
Los colores rojizos abren El matadero (1871) de Esteban Echeverría. La sangre y la lucha, la violencia, el físico, el cuerpo a cuerpo están en las primeras páginas de la tradición literaria argentina. Pero también el comienzo da cuenta de la abstinencia de carne –la cuaresma–. La escasez de carne es el disparador para buscarla. La “guerra intestina entre estómagos” pone en escena una forma de la gastronomía local: el placer de comer va la de mano con la lucha. Los huevos del toro y los pedos del pueblo, alimentado a porotos y pescado, sin carne. Necesitamos la carne de vaca con desesperación y abuso: somos carnívoros. Y la declaración de Matasiete: “A nalga pelada denle verga”, para asistir a la violación (no consumada) del unitario por parte de los federales. La sodomía está en el comienzo. Verga y puñal marcan el despertar, por lo tanto, el placer –del comer y sexual– es inescindible de la violencia, como también se pone en evidencia en La refalosa, de Hilario Ascasubi.
¿Por qué es complejo y hasta impropio pensar el placer en la literatura argentina? La tradición caudillesca opera de modo vital: el hedonismo requiere, como condición, la autonomía, el autogobierno. Como señala Juan Bautista Alberdi en la conferencia Peregrinación de luz del día en América (1871): “Los argentinos tenemos libertad exterior –independencia– pero no libertad interior –moral, autonomía”. Al no ser moralmente libres y precisar de libertadores –San Martín o Bolívar– y luego caudillos, jefes o duces, nos resulta por lo menos difícil gozar el placer al ser percibido como insultante con respecto al pater familias. Domingo Faustino Sarmiento triunfó conceptualmente porque comprendió esa lógica que definió a través de las categorías de “civilización y barbarie”. Ahora bien: nunca fue “cilivización O barbarie”. No hay disyunción, hay conjunción; lógicamente, el pensamiento sarmientino da cuenta de que la llamada barbarie es inextirpable, es consustancial de nuestra realidad. En Sudamérica se ve como “ofensivo” o provocador al hedonismo porque desafía esa matriz fundadora caudillesca: el tutor que “nos da la autonomía” de la propia forma moral: el ethos.
Transgresión y plebeyez. En el siglo XX, podemos capturar la representación del placer de las orillas, a través de cuatro autores: Roberto Arlt, Osvaldo Lamborghini, Copi y Néstor Perlongher. En todos ellos, el acto placentero o sexual es vivido como transgresión, como una relación jerárquica, de clase, siempre desigual. Un placer abyecto, escatológico y nocturno. Lo transgresivo se ve en Arlt a través del prisma de Oscar Masotta que lee en clave de lumpenproletariado sexual. En Los siete locos (1929), el relato arltiano muestra que la sexualidad de las clases bajas/medias es siempre hedionda, diferente del placer vivido por las clases altas y conservadoras, donde la ausencia de estos atributos remite directo al matrimonio. El hedonismo de la multitud adquiere esa vivencia transgresora. Pero también “lo placentero” es una voz “degenerada”, un fluir de la conciencia, o bien un diálogo continuado –como en Puig y Copi. Osvaldo Lamborghini en Las hijas de Hegel: “El cuerpo penetrable deber ser un cuerpo continuo. Un trozo de verdad, calienta”. En Sebregondi retrocede (1973): “El cuerpo es un mapa”.
El emblema de este hedonismo lascivo y cruel es el marqués de Sebregondi, desembarcado del norte de Italia; homosexual activo, cocainómano, con mano ortopédica, flor y guante, es, quizá, como diría Gilles Deleuze, el personaje conceptual del hedonismo local. “Paciencia, culo y terror” nunca le faltaron. El linaje de Bataille, Blanchot, Klossowski en la literatura de Lamborghini parecería dar cuenta del abuso o el exceso como la consecuencia de esa inversión idealista. En Tadeys (1983), Lamborghini edifica un mundo entero. ¿Qué es un tadey? Un animal de carne exquisita y hábitos sexuales peculiares (sodomitas): Lamborghini funda a través de Sebregondi y el tadey las dos trazas del hedonismo argentino del siglo XX –desmontando el linaje oligárquico del XIX, con figuras de nota como Lucio V. Mansilla, o bien en el siglo XX con los casos “malditos” del Vizconde de Lascano Tegui y Raúl Barón Biza. En efecto: Lamborghini peroniza el hedonismo.
Lamborghini, Copi y Néstor Perlongher podrían ser los tres hijos bastardos de la literatura argentina. Su antiborgismo es, en rigor, un borgismo plebeyo. Por un lado, la transgresión como categoría estética; es decir, el placer unido siempre al exceso y la violencia; por el otro, la pulsión como única ley, contra lo institucional y contra el arte representativo, realista y populista. Las “fiestongas de garchar” de Lamborghini son la expresión vernácula: entidades que ven el placer como algo criminal; es decir, “extrajurídico”, fuera de ley. Allí donde la norma se retira, aparece el placer, un pliegue más. Dice Michel Foucault en el Prefacio a la transgresión: “El derecho a la monstruosidad del hombre del pueblo conlleva a la desviación y el abuso de poder”.
El marqués de Sade, para Foucault, es quien ha implementado una erótica disciplinaria. Es el “sargento del sexo”. Algo de ello podemos ver aquí vía Lamborghini: no hay sexo sin violencia y abuso de poder. Son relaciones inescindibles. Transgredir, en este sentido, es profanar o pervertir, esto es: desactivar un viejo uso para generar nuevos, accesibles a todos. La transgresión es una categoría estética en Lamborghini. Esa matriz ya está en El Fiord (1969). Una revolución política y pornográfica. Todos los personajes de Lamborghini son pedazos de carne movidos por la única dirección posible: la pulsión. Por fuera de valores o instituciones. El decir mismo parece estar desestabilizado por lo sexual: subversión del lenguaje y perversión textual.
El hedonismo libertino de Lamborghini demarca los herederos de esa línea: Néstor Perlongher y Copi. La transgresión y el exceso lamborghiano se reflejan en el neobarroso lumpen perlongheriano y en el goce escatológico de Copi que borra identidades nacionales, sexuales y lingüísticas para devenir un travestismo total. En la obra de Néstor Perlongher, el chorreo estético implica una posición política: “A medias entre Florida y Boedo, nos situaremos”, dice. Una escritura pensada como trance político y sexual: violencia y transformación que se apropian del mito de Eva Perón para constituir una estética de la crueldad: “Pues es del cuerpo que, al final, se trata. Se trata en el plano de la escritura de hacer un cuerpo”. Ese barroco de trinchera no será luego sino la fuga o la fisura del erotismo hacia la mística y el éxtasis.
En Copi, el placer siempre está trastocado de modo surreal y paródico: travestido. Recordar las descripciones gastronómicas y etílicas de La Internacional Argentina (1988), así como el placer camp en La vida es un tango (1979), o Las viejas travestis (1978). Algo de este linaje aún se puede leer en el pensamiento del ensayista uruguayo Roberto Echavarren (El cuerpo andrógino, 1998), así como en dos textos recientes: la novela Los topos de Félix Bruzzone y Continuadísimo, los relatos de Naty Menstrual, ambos de 2008: el goce travesti va de la mano de la escatología lumpen. Este vitalismo desaforado y convulsivo también ha sido reconvertido en el campo del arte en las obras de Federico Peralta Ramos y de Alberto Greco –a quien Ernesto Schoo retrata en su novela El placer desbocado, de 1988.
Barbarie en la civilización. Lo social y político en lo simbólico del placer, y en especial, de la sexualidad: sodomía. El hedonismo argentino está inserto en el marco político. La penetración anal de unos sobre otros, es, a la vez, invasión de lo bajo en lo alto o viceversa. El esquema placer/poder determina el dispositivo de lectura, tal como marca Foucault: “Las relaciones estratégicas de poder como fuentes de placer”. De El matadero de Echeverría a El niño proletario de Lamborghini asistimos a violaciones: de los federales al unitario, o de los burgueses al infante obrero. La sodomización es inextirpable de las relaciones de clase. Reconocer un hedonismo argentino implica legitimar la “barbarie” y no todos están dispuestos a hacerlo. La única posibilidad de expresión de placer en el plano local viene de la legitimidad de lo bárbaro en lo civilizatorio: de la fascinación. El erotismo es sadomasoquismo. La gastronomía es carnívora y etílica. El matadero como espacio de placer se representa como geografía de exceso y transgresión a la ley; por ende, nuestra forma de representar el placer interioriza la violencia y el caudillismo en vivencia del placer/dolor. El matadero de Echeverría es nuestro castillo sádico, y ello tiene reversiones en la clave del realismo delirante del Manual sadomasoporno (2007) de Alberto Laiseca.
El sociólogo Matías Bruera en su ensayo La Argentina fermentada. Vino, alimentación y cultura (2006) marca lo impúdico y sugerente de la eclosión de lo gourmet en la Argentina post crisis de 2001. El hambre es el disparador y el gusto; es la idea en la que se basa la libre elección que anula la necesidad. El mito gourmet surge en 2001/2002, y es algo propio de la desmesura rioplatense, que viene de larga data: los guaraníes se comieron a Solís. Somos carnívoros y antropófagos. Sarmiento mismo cita la frase del gran gastrónomo Brillat Savarin –“dime lo que comes y te diré quién eres”– en un discurso que da en Chivilcoy. La pluma enológica de Miguel Brascó de alguna manera evidencia esto en su novela Quejido huacho (1999), que prenuncia el tema a través de un goce chúcaro y deconstructivo, tal como reza en el introito del texto.
Si existe un hedonismo argentino sólo puede ser plebeyo. Por fuera, sólo hay matrimonio y oligarquía. Subsiguientemente, el placer se representa de un modo sadomasoquista y excesivo porque se vive de una manera clandestina, culposa y transgresora. El placer es lo que quebranta la ley. Una ley implícita que marca que sólo una clase es la que tiene el derecho al gozo, por lo tanto, la irrupción de “lo otro” –barbarie, inmigrantes, cabezas, gronchaje, lumpenaje– hace de la vivencia del placer un acto subversivo con respecto a la clase que tenía el patrimonio. Esa subversión del hedonismo va contra esa confiscación del placer por parte de las clases acomodadas, a la vez que contra lo productivo y reproductor, y se ve como “invasión” –recordar el primer libro de Ricardo Piglia, cuyo título marca esta señal.
Desde Echeverría, el placer está articulado con un programa o un uso político. El placer y el sexo son “problemas” a desentrañar. Y la sodomía es su matriz. Metáfora literaria de la intrusión de los bárbaros en lo civilizatorio: de los federales a los peronistas. En Echeverría, el sadomasoquismo y el deseo sexual se montan en la verga federal. Es también la erotización de la barbarie que hace Sarmiento en el Facundo. En este caso –y en todos– el sexo violento y promiscuo proviene de los sectores populares. En Una excursión a los indios ranqueles (1870), los nativos se dan sus “fiestas del vino y orgías nocturnas”. Sólo un dandi decadentista como Mansilla pudo captarlas con esa fineza. Como señala David Viñas: violación de las masas sobre el cuerpo civilizatorio. La transgresión es la única forma de goce en el Río de la Plata. Luego, el peronismo permite que el cabecita negra sea interpelado y erotizado: del chongo al trava. De la porno/política pasaremos a la trans/política. Una expresión vital, espontánea, baja y pansexual. Pero sólo una zona erógena privilegiada: el ano.
