lunes, 16 de abril de 2012

"Anonimato Internet: usos, abusos y falacias" por Darío Yancán


Este texto lo escribí hace ya más de cinco años, lo mandé a algún foro o se publicó en algún sitio - y me parece que sigue siendo bastante válido hoy en día. He aprovechado para renovarlo un poco, aunque el panorama no ha cambiado mucho. Describe algunas situaciones relacionadas con el anonimato en Internet y la credibilidad o validez que debe darse a su uso -últimamente, más bien abuso- explicando algunas falacias típicas que le rodean.
Sobre el uso del anonimato en Internet
Casi todo el mundo sabe que lograr el anonimato total en Internet es prácticamente imposible: por todos lados quedan rastros de direcciones de e-mail, direcciones IP, teléfonos de llamada, etc.Pero lo cierto es que, considerando escenarios de perfil bajo, (suponiendo que no se hace nada «grave» usando ese anonimato, y que no se van a usar todos los medios legaes y técnicos existentes para perseguir a alguien) es relativamente fácil hacerse pasar por «anónimo».Algunos ejemplos: puedes publicar mensajes en muchos foros y weblogs como «invitado», o con nombres y e-mails falsos, porque no se comprueban. También puedes crear una cuenta de correo con datos falsos en cualquier servicio gratuito (como Hotmail o GMail), usar anonimizadores de correo e incluso de navegación web. Pero cuiado: en el artículo Anonymous Web Surfing? Uh-Uh de Wired se explican los potenciales problemas de usar estos sistemas, que tampoco son infalibles.Los argumentos tradicionales para hacerse pasar por anónimo en Internet (o en el MundoReal™) son bien conocidos. Dentro de lo que podría considerarse «lícito»: empleados que temen ser despedidos por sus jefes si se enteran que publican algo contrario a su opinión, envío de «filtraciones» a la prensa saltándose los conductos reglamentarios, o miedo a desvelar la identidad en ambientes que no son los habituales de una persona (por ejemplo, en grupos de auto-ayuda, de minorías, activistas sociales o cualquier otro tipo.)
Entre los usos considerables cuestionables, ilícitos o incluso ilegales, la lista es larga: envío de amenazas, insultos, chantajes, calumnias, mentiras dañinas y un largo etcétera (incluyendo «fastidiar a la competencia» y hacer el troll como deporte de moda).
Las falacias sobre el anonimato
Hay gente que usa el correo (o la publicación en foros) de forma anónima y que se indigna cuando se le pide que se identifique para dar más validez a sus opiniones. Sobre este hecho, que va más allá de lo puramente técnico del «cómo hacerse pasar por anónimo» hay bastante información en la Red. Dos artículos clásicos sobre el tema, bastant interesantes, son estos: The Anonymous Fallacy y P.S. to The Anonymous Fallacy.El autor argumenta por qué es una falacia informal (o forma impropia de razonamiento) usar frases como «No acepto tus argumentos porque no estás usando tu nombre verdadero». El primer artículo expone el caso y el segundo hace algunos comentarios adicionales.Estos artículos provocaron una respuesta: Response to the Anonymous Fallacy En donde se contra-argumentan los artículos anteriores.Sincramente, me quedo con el primero como ejemplo de razonamiento lógico que persigue un fin (es cierto que no es obligatorio que la persona esté indentificada para que diga algo razonable), pero sin duda prefiero el último como opinión realmente válida sobre el caso. Lo curioso es que es posible que hasta los dos artículos los haya escrito la misma persona (!)
El dato importante para mi es que, como se explica en Response to the Anonymous Fallacy, el uso del anonimato en muchas ocasiones está justificado, pero eso no mejora la comunicación. Si bien hay casos en los que el dato de la identidad de la persona no revela nada, en otros es parte del contexto de la comunicación, y muy relevante.Un ejemplo lo dejará claro. Si alguien publica un mensaje anónimo diciendo:
El Madrid ganó ayer al Barcelona por 2-1.
no hay ningún problema en aceptar este mensaje como una afirmación cierta, dado que es un hecho comprobable por todos. También lo sería «Estoy contento de que el Madrid ganara al Barcelona», porque es cierto que el autor puede estar contento con esa situación.En cambio, si el anónimo publicara:
El Madrid ganó ayer al Barcelona porque me consta que se pagó al árbitro para que expulsara a Ronaldinho y además los del Madrid cobraron un prima extra del Betis. Estaba en el hotel de la concentración y lo ví....
sí hay problema en aceptarlo como argumento, porque el autor del mensaje es parte del mensaje y la comunicación: afirma tener información, conocer cosas que otros no conocen, y haber estado en sitios - sin que se sepa realmente quién es ni se pueda comprobar. Si el autor firmara con nombres y apellidos, se podría investigar y comprobar si es cierto lo que dice, pero si no lo hace el dato no es más que mera especulación.Un razonamiento buscando la sencillez del ¿por qué? (método científico conocido como «la navaja de Occam») llevaría también a la explicación más simple: «ese tipo anónimo es un fanático del Barcelona, cabreado porque su equipo ha perdido - su único objetivo es desprestigiar al Madrid».En algunas ocasiones, es muy difícil saber hasta qué punto un anónimo es parte de la comunicación, pero tras una crítica anónima no es extraño que exista cierta cercanía que por alguna razón el anónimo no quiere reconocer. El problema es que sería importante conocer esa cercanía o involucración en el tema comentado para valorar objetivamente ese mensaje (la comunicación en sí).Un ejemplo típico alguien criticando, insultando o sembrando F.U.D. (miedo, duda e incertidumbre) sobre una empresa, un producto o una persona. Ese anónimo puede ser parte importante del contexto si es un empleado de una empresa competidora (y se sabe que hay empresas que pagan a gente por hacer exactamente eso). También podría ser un empleado descontento que persigue desprestigiar a su propia empresa por rencor o algo similar (tal vez su jefe no le subió el sueldo y ahora juega con información interna, pero sin explicar que trabaja en la empresa o el motivo de su rencor). En el terreno personal, alguien puede insultar a alguien por cualquier motivo, pero sin explicar que tal vez eran amigos y que el otro le quitó a la novia (y ahora le odia por eso) o cosas así. Un programador puede estar envidioso del trabajo de otro y criticarlo, sin reconocer que tal vez él estaba embarcado en un proyecto similar que no salió bien, o que trabajaron juntos como jefe-empleado, o que son rivales eternos porque uno prefiere el sistema operativo Y al Z, o algo parecido.Lo importante es darse cuenta de que si el contenido un mensaje anónimo variara sustancialmente si se conociera la identidad del emisor y sus circunstancias relacionadas con el mensaje, entonces el valor y contenido de mensaje está claramente siendo manipulado por el uso del anonimato - y eso no es algo bueno para la comunicación.
El autor de «Response to the Anonymous Fallacy» lo resume así: Conclusión: la idea de que todas las afirmaciones deben considerarse como válidas de por sí, sin que importe quién es el autor, tiene cierto sentido, especialmente cuando esto se hace como precaución para evitar males mayores. Sin embargo, eliminar el contexto de cualquier argumentación la puede hacer menos inteligible - y saber quién es el autor de una afirmación puede ser parte del contexto.
El principal obstáculo (que es consecuencia de este papel esencial del contexto) es del tipo práctico: sin el contexto, muchos mecanismos de selección que son esenciales para la eficiencia [de la comunicación] no funcionan.El ejemplo típico sería «Bueno, ahora entiendo por qué A lleva criticando varias semanas de esa forma a B, resulta que B fue su jefe y le despidió hace un año. Ahora encajan las piezas del puzzle. Le criticaría por cualquier cosa, aunque estuviera donando dinero a los pobres.»
Cuestión de reputación
Dicho esto, ¿cómo mantener el anonimato en Internet en estas situaciones? Es muy fácil: procurando que los mensajes contengan toda la información, haciendo que los receptores obtengan información indirecta del autor anónimo y generando un marco de confianza.Si la persona que envía el mensaje tiene una carrera intachable como autor de mensajes con «mucha señal y poco ruido», nadie puede suplantarle, es alguien que aporta cosas positivas a la comunidad Internet, nunca se le ha pillado en una mentira y sus afirmaciones se confirman de forma consistente de forma rutinaria día tras día, muchos verían los mensajes de ese anónimo con iguales (o mejores ojos) que los de cualquier otro comentarista: al menos conocen parte de su contexto, de sus ideas sobre ciertos temas, sus tendencias, sus opiniones anteriores, pero sin necesidad de conocer su nombre real.En cambio los mensajes anónimos de personajes «nuevos» que surgen de la nada, sin registro histórico, sin capacidad de generar confianza ni reputación, son sin duda mucho más cuestionables y poco respetables debido al anónimato. Hasta tal punto de que son pasto ideal para el borrado en foros y weblogs sin muchos miramientos. Muchos pueden ser considerados «ruido» porque son mensajes a los que les falta contexto. Eliminando el ruido aumenta la señal en la comunicación de cualquier sistema de discusión (foro, weblog, chat) y se evita la desinformación (información «malintencionada».)Si bien existen razones legítimas como se ha explicado al principio para el anonimato, esas situaciones suelen ser verdaderamente excepcionales, no algo habitual. Hoy en día el abuso del anonimato sin razones que lo justifiquen ha hecho de éste una herramienta ideal para «molestar sin dar la cara», insultar, amenazar. Cada vez cobra más importancia la reputación y el histórico de las personas (o personalidades) que publican en Internet, ya sea en foros, weblogs o cualquier otro lugar.Adicionalmente, como hacen los investigadores, basta a veces preguntrase por el interés final de la publicación de un mensaje anónimo. ¿A quién beneficia un mensaje Z publicado por un anónimo? ¿Por qué lo hace? ¿Por qué razón realmente lo está escribiendo como anónimo y no identificándose?Un poco de lógica aplicada a estas situaciones sacaría probablemente a la luz razones mucho menos complejas (de más bajeza y pobre valor humano) que las que realmente son aplicables a las precauciones que hacen legítimo el uso de los mensajes anónimos.Actualización: Algunas ideas adicionales sobre esto en Identidad de grupo, anonimato individual con algunos ejemplos y referencias a libros donde se habla de esto.

