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domingo, 1 de agosto de 2010

"SEXUALIDAD DE MAMÍFEROS: HUMANOS Y BONOBOS LOS MÁS GOZADORES" por Francisca Martin-Cano Abreu




En la Prehistoria y en culturas primitivas maternales hasta hace poco, la sexualidad femenina estaba muy desarrollada: la mujer podía disfrutar de la sexualidad desde la infancia, a solas (masturbación con la mano o con falos artificales) o acompañada tanto de chicas como de chicos (se permitía la bisexualidad y la promiscuidad).

Las dos características que diferencian profundamente la conducta sexual entre humanos y entre animales mamíferos, son la frecuencia de actos sexuales y la posibilidad de violencia sexual.

1. De forma que, mientras entre los humanos las relaciones sexuales son muy frecuentes y reiteradas, característica que compartimos con otra especie animal: los bonobos, en la mayoría de especies animales las relaciones sexuales son inusuales.

2. Y mientras que entre los animales no existe violencia sexual del macho sobre la hembra, en la especie humana existe en exclusiva la posibilidad de violencia sexual: el varón puede violar a la mujer.

En las diferentes especies animales no existe violación: el macho nunca se impone sexualmente a su posible pareja [y sirva de ejemplo la paciencia que ha de desplegar el pretendido rey de la selva: el león macho, para copular con la hembra, que sólo le permitirá la cópula tras reiterados intentos (para asegurar una adecuada calidad del semen) que puede durar horas].

PRIMERA CARACTERÍSTICA QUE DIFERENCIA DE MAMÍFEROS

Al comparar la conducta sexual entre humanos y la mayoría de especies de mamíferos, se descubre que la principal característica que las diferencia es que, mientras la relación sexual entre los humanos es muy frecuente, en las demás especies de mamíferos es muy singular.

Esta posibilidad exagerada de relación sexual en la especie humana, es consecuencia de que la sexualidad femenina no dependa de las hormonas: la mujer está dispuesta a copular en cualquier momento del día y del mes, ya que no tiene relación con la ovulación. Las mujeres no tienen período de celo, su sexualidad no está determinada por las hormonas. Y dada esta conducta femenina, no tiene nada de extraño que haya sido calificada de “atleta sexual”, según referencia de la antropóloga Helen Fisher.

Mientras que las hembras de las diferentes especies animales mamíferos, sólo están dispuestas a copular en el período definido para la procreación: en el estro anual (o mensual).

De forma que en ciertas especies salvajes, los machos sólo copulan una vez al año, en la época de apareamiento, cuando las hembras tienen el estro. Incluso la mayoría de los machos lo hacen aún menos, ya que las hembras sólo se aparean con el macho que haya vencido en la contienda con otros. Por lo que sólo los más aptos, en ciertos períodos de su vida, tienen relaciones sexuales.

Y entre los animales domésticos, ya se sabe la vida reservada a los sementales, y por tanto la limitada vida sexual del resto de los machos: sufren una total abstinencia sexual.




PRIMATES

Las hembras de los primates salvajes (a excepción de los bonobos, en los que pasa otra cosa), tienen relaciones sexuales aún con menor frecuencia, que las de otros mamíferos. Ello se debe a que, cuando las hembras maduran, sólo aceptan al macho durante el período mensual de celo (salvo excepciones, ya que se ha visto copular a hembras de algunas especies fuera del período de celo, lo que evidencia que no depende totalmente de las hormonas).


Pero dado que la supervivencia ha asegurado, que tras la cópula venga el embarazo, y dado que durante el período de embarazo y de lactancia, que dura un par de años, la actividad sexual de las mamíferas se paraliza, no volverá a entrar en celo y por tanto a copular, hasta pasados dos o más años, tras el destete de su bebé. Así, que sólo se aparean durante un breve período, cada dos o más años.

Los machos primates podrían copular en los períodos mensuales de la actividad sexual de las hembras. Pero dado que el número de hembras maduras de los grupos es limitado, y dado que son ellas las que llevan la iniciativa en la elección de parejas, muchos machos tienen limitada la posibilidad de aparearse. Incluso los machos de ciertas especies, no tienen demasiado interés por el coito.

El hecho de que la hembra sea libre de elegir a su pareja para aparearse, también evidencia que la relación sexual primate, no depende totalmente de las hormonas: La hembra es la que elige a las parejas sexuales, que no pueden imponerse por la fuerza, a pesar del dimorfismo (los machos son mucho más grandes). El dominio del macho primate nunca sirve para imponerse sexualmente a la hembra, sino en presencia de alimentos.