Lo “civilizado” desea lo “bárbaro”. La violencia política es producto del encubrimiento del deseo por la barbarie. Lo instintivo y pulsional es lo que violenta la civilización y la transfigura en una curiosa forma de hedonismo que erotiza la tensión invasor/invadido, activo/pasivo. El placer, entonces, es un problema a controlar. La ausencia de literatura erótica argentina no es tal, su radical presencia resuena en esa forma de pensar lo que se problematiza. La celebración del cuerpo es, a la vez, una batalla política.
domingo, 16 de octubre de 2011
"LA PERVERSION TEXTUAL" por Luis Diego Fernandez
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DARÍO YANCÁN
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domingo, 1 de agosto de 2010
"SEXUALIDAD DE MAMÍFEROS: HUMANOS Y BONOBOS LOS MÁS GOZADORES" por Francisca Martin-Cano Abreu

En la Prehistoria y en culturas primitivas maternales hasta hace poco, la sexualidad femenina estaba muy desarrollada: la mujer podía disfrutar de la sexualidad desde la infancia, a solas (masturbación con la mano o con falos artificales) o acompañada tanto de chicas como de chicos (se permitía la bisexualidad y la promiscuidad).
Las dos características que diferencian profundamente la conducta sexual entre humanos y entre animales mamíferos, son la frecuencia de actos sexuales y la posibilidad de violencia sexual.
1. De forma que, mientras entre los humanos las relaciones sexuales son muy frecuentes y reiteradas, característica que compartimos con otra especie animal: los bonobos, en la mayoría de especies animales las relaciones sexuales son inusuales.
2. Y mientras que entre los animales no existe violencia sexual del macho sobre la hembra, en la especie humana existe en exclusiva la posibilidad de violencia sexual: el varón puede violar a la mujer.
En las diferentes especies animales no existe violación: el macho nunca se impone sexualmente a su posible pareja [y sirva de ejemplo la paciencia que ha de desplegar el pretendido rey de la selva: el león macho, para copular con la hembra, que sólo le permitirá la cópula tras reiterados intentos (para asegurar una adecuada calidad del semen) que puede durar horas].
PRIMERA CARACTERÍSTICA QUE DIFERENCIA DE MAMÍFEROS
Al comparar la conducta sexual entre humanos y la mayoría de especies de mamíferos, se descubre que la principal característica que las diferencia es que, mientras la relación sexual entre los humanos es muy frecuente, en las demás especies de mamíferos es muy singular.
Esta posibilidad exagerada de relación sexual en la especie humana, es consecuencia de que la sexualidad femenina no dependa de las hormonas: la mujer está dispuesta a copular en cualquier momento del día y del mes, ya que no tiene relación con la ovulación. Las mujeres no tienen período de celo, su sexualidad no está determinada por las hormonas. Y dada esta conducta femenina, no tiene nada de extraño que haya sido calificada de “atleta sexual”, según referencia de la antropóloga Helen Fisher.
Mientras que las hembras de las diferentes especies animales mamíferos, sólo están dispuestas a copular en el período definido para la procreación: en el estro anual (o mensual).
De forma que en ciertas especies salvajes, los machos sólo copulan una vez al año, en la época de apareamiento, cuando las hembras tienen el estro. Incluso la mayoría de los machos lo hacen aún menos, ya que las hembras sólo se aparean con el macho que haya vencido en la contienda con otros. Por lo que sólo los más aptos, en ciertos períodos de su vida, tienen relaciones sexuales.
Y entre los animales domésticos, ya se sabe la vida reservada a los sementales, y por tanto la limitada vida sexual del resto de los machos: sufren una total abstinencia sexual.
PRIMATES
Las hembras de los primates salvajes (a excepción de los bonobos, en los que pasa otra cosa), tienen relaciones sexuales aún con menor frecuencia, que las de otros mamíferos. Ello se debe a que, cuando las hembras maduran, sólo aceptan al macho durante el período mensual de celo (salvo excepciones, ya que se ha visto copular a hembras de algunas especies fuera del período de celo, lo que evidencia que no depende totalmente de las hormonas).
Pero dado que la supervivencia ha asegurado, que tras la cópula venga el embarazo, y dado que durante el período de embarazo y de lactancia, que dura un par de años, la actividad sexual de las mamíferas se paraliza, no volverá a entrar en celo y por tanto a copular, hasta pasados dos o más años, tras el destete de su bebé. Así, que sólo se aparean durante un breve período, cada dos o más años.
Los machos primates podrían copular en los períodos mensuales de la actividad sexual de las hembras. Pero dado que el número de hembras maduras de los grupos es limitado, y dado que son ellas las que llevan la iniciativa en la elección de parejas, muchos machos tienen limitada la posibilidad de aparearse. Incluso los machos de ciertas especies, no tienen demasiado interés por el coito.
El hecho de que la hembra sea libre de elegir a su pareja para aparearse, también evidencia que la relación sexual primate, no depende totalmente de las hormonas: La hembra es la que elige a las parejas sexuales, que no pueden imponerse por la fuerza, a pesar del dimorfismo (los machos son mucho más grandes). El dominio del macho primate nunca sirve para imponerse sexualmente a la hembra, sino en presencia de alimentos.
[Respecto a la elección femenina de la pareja sexual, implica que los machos que ocupan una posición de dominio en la jerarquía dentro de un grupo, no tienen asegurado la cópula; la jerarquía no se ejerce en el campo sexual. De ahí que los machos han de aplicarse en atraer y convencer a las hembras para que los dejen aparear.
He visto en un vídeo de Shierley Strum, que los machos babuinos (los estudió en 1976 en el rancho Kekopey junto a Gigil, Kenia), gastan enorme energía en atraerse las simpatías y amistad de las hembras, para que les otorgue en el futuro, un favor sexual. Como ejemplifica la conducta de niñera de un babuino macho, para tener contenta a la madre].
HUMANOS
Y esa mayor frecuencia de la relación sexual entre humanos, respecto a los otros mamíferos, manifiesta que la conducta sexual humana está vinculada al placer, mientras que la de los animales mamíferos –excepto los Bonobos- está vinculada a la fecundación, a la supervivencia, es instintiva y está bajo control hormonal y con la finalidad exclusiva de la procreación.
En el caso de los primates superiores, aún estando la relación sexual vinculada a la supervivencia, se ha observado que no depende totalmente de las hormonas.
BONOBOS Y PLACER
De forma extraordinaria, existe una especie animal, en la que la conducta sexual no depende ni de las hormonas, ni tampoco está vinculada a la supervivencia, al igual en los humanos. Son los chimpancés pigmeos / enanos / bonobos. En esta especie, Nancy Thompson-Handler fue la primera que lo observó (en Lomako, República de Zaire, entre el río Zaire y Kasai en la década de los años 80s), que la práctica sexual está vinculada al placer, al igual que en la especie humana.
Los bonobos “nuestros más inteligentes parientes primates y más semejantes a nosotros” hacen muchísimo el amor. Y lo hacen porque las hembras bonobos no presentan estro (igual que la mujer) y siempre están dispuestas a la cópula, a excepción del tabú madre-hijo. Quizás los bonobos sean los animales que más hacen el amor, incluso mucho más que los humanos, ya que ellos no limitan la sexualidad con normas morales, ni tampoco eliminan el derecho al placer, como los humanos aún hacen.
Los bonobos forman parejas esporádicas de hembras con machos o de hembras o machos entre sí. Este emparejamiento evidencia que la utilización del sexo se ha desvinculado de la procreación mucho más que entre los humanos. Y además daría incluso fundamento biológico a la conducta sexual homosexual.
Y justo es la conducta sexual de los bonobos, la que da idea de la conducta sexual en los inicios de la cultura humana, ya que algo parecido debió ocurrir con nuestros remotos antepasados homínidos, de los que descendemos: la relación sexual de los prehomínidos sería similar al de los primates no humanos como los bonobos. O sea que las conductas de los bonobos nos muestran el comportamiento sexual de nuestros antepasados: nuestras ancestras serían muy promiscuas y harían el amor en cualquier momento del año, sin tener en cuenta la ovulación y sin atenerse a la monogamia, y los varones no tendrían conocimiento de cuándo ocurría su paternidad real.
Jared Diamond nos aporta la teoría de la antropóloga Sarah Hrdy, de la Universidad de California en Davis, que da apoyo a la hipótesis de la promiscuidad de nuestras ancestras prehomínidas. En un estudio de la evolución de la sexualidad humana (1999, 105) resume a Hrdy y reflexiona sobre las ventajas de una hipotética hembra prehomínida promiscua con sucesivos consortes y el porqué un varón le ayudaría a alimentar su cría, a pesar de que no estuviese seguro de su paternidad, dada la promiscuidad de su pareja:
“Supongamos, entonces, que la hembra tiene ovulación oculta y constante receptividad sexual. Puede explotar estas ventajas para copular con muchos machos, aunque tenga que hacerlo incluso solapadamente, cuando su consorte no preste atención. Mientras que ningún macho puede estar seguro de su paternidad, muchos machos reconocen que podrían ser los padres de la eventual cría de la hembra. Si más tarde uno de esos machos tiene éxito en ahuyentar al consorte de la madre y en conquistarla, evita matar a su cría porque podría ser la suya propia. Podría incluso ayudar a la cría con protección u otras formas de cuidado paternal. La ovulación oculta de la madre serviría también para disminuir las peleas entre machos adultos dentro del grupo, puesto que cualquier copulación aislada no es muy probable que resulte en concepción, y de ahí que no merezca la penar luchar por ello…”
“En resumen, Hrdy considera la ovulación oculta una adaptación evolutiva llevada a cabo por las hembras tendente a minimizar la gran amenaza para la supervivencia de su prole que suponían los machos adultos. Mientras que Alexander y Noonan veían la ovulación oculta como clarificación de la paternidad y refuerzo de la monogamia, Hrdy la contempla como algo que introduce un factor de confusión en la paternidad y que arruina la monogamia de manera efectiva.”
Sigue en (1999, 108): “Entonces ¿Qué haremos para evaluar estas dos teorías en disputa?”…
“Pero aún podemos recurrir a otra potente técnica que prefieren los biólogos evolutivos para resolver tales problemas; se denomina método comparativo.”
Tras estudiar numerosas especies de primates, llega a la conclusión de que es la teoría de la promiscuidad la que explica el sistema de apareamiento que condujo a la ovulación oculta femenina. Y así manifiesta en (1999, 119): “En resumidas cuentas, todo se reduce a que la ovulación oculta ha cambiado repetidamente y de hecho ha invertido su función durante la historia evolutiva de los primates.”…
“En aquellos momentos, la ovulación oculta permitió que la mujer-simio ancestral distribuyese sus favores sexuales a muchos machos, ninguno de los cuales podía jurar que era el padre de su hijo, aun cuando cada uno de ellos sabía que podría serlo. En consecuencia, ninguno de esos machos potencialmente asesinos querían hacer daño al bebé de la mujer-simio, y algunos de hecho lo habrían protegido o habría ayudado a alimentarle.”
