domingo, 12 de septiembre de 2010

¿Qué son los imaginarios y cómo actúan en la ciudad? Entrevista a Néstor García Canclini por Alicia Lindan








Néstor García Canclini es Doctor en Filosofía por la Universidad de París y de La Plata, Argentina. Obtuvo la Beca Guggenheim, 1981. Se hizo acreedor a la distinción del Premio de Ensayo Casa de las Americas, 1982, por su libro Las culturas populares en el capitalismo, y al Premio Iberoamericano Book Award de la Latin American Studies Association a su obra Culturas Híbridas.

Entre sus libros se hallan también Consumidores y ciudadanos, La globalización imaginada, Culturas populares en el capitalismo y Diferentes, desiguales y desconectados. Sus temas de investigación actuales son las políticas culturales en los procesos de globalización y las relaciones entre arte contemporáneo y antropología.

Néstor García Canclini es "Profesor Distinguido" en la Universidad Autónoma Metropolitana, campus Iztapalapa, Departamento de Antropología. Asimismo, es "Investigador Nacional de Excelencia", designado por el Sistema Nacional de Investigadores, de México. El Dr. García Canclini constituye una figura clave del pensamiento latinoamericano sobre Estudios Culturales, y en particular sobre imaginarios urbanos, campo en el cual ha desarrollado "escuela" y ha producido una extensa obra, ampliamente difundida a nivel internacional y en particular en América Latina.



Alicia Lindón: Una forma de comenzar a reflexionar sobre los imaginarios urbanos es mediante algunas líneas de entrada lo suficientemente amplias como para no limitar el tema: Una de ellas puede ser la ubicación de los imaginarios urbanos dentro del campo de los estudios urbanos. Una segunda línea podría ser la consideración de los imaginarios urbanos en relación con el pensamiento social, es decir, revisar el tema desde un nivel teórico-epistemológico. Otra línea podría ser lo relativo a lo metodológico, vale decir, los desafíos metodológicos más importantes que asume la investigación social cuando se plantea comprender la ciudad desde los imaginarios urbanos. Otra posibilidad es la de aterrizar el tema en algunas cuestiones concretas —o puntos fuertes- en las que se cristaliza, en particular en América Latina. En estas líneas, entonces, algunas posibles preguntas orientadoras son: ¿Cómo concibe Néstor García Canclini los imaginarios urbanos? ¿Cuál sería su especificidad respecto a los imaginarios sociales en sentido amplio? ¿Cuáles son los temas que se estudian desde la perspectiva de los imaginarios urbanos?.......

Néstor García Canclini: Una primera cuestión es qué entendemos por imaginario. Según la línea teórica, la actividad o la disciplina en la que nos situemos, las definiciones cambian. A mí me resulta atractiva la definición lacaniana que contrasta lo simbólico y lo real, pero al mismo tiempo no estoy seguro de que sea la más productiva en el trabajo del científico social. En algunos aspectos tal vez lo sea, pero también considero que acota mucho la cuestión del imaginario. Por ello, termino por optar por una concepción que yo llamaría socio-cultural, que coloca lo imaginario en una línea más heterogénea de pensamiento. Esa heterogeneidad resulta de que existen, sin duda, fuentes que se pueden rastrear desde la sociología del conocimiento, o desde posiciones marxistas, o también es posible trabajar siguiendo una línea de pensamiento al estilo de la de Castoriadis, o de filósofos como Paul Ricoeur y otros, que han elaborado la cuestión del imaginario como un fenómeno socio-cultural.

En términos muy generales podemos decir que imaginamos lo que no conocemos, o lo que no es, o lo que aún no es. En otras palabras, lo imaginario remite a un campo de imágenes diferenciadas de lo empíricamente observable. Los imaginarios corresponden a elaboraciones simbólicas de lo que observamos o de lo que nos atemoriza o desearíamos que existiera. Una de las tensiones en que se juega el estudio de lo imaginario en el pensamiento actual es en la relación con lo que llamaría totalizaciones y destotalizaciones, considerando que no podemos conocer la totalidad de lo real y que las principales epistemologías contemporáneas desconfían de las visiones totalizadoras. Lo imaginario viene a complementar, a dar un suplemento, a ocupar las fracturas o los huecos de lo que sí podemos conocer. No se ha dejado de hablar de los modos de producción, de totalidades sociales en un sentido amplio, pero actualmente lo hacemos con prudencia y con "temor", sabiendo que no estamos hablando de todo lo que existe. Luego, los estudios transdisciplinarios o interdisciplinarios nos aportan más consciencia sobre lo que cada disciplina recorta y, por lo tanto, sobre la parcialidad de los enunciados y también sobre la dificultad de hablar en nombre de lo humano en general.

Estamos en una situación —en cuanto a la producción de conocimiento- que no es propiamente ni la moderna clásica ni la posmoderna. En la modernidad se aspiraba a un conocimiento científico que pudiera organizar las totalidades sociales y hacer afirmaciones rotundas acerca de cómo funcionaba el mundo, la ciudad o una nación. La posmodernidad tuvo el valor de problematizar los paradigmas o mostrar la relatividad de los modos en que organizábamos el conocimiento y aceptar que podía haber muchas narrativas para un mismo proceso, o para un conjunto de fenómenos. Pero como vemos, por ejemplo, en los estudios sobre cultura, eso también ha llevado a un proceso de fragmentación riesgosa al considerar que podría haber un saber étnico, un saber de género, un saber desde la posición de los grupos subalternos. Esas parcialidades son insuficientes para hablar de lo social. Es cierto que todos distorsionamos desde nuestra perspectiva de análisis, pero es propio del saber científico aspirar a un control de esa parcialidad y buscar un saber lo más universal posible. Entonces, mi posición sería que no podemos afirmar rotundamente que disponemos de un saber, pero tampoco podemos decir que hacemos ciencia, ni siquiera ciencia social, si no problematizamos el punto de vista y las condiciones contextúales, parciales, desde la cuales producimos el conocimiento. En este esfuerzo por producir totalizaciones -no totalidades- que se saben relativas y modificables, lo imaginario y las representaciones que nos hacemos de lo real, aparecen como componentes importantes. Ese sería el núcleo de la problemática epistemológica de los Imaginarios.

También es legítimo hablar, como se hace, de los imaginarios a partir de las prácticas sociales de actores que no tienen la pretensión de construir ciencia ni conocimiento científico. En parte corresponden a la misma dinámica: se trata de ocuparse -con la imaginación- de cómo funciona el mundo y cómo podrían llegar a funcionar los vacíos, los huecos, las insuficiencias de lo que sabemos. Esta tarea la hacen los actores sociales, políticos, los individuos comunes. Conviene distinguir entre los imaginarios producidos por actores comunes, sin pretensiones científicas, de lo que se espera de un científico social, de un investigador. Por eso, digo que estamos en una situación ni propiamente moderna ni posmoderna, en el sentido de que no apostamos por una totalidad dogmática como en cierta modernidad ilustrada se llegó a formular, ni tampoco por una mera fragmentación de lo social, como se pretendió en las narrativas pos-modernas.

Si traemos este debate a la cuestión urbana, surgen algunas observaciones e interrogantes. Por una parte, nos encontramos con un objeto de estudio particular —la ciudad- en una perspectiva semejante a lo planteado más arriba: ¿Qué podemos conocer de una ciudad, y especialmente de una gran ciudad? ¿Sólo fragmentos, parcialidades o podemos hacer afirmaciones de un cierto grado de generalidad, que estarán sesgadas por la perspectiva del analista o que son relativamente superficiales porque sólo atienden a aspectos socio-económicos, a hechos susceptibles de ser reducidos a estadísticas, a encuestas, al instrumental del conocimiento cuantitativista? En este sentido, nos hallamos en una etapa distinta a la de los estudios urbanos de hace unas décadas, que se sentían más satisfechos con simples descripciones socio-económicas de los desarrollos urbanos. Actualmente, damos mucha importancia a lo cultural, a lo simbólico, a la complejidad y la heterogeneidad de lo social en la ciudad. Es entonces cuando lo imaginario aparece como un componente importantísimo. Una ciudad siempre es heterogénea, entre otras razones, porque hay muchos imaginarios que la habitan. Estos imaginarios no corresponden mecánicamente ni a condiciones de clase, ni al barrio en el que se vive, ni a otras determinaciones objetivables. Aparecen aspectos subjetivos, aunque a mí no me resulta muy convincente reducir lo imaginario a lo subjetivo, porque también la subjetividad está organizada socialmente. Pueden hacerse muchas variaciones desde la perspectiva del sujeto, pero siempre están condicionadas, existe un horizonte de variabilidad que no es enteramente arbitrario.

Confrontar este objeto un poco esquivo -que son los imaginarios urbanos- remite a una problemática más que a un objeto rigurosamente acotado. Es la problemática de la tensión entre lo empíricamente observable y los deseos de cambio o las percepciones insuficientes, sesgadas, condicionadas por la comunicación mediática o por otros juegos comunicacionales que, de tanto en tanto, cambian los ejes de los imaginarios. En una temporada puede ser -como ocurrió hace unos años- que el tamaño de la ciudad, la oposición entre el centro y la periferia, el gigantismo amenazante sean esos ejes. Actualmente, los imaginarios van más asociados a la seguridad o la inseguridad, o a la relación entre los nativos y los migrantes. Todas son construcciones histórico-sociales, que por un lado son investigables con instrumentos cuantitativos que alcanzan un cierto grado de rigor. Por otro, requieren también un análisis no sólo explicativo sino interpretativo, con recursos propios de los estudios culturales.

AL. Al inicio comentabas que la perspectiva lacaniana te resulta atractiva, pero que también tiene límites. ¿Cuáles serían esos límites de la perspectiva lacaniana?

NGC. Se han hecho algunos intentos de aplicar el modelo lacaniano, o el modelo psicoanalí-tico en general, al campo social. La construcción teórica de los grandes psicoanalistas, desde Freud a Lacan así como la de sus seguidores, está concebida para examinar el aparato psíquico individual. Se puede encontrar en los autores de esta línea más sensibles alas resonancias sociales en el individuo, una cierta consideración acerca de la articulación entre lo imaginario, lo simbólico y lo real. Pero básicamente, los instrumentos que nos ofrece el psicoanálisis, incluso los más elaborados, son para analizar individuos. Por otro lado, no me resulta totalmente satisfactoria esa trilogía, esa tríada entre lo real-simbólico-imaginario para analizar fenómenos de cierto espesor social, porque son fenómenos que tienen una complejidad distinta, relacionada con la intersubjetividad, para decirlo en términos más cercanos al psicoanálisis.

