la forma Estado, y la relación que tendría esta estructuración con el entramado antes descrito. Superando, eso sí, las dificultades que le crea al capital su empírica multiplicidad en el mercado, puesto que la tensión entre lo general y lo particular, entre lo inmediato y lo de largo plazo no ha desaparecido. Por el contrario; precisamente por eso se está hablando del actual malestar de la política (o de su ausencia). En fin, sería bueno establecer si esta redefinición es una alternativa societal o un signo de la crisis.

Y lo que es más importante: ¿Cómo se explica teóricamente la posibilidad de su contestación (contraimperio)? La verdad es que esta imagen totalitaria y omnipotente de la máquina imperial (biopolítica) no arroja muchas pistas sobre ello, a pesar de la emocionada reivindicación que se hace en el libro de los movimientos de resistencia. ¿Hay también aquí una redefinición de la política? ¿Cómo retomar las elaboraciones de Negri en torno a la noción de multitud? En realidad, la sugerencia de que la multitud está presente en el escalón bajo de la pirámide, empobrece el concepto al tratar de instrumentalizarlo y volverlo empírico. Mucho más fecundo sería redefinir la consigna de “proletarios de todos los países”.

La referencia a este libro, demasiado extensa para este ensayo aunque insuficiente como crítica, no tiene otro objetivo que poner en evidencia la magnitud del problema teórico, dada la significación de los autores en este diálogo con el pensamiento de Marx. Y llamar la atención sobre la noción de Imperio, que sin duda es fecunda. Otros procesos, no mencionados allí, como los de integración (ALCA), la consolidación de organismos como la OMC y el debate actual sobre la nueva arquitectura financiera mundial, pueden arrojar luces. Probablemente habrá que profundizar en el campo de lo jurídico. Pero no es claro que la alternativa del Imperio, cualquiera sea su naturaleza, constituya una solución medianamente perdurable. El mercado mundial, como lo vislumbrara Marx, ha hecho su tarea. Si hay un fin del Estado este será simultáneamente el fin de la sociedad capitalista.



--------------------------------------------------------------------------------

[1] La pregunta acerca de quién toma las decisiones no es ociosa. ¿Los gobiernos, respaldados o no por el Congreso, las élites, la sociedad civil? Se refiere a los procesos de legitimación y como tal remite a la misma cuestión del papel real de los estados.

[2] El hecho de que se le asigne a esta dimensión política el carácter de rasgo definitorio de la actual fase de globalización no niega y más bien confirma que se trata de un proceso histórico que algunos señalan como erosión de los estados, debida precisamente a la intensificación de las relaciones transnacionales. Lo que se pone en duda por muchas razones es la tríada, que se concebía de manera naturalista, “nación (ethnos)-territorio-aparato de Estado”. Habría que tenerse en cuenta el fenómeno de las migraciones con sus impactos sobre las “ciudadanías” de los países y la redefinición de las nacionalidades en un sentido no territorial. Véase A. Appadurai, “Soberanía sin territorialidad”, en revista Nueva Sociedad, No. 163, Caracas, Sep.- Oct. 1999.

[3] Puede mencionarse, por ejemplo, en el enfoque de la interdependencia compleja, el texto de R. Keohane y J. Nye, Power and Interdependence. World Politics in Transition, Boston, Little Brown, 1977.

[4] Véase, por ejemplo, la propuesta de gobernabilidad global que elabora el politólogo alemán Dirk Messner en “La transformación del Estado y la política en el proceso de globalización”, en revista Nueva Sociedad, ed. cit.

[5] Carta de Marx a Engels, abril de 1858.

[6] Karl Marx, Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (borrador) 1857-1858, México, Siglo XXI Editores, 1971.

[7] Ibid.

[8] Anthony Giddens, The Consequences of Modernity, Cambridge, U.K., Policy Press, 1990.

[9] Karl Marx, Crítica de la filosofía del Estado de Hegel, México, Grijalbo, 1968, p. 26.

[10] Ibid., p. 100.

[11] Ibid., p. 96.

[12] Karl Marx y Friedrich Engels, La ideología alemana, Montevideo, Ediciones Pueblos Unidos, 1959.

[13] Ibid.

[14] Karl Marx, El capital, tomo I, México, Fondo de Cultura Económica, p. 184.

[15] Ibid., p. 212.

[16] Ibid., p. 241.

[17] Para algunas tendencias anarquistas, por cierto, la revaloración de la sociedad civil, entendida como promoción y asociación de pequeños productores y propietarios o de formas cooperativas, sería un proceso gradual. Hoy en día el punto merece una consideración más detenida, pero no deja de ser delicado. Obsérvese que algunas vertientes radicales del neoliberalismo se llaman a sí mismas anarquistas.

[18] Karl Marx, “Crítica del Programa de Gotha”, en Marx y Engels, Obras escogidas, tomo II, Moscú, Ediciones en Lenguas Extranjeras, 1971.

[19] Karl Marx, Crítica de la filosofía del Estado de Hegel, ed. cit., p. 51.