SEGUNDA CARACTERÍSTICA: VIOLENCIA. CONDUCTA SEXUAL APRENDIDA
Decíamos con anterioridad que la conducta sexual humana da idea en los inicios de la cultura humana se parecería a la de los bonobos. Sin embargo, como cualquiera puede ver, existe hoy día en occidente absoluta discrepancia sexual humana con respecto a los bonobos: las relaciones homosexuales han estado reprimidas, así como la conducta sexual libre femenina (hasta que afortunadamente hoy día, los seres humanos estamos reivindicando y consiguiendo la libertad sexual total).
Además, hay comportamientos violentos del varón sobre la libertad sexual femenina, como es la violación, conducta que no aparece en los bonobos, ni en otros primates, ni en ninguna especie animal: no se da imposición sexual.
Ni tampoco existió en los estadios más arcaicos humanos, como cualquiera puede constatar estudiando las características de las sociedades matrilineales, a pesar de la idea estereotipada que ha sido divulgada, que proyecta sobre la Prehistoria al varón imponiendo de forma brutal la relación sexual a mujeres maltratadas. Siendo como es un mito machista totalmente inexacto.
Lo constata los contemporáneos descubrimientos de la Etología y de la Arqueología, Sociología y Antropología de Género (es decir no androcéntrica / no machista, como lo han sido estas disciplinas hasta hace poco), en las que se basan para afirmar que: serían las mujeres las que elegirían a sus parejas sexuales, que no se podrían imponer por la fuerza, al igual que ocurre en todas las especies de primates, en las que son las hembras primates, las que eligen a sus parejas sexuales.
La violencia sexual del varón sobre la mujer, surgió por intereses patriarcales, en cierto momento de la historia humana. Fue justo con el advenimiento de la revolución patriarcal, que se extendió por todo el universo, hace varios miles de años.
[A partir de entonces se instauró el matrimonio (que se estableció hace varios miles de años en la civilización griega, sobre la que se ha cimentado nuestra actual civilización patriarcal, que arranca de ella y es el origen de que seamos de esta manera). El matrimonio en Grecia, se generalizó en la época de Cecrops, aproximadamente en el primer milenio adne, tras haber sido invadida primero por los aqueos en el siglo XII adne y después por los dorios y dar una nueva organización política al país, basada en el patriarcado, en la que los soberanos ejercían el poder de manera enérgica.
Tal hecho se narra en el mito de la lucha de la diosa Atenea y Neptuno / Poseidón para dar nombre a la ciudad de Atenas, y a la vez refleja el enfrentamiento entre la sociedad matriarcal y la patriarcal. Ganó Atenea.
Victoria de la Diosa que provocó la ira de Neptuno. Para calmarlo, Cecrops, padre de Atenea, tomó la decisión, según los autores de la Enciclopedia Espasa, Tomo 33 (1988, 100) de castigar a las mujeres: "... y entonces, para desagraviar al dios se impuso a las mujeres los siguientes tres castigos: a) se les quitó el derecho de votar; b) se prohibió que en adelante los hijos llevaran el nombre de sus madres (matrilinealidad), y c) despojarlas del título de ciudadanas, de manera que quedaran reducidas a ser meras esposas de los atenienses."
A partir del castigo patriarcal los hijos llevarían el nombre de sus padres varones (patrilinealidad), lo que traduce la institución del matrimonio, de la herencia y de la familia patriarcal, establecido por primera vez entre los atenienses en época de Cecrops.
De forma que fue en Grecia donde tuvo su origen el matrimonio patriarcal de nuestra civilización occidental grecorromana. En la civilización hindú o egipcia, tendría lugar en otra época.
En Escandinavia, la institución del matrimonio también se narra en otro mito: tras la lucha de los invasores Vanes contra la tribu de los autóctonos Ases, los contendientes se unieron entre sí para firmar la paz. Lo que a la vez refleja el enfrentamiento entre la sociedad matriarcal y la patriarcal, así como la generalización y establecimiento de la familia patriarcal.
Y en la civilización del pueblo mongol de Yunán, donde aún no existía el matrimonio al final del siglo XX, quizás se generalice el matrimonio patriarcal en el siglo XXI, por contacto con la civilización occidental (es una suposición, porque a lo "mejor" no sufre contaminación y la dejan subsistir en paz, sin que se iguale a los valores "civilizados" occidentales)].
Con la instauración de la institución del matrimonio, empezó la relación sexual monógama, por la que la mujer intercambiaba su disponibilidad sexual permanente a su pareja, a cambio del sustento.
Y a partir de entonces, se fijó la conducta sexual adecuada de cada sexo y se enseñó de forma discriminativa las conductas sexuales. De forma que la conducta violenta sexual del varón es consecuencia del aprendizaje.
CONDUCTA SEXUAL ENSEÑADA A LA MUJER
-Por un lado se dictó la conducta sexual femenina apropiada y se introdujeron normas morales por las que regirla. De forma que se limitó su sexualidad y se le exigió la obligación de guardar fidelidad dentro del matrimonio. Aunque no se le negó el derecho al placer sexual, de ahí la posibilidad de la masturbación con dildos ya de casada, o la posibilidad de entregarse a la prostitución antes del matrimonio, sin ser desacreditada por ello. Y fue la exigencia de fidelidad dentro del matrimonio, la causa de que a la mujer se convirtiera en víctima y se le impusiera mayor represión, para evitar el adulterio.
CONDUCTA SEXUAL ENSEÑADA AL VARÓN
-Mientras que al varón se le permitió y fomentó el comportamiento sexual libre. Y se le permitió la infidelidad dentro del matrimonio, de ahí la abundancia de prostitutas surgidas tras la instauración del patriarcado, para que les dieran placer, ya que con sus esposas sólo cumplían el débito conyugal tres veces al mes de manera desapegada.
Y, a la vez, a los varones se les fomentó los comportamientos violentos con las mujeres, conforme a los intereses patriarcales, permitiendo que conquistasen otras regiones en donde las mujeres gobernaban, mediante el asesinato, rapto, violación y robo de sus legítimas dueñas. De ahí las numerosas epopeyas que narran las aventuras de héroes que se comportan con crueldad con las mujeres; las raptan, violan, maltratan y abandonan impunemente, como los mitos protagonizados por Hércules, Teseo, Aquiles, Jasón, Ayax, Poseidón, Eolo, Neptuno, Cinira, el padre de Ciana, los hijos de Leucotea, los sátiros,… cuyas ¡hazañas! consisten en robar, violar, raptar, asesinar, dejar embarazada o abandonar a otros seres humanos. Asimismo existen en las mitologías de todo el universo, mitos de violaciones de seres divinos a diosas, sin consecuencias punibles. Los mitos promovían el incesto o la violación por parte de su hijo o de su hermano a la diosa, que muestran además los usos sucesorios del matriarcado.
También los mitos, tras la revolución patriarcal, alentaban la violación o la violencia marital dentro del matrimonio y se permitía al esposo, que tras recibir a su esposa como una esclava u objeto, la encerrara en casa, la domesticara y ultrajara.
Y bajo el bombardeo de tales doctrinas, propagadas a través de poderosos medios de comunicación: el arte, los mitos, la literatura, las leyendas,… en los que se concretizaban ejemplos que atemorizaban y subordinaban a las mujeres, que exaltaban la violencia masculina, no es raro que se implementase la violencia del varón sobre la mujer, y que cumpliese su función de modelamiento.
De forma que, tanto la violación masculina como la violencia sexual del esposo sobre la esposa surgió en cierto momento de la historia humana, no como una conducta resultado de un desenfreno instintivo, sino como una conducta cultural enseñada a los varones, que resultó útil para la vejación de las mujeres y para que tomaran conciencia de su “inferioridad”.
Lo que muestra que la conducta sexual que los humanos practican, aunque deriva de la biológica, es aprendida, responde a factores culturales, es resultado de la cultura. Y en cada cultura se han impuesto diferentes normas, y cada sexo las ha aprendido desde la infancia.
SEXUALIDAD FEMENINA EN CULTURAS JUDEOCRISTIANA E ISLÁMICA
La conducta sexual actual que cada sexo ha aprendido en nuestra sociedad de tradición judeocristiana, es deudora de la tradición griega machista y extendida por numerosas regiones occidentales, gracias a la civilización romana.
La moral judeocristiana negó a la mujer la posibilidad de disfrutar de libertad sexual y la consideró como un elemento corruptor, lleno de lascivia, que alejaba a los varones de Dios, por lo que le limitó la sexualidad como un castigo, por haber disfrutado en época arcaica de una sexualidad más desarrollada, similar a la de los bonobos. Así que no sólo la obligó a la fidelidad dentro del matrimonio, sino que también le exigió que se atuviese a un ideal de pureza y castidad, por lo que consideraba pecaminoso la autoestimulación sexual, y le exigió que llegara virgen al matrimonio. Y además se desacreditó la prostitución.
Pero aún fueron peores las normas sexuales que se impusieron en regiones en las que se extendió la religión islámica, ya que en algunas zonas, se llevó al extremo de eliminar el derecho al placer femenino. La mujer es necesaria para la procreación, pero como pertenece a los varones, sufre la infibulación: ablación del clítoris, para disminuir su deseo sexual y eliminar la posibilidad de adulterio o infidelidad. Y las infracciones del tipo de quedarse embarazada soltera, incluso se ha castigado durante siglos con la muerte.
SEXUALIDAD FEMENINA EN SOCIEDADES MATRILINEALES
Pero esta imposición de forma violenta de la represión sexual por parte de varones, para subordinar a la mujer que ha venido imperando en la sociedad occidental, no siempre ha existido.
Constata que la conducta sexual fue en principio libre y pacífica, similar a la de los bonobos; las costumbres de las sociedades matrilineales, tipo de sociedad existente en las etapas más antiguas de la historia humana: existen evidencias de que fueron matrilineales en todas las civilizaciones, antes de su constitución en estado, y sociedades matrilineales existentes en algunas regiones primitivas todavía.
En las sociedades matrilineales existen costumbres licenciosas y de promiscuidad sexual por parte femenina, que tiene relaciones sexuales libres. Es ella la que elige a sus múltiples amantes, la casada puede ser infiel a su esposo y existe promiscuidad sexual entre los jóvenes de manera reglamentada, antes de casarse.
En correspondencia a la estructura de la sociedad, en el panteón lo femenino ocupa el lugar de honor y las Diosas tienen multitud de amantes divinos y humanos, mitos que reflejan la gran libertad sexual que goza la mujer.
La existencia de libertad femenina en las sociedades matrilineales, en las que la familia es matrilineal, demuestra que fue la implementación de la familia patriarcal la causante de la pérdida de libertad sexual femenina.
Hoy día aún perviven en ciertas regiones primitivas, costumbres de extraordinaria libertad sexual femenina, que ejemplifica la que tendría en la Prehistoria de forma universal, antes de las invasiones o revoluciones patriarcales.
Una sociedad que aún milagrosamente permanece es la de los Na –o etnia Mosuo-, pueblos mongoles del suroeste de China, cercana a la frontera con Myanmar, que viven en las montañas de Yunnan. Es una cultura que conserva instituciones de la organización social y familiar de tipo matriarcal, en la que la mujer tiene total independencia y autonomía, ya que no existe el matrimonio: disfruta de libertad sexual y es ella la que elige a sus amantes, a los que invita a pasar la noche en su casa.