AL. Antes planteabas que no sería conveniente reducir los imaginarios a la subjetividad. En este sentido surge una pregunta: Si pensamos la subjetividad como intersubjetividad o como subjetividad socialmente compartida, ¿estaríamos entonces, en el terreno de los imaginarios?

NGC. Hay una serie de nociones que son próximas pero no idénticas: intersubjetividad, interculturalidad, sociabilidad. Intersubjetividad alude a la existencia de sujetos, que se conciben como individuales. No obstante, en tanto existe intersubjetividad, de algún modo se está reconociendo que esos sujetos se constituyen en la interacción social. Aun así, la noción de intersubjetividad no nos permite pasar fácilmente a la noción de sujetos colectivos. Interculturalidad es otra noción que se ha elaborado en años recientes para designar fenómenos de cruces de culturas. En esta perspectiva, lo más estudiado han sido los cruces entre migrantes y nativos, o bien la coexistencia conflictiva de lenguas, de hábitos, de formas de vida y pensamiento, inclusive de estéticas. Podemos encontrar interculturalidad aun dentro de las mismas sociedades, entre conjuntos sociales que hablan la misma lengua o aproximadamente la misma y que, a pesar de ello, tienen diferencias culturales enormes.

En este momento estoy estudiando formas de extranjería que se producen dentro de una misma sociedad. Por ejemplo, en los estudios comunicacionales se habla de la migración digital para referirse a la experiencia de extranjeridad o la extrañeza que tenemos los adultos cuando necesitamos aprender una nueva lengua para manejar una computadora, acercarnos a Internet, comunicarnos y usar formas digitales de organización de la escritura y del pensamiento. Todos los que hemos aprendido tarde esa nueva lengua tenemos la experiencia de que tropezamos con dificultades semejantes a la de cualquier extranjero. En cambio, cuando le consultamos a nuestro hijo, a un joven de quince años y lo vemos manejarse con gran naturalidad, observamos que se comporta como nativo. Es como una relación entre nativos y extranjeros en el caso de habitantes de una misma sociedad que hablan la misma lengua, pero tiene esta situación complementaria en el acceso a formas de comunicación y de organización del pensamiento, que de pronto resultan extrañas.

Esta relación intercultural tiene mucho interés parala cuestión urbana. Por ejemplo, algo que hemos hallado en los estudios del Grupo de Estudios de Cultura Urbana de la Universidad Autónoma Metropolitana, es que se necesitaba analizar la ciudad de México con dos mapas: Uno es el mapa que podemos llamar real o físico: ¿Cómo está distribuido el espacio urbano?, ¿Quiénes viven en cada lugar? ¿Cuáles son sus hábitos, sus formas de construir, de interactuar, de viajar por la ciudad? Y otro mapa es el de las comunicaciones masivas, el de las industrias culturales o los medios de comunicación. Este último, en la mayoría de los casos, no es un mapa físicamente situable. Se manifiesta en la deslocalización de las interacciones. Por ejemplo, se ha hecho un lugar común en los estudios sobre la telefonía móvil (celulares), que las etnografías registren en primer lugar, cuando una persona inicia una comunicación, que le pregunta al otro: ¿dónde estás? Hay una necesidad de situarlo, y el otro puede contestar lo verdadero o no. No es fácil tener la certeza, podremos buscar referencias en el mapa físico para estar más ciertos de la ubicación, pero persiste la oscilación entre los dos mapas. Las ciudades son conjuntos habitacionales, y conjuntos de viaje, de trabajo y de circulación, físicamente delimitados hasta cierto punto. Por otro lado, o al mismo tiempo, son conjuntos comunicados por redes invisibles, deslocalizadas, con bajo arraigo territorial.

Entonces, los imaginarios aparecen como un componente necesario, constantemente presentado en la interacción social y refiriendo a formas de interacción no objetivables físicamente, o que sólo en forma inmediata pueden aludir a posiciones particulares en la ciudad.

Por lo tanto, los imaginarios se tornan importantes para establecer relaciones de localización de los sujetos, o también su deslocalización o su incierta deslocalización: ¿Desde dónde nos hablan? ¿Quién es el que nos habla? ¿Qué posición ocupa en la ciudad? ¿Cómo se identifica? ¿Cómo conviene interactuar en relación con él? ¿Qué rol vamos a desempeñar de los muchos que actuamos dentro de una ciudad heterogénea?

La idea de la localización incierta me atrae también por la insatisfacción que sentimos con la deslocalización. En una sociedad donde los flujos comunicacionales se han vuelto tan decisivos, hay procesos de deslocalización innegables respecto de lo que estamos acostumbrados a identificar como territorios de pertenencia. Cuando sólo pertenecíamos a una ciudad, o a una nación, la mayoría no viajaba. La mayor parte de los mensajes y los bienes que recibíamos se producían en un entorno más o menos acotado. Pero también sentimos cierto descontento con esa idea de deslocalización, cierta inseguridad, y aparecen constantemente -como decíamos antes- al comienzo de las conversaciones con teléfonos celulares, el deseo de saber dónde está el otro; quién es el otro; por qué nos está hablando a esta hora y en tales términos. La localización, el arraigo, son componentes importantes, aun en una sociedad globalizada. Son localizaciones más inciertas, pero no es indiferente una u otra.

Aunque se ha relativizado mucho el contexto urbano, ya no sólo son necesarias las discusiones sobre qué es lo que define a una ciudad, sino sobre la manera en que nos situamos respecto de varias ciudades que pueden estar contenidas bajo un mismo nombre: México, Distrito Federal; Santiago de Chile; Buenos Aires; Sao Paulo. Imaginamos las ciudades en zonas conocidas. Atravesamos en una megalopolis ciertas zonas para ir a trabajar, a estudiar, a consumir, pero la mayor parte de la ciudad la desconocemos. Fue una de las experiencias que hicimos cuando trabajamos sobre los imaginarios urbanos a partir de los viajes por la ciudad de México. No aparecían visiones totalizadoras de la ciudad, ni siquiera en los sectores con mayor nivel educativo. Cada habitante fragmenta y tiene conjeturas sobre aquello que no ve, que no conoce, o que atraviesa superficialmente. Es una de las maneras de hacer evidente que no hay saberes totalizadores, formas absolutas. Ni el alcalde de la ciudad, ni el mejor especialista en planificación urbana tiene una visión en profundidad del conj unto; pero a la vez llama la atención que en el desarrollo social aparecen simulacros de totalización. El que me atrajo más es el de los helicópteros que en muchas grandes ciudades recorren todas las mañanas la ciudad, ocupados, habitualmente, por un par de policías y algún periodista que transmite por televisión y por radio. El periodista va diciendo dónde hubo un accidente, dónde hay embotellamientos, cómo está el tránsito, nos informa. Pero no sólo da indicaciones más o menos útiles para comportarse en distintas zonas de la ciudad, sino que, en el nivel de los imaginarios se constituye en un reconfigurador de una totalidad que nadie tiene, que se perdió, que nadie logra reconstruir.

Uno puede preguntarse qué consistencia tiene ese imaginario, esa reconstrucción tan bien parcelada y relativamente arbitraria. Esa mirada desde muy arriba hacia fenómenos que están ocurriendo con una complejidad y una intimidad que no se puede captar desde el helicóptero. De todas maneras es interesante destacar que el imaginario se presenta, tiene éxito comunicacional. Estamos alertas a lo que nos dicen en la televisión sobre qué pasó en la ciudad a lo largo del día. La televisión, o a veces Internet, juegan este papel. Entonces, esto está expresando por un lado un deseo de conocimiento y, por otro lado, una carencia que resulta difícil de soportar. Esos dos resortes están en la base de los imaginarios. El imaginario no sólo es representación simbólica de lo que ocurre, sino también es el lugar de elaboración de insatisfacciones, deseos, búsqueda de comunicación con los otros.

AL. Hace tiempo y en otros contextos se ha hablado de la construcción de cada lugar por parte del sujeto que está en el lugar. En ese sentido, se han acuñado conceptos desde distintas disciplinas. Por ejemplo, se puede recordar que los geógrafos humanistas y culturales han hablado del concepto de espacio vivido y otros semejantes. Ahora, entonces, el problema de la particular forma de construir los lugares o fragmentos de la ciudad ya no sería en relación con el lugar en el que estoy, sino en relación con el lugar en el que está el otro, o del cual recibo información. ¿Podríamos pensar más o menos en ese sentido, esta cuestión de los imaginarios urbanos de incierta localización?

NGC. Cabe la pregunta de por qué en los últimos quince o veinte años han aparecido los estudios sobre imaginarios, especialmente los estudios más o menos empíricos, ya que anteriormente en distintas obras, por ejemplo la de Castoriadis, se reflexionaba filosóficamente sobre algunos imaginarios, o en algunos estudios de psicología social se los estudiaba más aterrizados en procesos empíricos. Ahora ocupan un lugar sistemáticamente desarrollado en los estudios urbanos. Hay explicaciones epistemológicas de insatisfacción con el modo en que se ha desarrollado el proceder positivista sobre la ciudad, del cual existen evidencias, por ejemplo, en el fracaso de las planificaciones megaurbanas y, también, un acrecentamiento de las experiencias de riesgo o de las dificultades de vivir en la ciudad. Esta preocupación por los imaginarios urbanos va junto con el crecimiento, empíricamente demostrable, de la inseguridad y de la complejidad de las interacciones interculturales por las migraciones, por las transformaciones aceleradas dentro de los propios grupos nativos de distintas generaciones, por los cambios de roles entre hombres y mujeres, entre muchos otros factores de interculturalidad. Es significativo que la preocupación por los imaginarios urbanos aparezca simultáneamente con la irrupción de secciones sobre las ciudades en los periódicos de muchos países. Así como hay una sección de política, otra de asuntos policiales, otra de cultura, otra de economía, existe una sección sobre la ciudad. La ciudad aparece como un objeto de preocupación. Además hay periódicos que se desdoblan en varias ciudades en las que se hacen ediciones especializadas dentro de un mismo país, o para varios países, referidas a ciudades, especialmente de gran tamaño. Existe un reconocimiento comunicacional múltiple de la importancia de lo urbano como ámbito organizador de las prácticas sociales y, a la vez, como un lugar incierto, intranquilizante. Nos resulta más fácil hablar de la ciudad que hablar de la Nación, pero en rigor no vemos menos compleja la ciudad que la Nación. La ciudad nos resulta más próxima, está más al alcance de nuestra mano, a veces tenemos más información. La ciudad tiene una heterogeneidad, aveces, menor que la Nación, pero aveces, ciertas megalopolis son condensaciones del conjunto de etnias, de grupos, de regiones que una Nación contiene. Entonces puede ser tan compleja la ciudad como una Nación.