viernes, 30 de marzo de 2012

“POTESTAD” de Eduardo Pavlovsky.



EL HOMBRE: EDUARDO PAVLOVSKY
TITA: SUSANA EVANS

El hombre detrás de dos sillas, mirando hacia el público.
Sábado, tres y media de la tarde.
Yo estoy sentado acá (señala la silla derecha), Ana María, mi
mujer, está sentada acá… (Señala la silla izquierda).
Más o menos a un metro treinta, un metro treinta y cinco, del
vértice de la pata izquierda del sillón, está sentada mi hija Adriana.
(Señala el lugar donde está sentada Adriana con el pie derecho.)
La posición física de cada uno de los miembros de la familia es
importante en la medida en que la posición física describe, evoca,
sugiere, la relación entre los miembros de la familia, el tipo de vínculo
existente entre ellos. (Repite y reitera el movimiento). Sábado, tres y
media de la tarde, yo estoy sentado acá, Ana María está sentada
aquí, y allí está sentada mi hija Adriana… (Pausa).
Posición mía de este sábado tres y media de la tarde. (Se sienta
en la silla derecha y coloca su pierna derecha en ángulo agudo y la
izquierda en ángulo recto.)
La pierna derecha en ángulo agudo, la pierna izquierda en
ángulo recto, hay una distancia del talón del pie izquierdo al piso de
unos tres, cuatro centímetros; pierna derecha en ángulo agudo, la
pierna izquierda en ángulo recto… Esta posición podría resultar
aparentemente natural, espontánea. Sin embargo, es perfectamente
estudiada, sofisticada, arbitrariamente buscada, científicamente
lograda…
Yo he sido deportista, jugador de rugby, segunda línea
(orgulloso), tenía un físico bastante excepcional… Tengo 53 años…
Pero me acuerdo cuando tenía 25 años, gran jugador de rugby…
cuando saltaba en el lineout, yo me levantaba (se eleva)
enormemente y tomaba la pelota en el aire… Y mi mujer me
acompañaba siempre a los partidos… entonces yo me elevaba en el
aire y tomaba la pelota y cuando venía cayendo, en el aire nos
mirábamos, y ella: ¡Ayhhh!... ¡¡¡Ahhhh!!! Y esta mirada, tan
particular de mi mujer, me sostenía virilmente, quiero decir, era
como algo que me impregnaba de masculinidad… eso cuando tenía 25
años. (Pausa.) Ahora tengo 53… Y esa mirada ha dejado de funcionar
con la intensidad y la sensualidad que ocurría en esa época, con esa
sistemática fuerza, ¿eh? Ella me miraba y yo me sostenía… Ella me
miraba y yo la miraba… Y ahora esto ocurre cada vez menos… De tal
manera, entonces, que las posiciones físicas mías tienen que ser
sofisticadamente estudiadas, científicamente calibradas, para intentar
provocar, recrear, aquellas posturas físicas que permitían que mi
mujer me mirara así… Intento recrear aquella mirada… por ejemplo,
si el sábado tres y media de la tarde suena el timbre o el teléfono en
mi casa, desde esta posición (se levanta atléticamente de la silla) yo
me puedo levantar así (gira)… Hay un movimiento hacia la izquierda…
Ahí está… (gira) y también hacia la derecha… no tanto… Es decir, es
un movimiento lindo porque a uno le permite ser natural e
espontáneo… uno (se levanta) puede levantarse así… Y sentarse así…
(se sienta) porque… Uno podría colocarse de otro modo (se sienta
naturalmente), uno podría colocarse sin preparación ninguna, sin
preocupaciones, con las piernas abiertas, sin ninguna posición
estudiada (se sienta con las piernas abiertas)… Así, así, posición que
se podría hasta decir espontáneamente porteña, muy porteña, y si
suena el timbre o el teléfono y entonces, por ejemplo (se levanta),
me levanto y… ayyyy (queda doblado de dolor) me agarró en la
columna… ¡ayyyy! Con el traste afuera… y bueno es muy difícil
coquetear con la mujer de uno con el traste afuera… ¡Ahí está! ¡Ahí
está! De tal manera entonces… Que yo evito todo tipo de posición
física espontánea que delate mi vejez y decrepitud… esta última
posición es una posición que yo trato de evitar. (Se sienta).
He tratado entonces de estudiar cada una de las posiciones
físicas que me permiten recrear la imagen de aquella mujer que
estuvo enamorada de mí. Pierna derecha en ángulo agudo, pierna
izquierda en ángulo recto; y qué cuesta, con tan poco (se levanta y
se sienta atléticamente) intentar enamorar a la mujer que uno
quiere, estudiando las posiciones físicas necesarias para el coqueteo.
Pero la verdad es que, aunque yo me levanta atléticamente, ella no
se mueve… no me mira… y hay una situación que se me hace
bastante vergonzosa… reproducirla. El sentimiento de humillación que
tengo a veces, porque claro, yo estoy (se levanta y se sienta) “que
me levanto, que no me levanto, me levanto, me siento”… y por ahí
me acalambro (queda doblado; realiza la mímica de contractura
muscular) ¡ay, la puta!... y me siento humillado… pero humillado por
lo que esto representa para mí… que ella no se dé cuenta que estoy
acalambrado… y la pata (se agarra la pierna)… y… y el esfuerzo… me
humillo solo, antes necesitaba la mirada del otro… y ahora me humillo
solo… (se sienta lentamente).
Parece increíble cómo en la vida cuando estudiamos cada uno
de los pequeños gestos, gestos arbitrarios, cotidianos, de la vida,
todo parece gracioso, quiero decir, nos reímos de la absurdidad de lo
cotidiano… si dividimos, si sectorizamos… todo puede resultar
gracioso. Es problema es unir, totalizar, ahí aparece la tragedia… la
tragedia de lo humano ante toda su dimensión… y en cambio nos
reímos cuando sectorizamos, cuando aislamos cuidadosamente cada
gesto. (Pausa. Se sienta en la silla correspondiente.) Cada detalle.
Cada movimiento cotidiano.
La posición física de mi mujer en este sábado es la siguiente:
ella coloca la pierna derecha en ángulo agudo, la pierna izquierda en
ángulo agudo, las rodillas juntas, estudia inglés… yo no tengo ningún
problema si no fuera por un audífono espantoso que se coloca (señala
la cabeza), estudia inglés toda la tarde… yo no tengo ningún
problema con el inglés, que estudie las horas que quiera, sólo que
todo el tiempo… hasta las ocho de la noche, no se saca este aparato,
por lo menos pensaría que a eso de las cinco y media, seis (mímica
de sacarse el audífono), se pudiera sacar el audífono y… “¡ahhhh!”,
“¿cómo estás mi amor?” Pero esto no ocurre nunca… porque nunca se
saca el aparato monstruoso… sigue así… Otra cosa histórica,
importante, son las rodillas… pierna izquierda en ángulo recto, pierna
derecha en ángulo recto y las rodillas juntas… Hace muchos años…
hace quince años, este juego de las rodillas en el matrimonio, era
sencillo (abre y cierra las rodillas), se abrían y se cerraban con suma