[20] Toni Negri y Michael Hardt, Imperio, Bogotá, Ediciones “Desde Abajo”, 2001. Véase especialmente el capítulo 2.5 “Poder en cadena: la soberanía de U.S. y el nuevo imperio”

"KOSOVO Y EL FIN DEL ESTADO-NACIÓN" por Václav Havel




La intervención de la OTAN en Yugoslavia plantea un problema de derecho internacional. Para Václav Havel, el dramaturgo y presidente de la República Checa, al fin los nuevos tiempos supeditan la preponderancia jurídica del Estado nacional a los derechos de sus habitantes.
El siguiente es el discurso que el presidente Václav Havel dirigió al Senado canadiense y a la Cámara de los Comunes en Ottawa, el pasado 29 de abril. El bombardeo de la OTAN sobre Yugoslavia estaba entonces en su sexta semana. La República Checa, junto con Polonia y Hungría, se había convertido recientemente en miembro de la alianza; en Praga, sin embargo, el bombardeo no era bien visto: según encuestas recientes, sólo lo apoyaba el 35% de la población. El primer ministro checo, Milos Zeman, comparaba el conflicto con "cavernarios tirando piedras" y preguntaba si la República Checa se había unido a la OTAN para protegerse de Yugoslavia. Más aún, el gobierno checo vacilaba en enviar tropas terrestres a los Balcanes. Havel calificó públicamente de "vergonzosa" la falta de compromiso de su gobierno.
En su discurso al Parlamento canadiense, traducido aquí, Havel ofrece una explicación razonada de su apoyo a la OTAN. Pero es más que eso: a la vez que los comentarios de Havel reflejan su propia postura, también conducen a discusiones que tuvieron lugar en los meses anteriores en el interior del Ministerio Checo de Asuntos Extranjeros (tanto el ministro actual, Jan Kavan, como su ministro diputado, Martin Palous, son veteranos en la lucha por la democracia en Checoslovaquia) sobre cómo convertir las lecciones de la experiencia de su país con el totalitarismo en una fuerza moral para el mundo posterior a la Guerra Fría. Estas discusiones establecen una clara distinción entre "intereses nacionales" y el principio, más elevado, de los derechos humanos. Cuando el apoyo a los derechos humanos es visto como una herramienta —esto es, como un simple recurso utilizado en la búsqueda de un interés nacional más amplio—, trae consigo, en el mejor de los casos, una puesta en práctica inconsistente y a menudo inefectiva. Para Havel, la guerra en Yugoslavia es un parteaguas en las relaciones internacionales: es la primera vez que los derechos humanos de una comunidad —los albaneses de Kosovo— están, de manera inequívoca, en primer lugar.— Paul Wilson Todo parece indicar que la gloria del Estado-nación como culminación de toda historia de comunidad nacional, así como su alto valor terreno —el único, de hecho, en nombre del cual se permite matar o por el que se espera que la gente muera— ya ha dejado atrás su punto más alto.
Parecería que los esfuerzos iluminadores de generaciones de demócratas, la terrible experiencia de las dos guerras mundiales —que tanto contribuyeron a la adopción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos— y el desarrollo de la civilización han obligado por fin a la humanidad a reconocer que los seres humanos son más importantes que el Estado.
En este nuevo mundo, la gente —sin importar las fronteras— está conectada de millones de maneras distintas: a través del intercambio, las finanzas, la propiedad y la información. Tales relaciones traen consigo una amplia variedad de valores y modelos culturales que tienen validez universal. Aun más: es un mundo en el que la amenaza hecha a algunos tiene un impacto inmediato en todos los demás; en el que, por muchas razones —sobre todo los enormes avances en la ciencia y la tecnología—, nuestros destinos individuales se están fusionando en un destino único; en el que todos nosotros —nos guste o no— debemos comenzar a asumir responsabilidad por todo lo que ocurre. En tal mundo, el ídolo de la soberanía estatal debe desaparecer inevitablemente.
De forma clara, el amor ciego por el país propio —un amor que no reconoce nada más allá de sí mismo, que perdona todo lo que el país propio hace sólo porque es el país propio, pero rechaza todo lo demás sólo porque es diferente— se ha convertido necesariamente en un anacronismo peligroso, en una fuente de conflicto y, en casos extremos, de inmenso sufrimiento humano.
Creo que en el próximo siglo la mayoría de los Estados dejarán de ser entidades idolatradas y cargadas de emoción para convertirse en entidades mucho más simples y más civilizadas, en unidades administrativas menos poderosas y más racionales que representarán sólo una de las maneras, complejas y compuestas de muchos niveles, en las que está organizada nuestra sociedad planetaria.
Con esta transformación, la idea de la no intervención —la idea de que no nos concierne lo que sucede en otro país o si los derechos humanos están siendo violados ahí— deberá también desaparecer por el escotillón de la historia.