[Respecto a la elección femenina de la pareja sexual, implica que los machos que ocupan una posición de dominio en la jerarquía dentro de un grupo, no tienen asegurado la cópula; la jerarquía no se ejerce en el campo sexual. De ahí que los machos han de aplicarse en atraer y convencer a las hembras para que los dejen aparear.

He visto en un vídeo de Shierley Strum, que los machos babuinos (los estudió en 1976 en el rancho Kekopey junto a Gigil, Kenia), gastan enorme energía en atraerse las simpatías y amistad de las hembras, para que les otorgue en el futuro, un favor sexual. Como ejemplifica la conducta de niñera de un babuino macho, para tener contenta a la madre].

HUMANOS

Y esa mayor frecuencia de la relación sexual entre humanos, respecto a los otros mamíferos, manifiesta que la conducta sexual humana está vinculada al placer, mientras que la de los animales mamíferos –excepto los Bonobos- está vinculada a la fecundación, a la supervivencia, es instintiva y está bajo control hormonal y con la finalidad exclusiva de la procreación.

En el caso de los primates superiores, aún estando la relación sexual vinculada a la supervivencia, se ha observado que no depende totalmente de las hormonas.



BONOBOS Y PLACER

De forma extraordinaria, existe una especie animal, en la que la conducta sexual no depende ni de las hormonas, ni tampoco está vinculada a la supervivencia, al igual en los humanos. Son los chimpancés pigmeos / enanos / bonobos. En esta especie, Nancy Thompson-Handler fue la primera que lo observó (en Lomako, República de Zaire, entre el río Zaire y Kasai en la década de los años 80s), que la práctica sexual está vinculada al placer, al igual que en la especie humana.

Los bonobos “nuestros más inteligentes parientes primates y más semejantes a nosotros” hacen muchísimo el amor. Y lo hacen porque las hembras bonobos no presentan estro (igual que la mujer) y siempre están dispuestas a la cópula, a excepción del tabú madre-hijo. Quizás los bonobos sean los animales que más hacen el amor, incluso mucho más que los humanos, ya que ellos no limitan la sexualidad con normas morales, ni tampoco eliminan el derecho al placer, como los humanos aún hacen.

Los bonobos forman parejas esporádicas de hembras con machos o de hembras o machos entre sí. Este emparejamiento evidencia que la utilización del sexo se ha desvinculado de la procreación mucho más que entre los humanos. Y además daría incluso fundamento biológico a la conducta sexual homosexual.

Y justo es la conducta sexual de los bonobos, la que da idea de la conducta sexual en los inicios de la cultura humana, ya que algo parecido debió ocurrir con nuestros remotos antepasados homínidos, de los que descendemos: la relación sexual de los prehomínidos sería similar al de los primates no humanos como los bonobos. O sea que las conductas de los bonobos nos muestran el comportamiento sexual de nuestros antepasados: nuestras ancestras serían muy promiscuas y harían el amor en cualquier momento del año, sin tener en cuenta la ovulación y sin atenerse a la monogamia, y los varones no tendrían conocimiento de cuándo ocurría su paternidad real.

Jared Diamond nos aporta la teoría de la antropóloga Sarah Hrdy, de la Universidad de California en Davis, que da apoyo a la hipótesis de la promiscuidad de nuestras ancestras prehomínidas. En un estudio de la evolución de la sexualidad humana (1999, 105) resume a Hrdy y reflexiona sobre las ventajas de una hipotética hembra prehomínida promiscua con sucesivos consortes y el porqué un varón le ayudaría a alimentar su cría, a pesar de que no estuviese seguro de su paternidad, dada la promiscuidad de su pareja:

“Supongamos, entonces, que la hembra tiene ovulación oculta y constante receptividad sexual. Puede explotar estas ventajas para copular con muchos machos, aunque tenga que hacerlo incluso solapadamente, cuando su consorte no preste atención. Mientras que ningún macho puede estar seguro de su paternidad, muchos machos reconocen que podrían ser los padres de la eventual cría de la hembra. Si más tarde uno de esos machos tiene éxito en ahuyentar al consorte de la madre y en conquistarla, evita matar a su cría porque podría ser la suya propia. Podría incluso ayudar a la cría con protección u otras formas de cuidado paternal. La ovulación oculta de la madre serviría también para disminuir las peleas entre machos adultos dentro del grupo, puesto que cualquier copulación aislada no es muy probable que resulte en concepción, y de ahí que no merezca la penar luchar por ello…”

“En resumen, Hrdy considera la ovulación oculta una adaptación evolutiva llevada a cabo por las hembras tendente a minimizar la gran amenaza para la supervivencia de su prole que suponían los machos adultos. Mientras que Alexander y Noonan veían la ovulación oculta como clarificación de la paternidad y refuerzo de la monogamia, Hrdy la contempla como algo que introduce un factor de confusión en la paternidad y que arruina la monogamia de manera efectiva.”