facilidad, con suma elegancia… Desde que yo cumplí cuarenta y siete,
cuarenta y ocho, hace como cinco años, esto ni con torniquete se
abre… ¡es dificilísimo!... ¡muy difícil! Por eso entonces, es que la
posición física de las rodillas juntas es también la historia del
vínculo… una historia que hace a nuestra relación amorosa… a
nuestra historia. A veces yo pienso y me pregunto: ¡por Dios!, qué es
lo que me da tanta rabia de Ana María, y veo que lo que me da tanta
rabia es la autonomía que tiene, la autonomía, la independencia. Es
la posibilidad de ser independiente de mí, está casi pegada a mí,
…todo el sábado… pero ella sigue estudiando inglés mientras yo estoy
toda la tarde (se levanta y se sienta) que me levanto, que no me
levanto, que me levanto… ¡Por Dios!... qué dependiente que soy…
(Se sienta en el lugar de Adriana y realiza la mímica de sus
movimientos) La posición física de Adriana viene a ser la siguiente. A
ver… Sí. Ella estudia historia, se coloca en esta posición, la pierna
izquierda. El talón de la pierna izquierda está sobre la ingle derecha,
hmm…, talón de pierna izquierda sobre ingle derecha, es una posición
aparentemente incómoda, para mucha gente, porque la gente se
acalambra en esta posición, es decir, esta posición es difícil,
solamente Adriana y yo podemos sentarnos naturalmente así… sin
contracturas, sin problemas de rodillas, es una posición natural para
nosotros. Ella la copió de mí. (Pausa) Estudia historia. A eso de las
cuatro y cuarto, más o menos, Adriana hace un movimiento hacia
atrás, gira hacia acá y me mira… y yo siento que me dice: “papá, vos
y yo nos sentamos solamente así…”. Y a eso de las siete, siete y diez,
más o menos, hace un movimiento más rápido, que es desde acá,
hace así, es así… y dice: “te adoro papá, te adoro papá, te adoro
papá, te adoro papá…” Te adoro. (Pausa larga).
Es increíble la repetición de cada gesto, de cada minuciosidad,
es gracioso, pero cuando tomamos conciencia de la globalidad todo
se vuelve trágico… trágico… (se sienta en su lugar).
Bueno sábado tres y media de la tarde… a eso más o menos de
las cuatro y cuarto sonó el timbre de mi casa, cosa que me alegró
profundamente porque me permitió saltar de la silla elegantemente…
“¡Sí!” (se levanta atléticamente.) Al sonar el timbre me levanté así
atléticamente, casi como en un lineout. “Sí”… mi mujer siguió
estudiando inglés… no me miró, después hice un primer movimiento
hacia acá (se dirige hacia el costado donde imaginariamente está la
puerta y a partir de allí mima alternativamente la presencia del
visitante “hombre bien” y la de él), espontáneo, abrí la puerta… aquí
abrí la puerta, aquí… y aquí aparece un señor bien vestido, un tipo
bien, difícil precisar qué es un tipo bien, cuando un tipo es un tipo
bien es un tipo bien… y la gente bien es muy difícil de imitar, quiero
decir, tienen un movimiento muy lindo de cadera y de hombro,
angular, un tipo bien, bien vestido, elegante, jugador de polo, Colegio
Champagnat, Lasalle… ¡qué pinta la gente bien!, ¿no? (adopta la
posición física del gentleman) Un movimiento muy lindo con las
manos hacen, una arriba de la otra, así, no, muy fino, … y una
miradita… con la vista, así, no… (Imita el tono de la clase alta
argentina) “¡Buenas tarde, señor! Yo quisiera hablar con su hija
Adriana, diez minutitos, diez minutitos, nada más… quisiera hablar
con su hija Adriana, diez minutitos… Después vamos a hablar con
usted y con su mujer, ¿eh?” Yo me quedé fascinado con las formas,
porque hacen una cosa muy linda, hacen dos cosas muy lindas… una
es una especie de armonía de movimientos corporales, y que es como
tirar la mano para acá y después la vuelven, hummm, así, hum, eh, y
después otra cosa que hacen muy linda es que no miran a la cara
cuando hablan, mirando ahí, no miran acá, miran ahí, ahí, eh, no, no
miran nunca a la cara, entonces como yo soy un tipo que tiene una
especie de admiración por la clase alta, de amor imposible ay cuando
me dijo eso, me puse… me mimeticé y le dije: (Imita la voz del tipo
bien.) “si usted quiere hablar con mi hija Adriana primero tiene que
hablar conmigo y mi mujer…” Y él se dio cuenta que yo lo estaba
imitando, quiero decir que había hecho una cosa que hacen ellos muy
bien, que es no pronunciar las vocales, no. Yo lo imité, ¡Yo lo imité!
“Si usted quiere hablar con mi hija Adriana…” Él me miró con esa
superioridad de la gente bien, sin necesidad de mucho, me miraba,
entonces apenas me miró yo sentí una especie de derrota, pescaba
que yo lo estaba imitando, imitando, tratando de descifrar las
tonalidades de la gente bien para hablar como él… entonces
rápidamente me dijo: “Por favor señor, vamos a aclarar bien las
cosas, que no estamos en la épocas de annntes, ¡por favor, señor,
tranquilícese que no estamos en la época de Antesss! ¡¡¡Antessss!!!”
Como yo soy disléxico y pierdo el sentido del tiempo y del
espacio, creo que, ahora me doy cuenta, que “Antessss, Annntesss”,
se refería a un período anterior, un período que era anterior, y
después, viene el futuro. Pero como soy disléxico, me quedé con el
Annntesss… me enfrenté a él y le dije: “¡Y yo soy el PAAADRE, yo soy
el PAAADRE!” Me puse cacofónico. Nos miramos. Y acá pasó una cosa
preciosa. … Él me miró y como si hubiera comprendido toda mi
relación histórica y con Adriana… todo de golpe, de golpe, me miró
y… no me dijo nada, pero yo sentí que me decía “… pobre… está bien,
…a todos a esta edad nos pasa lo mismo… qué vas a hacer… somos
dependientes de la mujer…” Pero sin palabras, con gestos, muy
chiquitos… (Pausa.) parece increíble a mi edad, tanto esfuerzo que
hacemos por ser machos y de repente un tipo que no conozco
comprendió toda la historia de la relación con mi mujer, todo,
minuciosamente todo, ¡en cinco minutos se dio cuenta de todo! Y yo
quedé esperando que ella dijera: “yo soy la madre”. ¡se dio cuenta
que ella no se levantó y que yo me sentí humillado! Me emocionó
tanta comprensión, esta especie de alianza de clase de calzonudos” Y
entonces me emocioné y quise como abrazarlo ¡pocos hombres me
habían entendido así! Confieso que hasta creo que hubo como un
intento de beso, pero no beso de marica, no, no, beso de hombre… y
acá me equivoqué otra vez porque me olvidé que la clase alta no se
toca… la clase alta no se toca, no se deja agarrar, son gente que
tienen una habilidad enorme de moverse sin tocarse. (hace un
movimiento mímico imitando el tipo bien esquivándole el abrazo y
cómo penetra estéticamente en su living en dirección a Adriana.) Él,