AL. La expresión localización incierta tiene muchos aspectos para reflexionar. Por ejemplo, en esencia la palabra localización viene de una perspectiva geométrica, positivista, euclidiana, la ubicación de un punto concreto. Pero, al mismo tiempo al llevar el adjetivo de incierta justamente pierde esto. Entonces la localización incierta ¿podría ser algo así como pensar la ciudad desde imaginarios urbanos inciertamente localizados?, ¿podría expresar el reconocimiento de la tensión entre lo que se fija en un territorio y al mismo tiempo se desprende?

NGC. También podríamos emplear otros adjetivos en vez de "incierta". Por ejemplo, se podría hablar de localizaciones con significados diversos. Estoy pensando aquí la localización incierta en oposición a la noción de "no lugar", que nos sedujo en algún momento, cuando Marc Auge la formuló. Luego, comenzamos aver que un aeropuerto podía ser un no-lugar para el que iba a tomar el avión, pero para quien trabaja en el aeropuerto todos los días es un lugar. Y esto ocurre con casi cualquier espacio urbano, puede ser lugar para uno, no—lugar para otros y un lugar a medias para mucha gente. Entonces, la oposición de la ciudad como lo local frente a lo global es muy relativa. ¿Qué parte de la ciudad? ¿Para quiénes? ¿Cómo la usan? ¿Cómo nos apropiamos del espacio urbano? De muchas maneras, siempre desiguales, asimétricas, parciales. En síntesis, no hay localizaciones absolutas. Se podría agregar que ciertos procesos importantes en ciudades grandes y medianas, están cambiando constantemente, o pueden modificarse en un mismo día. Los vendedores ambulantes son uno de los ejemplos que lo dicen más elocuentemente: se localizan, tienen un lugar al que suelen ir todos los días, un lugar en el que conocen más o menos con quién interactuar, quiénes les van a comprar, qué mercancía es interesante allí. Pero llega la policía y tienen que salir corriendo. Llegan los inspectores y tienen que negociar con ellos. Los pueden llevar presos. Hay muchos lugares inciertos, no todos tenemos la fragilidad de los ambulantes, pero todos sentimos que pueden sucedemos hechos imprevistos en la ciudad y en cada lugar.

AL. Habíamos planteado también una entrada más metodológica al tema de los imaginarios urbanos, que se podría enfocar en estos términos: Si los imaginarios urbanos constituyen una nueva aproximación al estudio de la ciudad que trata de superar las limitaciones que por mucho tiempo tuvieron los estudios urbanos dedicados a describir los lugares, al recuento de lo material que en ellos había, también se debería reconocer que es una aproximación que conlleva numerosas dificultades y desafíos metodológicos. Es frecuente que la investigación urbana en América Latina, penetre rápidamente en estas nuevas perspectivas que parecen abrir muchos planos antes ocultos. Pero en el momento de definir las herramientas también es usual seguir acudiendo a las herramientas que hemos usado desde otras miradas. Ante esto, un interrogante podría ser ¿qué implicaría actuar así? Por ejemplo, el uso del cuestionario tan legitimado en las ciencias sociales en general, y en los estudios urbanos en particular. Esto nos lleva a preguntarnos: ¿Es una buena estrategia recurrir al cuestionario de encuesta para estudiar los imaginarios urbanos?

NGC. En relación con el uso de métodos cuantitativos y cualitativos considero que la encuesta es indispensable, así como los otros recursos cuantitativos más objetivables: los censos, las estadísticas, los datos duros. Gran parte de la sociología urbana se sigue haciendo con esos recursos y se ignoran las representaciones, los procesos culturales, y por lo tanto, los imaginarios. Ocurre menos el camino inverso, aunque también se ve. En otras palabras, quienes estudiamos los procesos culturales no disponemos siempre de suficientes recursos cuantitativos, objetivables, para controlar lo que afirmamos sobre la ciudad. Sin embargo, es más frecuente encontrar en estudios sobre las culturas urbanas referencias a las bases socioeconómicas, arquitectónicas, urbanísticas, referencias duras, que a la inversa. A mí me resulta indispensable trabajar en las dos dimensiones. Para ponerlo en términos un poco extremos, considero que históricamente hemos tenido frente a nosotros extremos de los dos lados: los planificadores urbanos basados en la economía urbana, el estudio del desarrollo físico-espacial de la ciudad, han tomado decisiones acerca de qué se puede construir, por dónde debe trazarse el transporte, si se debe impulsar el Metro o el Metrobus, cuánto se puede tolerar el transporte individual o cuándo estimularlo. En general se decide según criterios cuantitativos y de una pretendida objetividad, sin tomar en cuenta la experiencia vivida de los que viajan, de los que trabajan, de los que habitan la ciudad.

También se debe reconocer el riesgo opuesto, frecuente entre antropólogos y psicólogos sociales: sobreestimar la dimensión imaginaria, cultural o subjetiva de la experiencia. Esta tendencia se ha acentuado con la influencia de los estudios culturales de origen estadounidense, que son muy textualizantes de lo social, tienden a sobredimen-sionar el papel de los discursos en las interacciones sociales. Eso conduce a otros tipos de extremos y fantasías, por ejemplo a creer que lo que dicen los actores es cierto porque ellos así lo creen. Algunos buenos estudios sobre los imaginarios urbanos han mostrado, por ejemplo, que ante la pregunta ¿cuántos habitantes tiene la ciudad de Bogotá?, se respondía más o menos aproximadamente los millones de habitantes que realmente había en la ciudad. Sin embargo, cuando se les preguntaba: ¿Y cuánto cree que va a haber en 2020? La respuesta era cuarenta millones. Es importante tomar en dos sentidos esa respuesta: Por un lado, como falsa respecto a lo que es predecible con el desarrollo urbano. Para ello hay que confrontarla con los datos duros de la demografía y de la capacidad de crecimiento de un cierto espacio. Pero por otro lado, esta respuesta tiene su importancia porque muestra que estos sujetos están expresando una visión paranoica, amenazante, y que eso está expresando la opinión de muchos otros.

El tema del gigantismo urbano lo hemos encontrado detrás de muchos fenómenos complejos, como la valoración del lugar de los migrantes y su influencia en la vida de la ciudad. En Europa se han hecho estudios importantes en ese sentido. Hay pocas ciudades europeas que tengan más de un diez o un quince por ciento de migrantes, sin embargo, la experiencia de la población cuando le preguntan sobre el papel de los migrantes o les piden estimaciones sobre su peso demográfico no corresponde a esos porcentajes. Por un lado, esto nos muestra la importancia de poner en relación hechos objetivamente observables y cuan tifi cab les con los imaginarios sobre estos hechos, porque ambas dimensiones forman parte de las interacciones efectivas.

En esto se puede considerar -como decíamos antes- un lado epistemológico y metodológico, y otro de tipo político. Veamos primero el epistemológico. Necesitamos recurrir a encuestas, censos, estadísticas; y también necesitamos historias de vida, entrevistas en profundidad, observaciones etnográficas detenidas de larga duración en espacios acotados. En gran medida todavía seguimos orientados disciplinariamente. Los sociólogos hacen lo primero. Los antropólogos lo segundo. Pero cada vez vemos más corrimientos por fuera de las disciplinas. Hay sociólogos y comunicólogos que también se sientan con la gente a viajar, a ver televisión en la casa, observan prolongadamente comportamientos particulares, individuales. Y algunos antropólogos intentamos trascender el barrio, la colonia, para decir algo sobre el conjunto de la ciudad. Descubrimos en estos procesos que, cuando sólo hablamos de lo macro y desconocemos la heterogeneidad, la variedad de experiencias, gran parte de lo que afirmamos es falso o incorrecto. Pero también ocurre que, cuando extrapolamos del estudio en profundidad de un barrio lo que le sucede a esa misma población del barrio en relación con el conjunto de la ciudad, resulta falso. La gente que vive en una zona de la ciudad atraviesa muchos otros lugares para trabajar, para educarse, para consumir, y tiene otro tipo de experiencias, de interacciones que pasan a formar parte de su vida cotidiana.

Un problema es cómo reelaborar las técnicas cuantitativas y cualitativas. Hasta qué punto una encuesta puede incluir no sólo opciones múltiples dentro de un estándar precodificado, sino algunas preguntas abiertas que den posibilidad de que la forma de plantear la pregunta sea desafiada por el entrevistado. Y lo mismo a la inversa: cómo hacer entrevistas individuales de modo que podamos reconstruir relaciones grupales, colectivas.

Es importante someter unas técnicas y otras, y los resultados, la información que obtenemos, a un análisis macro del desarrollo socio-comu-nicacional de las ciudades. Un ejemplo que hallé en dos encuestas con las que trabajé el año pasado: una de ellas es la Encuesta Nacional de la Juventud, que se hizo en México a nivel nacional, a través del Instituto Nacional de Juventud. La otra fue la encuesta sobre los hábitos de lectura en México, que también abarcó todo el país. Al poner las dos encuestas en relación, surgió la evidencia: en la encuesta sobre lectura se había preguntado lo que habitualmente se averigua en estas encuestas: si leen libros y revistas, dónde los compran, cómo los leen, qué preferencias tienen. Como un anexo se había interrogado sobre equipamiento cultural hogareño. Entonces aparecieron las computadoras, el acceso a Internet, pero no se preguntó qué se leía en Internet. Se partía del presupuesto, no explicitado en la encuesta, de que leer es leer en papel, leer lo que está escrito en papel. Cuando presentamos la encuesta públicamente, comenté esta observación acerca del modo en que se había interrogado, y que seguramente habría un índice de lectura mucho mayor y hábitos distintos de los que la encuesta había previsto, especialmente en los jóvenes que tienen mayor acceso a las nuevas tecnologías. A mi lado estaba uno de los principales editores de México, Rene Solís, que tomó la preocupación y agregó una historia personal: dijo que él es de un pueblo de Sinaloa de diez mil habitantes, donde no había diarios, no llegaban periódicos regionales ni nacionales, no había bibliotecas; había que hacer más de cuarenta kilómetros para comprar libros y diarios, pero en ese pueblo de diez mil habitantes había cuatro cibercafés.

Esto muestra que tiene sentido modificar el modo de interrogar sobre qué significa leer en relación con esta recomposición de las comunicaciones, de la oferta cultural y de los hábitos de la población en ciudades grandes y pequeñas.