¿Pero qué sucederá con las muchas funciones que ejerce actualmente el Estado? Revisemos primero el rol emocional que éste juega en nuestras vidas. En mi opinión, el Estado debe ser redistribuido entre los otros aspectos que conforman nuestra identidad. Con esto me refiero a los distintos niveles de aquello que percibimos como nuestro hogar y nuestro entorno natural: nuestras familias, las compañías para las que trabajamos, las comunidades en las que vivimos y las organizaciones a las que pertenecemos, así como nuestra región, nuestra profesión, nuestra Iglesia, a lo largo de nuestro continente e incluso nuestra Tierra, el planeta que habitamos. Todos éstos son los diferentes contextos en los que se forman nuestras identidades y en los cuales vivimos nuestras vidas. Y si nuestro vínculo con el Estado, que se ha hipertrofiado tanto, se debilitara, entonces debe ser debilitado en formas que beneficien a todos los otros niveles de nuestra identidad.
Las responsabilidades prácticas del Estado —sus poderes legales— pueden sólo transmitirse en dos direcciones: hacia abajo o hacia arriba. Hacia abajo, a las organizaciones no gubernamentales y las estructuras de la sociedad civil; hacia arriba, a las organizaciones regionales, transnacionales y globales. Esta transferencia de poderes ya ha comenzado y, en algunos casos, ha recorrido un largo camino. En otras áreas está menos avanzada, es claro que este proceso está en desarrollo, y que debe continuar avanzando en ambas direcciones.
Si los Estados democráticos modernos usualmente se definen tanto por sus cualidades como por su respeto a los derechos y libertades humanas, por la igualdad de la que gozan sus ciudadanos y por la existencia de una sociedad civil, entonces la condición hacia la cual la humanidad se dirigirá —y deberá hacerlo en interés de su propia sobrevivencia— probablemente estará caracterizada por un respeto universal o global por los derechos humanos, por la igualdad cívica universal y la aplicación de la ley, y por una sociedad civil global.
Uno de los mayores problemas en la creación de los Estados-nación fue su delimitación geográfica y el delineamiento de sus fronteras. Muchos factores —étnicos, culturales, geográficos y militares— estaban en juego.
La creación de comunidades regionales y transnacionales más grandes en ocasiones cargará el lastre de estos mismos problemas, algunos de los cuales serán heredados de los Estados-nación participantes. Sin embargo, debemos hacer todo lo posible para garantizar que la evolución lejos del dominio del Estado-nación no sea tan dolorosa como fue en nuestra historia la creación misma de esos Estados-nación.
Permítanme darles un ejemplo. Canadá y la República Checa son ahora aliadas porque ambos países son miembros del Tratado del Atlántico Norte. Esta es la consecuencia de un proceso histórico importante: la expansión del Tratado con el fin de incluir a los países de Europa Central y del Este. Es el primer paso serio e históricamente irreversible hacia la eliminación de la cortina de hierro y al desmantelamiento —en hechos, no sólo palabras— de los acuerdos que surgieron del Tratado de Yalta.
La expansión de la OTAN, como todos sabemos, no fue fácil. No se concretó sino hasta diez años después del fin de la Guerra Fría y de la división bipolar del mundo. Una de las muchas razones por las que este proceso resultó tan difícil fue la oposición de la Federación Rusa, que cuestionaba, ansiosamente y sin comprender, por qué el Oeste se estaba expandiendo y acercando a Rusia, sin incluir a Rusia misma. Sin tomar en cuenta cualquier otro motivo que pudo haber tenido, la posición de Rusia revela algo muy interesante: su incertidumbre acerca de dónde empieza y termina aquello que podríamos llamar el mundo de Rusia o del Este. Cuando la OTAN le ofrece a Rusia una mano en sociedad, lo hace en el entendido de que hay dos entidades grandes y equivalentes: el mundo Euroatlántico y un vasto poder Euroasiático. Estas dos entidades pueden —y deben— tenderse la mano y cooperar, porque esto es del interés del mundo entero. Pero sólo pueden hacerlo si son conscientes de sus propias identidades; en otras palabras, si saben en dónde empieza y termina cada una de ellas. Históricamente, Rusia ha tenido siempre una ligera dificultad con esto, y claramente acarrea consigo esta dificultad al mundo actual, en donde la pregunta crucial ya no es en dónde empieza o termina un Estado-nación específico, sino en dónde empieza o termina una región específica de cultura o civilización.
Sin duda alguna, hay un millar de cosas que vinculan a Rusia con el mundo Euroatlántico o con el Oeste, pero también hay un millar de maneras en las que difieren —de la misma forma en que América Latina, África, el Lejano Oriente u otras regiones o continentes difieren uno del otro. El hecho de que estos mundos, o partes del mundo, difieran entre sí, no significa que una sea más valiosa que la otra. Todas valen lo mismo. Es sólo que también son un tanto distintas una de la otra. No hay nada vergonzoso en ser diferente. Rusia considera de suma importancia ser vista como un jugador principal, uno que, como potencia mundial, merece trato especial. Al mismo tiempo, le incomoda ser percibida como una entidad separada, una que difícilmente puede ser considerada parte de otra entidad.