En otras regiones, aún hoy día se conservan algunas costumbres, reliquias de una sociedad anterior de derecho materno. Se da en aquellas culturas en las que las religiones patriarcales no han ejercido su influencia (judaísmo, cristianismo o islamismo). Por ejemplo entre los esquimales existe la costumbre de jugar al cambio de pareja entre matrimonios. En algunos pueblos del Pacífico en ciertas fiestas periódicas, también los miembros de matrimonios se emparejan con otros compañeros y se van al bosque a pasar la noche. En Tanzania las mujeres casadas pueden disfrutar de amantes, aunque de manera discreta,…
SEXUALIDAD FEMENINA A PRINCIPIOS DE LA ÉPOCA HISTÓRICA
Y es testimonio de que en principio todas las sociedades fueron matrilineales, antes de su evolución al patriarcado, el hecho de que aún a principios de época histórica, pervivían en las culturas ya patriarcales, costumbres de gran libertad sexual y de promiscuidad femenina, que evidencian que eran heredadas de una situación anterior, antes de la transición.
Como por ejemplo lo evidencia las ceremonias sagradas celebradas por mujeres y sacerdotisas, que incluía orgías sagradas femeninas (sin el varón; usaban falos o esculturillas), que eran un acto sagrado de fertilidad, y que incluían en algunas ocasiones, ritos con perras.
Además aún no estaba desacredita el ejercicio de la prostitución por parte de las sacerdotisas, sino que eran una acto sagrado con finalidad sagrada, sacerdotisas muy acreditadas que además de la prostitución, eran maestras que se ocupaban de la formación de las niñas.
CONCLUSIÓN
En realidad la única conducta sexual que nos diferencia de los animales es que los varones “son hombres civilizados” que han aprendido a tener comportamientos violentos y a imponerse sexualmente a la mujer, mientras que los “animales no son tan bestias como para ser animales violadores de hembras”.
SELECCIÓN BIBLIOGRÁFICA
Dawkins, R. (1996): Et Dieu crea le singe. Documental emitido por TV-2, enero.
Diamond, Jared (1999): ¿Por qué es divertido el sexo? ¿Por qué los amantes hacen lo que hacen? Un estudio de la evolución de la sexualidad humana. Editorial Debate, S. A., Madrid.
Ehrlich, A. (1978): Los Primates Adaptables. Psicodeia, Nº 38, Madrid.
Fisher, Helen E. (1984): El contrato sexual. La evolución de la conducta humana. Editorial. Argos Vergara, S. A., Barcelona.
Goodall, J. (1996): Jane y los chimpancés. Documental de la BBC emitido por Canal +, 13 de mayo.
Kay, M. y Voorhies, B. (1978): La mujer: un enfoque antropológico. Editorial Anagrama, Barcelona.
López Gutiérrez, Juan José. (2003): Prometedora correspondencia. E-mail personal enviado el 4 de marzo.
Moreno Ruiz, J. L. (1997): Hermano Mono. Interviu, Nº 1085, Madrid, febrero.
Small, M. F. (1996): Supina obsesión. La agitada vida amorosa de los bonobos. Muy Interesante, Nº 185, Madrid, octubre.
Strum, Shierley. (1996): Monkey Business. Documental emitido por Canal +, enero
Vienne, G. (1996): Le peuple singe. Documental emitido por TV-2, enero.
Wendt, H. (1981): Del mono al hombre. Editorial Bruguera, S. A., Barcelona.
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martes, 17 de noviembre de 2009
"MANIFIESTO PUTA" por Beatriz Espejo
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jueves, 7 de agosto de 2008
"Desconstruyendo la normalidad masculina" por Luis Bonino Méndez

-Apuntes para una "psicopatología" de género masculino-
Estos apuntes están sustentados en algunas ideas que varias/os autores/as están desarrollando en los ultimos años acerca de la construcción de las subjetividades femenina y masculina y sus malestares específicos, articulando la perspectiva de las relaciones de género y el psicoanálisis (1). Desde estas ideas se entiende a dichas subjetividades como instituidas por la implantación exógena (figuras de apego y cultura) de la masculinidad y feminidad existentes en la cultura, y construidas por metabolización subjetiva individual de lo implantado. Dos conceptos centrales en estas perspectivas son que la masculinidad y la feminidad - con sus mitologías, valores y significados- preexisten al sujeto, y que el género como identidad adjudicada y no el sexo, surge como organizador privilegiado del psiquismo humano, haciéndolo a través de la normativa hegemónica de género (Nhg) (2).
Hablar de la Nhg, concepto central para estos apuntes, supone pensar en un corpus construido sociohistóricamente, de producción ideológica pero naturalizado y formado básicamente por ideales o ideas-base que se expresan a través de creencias matrices (3) sobre el ser/deber ser mujer o varón , creencias a su vez generadoras de mandatos imperativos prescriptivos (deber ser) y proscriptivos (no deber ser) que requieren ser cumplidos para reconocerse con una identidad (femenina o masculina) valiosa para sí.
Al ser la Nhg un operador marcado -como todos los productos de la cultura patriarcal- por la dicotomía y la desigualdad inferiorizadora de lo femenino y las mujeres , organiza la producción/reproducción de esas identidades para que las masculinas sean dominantes e "independientes" y las femeninas fragilizadas y dependientes y sin diversidad posible. Y es por ello también un factor básico en la reproducción/perpetuación de la injusticia distributiva contra las mujeres de los tiempos, espacios y funciones sociales .
¿Normalidad masculina?
En el campo de la salud mental estas conceptualizaciones se están utilizado no sólo para comprender la construcción subjetiva sino también para transformar los esquemas a partir de los cuales se entienden y abordan los sufrimientos de las personas. Sin embargo, en la práctica el mayor énfasis ha estado puesto hasta ahora en desconstruir las ideas sobre el "continente negro" de la feminidad , la causación de los malestares y psicopatologías de las mujeres, y en cambiar sus abordajes terapéuticos.
En cambio, el "continente blanco" de la masculinidad como tal ha permanecido casi intocable, situación que no es de extrañar, ya que lo masculino y sus valores sigue tomándose, aún en el ámbito de la salud mental, como paradigma de normalidad, salud, madurez y autonomía, y por tanto no requieren interrogación.
Pensada esta situación desde la perspectiva de las relaciones de género podemos comprobar que, a pesar de los importantes cambios de los ultimos años en la redistribución de valores y prácticas entre los géneros, aún hoy hay un eje en la relación entre mujeres y varones que permanece virtualmente intacto en nuestra cultura occidental y democrática : la distribución dicotómica injusta para las mujeres del espacio simbólico de la salud/enfermedad mental(4). Por dicha distribución milenaria las mujeres (y la feminidad) siguen siendo "el" problema, las depositarias por tanto de la "anormalidad"/patología/locura y las receptoras pasivas de las definiciones masculinas sobre su ser.
Y esto es así porque los varones (y la masculinidad) se colocan (y son colocados) desde el inicio de Occidente como los propietarios de la "normalidad"/salud./cordura. Por tanto ellos no constituyen problema , sus teorías y prácticas de sí son la unidad ideal y única de medida de lo humano y desde ellas se producen las normas que definen lo "normal". Y por esto sus quehaceres quedan incuestionados y silenciadas por "normales" (excepción hecha con algunos varones tales como los homosexuales, los "impotentes" sexuales u otros que por ser definidos como "poco hombres", quedan por ello más cerca de lo femenino, y por tanto pueden ser problematizados y anormalizados)
Esta distribución impregna todos los ámbitos , y por supuesto también el de la salud mental.
Pero,cuando ponemos a los varones y a la masculinidad del lado del modelo, del ideal , de la normalidad, ¿ de qué normalidad hablamos?:¿la de los sujetos que son los que tienen los problemas de más relevancia en la Salud Pública ( mucho más frecuentemente que las mujeres): alcoholismo , drogodependencias, suicidios, y los relacionadas con el estilo de vida(cánceres, Sida, infartos, accidentes y muertes por violencia) ?. ¿La de aquellos que ejercen,(mucho más que las mujeres) solos y en grupo, las mil formas de descuidos,abusos y violencias hacia las personas cercanas y lejanas, desde la misoginia y la homofobia hasta la violación a niños y la desaparición de disidentes?(5). ¿ La de una masculinidad cuyos valores preferentes están en la base de dichas problemáticas?.
Pese a la evidencia de la epidemiología, la clínica y lo cotidiano, el poder de la milenaria creencia en el varón como modelo de lo humano (y por tanto de salud y normalidad) es tal que invisibiliza las "anormalidades" y psicopatologías masculinas que quedan así innombradas e impensadas. Así, la "anormalidad" sigue quedando del lado de las mujeres , su patologización-descalificación psiquica es la regla, y la invisibilización de lo "anormal"/patológico masculino se perpetúa.
Se da así la paradoja que si bien, como veremos, la patología de género masculino es profusa, ella (y sobre todo la que provoca sufrimiento y/o daño a las demás personas) casi no es considerada dominio de ninguna teoría sobre la patología mental y tampoco los varones aparecen como sujetos motivo de estudio y tratamiento específico .
Pensemos por ejemplo en las nosografías psicopatológicas clásicas: en ellas los varones como tales habitualmente no son nombrados . Sí hay patologías y problemáticas que se nombran , remarcan y estudian como predominantemente femeninas (histeria, fobias sociales, masoquismo, anorexia-bulimia…). En cambio, las predominantemente masculinas (drogodependencias, alcoholismo, suicidio consumado, bulling, sadismo, perversiones, n.obsesiva… ) no se nombran como tales y se definen así como propias de todas las personas invisibilizándose la predominancia de los varones en ellas. En otras patologías los varones quedan ausentes, a pesar de padecerlas, al no incluirse en su descripción los modos particulares de expresión masculina del malestar (principalmente la depresión).
El sistema psicoanálisis/psicoanalistas no está ajeno a la invisibilización de lo masculino problemático y a la perpetuación del eje "normalidad" masculina/"anormalidad" femenina ¿porqué los masoquismos" femeninos" son el eje de enorme número de trabajos teóricos y clínicos, y los sadismos "masculinos" no interesan a casi nadie? ¿Porqué en las viñetas clínicas de los trabajos que habitualmente leemos, aunque a veces se nombra a los varones, se lo hace casi exclusivamente desde su lugar de hijos en el omnicausal Edipo; y el varón genérico, más allá de padre o hijo está ausente, y el hecho de serlo no es tenido generalmente en cuenta en la producción de patologías?. O simplemente ¿porqué el tono verbal con que se nombra a "la" histérica o a "la mujer fálica" en cualquier lugar de trabajo profesional es siempre mucho menos benevolente y más descalificador que aquél con el que se habla de "el" obsesivo?.
Los estudios de las relaciones de género han contribuido enormemente a comprender el sufrimiento femenino, a estudiar sus trastornos de género y a despatologizar/despsiquiatrizar a las mujeres.Y esto ha sido posible porque la feminidad ha sido entendida como una construcción de la cultura patriarcal, y que por ello puede/debe ser desconstruida/reconstruida en lo simbólico de la cultura y de cada sujeta/o, para evitar su reificación y modificar su poder patógeno.