sobre la marcha y con una gran elegancia, hace este movimiento
estético moviéndose hacia aquí… juro que cuando él se mueve… yo
estoy acá desairado… lo primero que hice fue colocar la boca hacia
acá (Retracción del labio en posición del beso inicial.)… me dio pudor,
me dio mucho pudor este movimiento… él está aquí, la mano
izquierda de él… juro que en este momento no retengo… sé que está
la mano izquierda de él dirigida hacia Adriana pero no puedo recordar
dónde está Adriana en este momento… no percibo la figura de ella
sólo sé que él está acá (Se sienta en la silla de Ana María e imita el
fallido empujón de ésta sobre el hombre bien y luego mima la forma
en que la esquiva estéticamente.) y Ana María está aquí sentada a un
metro veinte, un metro treinta, pega un salto hacia él cuando lo ve
venir hacia Adriana, como para empujarlo, y él, como si conociera el
movimiento de Ana María, como si captara todo esto, hace así, así,
así y Ana María pasa de largo y boom! ¡ se da con la jeta contra la
pared! Y él se queda acá. Aquí, aquí, sí, por Dios, recuerdo ahora que
Adriana está levantada, le toma la mano derecha a la nena y (Mira el
pasaje de Adriana y el hombre bien, hacia la puerta de calle, tomados
de la mano.) aquí primeramente percibo que Adriana está con la
mano derecha aquí, la mano izquierda de él aquí, la mano derecha de
Adriana aquí, hay un movimiento de Adriana que me mira, me mira y
yo siento que me dice: “te quiero papá, te quiero papá…” Hay un
sucesivo pase, una armonía estética en el deslizarse de los dos,
ninguna violencia, ninguna agresión, ¡Nada!, ¡Nada! era intimidad, ni
violatorio de nada, todo se deslizaba, la mano derecha aquí, la mano
izquierda aquí, la mano… cuando pasa Adriana aquí, hacia adelante,
yo avanzo, fue el primer movimiento espontáneo de la tarde! pero no
puedo hacerlo porque hay un hombre que se me cruza, se me cruza
en el momento en que yo avanzo hacia Adriana para pararla, en el
momento en el que yo voy a avanzar. Adriana está con el primer
hombre que se la lleva poco a poco. Ella alejándose y se me adelanta
el hombre: “¡Por favor señor, no estamos en la época de antes! Por
favor señor, que no estamos en la época de antes, ¿eh? Vamos a
hablar diez minutitos con su hija, vamos a volver a hablar con usted
y su mujer ¿eh? Diez minutitos, eh…” Hay un último movimiento de
Adriana, que me vuelve a mirar:”¡Adiós papá! ¡¡¡adiós papá, adiós
papá!!!”
Yo no recuerdo… estoy aquí sentado… recuerdo una serie de
imágenes… (vuelve a colocarse en su silla y realiza movimientos
mímicos de las posiciones de él y Ana María después que se la
llevaron a Adriana.) estoy aquí… sé que hay una mirada de Ana María
que está acá… y Ana María me mira, como los matrimonios no nos
miramos habitualmente, más allá de… más allá de…
Tampoco recuerdo cómo llega Ana María aquí, lo que sí
recuerdo que la mano derecha de ella está aquí, la mano izquierda
mía aquí, así, sí, sí aquí está, la mano, le tomo la mano derecha con
la izquierda mía, le aprieto la mano, es una ceremonia, un ritual del
silencio, del dolor, sin hablar… todo estaba acá, todo estaba acá, ¡por
Dios!... las dos manos tocándose, no había nada que hablar… y yo
descubro: ésta es mi mujer… ésta es mi mujer… Y los dos miramos
cómo se la llevaban a Adriana…
(Entra Tita colocándose detrás de él. A partir de aquí y durante
ciertos momentos de la obra los dos personajes sentados en ambas
sillas realizan movimientos con las sillas que en la puesta inicial de
Brisky tenían en sentido de acercamiento o distanciamiento afectivo
de los personajes en momentos críticos. No queremos “marcar”
nuestros movimientos, es decir, los momentos de mayor
acercamiento o distanciamiento o persecución de ambos personajes
expresados a través del movimiento de las sillas. En nuestra puesta
los personajes se aproximan sin tocarse nunca. Cada elenco debe
encontrar a través de los ensayos sus propios movimientos.)
Me resulta tan difícil hablar Tita, tan difícil, tenía tantas ganas
de hablar con vos… tantas ganas de hablar con vos, ¡por Dios! No me
salen las palabras de la boca, me cuesta hablar. Con Ana María no
puedo hablar, no puedo hablar, es increíble en un momento como
este en que deberíamos estar más juntos con Ana, más juntos que
nunca, estamos evitando enfrentarnos, no nos miramos, no podemos
mirarnos a la cara… Tita. Estoy viviendo como un sueño, Tita, como
un sueño, a veces tengo la impresión de que se va a abrir la puerta y
va a aparecer Adriana como todos los días… Vos sabés Tita que con
Ana María fuimos una pareja que nos quisimos mucho, muchísimo.
Una pareja triste, resignada, esperando algo que nunca llegaba y
paralizados por una ilusión!
Todos nuestros diálogos desembocaban siempre en lo mismo,
en esa especial frustración de la espera, habíamos agotado todos los
tratamientos médicos posibles y sin embargo los dos seguíamos
aferrados a la esperanza, éramos una pareja resignada pera cada uno
de nosotros tenía en el fondo una secreta ilusión, pero esa secreta
ilusión no la compartíamos, habíamos agotado el dolor de compartir
algo! Por eso cuando se acercaba la fecha, cada mes, ¡por Dios!,
esperábamos el milagro, pero sin hablar, en silencio… (Pausa.) Y
después, Tita, la llegada de Adriana… Yo te puedo decir literalmente
que la llegada de Adriana modificó nuestra pareja. ¡Nosotros fuimos
una pareja antes de Adriana y después fuimos otra pareja…!
(Pausa.)¡nos han quitado la vida Tita! ¡Nos han quitado la vida! ¡Me
siento tan solo, tan vacío! ¡Ya nada tiene sentido para mí, Tita, es
espantoso! Disculpá… disculpá mi incoherencia, Tita, pero me siento
desgarrado por dentro, el esternón, las costillas, estoy roto, y la
desesperación es no poder imaginar cómo puedo seguir viviendo sin
la nena…, ¡cómo puedo seguir viviendo sin la nena!
Antes teníamos la ilusión con la esperanza. Ahora nos queda el
recuerdo pero sin esperanzas. Nunca quise a nadie más en mi vida
que Adriana. ¡NUNCA! Y me la robaron, Tita, ¡me la robaron con
mentiras! ¡sabias mentiras que solamente esta gente es capaz de
transformar, lo bueno en lo malo, lo justo en injusto!
¡Cuando la calumnia de esta gente echa a rodar, todos los
valores se trastocan!
Yo pensaba que la maldad era una cosa abstracta, ¡teórica!
Pero cuando la veo encarnada en personas de carne y hueso, que
gritan, se ríen, gesticulan, insultan y persiguen, Tita, persiguen, como
si hubieran nacido para eso, ¡¡¡para perseguir…!!! Me siento tan solo,