Incluso Rusia está reconciliándose con la expansión del Tratado del Atlántico Norte y un día llegará a aceptarla. Esperemos que cuando lo haga, tal aceptación no sea tan sólo una expresión del "reconocimiento de la necesidad", referido por Engels, sino de un entendimiento nuevo y más profundo de sí misma. Así como otros países deben aprender a redefinirse en este nuevo mundo multicultural y multipolar, así debe hacerlo Rusia. No puede seguir reemplazando una confianza natural en sí misma con megalomanía o autoimportancia; debe también saber en dónde empieza y dónde termina. Debe comprender, por ejemplo, que Siberia —con sus espacios enormes y sus recursos naturales inmensos— es propiamente una parte de Rusia; pero que no lo es —y nunca lo será— la diminuta Estonia, y que si Estonia siente que pertenece al mundo representado por el Tratado del Atlántico Norte o la Unión Europea, esto debe ser entendido y respetado —no visto como una expresión de hostilidad.
He tratado de demostrar que el mundo del siglo xxi —si es que la humanidad logra resistir los peligros que se ha creado— será un mundo de mayor cercanía y cooperación equitativa entre entidades más grandes, la mayoría de ellas supranacionales, que en ocasiones abarque continentes enteros. Para que tal mundo llegue a concretarse, cada entidad individual y esfera de cultura y civilización deberá ser claramente consciente de su propia identidad; deberá entender qué la hace distinta de las otras, y aceptar que su diferencia no es un obstáculo sino sólo una contribución sumamente específica a la riqueza y variedad de la comunidad global. Por supuesto, lo mismo deberá ser entendido por aquellos que, por el contrario, tienen una tendencia a considerar su propia "otredad" como base de sentimientos de superioridad.
Una de las organizaciones más importantes, en la cual todos los Estados y grandes entidades supranacionales pueden reunirse para el debate y la discusión en términos equitativos, y que toma un sinnúmero de decisiones importantes que conciernen al mundo entero, es las Naciones Unidas.
Siento que para llevar a cabo las tareas importantes que el próximo siglo le impondrá, la ONU deberá pasar por una reforma significativa. El Consejo de Seguridad, el órgano más importante de la ONU, no puede seguir conservando el estatus que le fue asignado cuando la ONU fue creada. Ahora debe reflejar con más precisión el mundo multipolar de la actualidad. Tenemos que reconsiderar si todavía es apropiado, aun hipotéticamente, que en el Consejo de Seguridad un país pueda ganarle por votación al resto del mundo. Tenemos que reconsiderar cuál de los países poderosos, grandes y populosos debe estar actualmente representado de manera permanente, repensar el esquema de rotación para los miembros no permanentes, así como muchas otras cosas.
Debemos hacer que la inmensa estructura de la ONU sea menos burocrática y más efectiva. Tenemos que pensar en maneras para ganar flexibilidad genuina en la toma de decisiones, sobre todo en la Asamblea General. Y, lo más importante de todo, debemos asegurarnos de que todos los ciudadanos del mundo vean a la ONU como su organización, una organización que realmente les pertenece, y no como un club de élite para gobernantes. Después de todo, lo que esta organización hace por los habitantes de nuestro planeta es más importante que lo que hace por los países individuales como Estados.
Por esta razón, es probable que los métodos de financiamiento de la ONU deban ser reformados también, junto con la forma en que las declaraciones son ejecutadas y reforzadas. No se trata de abolir los poderes de los países miembros y de establecer algo así como un superestado mundial. Significa asegurar que no todos los asuntos serán siempre y exclusivamente tratados por países individuales o por sus gobiernos. Para satisfacer los intereses de la humanidad, sus libertades, sus derechos y su propia vida, es necesario crear más canales a través de los cuales las decisiones de los representantes de la ONU sean retransmitidas a los ciudadanos, y a través de los cuales los ciudadanos den a conocer su voluntad a los representantes. Esto traería consigo más equilibrio y una mayor confianza mutua.
Espero que quede claro que no estoy en contra de la institución del Estado como tal. En todo caso, sería un tanto absurdo que la cabeza de un Estado pidiera la abolición del Estado ante los cuerpos representativos de otro Estado. Me refiero a otra cosa, al hecho de que existe algo de más alto valor que el Estado. Ese valor es la humanidad. Como sabemos, el Estado existe para servir a la gente y no al contrario. Si un individuo sirve a su país, debería de esperarse que él o ella lo sirvan sólo en la medida necesaria para permitir que el Estado sirva a todos sus ciudadanos. Los derechos humanos son superiores a los derechos de los Estados. Las libertades humanas representan un valor más alto que la soberanía estatal. Las leyes internacionales que protegen al ser humano deben clasificarse por encima de las leyes internacionales que protegen al Estado.