Creo que del mismo modo se debe/puede utilizar dichos estudios, así como los estudios (auto)críticos de varones de ellos derivados (6), para comenzar a problematizar y descontruir la ilusoria normalidad masculina y nombrar lo patológico silenciado, es decir, desnormalizar/patologizar a los varones (y a la masculinidad) y entregarles, de la "anormalidad"/patología humana, el trozo que les corresponde. No sólo para hacer un aporte desde una ética de la igualdad de género, a fin de reequilibrar la distribución injusta de la normalidad en favor de los varones, sino también para poder encuadrar, investigar y poder transformar las problemáticas de la masculinidad, ella también una construcción
Abordando las invisibles "anormalidades" masculinas.
En los últimos años he comenzado a interesarme en la tarea de desconstrucción de la "normalidad" de los varones, y lo he ido haciendo desde una doble vertiente:
Por un lado, he intentado poner en palabras algo de lo masculino problemático silenciado. Para ello fui conformando un listado visibilizador de problemáticas masculinas con la ayuda de la lente de género, aplicada a la epidemiología, las noticias, la escucha de casos, las investigaciones sobre la construcción de la subjetividad masculina,la descripción de casos clínicos de la literatura psicoanalítica donde el sujeto de estudio es varón, y la definición de algunos "sindromes" masculinos que aparecen en la bibliografía anglosajona sobre varones (7)
Por otro lado, estoy procurando estructurar un esbozo de sistema que permita organizar/clasificar lo encontrado, que pueda servir de base para seguir indagando en lo oculto masculino, y que tenga además alguna operatividad clínica. Sabiendo que todo sistema clasificador en salud mental tiene implícita una concepción sobre la causalidad y la cura/transformación, mi preocupación fue que dicho sistema y sus ejes estuvieran sostenidos explícitamente por las concepciones causales y transformadoras derivadas de la la articulación estudios de género/psicoanálisis, que es el marco que estoy utilizando. Para ello,dentro de dicho marco estuve buscando algúnos organizadores que permitieran discriminar las problemáticas entre sí, para poder nombrarlas y operar sobre ellas. Y opté por dos.
El primero, un articulador ético: las propuestas de igualdad y reciprocidad en las relaciones inter e intragenéricas. Sabemos que la perspectiva de género ha cuestionado el androcentrismo ( blanco-burgués-euro-cristianocentrismo) de la cultura, definiendo a las relaciones de género como relaciones de desigualdad y dominación donde los varones (algunos) y los valores masculinos dominan, y planteando que esto debe ser transformado. Desde esta óptica la supremacía masculina no puede ser definida como "normal" o deseable . Ya que los varones son los portadores de estas prácticas de dominación, el articulador que propongo permite incluir como problemáticas masculinas, no sólo los propios malestares- de los que ya algo se habla-, sino además lo que llamo abusos de poder inter e intragenérico, maltratos o "molestares" (8) (comportamientos que producen molestia, sufrimiento o daño a las demás personas), y también los comportamientos de indiferencia abandonante(7).
El segundo, un articulador teórico/clínico: las creencias y mandatos sobre el género. Lo elegí por un doble motivo. El primero, porque es consonante con la conceptualización de que la masculinidad, sello de identificación para los varones, está construida, como hemos dicho, a partir de ideales, expresados a través de una serie de creencias matrices y mandatos derivados, que la Nhg incluye y prescribe a los que nacen con sexo masculino para nombrarse como varones. El segundo, porque permite aprovechar la interesante hipótesis de pensar las problemáticas de género como derivadas de la tiranía y caricaturización de los estereotipos y "virtudes" genéricas(7,9), más precisamente ,desde la óptica de la Nhg, como resultantes de la absolutización y/o rigidización de la influencia de una o más de las creencias de la masculinidad en la subjetividad.
Este articulador posibilita discriminar problemáticas en función de la creencia predominante. Permite además pensar otras problemáticas en función de la colisión intra e intersubjetiva entre nuevas y viejas creencias. Y finalmente posibilita operar clínicamente, desde las problemáticas genéricas hacia sus creencias matrices productoras y de allí a su desconstrucción terapéutica , modalidad de gran eficacia tranformadora.
Cabe aclarar, como se habrá observado, que utilizo en estos apuntes más frecuentemente el término "problemáticas masculinas" para una categoría que diferentes autores que trabajan desde la óptica de género llaman también trastornos, psicopatologías o disfunciones de género(10). Todos estos enunciados son aproximaciones que muestran la dificultad de encontrar terminologías que se alejen de la psicopatología clasica para incluir en lo nombrado la causación genérica de la producción de malestar, y que permitan a la vez la posibilidad de consensuar diálogo con otros profesionales con otros esquemas teóricos.
Con los dos articuladores antedichos estoy intentando comenzar a ordenar lo "anormal" masculino que he ido visibilizando, estructurando un esbozo de clasificación que ha continuación veremos. Pero antes haré un paréntesis que permitirá adentrarnos en la constitución y contenidos de los ideales , las creencias y los mandatos de la masculinidad, la organización subjetiva e intersubjetiva que generan y así comprender mejor el esbozo de clasificación que luego describiré.
Ideologías de la modernidad y subjetividad masculina hegemónica.
La Nhg que organiza la subjetividad masculina moderna surge en el Renacimiento con la aparición del sujeto moderno (masculino) y está sustentada en la llamada ideología del individualismo de la modernidad. Para ella el ideal de sujeto es aquel centrado en sí (el ser de sí o para sí), autosuficiente que se hace a sí mismo, separado de la naturaleza, racional y cultivador del conocimiento, que puede hacer lo que le venga en ganas e imponer su voluntad y que puede usar el poder para conservar sus derechos. Heredero de los ideales de la Grecia clásica, la filosofía renacentista predominante lo propuso como ideal de humanidad, pero no estaba destinado a las mujeres, consideradas sujetos inferiores o lo extraño, y por tanto con menos derechos a la autosuficiencia . Surge en la Europa Occidental y cristiana pero su influencia se ha extendido a través de los imperios y actualmente por los medios de comunicación, a todo el mundo, incorporando en ese camino el valor protestante-capitalista de la eficacia. Este ideal ha sido nombrado según las épocas de diverso modo: búsqueda de la fama, vocación, libre albedrío, lucha por la vida, ambición o espíritu emprendedor y se resume en una de las creencias básicas de la masculinidad moderna: la de la autosuficiencia triunfante, que ejerce su acción a través del mandato básico que se inocula desde la cultura como condición para ser varón( y sujeto):¡ hazte a tí mismo! (¡y triunfa!) (11).
La Nhg no está constituida solamente por los contenidos dados por la ideología del individualismo. Otra ideología también le da forma, la de la satanización/eliminación del otro/a distinto, que desde la antigüedad produjo el ideal del soldado guerrero y conquistador y promovió al sujeto valeroso, fuerte e invulnerable, inconmovible, competitivo y bélico, con códigos de honor y obediencia por sobre todo. Basado en la lealtad ciega a ideales y normas grupales-comunitarios y a las jerarquías que los representan, aún hoy avala la conquista y la lucha expresada en las guerras y en su variante civilizada el deporte competitivo-con sus jugadores y espectadores- (12). Autorizando derechos de todo tipo para defenderse de lo hostil, fomenta la delimitación de identidades individuales y grupales autodefensivas y repudiadoras de las aperturas y las analogías con lo diferente de sí (13) . De ella deriva otra creencia matriz de la masculinidad moderna: la de la belicosidad heroica , que valida el uso de la violencia individual y grupal como recurso defensivo de lo propio y controlador de lo ajeno. Sus mandatos:¡defiendete(atacando) del otro distinto! y ¡subordinación y valor!
Las subjetividades masculinas modernas han sido construidas desde la articulación, a veces contradictoria, de estas matrices ideológicas y sus ideales . Es cierto que, sustentadas en otros valores, han existido y existen otras subjetividades masculinas: la romántica que promueve al varón vulnerable que puede llorar, la caballeresca productora de varones buscadores de fama y respetuoso-paternalistas con las mujeres, la igualitaria e intersubjetivista que produce varones que valoran a la mujer como sujeto de derechos, la meditarránea con varones amantes del honor y el placer pero no del trabajo, la propia del dandysmo, con su promoción del varón para ser mirado o la del posmodernismo, relativista, narcisista y en crisis (14).Sin embargo estas subjetividades quedan sofocadas por la subjetividad masculina hegemónica que sigue siendo en la era postmoderna la organizada desde la Nhg por las ideologías del individualismo y la satanización/eliminación del otro/a.
Estas ideologías generan como hemos visto las creencias de la masculinidad autosuficiente triunfante y belicosa heroica por las que la subjetividad se conforma alrededor de la idea que ser varón es poseer una masculinidad racional autosuficiente y defensiva-controladora/que se define contra y a costa del otro/a, generando además una lógica dicotómica del uno u otro, del todo o nada (donde la diversidad y los matices no existen). "Hazte a ti mismo! (¡y triunfa!)" y "defiendete!(atacando)", son los imperativos derivados de las creencias que inoculados/internalizados, actúan como ideales/mandatos para la identidad masculina.
Pero además, estas ideologías generan otra creencia matriz de gran importancia en el cotidiano masculino: la del respeto a la jerarquía con su imperatvo derivado ¡subordinación y valor! que, aunque es contradictorio con los imperativos anteriores, se ha ido integrando a ellos en la modernidad desde la creencia de que la masculinidad se adquiere a través de "pasos" en los que el sometimiento a personas (o desplazadamente a ideas) es necesario para acceder al adueñamiento (de sí o de otros). Esta creencia juega un importante papel en la reproducción del autoritarismo (se tolera el sometimiento con la esperanza de someter en el futuro)
La subjetividad particularizada de cada varón surgirá de la articulaciones y jerarquizaciones, siempre complejas y contradictorias de estas creencias y mandatos y sus tematizaciones derivadas. Y surgirá por la metabolización/apropiación/transformación de ellas en la historia de cada sujeto. Sin embargo, el poder configurador de la Nhg es tal, que desde sus mandatos y a través de las mediaciones parentales, genera globalmente una organización específica del psiquismo masculino y sus contenidos donde el predominio del dominio y control (de sí y de lo otro) y la lógica dicotómica del todo/nada son determinantes.
Así, tener una representación de sí como varón es el resultado de la constitución predominante de una subjetividad con límites yo/otros hiperreactivos, conformada por un yo centrado en sí y en el logro con la narcisización del dominio y la violencia, un Yo-ideal de perfección elevada y grandiosa, un sistema de ideales muy elevados centrados en el dominio y control de sí y otros (la Nhg interiorizada), un superyo con alto contenido de mandatos narcisistas y de crítica severa, un predomino del deseo de dominio , un deseo sexual legitimado y vivido como autónomo, la proyección y el control de la acción como formatos de reacción frente al conflicto, un desarrollo logrado de habilidades instrumentales y un tipo de vinculación desconfiada y poco empática .
Interiorizada como mandato de ser y de deber ser, la Nhg se presenta como incumplible (siempre se puede hacer algo más para ser "todo" un hombre) pero su incumplimiento/transgresión provoca angustias a veces insoportables derivadas del tipo de critica superyoica que la Nhg genera, y de los vacíos tremendos de sostén identificatorio alternativos (qué hombre es inmune a la inquietud que provoca la pregunta ¿ tú eres un hombre o qué?).