Por supuesto, una de las consecuencias de esta recomposición de las comunicaciones es que se aproximan los pobladores de ciudades de diez mil habitantes con los que vivimos en ciudades de diez o veinte millones, por lo menos en algunos hábitos culturales. La relación con el papel, con la biblioteca, será distinta, pero es posible que unos y otros accedan a información semejante sobre el país y sobre el mundo; puedan ver películas, unos en pantalla grande, otros en pantalla chica. Hay muchos más puntos de acercamiento, de convergencia.

Esto tiene algunas consecuencias también sobre la metodología de investigación. Nos planteamos una encuesta para una gran ciudad, pero si estudiamos una población de tres mil habitantes puede no resultar tan adecuado hacer una encuesta. Quizá sea mejor hacer observación etnográfica y entrevistas.

Las distancias por tamaño de población no son traducibles en hábitos culturales tan distintos ahora como en el pasado y, por supuesto, ello tiene efectos sobre las políticas. Por lo general, como decíamos, las políticas las hacen los planificadores urbanos, o los políticos, o los gestores sociales, urbanos y culturales, a partir de información macro obtenida con encuestas, con grandes recursos de investigación cuantitativa. Casi nunca consideran los imaginarios urbanos o las representaciones culturales de los procesos. Sin embargo hay unos pocos casos, como el de Antanas Mockus en Bogotá, que se propuso modificar los hábitos de la población, reducir la violencia en las interacciones cotidianas, no la violencia guerrillera o terrorista, sino el enfrentamiento entre los peatones y los automovilistas, con una serie de intervenciones simbólicas: payasos en las esquinas que jugaban humorísticamente con las situaciones, que trataban de "educar" a la población. Efectivamente, Antanas Mockus, filósofo y matemático1, tuvo una sensibilidad fina hacia estos fenómenos. Sin embargo, es discutible cuánto se pueden modificar los comportamientos a través de lo simbólico. El grado de congestionamiento urbano que ha propiciado un uso indiscriminando y excesivo del automóvil individual, no se puede modificar sólo a través de lo simbólico, ni sólo mediante cambios estructurales en el espacio físico. Existe una correspondencia entre la necesidad de utilizar procedimientos cuantitativos y cualitativos en la investigación, que capten las distintas densidades de las interacciones urbanas y, al mismo tiempo, en el nivel de las políticas proceder con relación a las dos dimensiones, los comportamientos y lo simbólico.

AL. ¿Los instrumentos cuantitativos nos permitirían captar los imaginarios o fragmentos de imaginarios, o simplemente nos permitirían definir una serie de coordenadas del sujeto?

NGC. Todo depende de cómo se formulen las preguntas y cómo se correlacionen los datos duros con los datos blandos. Esto tiene que ver, por ejemplo, con la manera en que se han investigado imaginarios en distintas ciudades y los productos que han aparecido en los últimos años. Voy a recurrir a dos ejemplos: uno es del nuestra investigación en la ciudad de México a partir de los viajes por la ciudad. Usamos dos instrumentos: fotos y escenas de películas. Fotos sobre viajes en la ciudad de distintas épocas desde mediados del siglo XX hasta 1995, que fue cuando hicimos la investigación. Las escenas eran de películas mexicanas que mostraban trayectorias urbanas, viajes por la ciudad, fotos de individuos, de medios de transporte, de distintas épocas, y experiencias que ocurrían. Hicimos una investigación sobre el material fotográfico y cinematográfico para recoger una gran variedad de imágenes en el caso de la fotografía y de relatos visuales en el caso del cine. Formamos grupos de gente que viaja intensamente por la ciudad, grupos focales de ocho a diez personas. Integramos un grupo con repartidores de alimentos, otro con madres que llevan los niños a la escuela, otro con policías de tránsito, otros de estudiantes que vivían lejos de la universidad, en fin... Buscamos una cierta heterogeneidad sin pretensión de exhaustividad, pero, para recoger experiencias diversas y ver cómo reaccionaban. La técnica consistía en mostrarles cincuenta fotos sobre una mesa, que habían sido tomadas en distintas épocas entre 1950 y 1995. Algunas fueron tomadas por extranjeros, la mayoría por fotógrafos mexicanos. Le solicitábamos a cada grupo que eligiera las diez fotos que le resultaban más representativas acerca de la forma en que se viajaba por la ciudad. En ese momento se iniciaba una discusión acerca de qué fotos, y cómo se viajaba antes y cómo se viajaba ahora, por qué hay tantas dificultades; aparecían bocetos de explicaciones. Se grabó todo ese material, se hacían muy pocas preguntas. Por lo general, en una hora de análisis de las fotografías la gente se entusiasmaba y le imprimía su propia dinámica al trabajo. Al final, les preguntábamos qué fotos faltan.

Después, en una segunda hora de trabajo colectivo mostrábamos durante veinte minutos la edición de escenas de varias películas, también de distintas décadas, donde aparecían viajes por la ciudad. Hacíamos el mismo ejercicio, que seleccionaran las que consideraban más representativas.

Surgió algo semejante en todos los grupos, de distinto nivel, de diferentes ocupaciones y edades: las fotos disparaban muchos más comentarios, eran más estimulantes. En cambio, las escenas de narración cinematográfica eran más débiles en cuanto alo que provocaban. Nos preguntamos por qué. En realidad, esto surgió después del trabajo con la gente, cuando ya teníamos el material, y no podíamos volver a trabajar con los mismos grupos. Pero la hipótesis que me resultó más atractiva tiene que ver con una cuestión relativamente formal: la fotografía da una sola imagen que puede ser interpretada de muchas maneras. El relato cinematográfico da muchas imágenes, pero encadenadas por una narración que establece un sentido bastante preciso de los hechos. Por lo tanto, el relato cinematográfico permitiría imaginar menos sobre aquello que vemos. El cine está induciendo una cierta lectura de los procesos.

Otra evidencia que apareció en la investigación: nosotros ya habíamos hecho encuestas y entrevistas sobre los viajes por la ciudad, teníamos una información contextual, incluso estadística, acerca de cuánta gente viajaba en el Metro por día, cuántos lo hacían en otros medios de transporte, cuántos lo hacían en automóvil. Sin duda, la fotografía aparecía como una pregunta más abierta que la pregunta verbal y, a su vez, la fotografía fue capaz de disparar respuestas diversas que lo que permitió la narración cinematográfica que condicionaba más la respuesta. Son algunas evidencias de la fecundidad de unas y otras técnicas; de unos y otros recursos de provocación de la información.

El otro comentario metodológico que me surge de las encuestas utilizadas para captar información sobre aspectos cualitativos, como por ejemplo cuáles son los colores, los sabores atribuidos a las calles de una ciudad o qué es lo que se considera como el centro de una ciudad. Esas preguntas tienen dos aspectos que me han llamado la atención. Uno es que, en general, la búsqueda indirecta a través de referencias afectivas expresa sensaciones, movimiento de la afectividad, pero da poca información sobre la conceptualización de lo urbano. En este sentido, no considero muy fecunda la utilización de encuestas para explorar aspectos extremadamente cualitativos y estéticos, como serían los del color o el sabor. El otro problema que surge en el estudio comparativo de muchas ciudades, como el que coordinó Armando Silva, es que aparece una diferencia en cuanto a la capacitación explicativa-interpretativa de los autores de los diferentes libros. Por ejemplo, el libro de Armando Silva sobre Bogotá, sobre los imaginarios urbanos en Bogotá, es muy sutil, muy sofisticado, tanto para la construcción del objeto de estudio, como para la interpretación del material. No es la misma situación la que se expresa en los otros casos, de otras ciudades. El libro sobre Barcelona parece una descripción ni periodística ni turística, pero claramente no es científico-social. Es otra aproximación. En otras ciudades, el libro sobre Santiago de Chile, por ejemplo, es mucho más elaborado, más complejo porque está hecho por personas que tienen un conocimiento de teoría social y cultural sólido. Entonces, las preguntas de partida y la organización de la información hacen interactuar todos estos niveles cualitativos y cuantitativos; los discursivos y no discursivos.

Hay un aspecto más que me parece percibir en esa serie, y en otros trabajos sobre imaginarios urbanos: que la experiencia etnográfica prolongada, que puede estar basada en ser un habitante de la ciudad o en hacer periodos prolongados de trabajo de campo da una densidad que no se puede obtener con una encuesta, ni siquiera con una encuesta que busque lo cualitativo.

AL. Entonces ¿podríamos reconocer que lo cualitativo tiene una centralidad metodológica enorme para los imaginarios urbanos? Aun cuando ello no niegue la importancia de recurrir a las dos perspectivas. En cuanto a estos estudios comparativos en términos de América Latina, evidentemente hay una diferencia sustancial en cuanto a la perspectiva de los autores, pero también me pregunto si la diferencia entre las ciudades mismas no es acaso un problema para la comparación.

NGC. Por supuesto. Tanto la diferencia en el tamaño de las ciudades o las diferencias en las experiencias históricas entre unas ciudades y otras, así como los distintos modos de organizar el espacio, las hacen distintas. Esto tiene consecuencias sobre afirmaciones modernas o posmodernas respecto a lo urbano, cuando se comparan ciudades europeas y latinoamericanas. Así, por ejemplo, en ciudades con larga organización que, como las europeas, muy estructuradas, con una cuadrícula, con un tipo estable de interacciones, una distribución de la población en el espacio muy establecida y donde el ritmo de crecimiento no fue tan rápido, la exaltación de la fragmentación urbana tiene implicaciones distintas que hacerlo en las ciudades latinoamericanas. En esas ciudades europeas exaltar la fragmentación es quizá propiciar la democratización, la descentralización, el análisis particular de las distintas experiencias urbanas, la consideración específica de actores muy distintos. En América Latina, la exaltación de la fragmentación es la consagración del desorden y es una forma de prohibirse pensar la necesidad de la planificación macro que, aunque sea difícil, sigue siendo urgente.

AL.: De todo esto me surge una inquietud: ¿si finalmente los imaginarios urbanos, como perspectiva para estudiar la ciudad, son realmente una mirada novedosa, o si, acaso no estaremos llamando con otro nombre a perspectivas que anteriormente ya las teníamos, las planteábamos, se utilizaban.