Si nuestros destinos se están ahora fusionando en un destino único, si cada uno de nosotros asume responsabilidad por todos, entonces nadie, ni siquiera un país, puede limitar el derecho que tiene cualquiera de ejercer esta responsabilidad en una forma real. Los países individuales deben abandonar gradualmente una categoría de política extranjera que, hasta ahora, ha sido usualmente crítica con su pensamiento: la categoría de los "intereses nacionales".
Más que unirnos, es probable que los "intereses nacionales" nos separen. Es claro que cada país tiene sus propios intereses particulares, y por ningún motivo es necesario que abandonen esos intereses, que son legítimos. Sin embargo, debemos reconocer que existe algo más allá de esos intereses: los principios que adoptamos. Los principios, en todo caso, nos unen más de lo que nos separan. A través de los principios medimos la legitimidad o ilegitimidad de nuestros intereses. No me parece correcto cuando un país proclama que es uno de los intereses del "Estado" defender un principio particular. Antes que nada, los principios deben ser honrados y defendidos en y para ellos mismos. Sólo entonces nuestros intereses pueden derivarse de ellos.
Por ejemplo, no sería correcto que yo dijera que es uno de los intereses de la República Checa que haya paz justa en el mundo. Por el contrario, el principio de paz justa en el mundo debe venir primero, y los intereses de la República Checa deben estar subordinados a eso.
El tratado al que pertenecen Canadá y ahora la República Checa sostiene una lucha en contra del régimen genocida de Slobodan Milosevic. Esta lucha no es fácil ni vista con buenos ojos, y podemos diferir respecto a sus estrategias y tácticas. Sin embargo, hay algo que ninguna persona razonable puede negar: probablemente ésta sea la primera guerra que no se ha llevado a cabo en nombre de los "intereses nacionales", sino en nombre de los principios y los valores. Si uno pudiera decir que una guerra es ética, o que se está llevando a cabo por razones éticas, eso podría decirse de esta guerra. Kosovo no tiene campos petroleros que sean codiciados. Ninguno de los miembros del Tratado tiene demandas territoriales sobre Kosovo, y Milosevic no amenaza la integridad territorial de ningún miembro del Tratado. Y, aún así, el Tratado está presente en la guerra; está peleando preocupado por el destino de otros. Está peleando porque ninguna persona decente puede quedarse allí parada y observar el asesinato sistemático, ordenado por el Estado, de otras personas. No puede tolerar tal cosa; no puede dejar de suministrar ayuda si está en sus posibilidades hacerlo.
Esta guerra coloca a los valores humanos por encima del Estado. La República Federal de Yugoslavia fue atacada por la alianza sin una orden directa de las Naciones Unidas. Esto no sucedió de manera irresponsable, como un acto de agresión o por falta de respeto a la ley internacional. Por el contrario, sucedió por respeto a la ley: a una ley que se clasifica por encima de la ley que protege la soberanía de los Estados. La alianza ha actuado por respeto a los derechos humanos, tal y como lo dictan tanto la conciencia como los documentos legales internacionales.
Éste es un precedente importante para el futuro. Se ha dicho de manera clara que no es permisible asesinar a la gente, arrastrarla fuera de sus hogares, torturarla y confiscar sus propiedades. Lo que ha sido demostrado aquí es el hecho de que los derechos humanos son indivisibles, y que si se comete una injusticia con uno se comete también con todos.
A menudo me he preguntado por qué los seres humanos tienen derechos. Siempre llego a la conclusión de que los derechos, las libertades y la dignidad humana tienen sus raíces más profundas en algún lugar fuera de este mundo perceptible. Estos valores son muy poderosos porque, bajo ciertas circunstancias, la gente los acepta tranquilamente y está dispuesta a morir por ellos, y tienen sentido sólo desde una perspectiva de lo infinito y de lo eterno. Estoy profundamente convencido de que lo que hacemos, ya sea en armonía con nuestra conciencia —la embajadora de la eternidad— o en conflicto con ella, puede ser valorado solamente en una dimensión que yace bajo el mundo que vemos a nuestro alrededor. Si no intuyéramos esto, o lo asumiéramos inconscientemente, habría cosas que nunca podríamos hacer.
Permítanme concluir mis comentarios sobre el Estado y su posible rol en el futuro con la afirmación de que, mientras el Estado es una creación humana, los seres humanos son la creación de Dios. -—