Tita… es muy difícil explicarte, Tita, el vacío inenarrable que se
siente… Vos sabés que en estos momentos… Tita… uno se aferra a los
recuerdos, a las imágenes… Cada imagen, te aferrás, así, así, así, así.
(Pausa.) Los domingos a la mañana nosotros estábamos en la cama;
Ana María y yo leíamos el diario en la cama, a Adriana la sacábamos
a pasear después del desayuno… Cuando uno leía el diario, eh, y la
nena venía a eso de las diez de la mañana y se metía en la cama
entre nosotros dos, pero no hacía como todos los chicos “¡papámamá,
cuándo me van a sacar a pasear!” Se quedaba en silencio, en
silencio… Después Ana María le ponía un vestidito… la llevábamos a
tomar el desayuno, aquí a lo de don Ignacio, ¿conocés a don Ignacio,
Tita? ¡Tita! ¡Tita! (Tita no lo mira.)
Íbamos caminando, Ana María a la derecha, en el centro
Adriana y yo a la izquierda… nos acercábamos a la vereda y apenas
don Ignacio nos veía venir, gritaba: “¡Medias lunas con dulce y
manteca para la niña Adriana! ¡Medias lunas con dulce y manteca
para la…”!
TITA: (Gritando) ¡Ya escuché!, ¡ya escuché!
Después la sacábamos a pasear… Tita. A veces íbamos al
“Italpark”, al Tigre, a Ezeiza,… al bowling… Vos no sabés la paciencia
infinita que le tenía Ana María a la nena… infinita… ¡cómo si hubiera
almacenado todo su amor durante tantos años de espera y hubiera
podido expresarlo de golpe sobre la nena! (Pausa.)
Don Ignacio vino a verme el otro día… él la quería mucho a la
nena. Quince días después que se la llevaron vino a verme... golpeó,
abrí la puerta, me miró. Nos abrazamos, el viejo me apretaba y
sollozaba, me apretaba fuerte, ¡abrazo de macho, Tita! Abrazo de los
de antes, sollozaba y me apretaba… yo nunca lloré tanto, Tita, ni
cuando murió mamá…
TITA: (Se levanta de la silla.) ¡¡Mamá!! (Se sienta lentamente.)
Mamá, mamá…
Ana María bajó diez kilos desde que se llevaron a la nena, Tita.
Se está volviendo loca. Ella, que era tan solidaria, una mujer tan
fuerte, fue demasiado brutal, demasiado de golpe, fue espantoso, voy
a tener que sacarla del cuarto de la nena… cierra la puerta con llave y
habla, habla, como si estuviera con la nena. Se va a la cocina y dice:
“no puede ser, no puede ser”… Nos dejaron solos, Tita, en este país
de mierda, en este país de cagones, en este país de cornudos, nos
dejaron solos, ¡Tita! ¡No vino nadie a vernos! En este país de
cabrones, no vino nadie, Tita, nos dejaron solos, ¡solos! (Pausa. Se
acerca, parece que la va a tocar, pero nunca llega a hacerlo.)
Veinte días antes de que se la llevaran, yo le hice una reunión a
Adriana. Vinieron los chicos y las chicas del colegio. Vos la conocés a
Ana María, hizo empanadas, para todos. Meta empanadas y vino. Yo
estaba en un rincón viéndolos a los chicos y Ana María me decía:
“ahora cuando vengan los padres a buscar a los chicos, salúdalos, no
seas tímido como siempre, hablá un ratito”.
Vos sabés Tita que en el fondo yo soy muy tímido… vos me
conocés bien… Tita, si no me conocés bien vos, ¿Quién me conoce,
eh? (Tita no lo mira.)
Había una pelirroja amiga de Adriana entre las amigas, y de
repente vino el padre a buscarla y se puso a hablar de fútbol con
otro, de River, ¡Tita!, de la época de “La Máquina”, de mi época,
empezamos a hablar de fútbol con el padre de la pelirroja. Ana María
me miraba y me decía: “ahora te gusta hablar, ¿eh?”, ¿Y qué querés?
Le decía yo, si lo único de lo que me gusta hablar es de fútbol…
quedamos con el padre de la pelirroja, la amiguita de Adriana, en ir al
fútbol juntos… él había quedado en llamarme para ir juntos a la
cancha… (Pausa larga.)
Quince días después que se llevaron a la nena, fui a lo de don
Paco, a la farmacia, conocés lo de don Paco, Tita, ¿eh? (Tita no lo
mira.) ¿Sabés dónde está? La farmacia… a la vuelta de la esquina, fui
a comprar aspirinas, y cuando estaba pagando en la farmacia, miré a
un costado… y estaba parado el padre de la pelirroja, el que había
estado en casa quince días antes y yo lo miré y “¿qué tal!? ¿Qué tal,
cómo… !?” Me esquivo, Tita, el hijo de puta me esquivó… tuvo miedo,
se puso a mirar la vidriera para no saludarme… el mismo que había
estado en casa, el hincha de River… ¡cagones! Por eso, Tita, cuando
Ana María me dijo que vos habías hablado por teléfono para avisar
que venías a verme, yo pensé… ¡pero esta es la misma amiga de
siempre…! ¡Cuando yo estoy jodido vos estás a mi lado siempre y
cuando vos estás jodida yo estoy…! Porque siempre estamos juntos,
porque no tenemos miedo (Hace un chistido a Tita.)… ¡Shh! ¡Shhh!
¡Shh!
El otro día, el otro día sonó el teléfono, dos veces, no
contestaron. Ana María pensó que era la nena, Tita, que no la
dejaban hablar… pero que en cambio podía escuchar… Se puso como
una loca, Tita… ¡Nena!, ¡Por Dios! Te están haciendo algo, te están
pegando, yo estoy aquí con papá, te quiero mucho, hija… ¡Se estaba
volviendo loca, Tita!
Yo le saqué el teléfono: “¡Hola, Adriana! ¡Aquí están papá y
mamá, hija! ¡No hables, escuchá! ¡No hables, hija! Adriana, mamá y
papá están acá rezando, rezando por vos…”(Cruza las manos en
actitud de rezo.)
(Se entrecorta el discurso.) El otro día cuando la vinieron a
buscar… Yo quisiera hablar con su hija Adriana… yo soy el padre… en
silencio… no estamos en la época de antes… no estamos en la época
de antes… la mano derecha… Adriana, adiós, papá, adiós papá, adiós
papáaaa…
Yo pensé que esto podría ocurrir alguna vez, Tita, pero nunca
imaginé que fuera así, demasiado de golpe, estas cosas… pueden
ocurrirle a otro, a otro. Nunca a uno. De haber sabido que las cosas
podían ocurrir así, pienso que tal vez deberíamos haber actuado de
otra manera, haber hablado más con ella, haberla prevenido, a veces
pienso si no nos equivocamos en algo. A veces pienso, Tita, si no nos
equivocamos con la nena… haberle dicho algo, explicarle algo,
sugerido algo…
Una sola vez en el día tengo la oportunidad de hablar con Ana
María, ¡una sola vez! Y yo le pregunto: ¿no nos equivocamos en algo
con la nena, Ana María, no deberíamos haberle explicado algo,
haberle dicho algo? Pero ella no contesta, Tita, ella no habla, no
come, no duerme, no ríe. Se está volviendo loca, ¡loca! Y yo tengo
miedo por ella, Tita, pero también tengo miedo por mí… A veces he
pensado si lo mejor que pudiera pasarnos a los dos… (Tita se levanta
como para acariciarlo. Él la elude y se sienta en la otra silla.)
Me da vergüenza, a esta edad, me da vergüenza decírtelo, Tita,
pero tengo miedo de que te vayas y me dejes solo… solo con Ana