La Nhg lleva en sí también la representación de la mujer acorde con las ideologías que le dan sustento: la mujer idealizada o amenazante, sujeto en menos y objeto de mirada, deseo o utilización. El modelo de relación con ellas que deviene de esto es el de la complementariedad (la mujer del hombre), siendo el varón el centro activo y modelo de sujeto y la mujer periférica y pasiva admiradora, con dicotomía de funciones (el varón en lo público, defensor y protector de lo suyo), paternalismo de violencia permitida pero acotada, y desigualdad de derechos (favorables al varón). De allí surge otra de las creencias matrices de la masculinidad moderna: la de la superioridad masculina sobre las mujeres , por la que los varones se creen con mayor derecho que ellas a la libertad, las oportunidades y el buen trato, y así esta interiorizado en las subjetividades(15). Los otros varones, por su parte, son sujetos plenos, dignos de respeto admirativo/temeroso, aliados o enemigos, potenciales dominantes/dominados, pero participantes todos del pacto de monopolización de lo público y la producción de la ley.
Y todo esto (el tipo de subjetividad y el lugar del varón en las relaciónes) es lo "normal", en su doble acepción de la norma ( en cuanto estructura deseable para el sujeto masculino-y complementariamente para el femenino-) y lo más frecuente.
Creencias/mandatos sobre la masculinidad y problemáticas masculinas.
En 1976 dos psicólogos norteamericanos enunciaron lo que llamaron "los cuatro imperativos que definen la masculinidad", bajo la forma de consignas populares (16). Estos enunciados, cuyo ejercicio valida el ser "todo" un hombre, tuvieron gran difusión y reflejan de un modo muy acertado algunas de las creencias matrices de la masculinidad (autosuficiencia, belicosidad heroica y superioridad sobre las mujeres) y los ideales/mandatos derivados que, como hemos visto, conforman la Nhg y son organizadores de la subjetividad masculina predominante en este fin de milenio. Por su valor descriptivo , los he utilizado como ejes para mi esbozo de ordenamiento de las problemáticas masculinas que estuve visibilizando. Para ello, estos enunciados/creencias deben ser leidos desde la Lógica del todo/nada masculina ( Lt/n.m), por la cual el no cumplimiento de una creencia (lo deseable) arrastra inevitablemente al incumplidor en el negativo del ideal propuesto por dicha creencia(lo temido), sin matizaciones.
Estos enunciados - que lo son de creencias/mandatos- son los siguientes:
1.-No tener nada de mujer (no Sissy stuff). Ser varón supone no tener ninguna de las características que la cultura atribuye a las mujeres ( ser para otros, pasividad, vulnerabilidad, emocionalidad, dulzura, cuidado hacia los otros…). Desde la Lt/n.m lo deseado/temido que aquí se juega es el opuesto macho/maricón, con su derivado hetero/homosexual.
2.-Ser importante (the big wheel) . Ser varón se sostiene en el poder y la potencia, y se mide por el éxito, la superioridad sobre las demás personas, la competitividad, el status, la capacidad de ser proveedor, la propiedad de la razón y la admiración que se logra de los demás. ¡Un hombre debe dar la talla! o ¡un hombre sabe lo que quiere! son imperativos que reflejan esta creencia. Desde la Lt/n.m se juegan aquí en lo deseado/temido las oposiciones potente/impotente, exitoso/fracasado, dominante/dominado o admirado/despreciado.
3.-Ser un hombre duro (the sturdy oak) .La masculinidad se sostiene aquí en la capacidad de sentirse calmo e impasible, ser autoconfiado, resistente y autosuficiente ocultando(se) sus emociones, y estar dispuesto a soportar a otros. ¡Los hombres no lloran!, ¡no necesitas de nadie! o ¡el cuerpo aguanta! expresan esta creencia. Fuerte/débil o duro/blando son los opuestos deseados/temidos desde la Lt/n.m.
4.-Mandar a todos al demonio (give´em hell) La hombría depende aquí de la agresividad y la audacia y se expresa a través de la fuerza, el coraje, el enfrentarse a riesgos, la habilidad para protegerse, el hacer lo que venga en ganas y el utilizar la violencia como modo de resolver conflictos. Los pares de opuestos deseados/temidos son aquí valiente/cobarde y fuerte-agresivo/débil.
A esta lista pueden agregarse otros dos mandatos que los anteriores enunciados no recogen, uno que expresa el aspecto subordinativo de la creencia de la masculinidad belicosa, y otro nuevo, que surge de las nuevas demandas al varón promovidas por los nuevos modelos sociales:
5.-Respetar la jerarquía y la norma. La masculinidad se sostiene en el no-cuestionamiento de sí, de las normas y de los ideales grupales (los de la masculinidad incluidos), en el estar contenido en una estructura y en la obediencia a la autoridad o a una causa.Obliga a sacrificar lo propio, con la ilusión (casi siempre incumplida) de que algún día el varón será dueño de sí (o al menos de alguien/algo). Lo deseado/temido es, desde esta creencia pertenecer/no pertenecer a un grupo (de varones), ya que ellos (y no la mujeres) son los que avalan con su aplauso la masculinidad (17).
6.-Ser sensible,empático e igualitario. Creencia/mandato posmoderno que propone que ser "todo" un hombre nuevo implica incluir en la masculinidad la preocupación por el otro/a y la igualdad de trato, (lo que es contradictorio con la creencias anteriores). Lo deseado/temido es desde aquí igualitario/machista, ser aceptado/ser rechazado por las nuevas mujeres, y ser aceptado/rechazado por los varones.Interviene en la producción de problemáticas masculina en tanto su oposición a las creencias antedichas.
Con estos ejes creenciales en mente podemos ya desplegar el esbozo de la clasificación que da origen a estos apuntes. Clasificación que, para recordar, surgió para ir ordenando problemáticas masculinas que fui encontrando en diversas fuentes con la lente de género, utilizando para ello como articuladores la ética de la igualdad y la reciprocidad y las creencias matrices de la masculinidad. Y desde la hipótesis de que la absolutización y/o rigidización de estas creencias (solas o en combinación) al interior de la subjetividad masculina , la lectura de su cumplimiento según la Lt/n.m, así como la colisión entre creencias son un factor clave en la producción de lo "anormal" invisibilizado masculino .
Veamos entonces, los grupos de problemáticas masculinas que podemos distinguir, visibilizándolas del modo todo lo organizado que un esbozo clasificatorio permite (en el listado siguiente, figuran entre paréntesis, al lado de cada grupo, las creencias que intervienen preponderantemente en su producción,según el número de orden del anterior listado de enunciados creenciales):
Malestares masculinos:
a) Trastornos por sobreinvestimiento del par éxito/fracaso (creencia 2).
b) Patologías de la autosuficiencia con restricción emocional (creencias 1 y 3 )
c) Trastornos por sobreinvestimiento del cuerpo-máquina muscular(creencias 3 y 4).
d) Hipermasculinidades compensatorias (creencias 1y 2 ).
e) Patologías de la perplejidad o trastornos de la masculinidad transicional (creencia 6 en conflicto con las demás creencias).
f) Trastornos derivados de la orientación sexual no tradicional (creencias 1 y 5)
Abusos de poder y violencias (Molestares y maltratos masculinos):
a) Abusos de poder y violencia de género (creencias 2 y 4).
b) Abusos de poder y violencia intragenéricos (creencias 2 y4)
c) Abuso de autoridad y poder político (creencia 2)
d) Patologías de la paternidad y la responsabilidad procreativa (creencias 2 y 3).
Trastornos por temeridad excesiva.(creencia 3)
Trastornos por indiferencia a sí u a otros/as:
a) Patologías de la autosuficiencia indiferente o agresiva (creencias 3 y 4)
b)Trastornos por obediencia/rebeldía excesivas a la norma o jerarquía (creencia 5).
No es mi propósito en estos apuntes hacer una descripción pormenorizada de cada agrupación de las enunciadas. Pero si deseo hacer un recorrido por ellas, definiendo algunas problemáticas , unas con nombre ya existente, otras nombradas con neologismos, unas cuadros muy definidos, otras sólo descripciones sindromáticas .Su enumeración permitirá ver más ampliamente la distancia entre la ilusión de normalidad masculina y la realidad . Veremos, además que algunas de ellas no son problemas ideo-afectivos (más pertinentes tradicionalmente al campo de la salud mental),sino comportamentales, cosa no extraña, dado que los varones se definen prioritariamente por el "hacer".
No todas son exclusivamente masculinas. Cuando se manifiestan en mujeres- en general poco significativamente- sus modos de producción suelen circular por caminos difentes a los de los varones.
Quisiera prevenir al lector/a ( por bienvenida sugerencia de algunos que han visto los borradores de estos apuntes) que las líneas siguientes pueden abrumarlo/a. Probablemente una de las razones pueda deberse a la sobrecarga subjetiva que generalmente suele producir el tener a la vista repentinamente algo invisibilizado, como es lo que describiré a continuación.
Malestares masculinos
Son las problemáticas egodistónicas con sufrimiento y/o daño a sí mismo y que suelen generar déficits primarios y secundarios por vacío representacional o por la frustración narcisista que producen.
a) Los trastornos por sobreinvestimiento del par éxito/fracaso : subclasificados en:
Trastornos por búsqueda imperativa del éxito y control, relacionados con la obsesión masculina por el desempeño, el rendimiento y el sobreesfuerzo por mantenerse en la cúspide. Cualquiera de los valores derivados de las creencias de la masculiiad pueden ser tomados obsesiva o adictivamente como camino para llegar a ser "todo" un hombre . Así tenemos por ejemplo las obsesiones-compulsiones por la sexualidad propia o ajena o por mantener el control, las adicciones al trabajo o la carrera profesional, al poder, al deporte competitivo , el llamado patrón de conducta tipo A o la hipercompetitividad. Pueden ser primarios o compensatorios de alguno de los cuadros siguientes y favorecen déficits al quedar desinvestidos los valores vividos como "femeninos". Muchas veces llevan al crack corporal por exceso de sobreesfuerzo.
Trastornos por sentimiento de fracaso viril, derivados de la percepción del no cumplimiento de algunos de los mandatos de la Nhg o de la pérdida de valores masculinos que se suponía poseer (actividad, trabajo, seguridad, libertad, poder frente a mujer, potencia sexual constante, etc). Estas experiencias son significadas desde la Lt/n.m como fracaso en la realización del ser (ser poco o nada hombre) con la herida narcisista consiguiente. En algunos casos se presentan como retracción vital, a modo fóbico-ansioso ( timidez, aislamiento social, o falta de deseo sexual), y en otros como inseguridad patológica, como temor a ser homosexual o como depresión narcisista. En otros queda oculto bajo actitudes compensatorias, que pueden ser cualquiera de las problemáticas descriptas en el apartado anterior o en los siguientes.
b)Patologías de la autosuficiencia con restricción emocional : derivadas del imperativo de ser un hombre duro con la consiguiente valoración extrema de la autosuficiencia y la invulnerabilidad, y con los consecuentes déficits provocados por la negación de lo emocional y lo vincular. En ellas lo llamado autosuficiencia es en realidad pseudo autonomía.(9).