NGC. Es un problema, no sólo de lo urbano sino en general de los estudios sobre la cultura o sobre los procesos simbólicos: la forma de nombrarlos suele implicar una delimitación, una caracterización del objeto de estudio, que tiene consecuencias o implicaciones para la investigación. A pesar de toda la discusión y la dificultad que actualmente tenemos para definir la cultura, ésta sigue siendo la expresión más abarcadora, sobre todo si hablamos de procesos culturales, no de cultura sustantiva, sino de lo cultural, como dice Arjun Appadurai, de los procesos culturales. Así nos remitimos a un universo de conocimientos y de caracterización de los procesos más específicos, más abarcador aun que al hablar de imaginarios.

No obstante, es pertinente hablar de imaginarios, pero me parece que es una problemática dependiente de cuestiones culturales más amplias. Por ejemplo, con la noción de procesos culturales podemos analizar imaginarios, pero encontramos también recursos en las teorías socio-antropológicas de la cultura para estudiar aspectos físicos o institucionales de la oferta cultural, de la distribución en el espacio urbano, de las desigualdades que se crean cuando los teatros están todos concentrados en una zona o las librerías en otra, o las universidades en otras, y las fábricas y los lugares de baile en otras. Existen aspectos de los procesos culturales que tienen una base institucional importante, que tienen un sustento socio-económico y demográfico objetivable. Las teorías socio-antropológicas de la cultura dan una caracterización e integran un conjunto de recursos metodológicos como para trabajar más integralmente los procesos, que si nos limitamos al exclusivo análisis de lo simbólico con el consecuente riesgo de textualización, o de considerar sólo las representaciones imaginarias sin los soportes.

AL. Entonces, ¿los imaginarios se pueden entender sobre una perspectiva antropológica más amplia, y por lo mismo no deberíamos hacer sinónimos imaginarios urbanos y cultura urbana? Si lo vemos así, tomaría mayor sentido estudiar la ciudad desde los imaginarios urbanos porque, así como lo podríamos sustentar con teorías antropológicas más amplias, también lo podríamos sustentar con teorías sociológicas, teorías de geografía humana. En síntesis: ¿podríamos pensar a los imaginarios urbanos como tributarios de una cuenca amplia de transdisciplinariedad?

NGC. La noción de imaginarios remite más a aspectos donde lo real, lo objetivo, lo observable es menos significativo. Reconoce más fuertemente el carácter imaginado. Estamos frente a un proceso de fundamentación y reconstrucción incesante del objeto.

AL. Esto tiene mucho sentido para los estudios urbanos porque finalmente, aunque algunas disciplinas han contribuido fuertemente a ellos, siempre han sido transdisciplinarios, se han desarrollado entre disciplinas, atravesando disciplinas, en el diálogo entre disciplinas. Así, me pregunto si los imaginarios urbanos podrían ser una nueva etapa de los estudios urbanos, en la que se relativiza el peso fuerte de lo material.

NGC. Es una necesidad en cualquier objeto de análisis de las ciencias sociales. La época de los estudios de los modos de producción, como fueron los económicos, o laglobalización como un proceso solo económico y tecnológico, se mostró muy insuficiente. Quien no considere los aspectos imaginarios de la globalización entiende poco.



Notas

1 Antanas Mockus Sivickas es un político y filósofo colombiano. Magister en Filosofía (Universidad Nacional de Colombia), Licenciado en Filosofía y Matemáticas (Universidad de Dijón - Francia), Doctor Honoris Causa (Universidad de París XIII, Francia) y de la Universidad Nacional de Colombia. Fue alcalde de Bogotá en dos ocasiones (1995-1997 y 2001-2005). Mockus ha trabajado académicamente tanto en el área de las matemáticas como en la de la filosofía, convirtiéndose en profesor e investigador de la Universidad Nacional de Colombia desde 1975 hasta la fecha. Fue vicerrector (1988 a 1991) y luego rector de la Universidad Nacional de Colombia entre 1991 y 1993.

"La sociedad sin relato. Antropología y estética de la inminencia" por Néstor García Canclini


Apertura.
El arte fuera de sí

¿Qué está pasando con el arte, cuya muerte se anunció tantas veces, para que en pocas décadas se haya convertido en una alternativa para inversores decepcionados, laboratorio de experimentación intelectual en la sociología, la antropología, la filosofía y el psicoanálisis, surtidor de la moda, del diseño y de otras tácticas de distinción? Se le pide incluso que ocupe el lugar dejado vacante por la política y proponga espacios colectivos de gestión intercultural.
Desde principios del siglo XX la sociología mostró la necesidad de entender los movimientos artísticos en conexión con los procesos sociales. Ahora, esa implicación "externa" del arte es más visible debido al creciente valor económico y mediático alcanzado por numerosas obras. Para explicar el fenómeno no alcanzan las hipótesis que postulaban -al igual que se dijo respecto de la religión- que las artes ofrecen escenas imaginarias donde se compensan las frustraciones reales, ya sea como evasión que lleva a resignarse o como creación de utopías que realimentan esperanzas: "una especie de religión alternativa para ateos", según la frase de Sarah Thornton (2009: 12).
Tampoco parece suficiente el argumento de la sociología crítica que ve en las elecciones estéticas un lugar de distinción simbólica. La comprensión del arte culto y de las sorpresas de las vanguardias, vista como un don, decía Pierre Bourdieu, eufemiza las desigualdades económicas y da dignidad a los privilegios. ¿Cómo se reelabora el papel del arte cuando la distinción estética se consigue con tantos otros recursos del gusto, desde la ropa y los artefactos con diseño hasta los sitios vacacionales, cuando la innovación minoritaria es popularizada por los medios? La asistencia masiva a museos de arte contemporáneo hace dudar del efecto de distinción para las élites culturales: en 2005-2006 el MOMA de Nueva York tuvo 2.670.000 visitantes, el Pompidou de París 2.500.000 y la Tate Modern, la atracción más popular de Londres, recibió cuatro millones. La difusión mundial por Internet, que permite conocer obras exhibidas en muchos países, así como las críticas y las polémicas al instante, redujo el secreto y la exclusividad de esos santuarios.
Podrían acumularse ejemplos para mostrar la persistencia de estos usos sociales del arte -compensación de frustraciones, distinción simbólica-, pero necesitamos mirar los nuevos papeles que extienden su acción más allá de lo que se organiza como campo artístico. Son posibles otras explicaciones vinculadas a los logros y a los fracasos de la globalización: las artes dramatizan la agonía de las utopías emancipadoras, renuevan experiencias sensibles comunes en un mundo tan interconectado como dividido y el deseo de vivir esas experiencias en pactos no catastróficos con la ficción.
La economía, que pretendió ser la más consistente de las ciencias sociales, muestra ahora sus recursos de evidencia (estadísticas, relaciones entre costos y ganancias, entre deudas y productividad) como datos alucinantes. El neoliberalismo, anunciado como único pensamiento capaz de ordenar los intercambios y controlar las desmesuras de la inflación, acabó subordinando la economía dura -la que produce bienes tangibles- a delirios con el dinero. En vez de organizar la sociedad con reglas científicas, los economistas nombran los desórdenes con metáforas: culpan a la burbuja que infló la especulación con los beneficios de las tecnologías digitales, luego a las burbujas inmobiliarias o de inversiones sin sustento. Los científicos, trabajadores de los conceptos y las cifras, recurren a vertiginosas imágenes, como si no hubiera de qué agarrarse en una época de trabajo sin contratos, ganancias que trepan y se derrumban en horas.
La política se tornó también un alarde inverosímil. Hace tiempo que cuesta reconocerla como el lugar donde se disputa el poder efectivo de las instituciones, la administración de la riqueza o las garantías del bienestar. Vamos a votar cada tres o cuatro años con dificultades para detectar a algún político no corrupto, alguna promesa creíble. Aun en naciones que recuperan, luego de dictaduras, la elección de sus gobernantes, prolifera el escepticismo: altos índices de ausentismo en aquellos países donde la votación no es obligatoria y en los que sí lo es, anulación del voto, parodias cínicas del juego político en la televisión y en Internet. Un teatro de simulaciones sospechosas.
En cambio, el arte juega con las imágenes y sus movimientos construyendo situaciones explícitamente imaginarias, con efectos disfrutables o que podemos limitar si nos perturban: nos vamos de la exposición. La mayor parte de sus intervenciones en la sociedad se acotan en museos, galerías o bienales. Se invierte en el mercado del arte por un gusto que suele durar, para obtener distinción simbólica o rendimientos monetarios más estables que los de la economía productiva o financiera.
Es cierto que las tendencias artísticas son fugaces, pero un sector amplio del público se acostumbró a que esos vaivenes sean parte del juego. Podemos hallar placer en la innovación, o adherir a distintas corrientes y sentir compatibles las preferencias por Picasso, Bacon o Bill Viola. Situarse en la última ola, la penúltima o algunas anteriores, que a veces se reciclan, no presenta tantos riesgos de exclusión social o derrumbes personales como invertir en la moneda del propio país, en dólares o en acciones de una empresa transnacional.
¿Reside el éxito del arte en su carácter "inofensivo" o ineficaz? Vamos a explorarlo a partir de otra hipótesis: el arte es el lugar de la inminencia. Su atractivo procede, en parte, de que anuncia algo que puede suceder, promete el sentido o lo modifica con insinuaciones. No compromete fatalmente con hechos duros. Deja lo que dice en suspenso. La exposición de Dora García en Santiago de Compostela, a fines de 2009, titulada "¿Dónde van los personajes cuando termina la novela ?", propone esta guía de lectura para sus obras: "Una buena pregunta debe evitar a toda costa una respuesta".
No quiero reincidir en el discurso sobre la inmaterialidad de la representación artística (la lluvia pintada en un cuadro no moja, la explosión en la pantalla no nos lastima). Tampoco en el argumento de la insularidad del campo artístico, según el cual las relaciones entre los actores de este campo siguen una lógica distinta del resto de la sociedad. Al decir que el arte se sitúa en la inminencia, postulamos una relación posible con "lo real" tan oblicua o indirecta como en la música o en las pinturas abstractas. Las obras no simplemente "suspenden" la realidad; se sitúan en un momento previo, cuando lo real es posible, cuando todavía no se malogró. Tratan los hechos como acontecimientos que están a punto de ser.
Habrá que probar esta hipótesis no sólo con lo que ocurre en los museos. También en la expansión del arte más allá de su campo propio, cuando éste se desdibuja al mezclarse con el desarrollo urbano, las industrias del diseño y el turismo. Ahora vemos que el predominio de la forma sobre la función, que antes demarcaba la escena artística, caracteriza los modos de hacer política o economía. Se desconfiguran los programas que diferencian realidad y ficción, verdad y simulacro. Lejana ya la época en que se reducía la cultura a ideología y la ideología a manipulación de los dominantes, las simulaciones aparecen cada día en todas las secciones de los periódicos.
Decenas de activistas de Greenpeace escalan edificios de Expal -una empresa española que vende bombas de racimo-, preguntan en el quinto piso si los trabajadores tienen armamento en las oficinas, entregan un video de niños de Camboya mutilados, llenan el suelo con siluetas de las víctimas y distribuyen piernas sueltas amputadas.
Los performances de guerrilleros disfrazados de policías o de militares existían antes en unos pocos países alterados por "la subversión". Ahora, en cualquiera de las ciudades donde actúan narcotraficantes y secuestradores, los diarios y la televisión documentan enfrentamientos a balazos entre grupos que visten uniformes idénticos, sea porque uno de los dos se disfrazó o porque pertenecen a la misma corporación, que está "infiltrada". En México se sabía hace años que había "fugas" de petróleo y gasolina de los ductos, pero las investigaciones sobre las redes de narcos revelaron en 2009 que en el 30% de las 557 tomas clandestinas donde se hacían "desvíos" participaban "los Zetas", brazo armado del cártel del Golfo, y funcionarios de Petróleos Mexicanos que les prestaban uniformes y vehículos oficiales para realizar esas operaciones.
¿En qué sección colocar estas noticias: en política, policiales, economía o espectáculos? Si cuesta diferenciar estas zonas, ¿pueden todavía los artistas demarcar un espacio propio? La extensión de simulacros crea un paisaje en el que ciertas pretensiones de las artes -sorpresa, transgresión irónica del orden- van diluyéndose. Las distintas indefiniciones entre ficción y realidad se confunden debido al ocaso de visiones totalizadoras que ubiquen las identidades en posiciones estables.
No sólo el arte pierde autonomía al ser imitado por movimientos sociales disfrazados. Las mezclas borrosas entre lo ilusorio y lo real también abisman el mercado del arte, como veremos en descripciones etnográficas de subastas donde los billonarios disimulan sus inexplicadas ganancias especulando con obras artísticas. El secreto acerca de quienes compran y coleccionan, las explosiones de precios y sus cíclicas caídas (como sucedieron en 1990 y en 2008) hacen sospechar intersecciones más complejas entre arte y sociedad, entre creatividad, industria y finanzas, que las que alimentaron los dilemas entre valor económico y valor simbólico en las estéticas clásicas. Existen más procesos, dentro y fuera del campo, y en sus interacciones, que contribuyen a la "des-definición" del arte, que cuando Harold Rosemberg acuñó esta expresión en los años sesenta.
Los entrelazamientos de las prácticas artísticas con las demás hacen dudar de los instrumentos teóricos y de los métodos con los que se intenta comprenderlas en las sociologías modernas y las estéticas posmodernas. ¿Sirven para algo las nociones de mundo del arte (Becker) y de campo del arte (Bourdieu) cuando sobran signos de la interdependencia de los museos, las subastas y los artistas con los grandes actores económicos, políticos y mediáticos? ¿Ayudan los análisis de Bourriaud sobre la estética relacional o son más productivas las propuestas críticas de Rancière cuando distingue entre estéticas del consenso y del disenso? ¿Qué papel juegan artistas como Antoni Muntadas, León Ferrari y Carlos Amorales, que también replantean estos vínculos de interdependencia en sus obras y puestas en escena?