María, me siento tan solo, tan impotente, Tita, ¡tengo que salir a
trabajar! Y ella habla, habla como si estuviera con la nena, ¡se está
volviendo loca, Tita! Tengo que salir a trabajar y no puedo dejarla
sola, me siento tan impotente, no puedo dejarla acá sola. ¡Tengo
tanto odio, Tita! ¡Tanto resentimiento! Nos dejaron solos. No puedo
dejarla acá sola, ¡Tita! No te vayas, Tita, no te vayas. Tengo miedo,
tengo miedo… no me dejes, Tita. Por Dios, Tita, no me dejes solo.
¡Tengo miedo de que se vuelva loca adelante mío! (Pausa. Se vuelve
a aproximar, pero nunca se tocan.)
Vos sabés Tita, vos sabés que yo nunca tomo nada para
dormir… ahora todas las noches tomo algo para dormir… porque no
aguanto, ¡no aguanto todas las noches el olor a lágrimas de Ana
María llorando por la nena! ¡No aguanto las lágrimas! ¡Me da asco!
¡Asco del olor a lágrimas! No aguanto el olor a lágrimas en la camas y
me escapo… me escapo de la cama… y vengo al living… me tomo dos
pastillas y apenas comienzo a dormitar, apenas comienzo a dormitar
se me aparece la cara de Adriana riéndose, entonces tengo la
impresión de que todo fue una pesadilla y le empiezo a contar que
soñé que la habían venido a buscar y que se la llevaban… y lloro
como un loco, no sé si de alegría o de pena y de repente la cara de la
nena se empieza a esfumar y yo me siento sobresaltado. Desde que
la vinieron a buscar sueño lo mismo todas las noches. Me doy cuenta
de que estoy soñando, pero me hago trampas, Tita, trato de pensar
de que es realidad, que no es un sueño, para retener la imagen de la
nena tres segundo, nada más que tres segundos… para verle la cara
unos instantes, nada más que unos instantes. (le chista a Tita.)
¡Shhh! ¡Schhh! Es Ana María, Tita. ¡Es Ana! ¡Shhh! ¡Shhh! ¡Es Ana!
(Se dirige hacia la pared posterior, donde se coloca bruscamente en
posición de “cacheos” policiales con los brazos y las manos abiertas
apoyadas y tocando la pared. Al darse vuelta aparece transformado
en un burdo personaje fascista, con las manos en la cintura. El
proceso de metamorfosis es casi grotesco. Lentamente vuelve al
“personaje” anterior y se sienta para reanudar el diálogo con Tita. Al
reanudar el diálogo con Tita algo del personaje fascista se debe
apreciar sutilmente en la actuación.)
Vos sabés, Tita, que la nena sufrió mucho. Primero lo de los
padres y ahora esto… ¿Vos sabés como conocí yo a los padres de
Adriana, Tita? Él tenía un buraco acá en el frontal, era impresionante,
…diez centímetros… acá… ¡impresionante! Tenía además un agujero
en el molar, fosa orbicular derecha, comisura labial. Se le veía el piso
de la boca… Nunca vi tanto agujero en una jeta, además tenía el
parietal abierto, con salida de masa encefálica, ¡era impresionante! A
ella, le habían tirado con una 45 durmiendo, acá, en la cama, no
tenía jeta… no tenía jeta, Tita, tenía una cavidad, se le veía apenitas
un poquito del ojo acá… ¡era impresionante! Ninguno de los dos tenía
cara… Me llamaron para ver si estaba vivos, lindo oficio el de médico,
Tita, ¿eh?! (Se ríe. Tita no lo mira.) Los muchachos me llamaron para
ver si estaban vivos. Fue un domingo a la tarde, en la calle Amenábar
2030, me puse el guardapolvo blanco, agarré el aparato de la presión
arterial que me regaló papá… Te acordás, Tita, del aparato que me
regaló papá (Se ríe.), y me subí al coche. Lindo oficio el de médico,
¿eh? Llegué a las cinco de la tarde ahí, toqué el timbre, apareció uno
de los muchachos lleno de sangre, con el arma en la mano, y me
dijo:”¡Buenas tardes, doctor!; yo miré y vi a otros dos tipos parados
en la ventana, estaban armados. “¡Buenas tarde, doctor”! “¿Sí?”
“Queremos que usted certifique si la señora ha fallecido porque hasta
hace poco estaba gritando”…
Yo miré hacia la cama… ella tenía el bracito colgando, no tenía
jeta, Tita, una agujero así… “¿usted quiere que yo revise a la
señora?” ¡Lindo oficio el de médico, Tita! Él se fue caminando y se
puso al lado de los otros dos… el cuarto estaba todo lleno de sangre.
Había sangre en la puerta, en el piso, en el techo, en las ventanas.
Estaban los tres contra la ventana mirándome. Agarré el bracito de
ella, le coloqué el aparato de la presión que me regaló papá. “¡Cero!”
“La señora ha fallecido”, dije. “Muchas gracias, doctor. Queríamos
que usted certificara”, y se fueron… Tita.
Me dejaron solo. ¡El papá y la mamá de Adriana eran fanáticos,
Tita! ¡A estos hijos de mil putas, si no los cagaban a balazos en la
cama te cagaban ellos, te hacían volar la casa…! Estaba ahí… yo me
acerqué a la cama… eran jóvenes…
(En este momento debe caer sangre1 sobre la cara del
personaje.) Me dejaron solo. Escuché como un llanto, Tita, en el
cuarto de al lado… abrí la puerta y vi a la nena ¡hijos de puta! ¡tienen
a la nena acá! ¡hijos de puta! ¡estaba la nena acá…! ¿Qué edad
tendría Adriana?, Un año y medio o dos… Por Dios, ¡un milagro de
Dios!, ¡tantos años esperando, gracias a Dios…! ¡Quién te va a cuidar
a vos más que yo y Ana María; que estuvimos esperándote tantos
años! Agarré a la nena y la puse en el coche y la nena me miraba con
esos ojos celestes, la nena me miraba y se la llevé a Ana, y Ana abrió
la puerta ¡Ana! ¡Ana!, no digas nada, esta nena es nuestra, Ana, esta
nena es… no preguntes nada, no preguntes nada… ¡me la gané yo,
yo, YO! Esta nena es nuestra, me la gané YO! Esta nena es nuestra,
me la gané ¡YO! ¡YO! ¡¡¡Es nuestra!!! ¡¡Sh Shhh!! No preguntes nada.
nunca preguntes nada. Nunca más preguntes nada. Nunca más.
Le ensañamos a decir mamá y papá de entrada.
Ella necesitaba tanto amor, Tita, y nosotros teníamos tantas
ganas de dárselo, ¡por Dios!
¡Eran épocas de mierda, Tita! Había que salir a cagarse a
balazos todos los días… Por eso, Tita, cada vez que suena el teléfono
y yo pienso que puede ser Adriana, que no la dejan hablar pero que
en cambio puede escuchar… (la cara debiera estar totalmente
ensangrentada.)
“Hola, Adriana, no hables hija, no hables y escucha, escucha…
yo quiero que se sepas que papá y mamá están aquí rezando por vos
todos los días, todos los días rezando… Hay que tener mucha
paciencia, Adriana, mucha paciencia. Porque si las cosas siguen así, y
Dios quiere, dentro de muy poco, vamos a estar juntos otra vez los
tres, Adriana. Si las cosas siguen así, dentro de muy poco, vamos a
estar juntos otra vez los tres…”
APAGÓN
1 Nosotros utilizamos un tubo con un líquido del color de la sangre. El tubo estaba colocado en el techo y
se implementaba en el momento preciso con una jeringa desde el costado.