Sigue en (1999, 108): “Entonces ¿Qué haremos para evaluar estas dos teorías en disputa?”…
“Pero aún podemos recurrir a otra potente técnica que prefieren los biólogos evolutivos para resolver tales problemas; se denomina método comparativo.”

Tras estudiar numerosas especies de primates, llega a la conclusión de que es la teoría de la promiscuidad la que explica el sistema de apareamiento que condujo a la ovulación oculta femenina. Y así manifiesta en (1999, 119): “En resumidas cuentas, todo se reduce a que la ovulación oculta ha cambiado repetidamente y de hecho ha invertido su función durante la historia evolutiva de los primates.”…

“En aquellos momentos, la ovulación oculta permitió que la mujer-simio ancestral distribuyese sus favores sexuales a muchos machos, ninguno de los cuales podía jurar que era el padre de su hijo, aun cuando cada uno de ellos sabía que podría serlo. En consecuencia, ninguno de esos machos potencialmente asesinos querían hacer daño al bebé de la mujer-simio, y algunos de hecho lo habrían protegido o habría ayudado a alimentarle.”



SEGUNDA CARACTERÍSTICA: VIOLENCIA. CONDUCTA SEXUAL APRENDIDA


Decíamos con anterioridad que la conducta sexual humana da idea en los inicios de la cultura humana se parecería a la de los bonobos. Sin embargo, como cualquiera puede ver, existe hoy día en occidente absoluta discrepancia sexual humana con respecto a los bonobos: las relaciones homosexuales han estado reprimidas, así como la conducta sexual libre femenina (hasta que afortunadamente hoy día, los seres humanos estamos reivindicando y consiguiendo la libertad sexual total).

Además, hay comportamientos violentos del varón sobre la libertad sexual femenina, como es la violación, conducta que no aparece en los bonobos, ni en otros primates, ni en ninguna especie animal: no se da imposición sexual.

Ni tampoco existió en los estadios más arcaicos humanos, como cualquiera puede constatar estudiando las características de las sociedades matrilineales, a pesar de la idea estereotipada que ha sido divulgada, que proyecta sobre la Prehistoria al varón imponiendo de forma brutal la relación sexual a mujeres maltratadas. Siendo como es un mito machista totalmente inexacto.

Lo constata los contemporáneos descubrimientos de la Etología y de la Arqueología, Sociología y Antropología de Género (es decir no androcéntrica / no machista, como lo han sido estas disciplinas hasta hace poco), en las que se basan para afirmar que: serían las mujeres las que elegirían a sus parejas sexuales, que no se podrían imponer por la fuerza, al igual que ocurre en todas las especies de primates, en las que son las hembras primates, las que eligen a sus parejas sexuales.

La violencia sexual del varón sobre la mujer, surgió por intereses patriarcales, en cierto momento de la historia humana. Fue justo con el advenimiento de la revolución patriarcal, que se extendió por todo el universo, hace varios miles de años.

[A partir de entonces se instauró el matrimonio (que se estableció hace varios miles de años en la civilización griega, sobre la que se ha cimentado nuestra actual civilización patriarcal, que arranca de ella y es el origen de que seamos de esta manera). El matrimonio en Grecia, se generalizó en la época de Cecrops, aproximadamente en el primer milenio adne, tras haber sido invadida primero por los aqueos en el siglo XII adne y después por los dorios y dar una nueva organización política al país, basada en el patriarcado, en la que los soberanos ejercían el poder de manera enérgica.

Tal hecho se narra en el mito de la lucha de la diosa Atenea y Neptuno / Poseidón para dar nombre a la ciudad de Atenas, y a la vez refleja el enfrentamiento entre la sociedad matriarcal y la patriarcal. Ganó Atenea.

Victoria de la Diosa que provocó la ira de Neptuno. Para calmarlo, Cecrops, padre de Atenea, tomó la decisión, según los autores de la Enciclopedia Espasa, Tomo 33 (1988, 100) de castigar a las mujeres: "... y entonces, para desagraviar al dios se impuso a las mujeres los siguientes tres castigos: a) se les quitó el derecho de votar; b) se prohibió que en adelante los hijos llevaran el nombre de sus madres (matrilinealidad), y c) despojarlas del título de ciudadanas, de manera que quedaran reducidas a ser meras esposas de los atenienses."