martes, 31 de agosto de 2010

"Jorge Luis Borges". Entrevista en el programa A Fondo de TVE (1976)


" mi padre me heredó su biblioteca..."

domingo, 1 de agosto de 2010

"SEXUALIDAD DE MAMÍFEROS: HUMANOS Y BONOBOS LOS MÁS GOZADORES" por Francisca Martin-Cano Abreu




En la Prehistoria y en culturas primitivas maternales hasta hace poco, la sexualidad femenina estaba muy desarrollada: la mujer podía disfrutar de la sexualidad desde la infancia, a solas (masturbación con la mano o con falos artificales) o acompañada tanto de chicas como de chicos (se permitía la bisexualidad y la promiscuidad).

Las dos características que diferencian profundamente la conducta sexual entre humanos y entre animales mamíferos, son la frecuencia de actos sexuales y la posibilidad de violencia sexual.

1. De forma que, mientras entre los humanos las relaciones sexuales son muy frecuentes y reiteradas, característica que compartimos con otra especie animal: los bonobos, en la mayoría de especies animales las relaciones sexuales son inusuales.

2. Y mientras que entre los animales no existe violencia sexual del macho sobre la hembra, en la especie humana existe en exclusiva la posibilidad de violencia sexual: el varón puede violar a la mujer.

En las diferentes especies animales no existe violación: el macho nunca se impone sexualmente a su posible pareja [y sirva de ejemplo la paciencia que ha de desplegar el pretendido rey de la selva: el león macho, para copular con la hembra, que sólo le permitirá la cópula tras reiterados intentos (para asegurar una adecuada calidad del semen) que puede durar horas].

PRIMERA CARACTERÍSTICA QUE DIFERENCIA DE MAMÍFEROS

Al comparar la conducta sexual entre humanos y la mayoría de especies de mamíferos, se descubre que la principal característica que las diferencia es que, mientras la relación sexual entre los humanos es muy frecuente, en las demás especies de mamíferos es muy singular.

Esta posibilidad exagerada de relación sexual en la especie humana, es consecuencia de que la sexualidad femenina no dependa de las hormonas: la mujer está dispuesta a copular en cualquier momento del día y del mes, ya que no tiene relación con la ovulación. Las mujeres no tienen período de celo, su sexualidad no está determinada por las hormonas. Y dada esta conducta femenina, no tiene nada de extraño que haya sido calificada de “atleta sexual”, según referencia de la antropóloga Helen Fisher.

Mientras que las hembras de las diferentes especies animales mamíferos, sólo están dispuestas a copular en el período definido para la procreación: en el estro anual (o mensual).

De forma que en ciertas especies salvajes, los machos sólo copulan una vez al año, en la época de apareamiento, cuando las hembras tienen el estro. Incluso la mayoría de los machos lo hacen aún menos, ya que las hembras sólo se aparean con el macho que haya vencido en la contienda con otros. Por lo que sólo los más aptos, en ciertos períodos de su vida, tienen relaciones sexuales.

Y entre los animales domésticos, ya se sabe la vida reservada a los sementales, y por tanto la limitada vida sexual del resto de los machos: sufren una total abstinencia sexual.




PRIMATES

Las hembras de los primates salvajes (a excepción de los bonobos, en los que pasa otra cosa), tienen relaciones sexuales aún con menor frecuencia, que las de otros mamíferos. Ello se debe a que, cuando las hembras maduran, sólo aceptan al macho durante el período mensual de celo (salvo excepciones, ya que se ha visto copular a hembras de algunas especies fuera del período de celo, lo que evidencia que no depende totalmente de las hormonas).


Pero dado que la supervivencia ha asegurado, que tras la cópula venga el embarazo, y dado que durante el período de embarazo y de lactancia, que dura un par de años, la actividad sexual de las mamíferas se paraliza, no volverá a entrar en celo y por tanto a copular, hasta pasados dos o más años, tras el destete de su bebé. Así, que sólo se aparean durante un breve período, cada dos o más años.

Los machos primates podrían copular en los períodos mensuales de la actividad sexual de las hembras. Pero dado que el número de hembras maduras de los grupos es limitado, y dado que son ellas las que llevan la iniciativa en la elección de parejas, muchos machos tienen limitada la posibilidad de aparearse. Incluso los machos de ciertas especies, no tienen demasiado interés por el coito.

El hecho de que la hembra sea libre de elegir a su pareja para aparearse, también evidencia que la relación sexual primate, no depende totalmente de las hormonas: La hembra es la que elige a las parejas sexuales, que no pueden imponerse por la fuerza, a pesar del dimorfismo (los machos son mucho más grandes). El dominio del macho primate nunca sirve para imponerse sexualmente a la hembra, sino en presencia de alimentos.

[Respecto a la elección femenina de la pareja sexual, implica que los machos que ocupan una posición de dominio en la jerarquía dentro de un grupo, no tienen asegurado la cópula; la jerarquía no se ejerce en el campo sexual. De ahí que los machos han de aplicarse en atraer y convencer a las hembras para que los dejen aparear.

He visto en un vídeo de Shierley Strum, que los machos babuinos (los estudió en 1976 en el rancho Kekopey junto a Gigil, Kenia), gastan enorme energía en atraerse las simpatías y amistad de las hembras, para que les otorgue en el futuro, un favor sexual. Como ejemplifica la conducta de niñera de un babuino macho, para tener contenta a la madre].

HUMANOS

Y esa mayor frecuencia de la relación sexual entre humanos, respecto a los otros mamíferos, manifiesta que la conducta sexual humana está vinculada al placer, mientras que la de los animales mamíferos –excepto los Bonobos- está vinculada a la fecundación, a la supervivencia, es instintiva y está bajo control hormonal y con la finalidad exclusiva de la procreación.

En el caso de los primates superiores, aún estando la relación sexual vinculada a la supervivencia, se ha observado que no depende totalmente de las hormonas.



BONOBOS Y PLACER

De forma extraordinaria, existe una especie animal, en la que la conducta sexual no depende ni de las hormonas, ni tampoco está vinculada a la supervivencia, al igual en los humanos. Son los chimpancés pigmeos / enanos / bonobos. En esta especie, Nancy Thompson-Handler fue la primera que lo observó (en Lomako, República de Zaire, entre el río Zaire y Kasai en la década de los años 80s), que la práctica sexual está vinculada al placer, al igual que en la especie humana.

Los bonobos “nuestros más inteligentes parientes primates y más semejantes a nosotros” hacen muchísimo el amor. Y lo hacen porque las hembras bonobos no presentan estro (igual que la mujer) y siempre están dispuestas a la cópula, a excepción del tabú madre-hijo. Quizás los bonobos sean los animales que más hacen el amor, incluso mucho más que los humanos, ya que ellos no limitan la sexualidad con normas morales, ni tampoco eliminan el derecho al placer, como los humanos aún hacen.

Los bonobos forman parejas esporádicas de hembras con machos o de hembras o machos entre sí. Este emparejamiento evidencia que la utilización del sexo se ha desvinculado de la procreación mucho más que entre los humanos. Y además daría incluso fundamento biológico a la conducta sexual homosexual.