Traducción del inglés de Fernanda Solórzano ©
The New York Review of Books

¿HACIA EL FIN DELESTADO-NACIÓN? por Miguel de Iñigo

1.- Introducción.

Uno de los sucesos que hancaracterizado en mayor medida los últimos años ha sido, sin lugar a dudas, laapertura de un proceso de imparable interconexión entre todos los rincones denuestro planeta. Este fenómeno, al que habitualmente denominamos globalización,ha traído consigo múltiples consecuencias, algunas de ellas claramentepositivas, otras de un tono más ambiguo y, por último, algunas de caráctertristemente negativo. Entre estas últimas debemos citar la que, de entre todasellas, resulta a nuestro juicio más preocupante: el paulatino predominio de laeconomía sobre la política o, si se quiere decir de otra forma, la decisivainfluencia de las consideraciones económicas en la deliberación política .
A esta primera afirmación senos pueden oponer dos tipos de consideraciones. De un lado, las de todosaquellos que, desde una ideología típicamente liberal, no ven nada de negativoen este hecho, sino que, más bien, lo consideran como un maravilloso logro enel que ahondar . De otro,hay quienes podrían objetar que esta situación no es nueva en absoluto sinoque, mientras el mundo sea mundo, la economía tendrá mucho que ver con lapolítica. En lo que respecta a la primera objeción, no hay mucho que podamosresponder. A fin de cuentas, si alguien sigue defendiendo la validez del modeloliberal a pesar de los estragos que ha causado en muchos de los países en losque se ha aplicado, y de las falacias teóricas que encierra en sí mismo, no nostomaremos ahora la molestia de intentar rebatir sus argumentos .No hay aquí espacio ni tiempo suficiente como para acometer semejante tarea,que ocuparía, por sí misma, un libro entero. En cuanto a la segundaconsideración nos atreveremos a refutar que, si bien es cierto que en todomomento ha existido un condicionamiento del poder político por parte de laeconomía, lo que es una verdadera novedad es que sea el poder económico, en símismo, quien se permita el lujo de incidir directamente en la situaciónpolítica internacional. De la misma forma, es este también el momento en quelas consecuencias económicas pueden, por primera vez, condicionar la toma dedecisiones de un gobierno hasta el punto de que cualquier otro tipo deconsideración sea dejada de lado .
Por otra parte, no debemosolvidar que, aun cuando lo que acabamos de reflejar no fuera cierto, no sonpocos quienes consideran que, en muchas ocasiones, los Estados se sientenimpotentes, encerrados dentro del estricto marco de sus fronteras para hacerfrente a la libertad de acción de la que hacen gala muchas grandes compañías enun mundo libre de restricciones al movimiento de capitales. Esto hace que, enocasiones, las empresas puedan utilizar a su libre antojo la rivalidad entreunos y otros estados, o la necesidad de algunos países en vías de desarrollopara actuar de acuerdo con parámetros que atentan contra los derechos humanosmás básicos . A ello sedebe añadir, de otro lado, la capacidad que tienen muchas de las grandesempresas para eludir todo tipo de responsabilidad amparándose en sociedadesinterpuestas , o en elcumplimiento de las normas de países subdesarrollados para llevar a cabo tareasque, sin embargo, pueden causar graves perjuicios a los países que los rodean .
La conclusión más obvia que sepuede entresacar de todo lo que acabamos de exponer es que se está produciendo untrasvase evidente del poder desde lo político hacia lo económico, consideraciónque, por otra parte, no tiene gran cosa de original, sino que ha sido yaconvenientemente interpretada por muchos de nuestros más brillantes pensadores .Ahora bien, aceptada esta primera hipótesis, debemos plantearnosinevitablemente una pregunta: ¿cómo va a afectar esta circunstancia a la actualestructura política? O, lo que es prácticamente lo mismo: ¿qué va a ocurrir conel Estado? ¿Va a seguir siendo el agente esencial de la acción política o va aser sustituido por otro tipo de institución capaz de contrapesar la imparablepujanza de la economía? La respuesta que vamos a dar aquí a esta cuestióndifiere mucho de las que se han dado hasta ahora. A nuestro juicio, el Estadova a continuar siendo el principal agente institucional, lo cual no significaque sea el agente con mayor poder en el entramado internacional. De otro lado,va a ser cada vez más incapaz de hacer frente a la importancia del podereconómico. Ello no obstante, y para poder justificar estas dos afirmaciones,creemos que es necesario introducir antes algunas reflexiones previas.


2.- El papel del Estado.

Muchos de los autores que sehan ocupado del tema de la globalización han llegado a una conclusión: ya queeste fenómeno tiene un carácter inequívocamente supranacional, es inevitableque el poder político olvide su estructura actual, marcada por el Estado-nación ,para dar origen o bien a una situación muy parecida a la del estado de lanaturaleza, o bien a organizaciones supranacionales que puedan ejerceradecuadamente el poder político. En lo que ya no coinciden los diversos autoreses en la forma que adoptarán estas instituciones supranacionales .Así, los hay que aventuran que el Estado seguirá existiendo como tal, aunque lasoberanía pasará a residir en esos futuros supraestados, convirtiéndose así enpartes o nodos de una red más amplia .Otros, en cambio, consideran que el auge de lo local que está surgiendo alcalor de la globalización puede hacer que los estados desaparezcan, siendosustituidos por otras formas de representación ciudadana que dé pie a unaintegración mundial fundada sobre el Derecho .De la misma forma, no se puede hablar de unanimidad a la hora de juzgar laprobabilidad de que estos supraestados acaben formándose, ni de si finalmentellegará a formarse un único Estado en el ámbito mundial. Tampoco se puedehablar de consenso si de lo que se trata es de definir cuál debería ser laestructura de esos macroestados, siendo así que hay quienes consideran quepueden dar lugar a una democracia directa marcada por un voto por cadaciudadano o una de corte más directo, en el que sea cada país quien goce de unvoto.
Este tipo de consideracionesson, desde nuestra perspectiva, perfectamente lógicas si consideramos que laglobalización trae como consecuencia una pérdida notoria de poder por parte delEstado. A fin de cuentas, si la fragmentación del poder político produce unainevitable indefensión frente al ámbito de lo económico, parece inevitablepensar en una futura unificación internacional. Sin embargo, este razonamientoolvida, a nuestro juicio, un pilar básico: que los efectos de la globalizaciónno son simétricos, esto es, que hay algunos países que han salido ganando y,probablemente, continuarán ganando con un proceso como el que está teniendolugar ahora mismo. Esta apreciación, sutil pero esencial implica, desde nuestraperspectiva, que habrá quienes no tengan en más mínimo interés en alterar elactual orden internacional. De este modo, surge una evidencia que demasiado amenudo es pasada por alto: si hay Estados que no pierden poder con laglobalización, es más que probable que se nieguen a perder su soberanía sólopor solidaridad con otros Estados que sí han salido y saldrán perdiendo en elproceso. Ahora bien, ¿cuáles son los factores que hacen que esa globalizaciónno sea tan unificadora, que impulsan más bien la diferencia entre unos y otros?En el siguiente apartado tendremos ocasión de analizar este aspecto.