Algunas de estas problemáticas son:
Arritmicidad patológica o sindrome de impasibilidad masculina: la compulsión a mantener la calma y el control ante todo. Caracterizada por: el sentimiento obsesivo que todo tiene que estar programado, las inhabilidades para ver procesos, disfrutar relaciones o eventos no dirigidos a tareas concretas , la negación a admitir que las emociones interfieren en lo que se está haciendo, el pánico a perder el control, la coraza muscular y la gestualidad de sonrisa impasible y pose envarada. En los vínculos con las mujeres, es el modelo desde el que se evalúa el supuesto "descontrol" femenino. Es percibida como problema por el propio varón cuando sus prioridades vitales cambian o quiere enriquecer sus vínculos (los que lo rodean lo perciben mucho antes cuando se quejan porque "él siempre está igual").(7).
Alexitimia normativa: este cuadro se caracteriza sobre todo por el desconocimiento de los propios sentimientos y por la defensa frente a ellos. Existe por ello inhabilidad para identificar y describir las propias emociones, un modo pragmático de relacionarse, un pensamiento de tipo operatorio, un uso de las palabras como defensa, la expresión de afectos intensos por medio de descargas o por trastornos somáticos, una negación de los problemas (¡a mi no me pasa nada!) y dificultades para comprender los sentimientos ajenos con la consiguiente falta de empatía (18).
Fobia a la intimidad o sindrome de mantenerse a distancia. En ella se toma como autonomía lo que es simple distanciamiento protector, con la dificultad consiguiente para estructurar vínculos.
Dependencia de la pornografía: permite realizar una sexualidad mercantilizada que no precisa del vínculo y no arriesga la intimidad. Muchas veces es modo de refugio de problemas relacionales o de sentimientos de "fracaso" viril.
"Delirio" de autosuficiencia, en el que la pretendida autosuficiencia en realidad está sostenida en el apoyo de una silenciosa mujer acompañante (madre, hermana, pareja, vecina, asistenta).
Adicción a la tecnología (actualmente sobre todo a Internet), que genera una creencia de estar conectado controlando el vínculo y fomenta en realidad el aislamiento con los vínculos cercanos.
Sobreinvestimiento del quehacer para sí (en detrimento de con/para las personas). Cuadro muy habitual en que , unas veces los varones priorizan, aislándose, sus quehaceres (trabajar, disfrutar del ocio, escribir,etc) y otras confunden el hacer cosas "por" alguien , de hacerlas "con" alguien. La aspiración masculina: "Tener un hijo (que no criarlo), plantar un árbol (que no regarlo) y escribir un libro" es un buen ejemplo de uno de los mandato productores de esta problemática.
Homofobia (19): caracterizada por el temor a acercarse a otros varones que es una defensa frente a la amenaza de humillación o a la aparición de deseos homosexuales ( signos de ser "poco hombre"). Contamina las relaciones con los otros varones hetero y homosexuales, favoreciendo las relaciones superficiales entre varones y/o la falta de amigos cercanos.
Dependencia emocional de las mujeres : en tanto la autosuficiencia no permite conectarse con las emociones y con los vínculos, esta tarea suele depositarse en las mujeres cercanas con las que se desarrolla entonces un vínculo de parasitismo emocional.
c)Trastornos por sobreinvestimiento del cuerpo-máquina muscular . La creencia en el cuerpo como instrumento para la acción exterior -y herramienta para la dura lucha en/por la vida- es poderosa en los varones, por lo que su utilización y cuidado se dirige por esos caminos. En cambio el cuerpo"interior", está desinvestido con las consecuente desconexión de una parte de sí. Ejemplos de estos trastornos son la adicción al gimnasio y a los deportes de fuerza, la facilitación hacia las "actuaciones" corpomusculares como los desgarros, la negación o subvaloración de las alarmas corporales con el riesgo consiguiente, y los déficits en el manejo de las enfermedades (tales como las fobias a ellas o el pánico a sacarse sangre o la hospitalización, donde además se agrega el pánico a la pasividad).
d) Hipermasculinidades : comportamientos muchas veces grupales en los que hay una identificación infatuada y exhibicionista con valores masculinos. Destinadas a cumplir los "pasos" para llegar a la masculinidad plena , a esconder vivencias de inseguridad masculina , o para reafirmarse frente a sí u otros, se las puede entender como patologías de la masculinidad excesiva. Podemos incluir aquí , el machismo grupal callejero, los excesos en el consumo de alcohol o drogas, el divorcio y emparejamiento con mujeres muy jóvenes, la temeridad, la hipersexualización de la emocionalidad, junto a diversos comportamientos maníacos y contrafóbicos en los que se escuda la vulnerabilidad.
e) Patologías de la perplejidad o trastornos de la masculinidad transicional
En las dos últimas décadas, varios mitos que sostenían la relación de los varones con las mujeres y con el mundo han caido: el de la carrera laboral sin obstáculos, el de la pasividad femenina, el de la legitimación de la fuerza, el del monopolio masculino del poder, etc. Esto provoca desconcierto y perplejidad en muchos varones, debilitados por el cercenamiento cultural de derechos antes legitimados, angustiados por la pérdida de privilegios y enfrentados a la caida de muchas de las máscaras que los sostenían. Las fisuras en las viejas creencias sobre la masculinidad , la dificultad para cumplir los imperativos de igualdad y sensibilidad, el conflicto entre lo nuevo y lo viejo , y el vacío representacional de alternativas valiosas para sí que no los sumerjan en lo"femenino", provocan muchas veces estados paralizantes o congelamiento del devenir vital. A esta situación muchos varones que suelen consultar por malestar difuso la llaman "pérdida del norte" lo que es una buena definición sindromática. También podemos incluir en este grupo a los conflictos intra e intersubjetivos en el ejercicio de los roles sociales viejos/nuevos adjudicados a los varones , el ocultamiento de los cambios hacia la igualdad hechos en el espacio privado para no ser tachado de "debil " o dominado por la mujer, y la llamada crisis de la identidad masculina ( que la mayoría de las veces no lo es tal, sino un reacomodo a la restricción de roles que el varón percibe,pero sin cuestionamiento de sus representaciones de sí).
f) Trastornos derivados de orientaciones sexuales no tradicionales:
Encontramos aquí cuadros fobicos y ansiosos diversos derivados de la no aceptación inter y/o intrasubjetiva de orientaciones sexuales no heterosexuales que el varón asume fácticamente (célibe, homo o bisexualidad) y que implican trasgredir la actual creencia de masculinidad =heterosexualidad, con la angustia y el temor al rechazo consiguiente. En este grupo no están incluidos los trastornos de confusión de orientación sexual, aunque muchos de ellos se originan en el no permiso social a masculinidades que no sean heterosexuales militantes.
Abusos de poder y violencias ("molestares" y maltratos masculinos)
Muchas de estas problemáticas están aún legitimadas o naturalizadas en las prácticas cotidianas, o no se incluyen en el campo de la salud mental. A mí me parece fundamental incluirlas en esta clasificación, porque como decía anteriormente, desde la ética de la igualdad de género no es posible pensarlas como "normales" /saludables.
Habitualmente suelen pensarse las problemáticas y trastornos subjetivos como aquellos en las que el sujeto expresa sufrimiento, pero estos abusos y violencias, al estilo de las caracteropatías son egosintónicos, aunque diferencialmente con ellas son primordialmente heterodistónicos. Pocas veces pueden ser egodistónicos, y cuando lo son es generalmente por acorralamiento cultural por deslegitimación externa, sin autocuestionamiento.
Independiente de su origen en las creencias de la inferioridad de la mujer, el placer del dominio, el resguardo del territorio(mental,físico o geográfico) o como defensa frente a heridas narcisistas, estas problemáticas son comportamientos de dominio sobre el otro/a, son "molestares"o maltratos que producen sufrimiento y/o daño atentando contra la libertad, el psiquismo y el cuerpo o las posesiones de las mujeres y de otros varones.En este sentido, desnormalizarlas/patologizarlas no significa de ningún modo (porque este podría ser el riesgo) justificarlas como "patología "psíquica atenuante de responsabilidad. Por el contrario, ponerlas en evidencia es un primer paso para estudiarlas como problemas predominantemente masculinos, pero a la vez para deslegitimarlas y ubicarlas en lo que muchas de ellas son: delitos contra las personas, con la consiguiente responsabilización de aquellos que las realizan.
Muchas veces van acompañados de deseos de hacer mal (sadismo), lo que permite entender mejor muchas formas de violencia, opresión y crueldad (20).
Antes de introducirnos en la siguiente descripción no debemos olvidar por cada varón cuyo problemática de abuso o violencia será aquí reseñada, existe complementariamente una (o unas) persona abusada, sufriente y/o dañada que muchas veces padece trastornos derivados del avasallamiento subjetivo a la que es sometida en el convivir intoxicante con dicho varón ( y que no pueden confundirse con supuestos "masoquismos"). Es muchas veces a través del relato en la clínica de dichas personas y una escucha de género, como se puede detectar a estos varones abusadores y violentos.
a) Abusos y violencias de género: todos aquellos en los que el abuso se ejerce sobre mujeres: misoginia, violencia contra las mujeres y niñas (abuso, maltrato fisico, psicológico y emocional, micromachismos (21)), violencia doméstica reiterada (mejor llamada terrorismo doméstico), explotación del cuerpo de la mujer y de la niña (prostitución, creación de pornografía, compra de mujeres), utilización de la autoridad (familiar, laboral, afectiva) para tener relaciones sexuales (sexo incestuoso o con hijos de actual pareja con otro hombre, acoso sexual) o para poner en peligro vida ajena ("invitación" a drogas , delitos o a ser acompañante de conductores temerarios), abusos del poder de seducción o inducciones de relaciones pasionales (22).
A veces estos abusos se ejercen de modo grupal o institucional (como las redes de explotación de mujeres, o la actual discriminación de las mujeres en Afganistán).
b) Abuso de poder y violencias intragenéricos: Son todos aquellos comportamientos que provocan sufrimiento y/o daño a otros hombres. Podemos subdividirlos en:
Jerárquicos y generacionales: se realizan apoyándose en la mayor jerarquía, edad, fuerza o aval social del que, o de los que ejecutan el abuso o la violencia. Nos encontramos aquí con el bulling (matonismo en los colegios), la violencia contra los "menos hombres" ( homosexuales, tímidos, pacíficos, etc,) o los "menos dueños de la verdad" (los que no comparten el propio fanatismo), los abusos físicos psicológicos, laborales y sexuales a niños o adultos en instituciones educativas, militares, religiosas o carcelarias (23), así como los bautismos de ingreso a ellas.
Violencias entre iguales: comportamientos en los que se pone en juego la masculinidad beligerante y donde cada varón puede ser violento y violentado, y que suelen realizarse apelando a una "causa" (defensa del territorio, de las ideas, conquista del "enemigo, etc). Se expresan en las micro y macroguerras, tales como entre los hermanos, bandas callejeras o grupos nacionales. Cabe destacar que en estas últimas, si bien los contendientes suelen ser varones, los más afectados suelen ser los niños/as y las mujeres, ya que ellos, por las nuevas tecnologías, pocas veces están en el campo de batalla.
c) Abuso de autoridad y poder político: Se aprovecha el espacio de autoridad grupal que se tiene para realizar abusos morales físicos y económicos contra los demás (24) . Relacionado generalmente con la adicción al poder, suele ejercerse por un grupo de varones con un lider autoritario o demagógico Aunque los varones que realizan estos abusos podrían ser incluidos en el grupo de la "normalidad" o normopatía masculina que veremos después - porque cumplen muy claramente las creencias correspondientes al "normal" varón dominante-, a diferencia de los normópatas, no padecen patologías psicosomáticas o somáticas: es fácil comprobar que los varones con poder político o militar autoritario no suelen enfermar ni morir en el ejercicio de su cargo , quienes sí lo hacen son sus allegados afectivos.