Y justo es la conducta sexual de los bonobos, la que da idea de la conducta sexual en los inicios de la cultura humana, ya que algo parecido debió ocurrir con nuestros remotos antepasados homínidos, de los que descendemos: la relación sexual de los prehomínidos sería similar al de los primates no humanos como los bonobos. O sea que las conductas de los bonobos nos muestran el comportamiento sexual de nuestros antepasados: nuestras ancestras serían muy promiscuas y harían el amor en cualquier momento del año, sin tener en cuenta la ovulación y sin atenerse a la monogamia, y los varones no tendrían conocimiento de cuándo ocurría su paternidad real.

Jared Diamond nos aporta la teoría de la antropóloga Sarah Hrdy, de la Universidad de California en Davis, que da apoyo a la hipótesis de la promiscuidad de nuestras ancestras prehomínidas. En un estudio de la evolución de la sexualidad humana (1999, 105) resume a Hrdy y reflexiona sobre las ventajas de una hipotética hembra prehomínida promiscua con sucesivos consortes y el porqué un varón le ayudaría a alimentar su cría, a pesar de que no estuviese seguro de su paternidad, dada la promiscuidad de su pareja:

“Supongamos, entonces, que la hembra tiene ovulación oculta y constante receptividad sexual. Puede explotar estas ventajas para copular con muchos machos, aunque tenga que hacerlo incluso solapadamente, cuando su consorte no preste atención. Mientras que ningún macho puede estar seguro de su paternidad, muchos machos reconocen que podrían ser los padres de la eventual cría de la hembra. Si más tarde uno de esos machos tiene éxito en ahuyentar al consorte de la madre y en conquistarla, evita matar a su cría porque podría ser la suya propia. Podría incluso ayudar a la cría con protección u otras formas de cuidado paternal. La ovulación oculta de la madre serviría también para disminuir las peleas entre machos adultos dentro del grupo, puesto que cualquier copulación aislada no es muy probable que resulte en concepción, y de ahí que no merezca la penar luchar por ello…”

“En resumen, Hrdy considera la ovulación oculta una adaptación evolutiva llevada a cabo por las hembras tendente a minimizar la gran amenaza para la supervivencia de su prole que suponían los machos adultos. Mientras que Alexander y Noonan veían la ovulación oculta como clarificación de la paternidad y refuerzo de la monogamia, Hrdy la contempla como algo que introduce un factor de confusión en la paternidad y que arruina la monogamia de manera efectiva.”

Sigue en (1999, 108): “Entonces ¿Qué haremos para evaluar estas dos teorías en disputa?”…
“Pero aún podemos recurrir a otra potente técnica que prefieren los biólogos evolutivos para resolver tales problemas; se denomina método comparativo.”

Tras estudiar numerosas especies de primates, llega a la conclusión de que es la teoría de la promiscuidad la que explica el sistema de apareamiento que condujo a la ovulación oculta femenina. Y así manifiesta en (1999, 119): “En resumidas cuentas, todo se reduce a que la ovulación oculta ha cambiado repetidamente y de hecho ha invertido su función durante la historia evolutiva de los primates.”…

“En aquellos momentos, la ovulación oculta permitió que la mujer-simio ancestral distribuyese sus favores sexuales a muchos machos, ninguno de los cuales podía jurar que era el padre de su hijo, aun cuando cada uno de ellos sabía que podría serlo. En consecuencia, ninguno de esos machos potencialmente asesinos querían hacer daño al bebé de la mujer-simio, y algunos de hecho lo habrían protegido o habría ayudado a alimentarle.”



SEGUNDA CARACTERÍSTICA: VIOLENCIA. CONDUCTA SEXUAL APRENDIDA


Decíamos con anterioridad que la conducta sexual humana da idea en los inicios de la cultura humana se parecería a la de los bonobos. Sin embargo, como cualquiera puede ver, existe hoy día en occidente absoluta discrepancia sexual humana con respecto a los bonobos: las relaciones homosexuales han estado reprimidas, así como la conducta sexual libre femenina (hasta que afortunadamente hoy día, los seres humanos estamos reivindicando y consiguiendo la libertad sexual total).

Además, hay comportamientos violentos del varón sobre la libertad sexual femenina, como es la violación, conducta que no aparece en los bonobos, ni en otros primates, ni en ninguna especie animal: no se da imposición sexual.

Ni tampoco existió en los estadios más arcaicos humanos, como cualquiera puede constatar estudiando las características de las sociedades matrilineales, a pesar de la idea estereotipada que ha sido divulgada, que proyecta sobre la Prehistoria al varón imponiendo de forma brutal la relación sexual a mujeres maltratadas. Siendo como es un mito machista totalmente inexacto.

Lo constata los contemporáneos descubrimientos de la Etología y de la Arqueología, Sociología y Antropología de Género (es decir no androcéntrica / no machista, como lo han sido estas disciplinas hasta hace poco), en las que se basan para afirmar que: serían las mujeres las que elegirían a sus parejas sexuales, que no se podrían imponer por la fuerza, al igual que ocurre en todas las especies de primates, en las que son las hembras primates, las que eligen a sus parejas sexuales.

La violencia sexual del varón sobre la mujer, surgió por intereses patriarcales, en cierto momento de la historia humana. Fue justo con el advenimiento de la revolución patriarcal, que se extendió por todo el universo, hace varios miles de años.

[A partir de entonces se instauró el matrimonio (que se estableció hace varios miles de años en la civilización griega, sobre la que se ha cimentado nuestra actual civilización patriarcal, que arranca de ella y es el origen de que seamos de esta manera). El matrimonio en Grecia, se generalizó en la época de Cecrops, aproximadamente en el primer milenio adne, tras haber sido invadida primero por los aqueos en el siglo XII adne y después por los dorios y dar una nueva organización política al país, basada en el patriarcado, en la que los soberanos ejercían el poder de manera enérgica.

Tal hecho se narra en el mito de la lucha de la diosa Atenea y Neptuno / Poseidón para dar nombre a la ciudad de Atenas, y a la vez refleja el enfrentamiento entre la sociedad matriarcal y la patriarcal. Ganó Atenea.

Victoria de la Diosa que provocó la ira de Neptuno. Para calmarlo, Cecrops, padre de Atenea, tomó la decisión, según los autores de la Enciclopedia Espasa, Tomo 33 (1988, 100) de castigar a las mujeres: "... y entonces, para desagraviar al dios se impuso a las mujeres los siguientes tres castigos: a) se les quitó el derecho de votar; b) se prohibió que en adelante los hijos llevaran el nombre de sus madres (matrilinealidad), y c) despojarlas del título de ciudadanas, de manera que quedaran reducidas a ser meras esposas de los atenienses."

A partir del castigo patriarcal los hijos llevarían el nombre de sus padres varones (patrilinealidad), lo que traduce la institución del matrimonio, de la herencia y de la familia patriarcal, establecido por primera vez entre los atenienses en época de Cecrops.

De forma que fue en Grecia donde tuvo su origen el matrimonio patriarcal de nuestra civilización occidental grecorromana. En la civilización hindú o egipcia, tendría lugar en otra época.

En Escandinavia, la institución del matrimonio también se narra en otro mito: tras la lucha de los invasores Vanes contra la tribu de los autóctonos Ases, los contendientes se unieron entre sí para firmar la paz. Lo que a la vez refleja el enfrentamiento entre la sociedad matriarcal y la patriarcal, así como la generalización y establecimiento de la familia patriarcal.

Y en la civilización del pueblo mongol de Yunán, donde aún no existía el matrimonio al final del siglo XX, quizás se generalice el matrimonio patriarcal en el siglo XXI, por contacto con la civilización occidental (es una suposición, porque a lo "mejor" no sufre contaminación y la dejan subsistir en paz, sin que se iguale a los valores "civilizados" occidentales)].

Con la instauración de la institución del matrimonio, empezó la relación sexual monógama, por la que la mujer intercambiaba su disponibilidad sexual permanente a su pareja, a cambio del sustento.

Y a partir de entonces, se fijó la conducta sexual adecuada de cada sexo y se enseñó de forma discriminativa las conductas sexuales. De forma que la conducta violenta sexual del varón es consecuencia del aprendizaje.

CONDUCTA SEXUAL ENSEÑADA A LA MUJER

-Por un lado se dictó la conducta sexual femenina apropiada y se introdujeron normas morales por las que regirla. De forma que se limitó su sexualidad y se le exigió la obligación de guardar fidelidad dentro del matrimonio. Aunque no se le negó el derecho al placer sexual, de ahí la posibilidad de la masturbación con dildos ya de casada, o la posibilidad de entregarse a la prostitución antes del matrimonio, sin ser desacreditada por ello. Y fue la exigencia de fidelidad dentro del matrimonio, la causa de que a la mujer se convirtiera en víctima y se le impusiera mayor represión, para evitar el adulterio.

CONDUCTA SEXUAL ENSEÑADA AL VARÓN

-Mientras que al varón se le permitió y fomentó el comportamiento sexual libre. Y se le permitió la infidelidad dentro del matrimonio, de ahí la abundancia de prostitutas surgidas tras la instauración del patriarcado, para que les dieran placer, ya que con sus esposas sólo cumplían el débito conyugal tres veces al mes de manera desapegada.


Y, a la vez, a los varones se les fomentó los comportamientos violentos con las mujeres, conforme a los intereses patriarcales, permitiendo que conquistasen otras regiones en donde las mujeres gobernaban, mediante el asesinato, rapto, violación y robo de sus legítimas dueñas. De ahí las numerosas epopeyas que narran las aventuras de héroes que se comportan con crueldad con las mujeres; las raptan, violan, maltratan y abandonan impunemente, como los mitos protagonizados por Hércules, Teseo, Aquiles, Jasón, Ayax, Poseidón, Eolo, Neptuno, Cinira, el padre de Ciana, los hijos de Leucotea, los sátiros,… cuyas ¡hazañas! consisten en robar, violar, raptar, asesinar, dejar embarazada o abandonar a otros seres humanos. Asimismo existen en las mitologías de todo el universo, mitos de violaciones de seres divinos a diosas, sin consecuencias punibles. Los mitos promovían el incesto o la violación por parte de su hijo o de su hermano a la diosa, que muestran además los usos sucesorios del matriarcado.

También los mitos, tras la revolución patriarcal, alentaban la violación o la violencia marital dentro del matrimonio y se permitía al esposo, que tras recibir a su esposa como una esclava u objeto, la encerrara en casa, la domesticara y ultrajara.

Y bajo el bombardeo de tales doctrinas, propagadas a través de poderosos medios de comunicación: el arte, los mitos, la literatura, las leyendas,… en los que se concretizaban ejemplos que atemorizaban y subordinaban a las mujeres, que exaltaban la violencia masculina, no es raro que se implementase la violencia del varón sobre la mujer, y que cumpliese su función de modelamiento.