3.- Los motivos de la no-integración

Hablar de integración es, de por sí,equívoco, porque se trata de un vocablo que puede cobijar diferentes opciones,sin embargo, mutuamente excluyentes. Así, se puede considerar como un procesode integración la creación de ámbitos de poder supraestatales, pero en los quelos agentes participantes en las votaciones sean los Estados, o de otros en losque sean los propios ciudadanos quienes elijan a sus representantes. De lamisma forma, puede producirse una progresiva integración a través de organismosque no posean soberanía, pero que ostenten un enorme poder que escape alcontrol de los propios Estados que ahora mismo existen .
En el presente apartado nos vamos acentrar exclusivamente en el primero de esos tipos de integración. El motivo deesta limitación es que la integración a través de una democracia supraestatalen el que sean los propios ciudadanos quienes elijan directamente susrepresentantes y éstos tomen todo tipo de decisiones en atención a su mandatonos parece harto improbable en un futuro próximo. En lo que a esto respecta, notenemos más que ver que, después de cincuenta años, este objetivo no se halogrado ni siquiera en la Unión Europea, sin dudas el área del mundo que másprofundamente ha avanzado en la integración de varias naciones soberanas.Pensar que un proceso de este corte pueda tener lugar en otras zonas, comoLatinoamérica, o el Sureste asiático es, por el momento, quimérico. Y todavíalo es más creer que los ciudadanos de los países desarrollados estén dispuestosa compartir su soberanía con los habitantes de otras naciones menos favorecidasen algún tipo de democracia mundial o, al menos, regional.
En cuanto a la segunda de las opcionespresentadas, esto es, la creación de centros de poder en el ámbito internacional,que, aunque no ostenten soberanía alguna, sean capaces de imponer su voluntad amuchos países, nos permitiremos indicar que se trata del modelo menos deseablede entre todos los que podemos concebir. Baste para justificar nuestraafirmación con observar la actuación que ha llevado a cabo en los últimos añosun organismo que cumple fielmente con todas las características que acabamos dereseñar, como el FMI, para darse cuenta de lo poco deseable que resulta esteesquema. Así, el continuo secretismo que envuelve esta clase de organismos, asícomo la posibilidad de actuar sin tener que responder ante ninguna instanciademocrática ha permitido, en último término, que sus dirigentes asumierandecisiones claramente erróneas y de gravísimas consecuencias sin tener queresponder ante nadie por ello.
Nos queda, por tanto, el tercer modelo,esto es, la integración en un modelo de soberanía compartida en el ámbitointernacional, en el que los principales agentes fueran los países. Dentro deeste esquema podrían apreciarse, a su vez, múltiples variante, como una cesiónde soberanía centrada en un cúmulo de materias, como la justicia, la políticaexterior, la política monetaria, etc., o en una unión más estrecha, que privarade soberanía a los propios Estados que la componen. Si el primer modelo resultasimilar al de la Unión Europea, el segundo sería más parecido al de los EstadosUnidos de América o la Confederación Helvética. Evidentemente, es mucho másfácil imponer el primer modelo que el segundo, pero, aún así, en los últimostiempos se ha demostrado que aún queda mucho camino por recorrer para llegarhasta allí. Si esto es así se debe a múltiples motivos. De entre ellosdestacaremos ahora tres que, a nuestro juicio, no han sido todavía lo suficientemente bien analizados.

1.- Existencia de una única superpotencia.Como es de sobra conocido, después de lacaída del bloque soviético, Estados Unidos ha permanecido como la única granpotencia político-militar. Y después del 11 de septiembre, parece haber optadopor una política de inequívoco liderazgo, olvidando toda idea de aislacionismo,tan común en su historia. Ese liderazgo, no obstante, se ha mostrado como unfenómeno más desintegrador de lo que cabía esperar, por la insistenciaamericana en no rubricar ningún acuerdo que merme mínimamente su soberanía .Las víctimas de esta política han sido tratados de la importancia del Protocolode Kyoto, o instituciones a las que se supone trascendentales, como el TribunalPenal Internacional. A esto, por supuesto, debemos unir la grave tendencia desu administración actual a obviar por completo a la ONU como foro de discusióno la adopción de medidas unilaterales en materia económica, como los arancelessobre el acero, que más parecen propias de épocas pasadas.
Toda esta serie de hechos viene aindicarnos claramente que Estados Unidos no está dispuesto a llegar a ningúntipo de acuerdo que suponga una cesión de soberanía de ninguna clase, ni apactar acerca de ningún asunto que pueda suponer una mínima pérdida para susintereses nacionales. Y teniendo en cuenta que goza de la capacidad suficientecomo para poder actuar unilateralmente sin enfrentarse a grandes riesgos ,parece claro que no será fácil conseguir que Estados Unidos lleva adelanteningún proceso de integración en un ámbito supraestatal. Si a ello sumamos quedifícilmente permitirá que sean otros países los que articulen este tipo depolíticas , podemoshacernos una mejor idea de por qué es tan complicado hablar de integración siEstados Unidos está de por medio.