Incluimos en este grupo los autoritarismos de todo tipo, el aprovechamiento individual del poder, la corrupción, las torturas y métodos de desaparición de personas, la producción de techos de cristal para discriminar a las mujeres, los racismos o las xenofobias.
d) Patologías de la paternidad y la responsabilidad procreativa : En este caso el abuso o la violencia se dan en la relación paterno-filial . En otras patologías de este grupo predominan actitudes de indiferencia, igualmente causadoras de sufrimiento por la dejación de rol continente/protector parental que suponen. Tenemos aquí entre otros: la rigidificación del "normal" rol paternal proveedor, que supone un impedimento para el hijo del usufructo de la función nutriente paterna ,el uso perverso de los hijos/as como objetos de dominio autoritario o como objetos de seducción ( abusos físico, psíquico, incesto), el uso sádico de la educación, las autohipervaloraciones paternas (intolerancia a las diferencias, asesinatos para evitar "sufrimientos" a los hijos previo a suicidio paterno) (9), la rivalidad patológica hacia hijos varones (expresada a veces como trastorno perinatal (25)), el descuido, la negligencia o el abandono de los hijos/as, la "huida" real o psicológica frente a embarazo o nacimiento de hijos/as,la delegación en la madre de crianza con sobrecarga consiguiente (más aún si hay niños/as con disfuncionalidades).
Trastornos por temeridad excesiva
Derivados de la hipervaloración del enfrentamiento al riesgo (con la consiguiente minusvaloración del peligro) como valor narcisista masculino. Suponen muchas veces riesgo de muerte, pero aseguran la "vida" narcisista .Se realizan más en grupo, porque son los otros los que miden que el grado de temeridad sea el "correcto" para validar la masculinidad.
Otros de estos trastornos son producto del descuido de la propia salud, derivada de la creencia en que ¡el cuerpo aguanta todo!. Algunos de ellos son además trastornos abusivos hacia los demás en tanto pueden poner en peligro vidas ajenas (26)
Así tenemos la conducción temeraria, la adicción a la aventura, los deportes y los juegos desafiantes de alto riesgo , la práctica riesgosa de deportes, el contagio de enfermedades de transmisión sexual por no uso de medios preservativos y los excesos en las ingestas (comer, beber o drogarse).
Trastornos por indiferencia a sí o a otros/as
En ellos, el otro/a o el sí mismo, no son ya objeto de posesión o dominio, sino que no son fuente de interés para sí o simplemente no existen.
a) Patologías de la autosuficiencia indiferente o agresiva: relacionadas con las patologías por autosuficiencia con restricción emocional pero en las que lo particular no es la valoración narcisista del autoabastecerse sino el predominio de la indiferencia y la descalificación a las necesidades del otro/a. Ejemplos de esta patología:
-Autocentramiento: sus características se resumen en la frase habitual que pronuncian estos varones :¡déjame en paz!, que indica : no quiero conectarme contigo, estoy ocupado en algo más importante: en mí.
Otros ejemplos de este grupo son: la insolidaridad con los próximos y los lejanos en lo doméstico o en lo social, el embarazo de la pareja con desimplicación de la propia responsabilidad, la violencia "porque sí" ( en donde no se apela a una causa sino al puro placer de dañar) etc,
b) Trastornos por obediencia/rebeldía excesivas a la norma y jerarquía . Las creencias matrices de la masculinidad tienen muy buena prensa representacional entre los varones (ellos tienden a tener representaciones de sí como autosuficientes , beligerantes y superiores a las mujeres). Sin embargo en el plano funcional de la organización de su actuar masculino cotidiano tiene mucha predominancia el imperativo ¡subordinación y valor! (pero ya sin la prescripción del valor) derivado del ideal del soldado. Por eso, la mayoría de los varones se encuentran acomodados rígidamente en relaciones de sometimiento (comenzando por el sometimiento a la Nhg), tales como las laborales, institucionales o comunitarias aunque éstas sean muy injustas o poco saludables. En realidad no son muchos los que, aunque sufran en ellas se rebelen, y los que lo hacen generalmente lo hacen para invertir su lugar en la jerarquía o normas, y no para tranformarlas. Sometidos a las pautas externas, la propia subjetividad se vuelve indiferente ante sí, oculta tras los "roles" que se "deben" cumplir. Así tenemos:
Trastornos por excesiva obediencia
La "normalidad" masculina, también llamada normopatía viril o adaptación extrema a los ideales de la masculinidad (y del sujeto moderno) . En ella no hay una especificidad de la singularidad, que queda oculta tras los emblemas masculinos, en la que se combina habitualmente una representación de sí como "más o menos todo un hombre", con una funcionalidad pasiva y sometida frente a los otros funcionando disociadamente y sin mucho conflicto. Otras veces el ocultamiento se produce tras la obediencia a la jerarquía, la que aplaude el esfuerzo de sometimiento como paso necesario para llegar a la cúspide ( a la que habitualmente nunca se llega) No presenta "sintomas" ni se queja, pero padece de "aplanamiento" vital y frecuentes trastornos psicosomáticos.
También podemos ubicar en este grupo a la neurosis obsesiva, a la sobreadaptación exitosa y al hombre masa .
-Trastornos por rebeldía excesiva: podemos ubicar aquí a las sociopatías, perversiones y muchos comportamientos antisociales (criminalidad, terrorismo) y rebeldías de adolescente masculino, donde hay rebelión a las reglas sociales o parentales, pero paradójicamente, un sometimiento extremo al ideal individualista, el del ¡hazte a ti mismo (y haz lo que quieras)!.
Para terminar esta clasificación, quisiera describir brevemente un modo habitual en que muchos de los malestares masculinos se expresan: la depresión a modo masculino(27).
A pesar de la importante prevalencia de la depresión masculina, este cuadro suele ser poco diagnósticado precozmente en la clínica y poco descubierto por los que rodean al varón deprimido. Uno de los factores relevantes para ello es que su sintomatología esta invisibilizada porque la norma en la que los criterios diagnósticos para la depresión están basados es el modo femenino de su expresión (llanto, inhibición, relatos y emocionalidad depresiva). Los modos en que los varones expresan su depresión o las reacciones defensivas frente al sufrimiento que les produce, muchas veces distan de estos criterios.
Ellos manifiestan generalmente su malestar comportándose del modo marcado por la Nhg para los varones: la acción, el ocultamiento emocional, la ira como emoción validada y la negación de la debilidad. Así, la sintomatología de aislamiento, irritabilidad o de "escapar" son frecuentes.
Un varón deprimido se refugia en el trabajo, bebe al levantarse, conduce peligrosamente, teme perder el control, escucha melodías "sensibleras", pero dice que no le pasa nada. Si muestra su depresión a modo "huraño" predomina su aislamiento silencioso, y quienes lo rodean lo definen como siempre preocupado, enmudecido, que no acepta que le digan nada. Si la muestra a modo "agitado" predomina en él la irritabilidad, la explosividad y la amargura, y quienes lo rodean lo describen como si fuera un animal enjaulado, hipersusceptible, hiperactivo e inaguantable por sus exigencias.
A toda esta sintomatología suele llamársela a veces depresión enmascarada, cuando en realidad es una depresión expresada con las máscaras que la Nhg propone a los varones. Al no ser diagnosticada, muchas veces se descubre a través de sus consecuencias: intoxicación por alcohol o drogas, accidentes de circulación, suicidio (cada tres suicidios consumados, dos son de varones) a veces acompañado por el asesinato de hijos o pareja a quienes arrastra posesivamente a la muerte en su desesperación.
Como hemos visto, las "anormalidades" masculinas son muchas y es necesario visibilizarlas, estudiarlas, comprenderlas y poder contribuir a transformarlas. Sin embargo, junto a esto y en paralelo, hay que dar un paso más allá: no sólo adentrarnos en las problemáticas de la masculinidad, sino también poder pensar la masculinidad (tal como es definida actualmente) como problemática. Es necesario no sólo comprender como las creencias matrices de la masculinidad en su absolutización/rigidización producen problemáticas, sino cuestionar dichas creencias . Es necesario desconstruir la modélica masculinidad , la que genera sujetos centrados en sí contra o a costa del otro/a, la que implica una ruptura de la intersubjetividad y que silencia el reconocimiento mutuo y la individualidad ajena. Y ello puede hacerse desde el paradigma de la intersubjetividad (28), pero como es tiempo de concluir, esto quedará como tarea para próximas reflexiones.
Madrid, marzo de 1998
Referencias bibliográficas
1.- Véase por ejemplo: Benjamin,J.(1995): Sameness and difference. New Haven:Yale Univ. Press, Burín,M. y Dio Bleichmar,E.(1996): Género, psicoanálisis y subjetividad Bs.As.: Paidós., Dio Bleichmar,E. (1998): Sexualidad Femenina. Madrid:Paidós, Fernandez, A.M (1993): La mujer de la ilusión. Barcelona:Paidós, y la vasta bibliografía que estos libros incluyen.
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5.-Bonino,L.(1993): Cómo ser hombre sin morir(ni matar) en el intento. III Jornadas españolas de cultura de la salud . Madrid:Adeps.
6.-Véase: Hearns,J.(series editor) (1990/98): Critical studies in men and masculinities. London:Routledge; Kimmel,M.(series editor)(1993/98): Research of men and masculinities: California:Sage; Seidler,V.(series editor)(1992/98): Male orders. London:Routledge.
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9.-Kaplan,L.(1994): Perversiones femeninas.Barcelona:Paidós.
10.-Burín, M.(1997):Programa Postgrado Género,salud y subjetividad.Univ.Arg.Bar Ilan.
11.-Gil Calvo,E.(1997): El nuevo sexo débil. Madrid:temas de hoy.
12.- Elias,N.(1992): Deporte y ocio en el proceso de la civilización. MexicoDF:Fondo de cultura económica.
13.-Solana,M.(1997):El ideal del soldado y el de ciudadano. El Niño,rev.del campo freudiano,4 42-48
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16.- Brannon,R. and David,D.(1976): The forthy-nine percent mayority. Washington: Wesly P.
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18.-McDougall, J.(1987): Teatros de la mente. Madrid:tecnopublicaciones.
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26.-Bonino,L.(1994):Varones y comportamientos temerarios. Act. Psicológica 210,(6)
27.-Taffel,R.(1990): The politics of mood. The Family Theraphy Networker.72 (11/90) 49-53
28.-Véase resumen de este paradigma en: Muguerza,J(1998): Reencuentro con el otro. Periódico El País 10-1-98.
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Este trabajo es una actualización de la conferencia dictada en Madrid en el ciclo de conferencias 96/97 de la Asociación Española de Clínica y Psicoterapia Psicoanalítica, y será publicado en la Revista Actualidad Psicológica, editada en Argentina
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Publicado por
DARÍO YANCÁN
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