De forma que, tanto la violación masculina como la violencia sexual del esposo sobre la esposa surgió en cierto momento de la historia humana, no como una conducta resultado de un desenfreno instintivo, sino como una conducta cultural enseñada a los varones, que resultó útil para la vejación de las mujeres y para que tomaran conciencia de su “inferioridad”.

Lo que muestra que la conducta sexual que los humanos practican, aunque deriva de la biológica, es aprendida, responde a factores culturales, es resultado de la cultura. Y en cada cultura se han impuesto diferentes normas, y cada sexo las ha aprendido desde la infancia.

SEXUALIDAD FEMENINA EN CULTURAS JUDEOCRISTIANA E ISLÁMICA

La conducta sexual actual que cada sexo ha aprendido en nuestra sociedad de tradición judeocristiana, es deudora de la tradición griega machista y extendida por numerosas regiones occidentales, gracias a la civilización romana.

La moral judeocristiana negó a la mujer la posibilidad de disfrutar de libertad sexual y la consideró como un elemento corruptor, lleno de lascivia, que alejaba a los varones de Dios, por lo que le limitó la sexualidad como un castigo, por haber disfrutado en época arcaica de una sexualidad más desarrollada, similar a la de los bonobos. Así que no sólo la obligó a la fidelidad dentro del matrimonio, sino que también le exigió que se atuviese a un ideal de pureza y castidad, por lo que consideraba pecaminoso la autoestimulación sexual, y le exigió que llegara virgen al matrimonio. Y además se desacreditó la prostitución.

Pero aún fueron peores las normas sexuales que se impusieron en regiones en las que se extendió la religión islámica, ya que en algunas zonas, se llevó al extremo de eliminar el derecho al placer femenino. La mujer es necesaria para la procreación, pero como pertenece a los varones, sufre la infibulación: ablación del clítoris, para disminuir su deseo sexual y eliminar la posibilidad de adulterio o infidelidad. Y las infracciones del tipo de quedarse embarazada soltera, incluso se ha castigado durante siglos con la muerte.

SEXUALIDAD FEMENINA EN SOCIEDADES MATRILINEALES


Pero esta imposición de forma violenta de la represión sexual por parte de varones, para subordinar a la mujer que ha venido imperando en la sociedad occidental, no siempre ha existido.

Constata que la conducta sexual fue en principio libre y pacífica, similar a la de los bonobos; las costumbres de las sociedades matrilineales, tipo de sociedad existente en las etapas más antiguas de la historia humana: existen evidencias de que fueron matrilineales en todas las civilizaciones, antes de su constitución en estado, y sociedades matrilineales existentes en algunas regiones primitivas todavía.

En las sociedades matrilineales existen costumbres licenciosas y de promiscuidad sexual por parte femenina, que tiene relaciones sexuales libres. Es ella la que elige a sus múltiples amantes, la casada puede ser infiel a su esposo y existe promiscuidad sexual entre los jóvenes de manera reglamentada, antes de casarse.

En correspondencia a la estructura de la sociedad, en el panteón lo femenino ocupa el lugar de honor y las Diosas tienen multitud de amantes divinos y humanos, mitos que reflejan la gran libertad sexual que goza la mujer.

La existencia de libertad femenina en las sociedades matrilineales, en las que la familia es matrilineal, demuestra que fue la implementación de la familia patriarcal la causante de la pérdida de libertad sexual femenina.

Hoy día aún perviven en ciertas regiones primitivas, costumbres de extraordinaria libertad sexual femenina, que ejemplifica la que tendría en la Prehistoria de forma universal, antes de las invasiones o revoluciones patriarcales.

Una sociedad que aún milagrosamente permanece es la de los Na –o etnia Mosuo-, pueblos mongoles del suroeste de China, cercana a la frontera con Myanmar, que viven en las montañas de Yunnan. Es una cultura que conserva instituciones de la organización social y familiar de tipo matriarcal, en la que la mujer tiene total independencia y autonomía, ya que no existe el matrimonio: disfruta de libertad sexual y es ella la que elige a sus amantes, a los que invita a pasar la noche en su casa.

En otras regiones, aún hoy día se conservan algunas costumbres, reliquias de una sociedad anterior de derecho materno. Se da en aquellas culturas en las que las religiones patriarcales no han ejercido su influencia (judaísmo, cristianismo o islamismo). Por ejemplo entre los esquimales existe la costumbre de jugar al cambio de pareja entre matrimonios. En algunos pueblos del Pacífico en ciertas fiestas periódicas, también los miembros de matrimonios se emparejan con otros compañeros y se van al bosque a pasar la noche. En Tanzania las mujeres casadas pueden disfrutar de amantes, aunque de manera discreta,…

SEXUALIDAD FEMENINA A PRINCIPIOS DE LA ÉPOCA HISTÓRICA


Y es testimonio de que en principio todas las sociedades fueron matrilineales, antes de su evolución al patriarcado, el hecho de que aún a principios de época histórica, pervivían en las culturas ya patriarcales, costumbres de gran libertad sexual y de promiscuidad femenina, que evidencian que eran heredadas de una situación anterior, antes de la transición.

Como por ejemplo lo evidencia las ceremonias sagradas celebradas por mujeres y sacerdotisas, que incluía orgías sagradas femeninas (sin el varón; usaban falos o esculturillas), que eran un acto sagrado de fertilidad, y que incluían en algunas ocasiones, ritos con perras.

Además aún no estaba desacredita el ejercicio de la prostitución por parte de las sacerdotisas, sino que eran una acto sagrado con finalidad sagrada, sacerdotisas muy acreditadas que además de la prostitución, eran maestras que se ocupaban de la formación de las niñas.

CONCLUSIÓN

En realidad la única conducta sexual que nos diferencia de los animales es que los varones “son hombres civilizados” que han aprendido a tener comportamientos violentos y a imponerse sexualmente a la mujer, mientras que los “animales no son tan bestias como para ser animales violadores de hembras”.

SELECCIÓN BIBLIOGRÁFICA

Dawkins, R. (1996): Et Dieu crea le singe. Documental emitido por TV-2, enero.
Diamond, Jared (1999): ¿Por qué es divertido el sexo? ¿Por qué los amantes hacen lo que hacen? Un estudio de la evolución de la sexualidad humana. Editorial Debate, S. A., Madrid.
Ehrlich, A. (1978): Los Primates Adaptables. Psicodeia, Nº 38, Madrid.
Fisher, Helen E. (1984): El contrato sexual. La evolución de la conducta humana. Editorial. Argos Vergara, S. A., Barcelona.
Goodall, J. (1996): Jane y los chimpancés. Documental de la BBC emitido por Canal +, 13 de mayo.
Kay, M. y Voorhies, B. (1978): La mujer: un enfoque antropológico. Editorial Anagrama, Barcelona.
López Gutiérrez, Juan José. (2003): Prometedora correspondencia. E-mail personal enviado el 4 de marzo.
Moreno Ruiz, J. L. (1997): Hermano Mono. Interviu, Nº 1085, Madrid, febrero.
Small, M. F. (1996): Supina obsesión. La agitada vida amorosa de los bonobos. Muy Interesante, Nº 185, Madrid, octubre.
Strum, Shierley. (1996): Monkey Business. Documental emitido por Canal +, enero
Vienne, G. (1996): Le peuple singe. Documental emitido por TV-2, enero.
Wendt, H. (1981): Del mono al hombre. Editorial Bruguera, S. A., Barcelona.

"Zeitgeist" de Peter Josef.



Quién te da libertad???

Velo, luego del video hablamos.

Darío Yancán.


"pica sobre el título y se iniciará la reproducción"

"Favaloro no es un héroe" por Gustavo Gonzalez


Primero: cada uno debería poder hacer con su cuerpo lo que quiera.
Segundo: es extraño que una sociedad convierta en héroe a alguien que lo que decidió hacer con su cuerpo es matarlo.

Suicidio viene del latín y significa matarse a sí mismo, es el asesinato de la propia vida. Por eso no es raro que la mayoría de las religiones lo consideren un pecado, y que las legislaciones de muchos países traten como delincuentes a quienes ayudan a un suicida, porque lo emparentan con la complicidad en un asesinato.

René Favaloro no solamente parecía ser una buena persona, sino que en verdad lo era, según aquellos que lo conocían. Y además era un gran cirujano cardiovascular reconocido a nivel mundial.

Pero Favaloro también fue un hombre que no pudo, no supo, resolver los conflictos que lo rodeaban. Al menos no pudo resolverlos de la forma en que intentan resolverlos todos: luchando en vida, gozando con esa vida y con la compañía de otros que luchan igual, sabiendo que la única forma que tenemos de solucionar un problema es enfrentarlo, no esquivarlo.

“Todo tiene solución, salvo la muerte”, dice el dicho, tan obvio como cierto. La investigación de NOTICIAS revela la humillación que soportaba de algunos colaboradores y familiares cercanos, y los inconvenientes económicos que acosaban a su querida Fundación. En ese entorno hoy se acusan mutuamente usando la figura de “quién lo ayudó a apretar el gatillos” y es verdad que Favaloro pudo haber vivido esas presiones como una mano asesina. Sin embargo, en este caso no hubo asesinos, por lo menos no otro que quien apretó realmente el gatillo.

De nuevo: cada uno tiene derecho a vivir y a morir como quiera y el dolor físico o psíquico puede alcanzar límites intolerables. El cuestionamiento no es hacia la decisión de un individuo, sino a quienes interpretan una huida como un acto de valentía. En una suerte de
permanente regodeo nacional por la derrota, de exaltación épica por aquellos que fracasan intentando resolver conflictos.

Hace unos años se llegó a elegir a Favaloro entre los “próceres” del siglo XX. Es lo que el sociólogo Émile Durkheim definió como el “suicidio altruista”, aquel que aparece matándose por la sociedad o por una causa justa. No está claro si Favaloro tuvo esa intención, pero fue así como quiso entenderlo mucha gente.

Lo que transmite ese sentimiento es grave. Porque si se consideran héroes a los que resuelven los problemas matándose, cómo llamar a los que deciden vivir para enfrentarlos: ¿estúpidos?, ¿cobardes?

Favaloro fue un hombre que asumió para sí un derecho intimísimo y trágico. Muestra mucho de esta sociedad haberlo convertido en mártir. Y lo que muestra no es bueno.

* DIRECTOR DE NOTICIAS

jueves, 10 de junio de 2010

"DANIEL COHEN BENDIT" Discurso ante el parlamento europeo.


Algunas cosas no cambian...
dense unos minutos y vean, es reconstructivo.


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