jueves, 22 de marzo de 2012

"Y FLORECERAN LAS CALAS…" por Darío Yancán

… otra vez, aunque este verano se negaron. Y se llenará el aire de risas, de ladridos, del viento entre la glicina. Volverá a sonar la lluvia sobre las chapas y se agitarán los álamos en la tormenta. Habrá otros pasos sobre la pinotea y otros niños llamarán a sus padres las noches de miedo o enfermedad. Y habrá gente feliz, luego conforme, luego indefectiblemente triste.
En algunos momentos, llegué a sentirme impune. En algunos momentos hice alarde de insensibilidad, pero gracias a la pérdida, me volví a sentir HOMBRE. Vivo, sanguíneo, sentimental, humano.
Cada objeto, cada ladrillo y cada terrón de esta tierra, mi tierra, se me despide a mi paso. El vidrio que rompieron para llevarse el ajuar de Renata, el dibujo de la habitación de Mateo, el ladrillo que me amputó la mano… Cada mueble movido, descubre pequeños objetos que el tiempo guardó entre pelusas y tierra y que me cuenta cosas.
Creí por muchos años que nada de esto me iba a suceder. Creí que la insensibilidad era buen refugio pero de ciertas culpas no hay forma de escapar.
Y volverán a florecer los azahares, volverá el tiempo del limón, las naranjas, las mandarinas, los pomelos. Y en el próximo noviembre, por sólo un mes, el comedor se pondrá lila con la glicina. Y la campanita blanca de la tía Alicia seguirá su imparable curso. Y el jazmín florecerá para navidad.
Y todo se sucederá cíclicamente con las estaciones, así como se sucederán los propietarios y los niños crecerán y mi grial irá rodando por este mundo.
Cómo rescatar los recuerdos? Como evitar que éstos estén ligados a un determinado sitio?.
Nunca había experimentado la pertenencia, ni siquiera en mi casa familiar. Nunca había sentido la honda la cuchilla de la decisión. Nunca me había sentido tan partido en dos. Feliz y destruido, vivo y muerto, humano y vegetal. Vivo en cada planta, en los materiales de estas paredes que van a ser entregadas… porque en ellas vive lo que fue la esperanza de una vida feliz y no supimos tenerla. Porque ellas dieron cobijo al nacimiento de mis hijos. Porque ellas son el cruel testimonio de uno de mis grandes fracasos que no deseo repetir.
Deseo que este holocausto no se en vano, que esta vida, a veces puta, a veces divina, se me haga amiga…
Perdón y gracias. Perdón hijos por no haber estado a la altura de un padre, de haberlos destapado en pleno invierno, por no haber estado el día en que pintaron su friso de pececitos, y de no haberles dado un beso cada noche. Perdón por no haber sido el hombre que esperabas. No tengo más.Gracias, amor, por el abrazo y por rescatarme…
En estos momentos desearía tener fe… pero antes debo abrazar a mis hijos.
Darío, 22 de marzo de 2012.-

miércoles, 8 de febrero de 2012

domingo, 29 de enero de 2012

"LA DEMOCRACIA CONSTITUCIONAL" por Luiggi Ferrajoli.


Centenario de la Escuela de Derecho de la Universidad de Vaplaraiso, Chile

lunes, 23 de enero de 2012

"EL CHE: si hubiese sido escuchado a tiempo". Homenaje de Dario Yancán


vean este video y la historia hubiese sido otra...

http://www.youtube.com/watch?feature=endscreen&NR=1&v=Agz3cYH_DPw

lunes, 9 de enero de 2012

"PLATAFORMA PARA LA RECUPERACIÓN DEL PENSAMIENTO CRÍTICO" por Plataforma 2012

Escapar al efecto impositivo de un discurso hegemónico no es una tarea fácil. Pero es necesario y posible generar una voz colectiva que enuncie este problema y lo transforme en acto de demanda. Si algo nos define como intelectuales es pensar sobre el mundo y la sociedad en la que vivimos, poner en cuestión los problemas que nos plantea, promover el debate de ideas, intentar leer más allá de la letra manifiesta y visibilizar lo oculto, tratar de salir de la mera apariencia de los efectos para bucear en las causas que los determinan. En síntesis, sostener nuestra capacidad y conciencia crítica y manifestarla, romper el silencio, como paso imprescindible hacia un accionar colectivo y transformador.


No encontramos este ánimo en algunos trabajadores del campo de la cultura, a quienes hemos respetado y queremos seguir respetando, pero que al colocarse como voceros del gobierno han producido una metamorfosis en relación con su historia y su postura crítica.


Nos encontramos ante verdaderos escándalos de diferente naturaleza y calidad, que tienen como denominador común la impunidad en relación con las responsabilidades de quienes nos gobiernan. Y de manera paralela, asistimos a la construcción de un relato oficial, que por vía de la negación, ocultamiento o manipulación de los hechos, pretende investir de gesta épica el actual estado de cosas.


Javier Chocobar, Diego Bonefoi, Nicolás Carrasco, Sergio Cárdenas, Mariano Ferreyra, Roberto López, Mario López, Mártires López, Bernardo Salgueiro, Rosemary Chura Puña, Emilio Canavari, Ariel Farfán, Felix Reyes, Juan Velázquez, Alejandro Farfán, Cristian Ferreira. Vemos crecer la lista de los asesinados. Muertes que en su repetición no dejan de asombrarnos. Muertes que van cubriendo toda nuestra geografía. Muertes que, lejos de ser inocentes, marcan un encarnizamiento represivo que no puede ser negado ni atribuido a lejanas decisiones para desresponsabilizar al gobierno central. Ahora descubrimos que desde 1994 somos un país federal, y que por lo tanto las muertes dependen de las policías provinciales, o de los caciques locales. Curiosa apelación al federalismo, cuando es el gobierno nacional el que ejerce el centralismo unitario y decide de hecho los presupuestos provinciales, el que resuelve candidaturas, impone ministros y se abraza con los gobernadores casi al mismo tiempo de ocurridos los hechos.


Muchas de las últimas muertes están vinculadas a la carencia de tierra, y detrás de cada nombre hay una historia de vida que se remonta a la histórica lucha de los pueblos originarios contra el despojo del que han sido objeto. El proceso de concentración de la propiedad de la tierra y la soja-dependencia de los últimos ocho años son un correlato en el presente de aquel despojo, que el discurso oficial oculta.


El “relato” hegemónico pretende imponerse sobre la materialidad y el valor simbólico de estas muertes. Efectivamente, en torno a estos y muchos otros hechos se elabora un discurso oficial que construye consensos, porque aparenta dar cuenta de una serie de necesidades sociales y reivindicaciones nacionales mientras se afianza la persistencia de lo mismo que aparenta cuestionar. Este relato disciplinador y engañoso utiliza la potencia de los recursos comunicacionales de que dispone crecientemente el gobierno para ejercer control social mediante la inducción de mecanismos alienatorios sobre las formas colectivas de la subjetividad.


Quieren aparecer como actores de una gesta contra las “corporaciones”, mientras grandes corporaciones como la Barrick Gold, Cerro Vanguardia, General Motors, las cerealeras, los bancos o las petroleras – y el propio grupo Clarín, hoy señalado como la gran corporación enemiga – han recibido enormes privilegios de este gobierno.