2.- Importanciadel poder económico sobre el político.
En segundo lugar, debemostener en cuenta que los propios intereses económicos no desean en absolutoningún tipo de acuerdo internacional que suponga nuevas limitaciones a lo queconstituyen sus intereses. En este sentido, debemos recodar que, para elideario liberal, un escenario como el actual, en el que la mayor parte de losestados se ven cada vez más reducidos a meros garantes del orden público rozala perfección. Por eso mismo, la presión de las grandes compañías iráencaminada a promover la fragmentación del poder político.
Por otra parte, es obvio quela propia configuración del nuevo orden que está surgiendo dota a los grandesgrupos de grandes oportunidades para verse respaldados ante las naciones másdébiles. En cuanto a las naciones más poderosas, es cada vez más obvio quenadie pude llegar a la presidencia de sus gobiernos sin un apoyo financierosólido por parte de las grandes compañías. Así, por ejemplo, el sistemaamericano de financiación de los partidos políticos puede acabar ocasionandouna inevitable degradación de la democracia, inevitablemente mediatizada porlos generosos donativos de las grandes compañías a los candidatos electorales.Lo que en cualquier caso resulta evidente es que muy difícilmente llegará a laCasa Blanca un candidato dispuesto a adoptar medidas que mermen la impunidadcon la que se mueven muchos de sus grandes consorcios.

3.- El triángulo de Krugman
Uno de los mecanismo que mejorexplican el incremento de poder que experimentan algunos Estados en unescenario de liberalización internacional del mercado de capitales es eltriángulo de Krugman, economista americano de reconocida fama. En consonanciacon esta explicación teórica, los Estados capaces de garantizar la confianza desus monedas tienen una libertad en un marco de liberalización de los mercadosde capitales de la que no gozan todos los demás. Por eso mismo, las crisisprovocadas por un ataque especulativo a una moneda sólo afectan a según quétipos de países, mientras que otros permanecen siempre a salvo de este tipo decomportamientos. A largo plazo, esto hace que algunos países cuenten con unpoder mucho mayor que otro, en cuanto acumulan masas ingentes de capitaldisponible.
Por este motivo, existe uninterés obvio por parte de los países más desarrollados para mantenerliberalizado el mercado de capitales, sabiendo de sobre que sus monedas están asalvo. La creación de cualquier ente supraestatal que permitiera acabar conesta anarquía supondría, en último término, la anulación de una ventajacomparativa muy importante para los países desarrollados, ventaja que lesgustaría mantener, aun cuando ello pusiera en peligro la estabilidad de todo elsistema.

4.- El futuro que nos esperaA partir de todo lo queacabamos de exponer, nos atreveremos a afirmar que, pese a todo, elEstado-nación, tal y como lo conocemos, continuará existiendo en un futuropróximo y, en algunos casos, llegará a hacerse más fuerte que nunca. Motivostan sólidos como los que acabamos de mostrar así lo parecen señalar. Ello noobstante, es obvio que ni siquiera los países más poderosos serán capaces deofrecer una respuesta efectiva a problemas globales, como el del crimenorganizado a escala internacional, los problemas ecológicos o los que planteala desigual distribución de los recursos en el ámbito mundial. Como dice LIMATORRADO, lo que es obvio es que los problemas globales requieren solucionesglobales, y a eso aún no hemos llegado .
¿Significa esto que estamosabocados a un escenario pesimista, que no tenemos ninguna posibilidad dereorientar nuestro futuro porque el marco en el que nos movemos es perverso?Creemos sinceramente que no, pero eso no significa que la batalla sea sencilla,ni mucho menos. Es necesaria una reorganización ciudadana que, partiendo de labase de las limitaciones inherentes a los Estados nacionales, sea capaz decrear un nuevo concepto de democracia, que englobe una vuelta a laresponsabilidad individual. Necesitamos volver a hacer sentir a las personas comopartes de una realidad. Y partes capaces de modificarla. Necesitamos persuadira las personas de que su opinión sigue siendo importante, y que la democraciano se agota necesariamente porque el voto político que pueden ejercer cadacierto tiempo tenga cada vez menos valor. Porque la democracia no necesita deEstados, ni de fronteras .Frente a esta realidad, siempre podrán crearse nuevas formas de presiónpopular. Nos espera un futuro cargado de organizaciones no gubernamentales, deprotestas silenciosas, y de una más que posible toma de conciencia del votoeconómico, todavía tan desaprovechado .Y la clave, como muy bien ha indicado CABALLERO HARRIET estará, entre otras cosas, en una vuelta efectiva a la cultura, una vuelta quenos haga ser capaces de ver más allá de las limitaciones del marco que se nosintentará imponer.