Quieren también aparecer como protagonistas de una histórica transformación social, mientras la brecha de la desigualdad se profundiza. Y cuando la realidad se impone sobre el “relato”, los voceros oficiales y oficiosos del gobierno sostienen que se trata de “lo que falta”. Según los intelectuales reunidos en Carta Abierta, “lo que falta” sería – más allá de las “asignaturas pendientes” que estarían dispuestos a admitir – una cuestión de “imaginación política”. Y lo que es evidencia y síntoma de lo que no sólo no se transforma sino que se profundiza sería – como en el fenómeno de las placas tectónicas - algo así como restos traumáticos del pasado en el interior de un proceso transformador, que reaparecen una y otra vez.


El contenido de la producción ideológica oficial se inscribe en una metodología. La discusión de ideas es sustituida por la descalificación del interlocutor y toda disidencia es estigmatizada. Trivialización del debate, bravata “intelectual”, sacralización de sus referentes con independencia de las acciones que producen, son sólo algunas de las modalidades en las que se expresa el intento de imponer un discurso único. Cuando desde los medios públicos se utiliza la denigración de toda voz crítica por medio de recortes de frases, repeticiones, burlas y prontuarización como procedimiento intimidatorio y se invalida a esas mismas voces cuando se expresan en otros medios, se produce una encerrona que por una u otra vía sólo promueve el silencio.


Hoy la homogeneidad discursiva empieza a estar atravesada por algunas filtraciones que la erosionan: el relato épico ha iniciado un proceso de cierto desenmascaramiento. La asociación entre derecho de huelga y extorsión o chantaje, o la justificación de la sanción de la ley antiterrorista, serían expresiones paradigmáticas de este fenómeno.


A pesar del afán disciplinador del discurso hegemónico, es nuestra responsabilidad como intelectuales y trabajadores de la cultura romper el silencio que pretende amordazar el pensamiento crítico y promover un debate transformador de los grandes problemas que plantea el presente. Es necesario. Y es posible.


Pablo Albarello, Mirta Antonelli, Bibiana Apolonia de Brutto, Héctor Bidonde, José Emilio Burucúa, Jorge Brega, Manuel Callau, Ana Candiotti, Nora Correas, Diana Dowek, Lucila Edelman, Sandra Franzen, Roberto Gargarella, Adriana Genta, Liliana Helman, Eduardo Iglesias Brickles, Diana Kordon, Darío Lagos, Alba Lancillotto, Matilde Marin, Lucrecia Martel, Gabriela Massuh, Francisco Menéndez, Luis Felipe Noe, José Miguel Onaindia, Jorge Pellegrini, Derly Prada, Mabel Ruggiero, Carlos Ruíz, Alfredo Saavedra, Luis Sáez, Horacio Safons, Beatriz Sarlo, Alberto Sava, Herman Schiller, Aurora Juana Schreiber, Maristella Svampa, Nicolás Tauber Sanz, Osvaldo Tcherkaski, Yaco Tieffenberg, Enrique Viale, Dennis Weisbrot, Patricia Zangaro, Daniel Zelaya.


Adhesiones a plataforma.2012@yahoo.com.ar


Nuevas Firmas:




Alabarces Pablo, Albanece Raúl, Alonso Graciela B., Altamira César , Alvarez Guadalupe, Armesto Diego Hernán, Bagnati Marcelo C., Baigorria León Miguel, Balbo Nano, Baldiviezo Jonatan Emanuel, Barabaschi Maria Rosa, Barbagelata Antonio, Barcia Alfredo, Bauer Santiago, Bazzano Adriana, Bernal Martín, Bernard Cristian, Budiño Emilia, Cabrera Omar Armando, Cagnolo Luis Maria, Carrió Agostina, Casal María, Castagnari Aldo, Ceruti Carlos N., Civale Cristina, Cordoba Juan Antonio, Cortez Marcela Elena, Cortez Sonia, Costa Andrea, Culela Maria Victoria, De Cristófaro Mario, Delgado Mabel, Demarco Eduardo, Di Menna Guillermo, Di Risio Julio, Díaz Ciarlo Gustavo, Dinova Maria Amelia, Domínguez Mariana, Draguicevich Graciela, Drivet Matías, Esteban Liliana, Etchart Javier, Falicoff Berta Cecilia, Feichubuinm Alejandro, Fernández Eduardo, Fernández Raquel Dolo, Fidalgo Marcelo A., Follari Marcelo, Fucile Ernesto, Galán Mónica, Galvano Mario, Gandino Paula, García Gayo Juan, Garcia Ortuzar Raquel, García Santiago Joaquín, Garione David Adrián, Gasel Alejandro, Gatto Mainetti Emanuel, Geller Jorge, Giacomino Nora M., Giono Lucas, Goldberg Alberto, Goldberg Enrique, Gómez Alba Rut, Gómez Jorge, González Analía, Gonzalez Juan Jose, González Varela Nicolás, Gorostiaga Jorge M, Graham-Yooll Andrew, Haimovich Hugo Alejandro, Halperin Leandro, Henderson Carlos, Hernandez Araguna Germán, Hidalgo Matías, Hilbert Alfredo L., Iglesias Roberto Tato, Jaurena Jorge Antonio, Jiménez Peredo Brián Antonio, Kugler María Dulce, Kuperman Silvina, Laboranti María Inés, Lange Christian, Lapuente Elena, Larrosa Serrano Melchor Rubén, Laskowski Cecilia, Lecarotz María Rosa, Lello Iván, Levinas Gabriel, Lindenboim Javier, Linne Bruno, Logares Billet Sergio Daniel, Lombardi Carlos, López Julián, Lorenzo Gustavo, Maciel Marta, Maffía Diana, Maidana Jorge Armando, Maldonado Ana, Manso Diego, Mansur Rubén Horacio, Marcos Juan, Mateu Cristina, Maza Zulema, Mendes Hector, Metz Jorge, Micucci Horacio Alejandro, Miguens Alesia, Milstein Diana, Molina María Elena, Montesano Francisco, Monti Amilcar, Moragas Damián, Morandini Norma, Mosquera Carlos F., Moyano Gonzalo, Moyano Nora, Mugnolo Juan Pablo, Nadra Fernando J., Natta Pablo, Nazarro Armando, Nazarro Teresa, Neuhaus Susana, Nieto Oscar, Nosal Jose B, Nutkiewicz Edward, Papalini Vanina, Pelizzoni Jose Luis, Penelas Carlos, Petroni Carlos, Pfeiffer María Rosa, Pirsic Marijan, Ponce Hugo, Ponte Carlos, Porta Guardia Carlos, Pozzi Federico, Pozzo Roberto, Pruyas Tomás Ruben, Pussetto Mariano, Quesada Allué Luis A., Quinteros Eduardo, Rabioglio Lidia Irene, Rajmanovich Jacqueline, Ramos Hugo, Rico Esteban, Rodriguez Daniel, Rodriguez Pablo Gustavo, Rojas Diego, Rojas Silveyra Juan Ramón, Romero Beatriz, Romero Mariana, Rovner Eduardo, Sabatini Néstor, Sacchi Rubén, Saccone Reynaldo, Sakalik Nelida, Salgado Guri, Salomon Sorokin Minujin Zuly, Salvia Agustín, Saravia Carlos Adolfo, Sarmiento Teresa, Scandizzo Mónica, Scavino Lucas Matías, Schachter Silvio, Scherlis Gerardo, Segoviano Mirta, Simon Marina, Stella Mabel B., Suarez Teresa, Tagliaferri Ruben, Tiscornia Luis Manuel, Urruti Marisa, Valentín Nabel, Vera Alba, Vezzetti Hugo, Vicente Andrés, Victoria Carlos, Vidal Mario Federico, Villegas Oromí Alfredo María, Vujacich Patricia, Yabkowski Jorge.