A partir del castigo patriarcal los hijos llevarían el nombre de sus padres varones (patrilinealidad), lo que traduce la institución del matrimonio, de la herencia y de la familia patriarcal, establecido por primera vez entre los atenienses en época de Cecrops.

De forma que fue en Grecia donde tuvo su origen el matrimonio patriarcal de nuestra civilización occidental grecorromana. En la civilización hindú o egipcia, tendría lugar en otra época.

En Escandinavia, la institución del matrimonio también se narra en otro mito: tras la lucha de los invasores Vanes contra la tribu de los autóctonos Ases, los contendientes se unieron entre sí para firmar la paz. Lo que a la vez refleja el enfrentamiento entre la sociedad matriarcal y la patriarcal, así como la generalización y establecimiento de la familia patriarcal.

Y en la civilización del pueblo mongol de Yunán, donde aún no existía el matrimonio al final del siglo XX, quizás se generalice el matrimonio patriarcal en el siglo XXI, por contacto con la civilización occidental (es una suposición, porque a lo "mejor" no sufre contaminación y la dejan subsistir en paz, sin que se iguale a los valores "civilizados" occidentales)].

Con la instauración de la institución del matrimonio, empezó la relación sexual monógama, por la que la mujer intercambiaba su disponibilidad sexual permanente a su pareja, a cambio del sustento.

Y a partir de entonces, se fijó la conducta sexual adecuada de cada sexo y se enseñó de forma discriminativa las conductas sexuales. De forma que la conducta violenta sexual del varón es consecuencia del aprendizaje.

CONDUCTA SEXUAL ENSEÑADA A LA MUJER

-Por un lado se dictó la conducta sexual femenina apropiada y se introdujeron normas morales por las que regirla. De forma que se limitó su sexualidad y se le exigió la obligación de guardar fidelidad dentro del matrimonio. Aunque no se le negó el derecho al placer sexual, de ahí la posibilidad de la masturbación con dildos ya de casada, o la posibilidad de entregarse a la prostitución antes del matrimonio, sin ser desacreditada por ello. Y fue la exigencia de fidelidad dentro del matrimonio, la causa de que a la mujer se convirtiera en víctima y se le impusiera mayor represión, para evitar el adulterio.

CONDUCTA SEXUAL ENSEÑADA AL VARÓN

-Mientras que al varón se le permitió y fomentó el comportamiento sexual libre. Y se le permitió la infidelidad dentro del matrimonio, de ahí la abundancia de prostitutas surgidas tras la instauración del patriarcado, para que les dieran placer, ya que con sus esposas sólo cumplían el débito conyugal tres veces al mes de manera desapegada.


Y, a la vez, a los varones se les fomentó los comportamientos violentos con las mujeres, conforme a los intereses patriarcales, permitiendo que conquistasen otras regiones en donde las mujeres gobernaban, mediante el asesinato, rapto, violación y robo de sus legítimas dueñas. De ahí las numerosas epopeyas que narran las aventuras de héroes que se comportan con crueldad con las mujeres; las raptan, violan, maltratan y abandonan impunemente, como los mitos protagonizados por Hércules, Teseo, Aquiles, Jasón, Ayax, Poseidón, Eolo, Neptuno, Cinira, el padre de Ciana, los hijos de Leucotea, los sátiros,… cuyas ¡hazañas! consisten en robar, violar, raptar, asesinar, dejar embarazada o abandonar a otros seres humanos. Asimismo existen en las mitologías de todo el universo, mitos de violaciones de seres divinos a diosas, sin consecuencias punibles. Los mitos promovían el incesto o la violación por parte de su hijo o de su hermano a la diosa, que muestran además los usos sucesorios del matriarcado.

También los mitos, tras la revolución patriarcal, alentaban la violación o la violencia marital dentro del matrimonio y se permitía al esposo, que tras recibir a su esposa como una esclava u objeto, la encerrara en casa, la domesticara y ultrajara.

Y bajo el bombardeo de tales doctrinas, propagadas a través de poderosos medios de comunicación: el arte, los mitos, la literatura, las leyendas,… en los que se concretizaban ejemplos que atemorizaban y subordinaban a las mujeres, que exaltaban la violencia masculina, no es raro que se implementase la violencia del varón sobre la mujer, y que cumpliese su función de modelamiento.

De forma que, tanto la violación masculina como la violencia sexual del esposo sobre la esposa surgió en cierto momento de la historia humana, no como una conducta resultado de un desenfreno instintivo, sino como una conducta cultural enseñada a los varones, que resultó útil para la vejación de las mujeres y para que tomaran conciencia de su “inferioridad”.

Lo que muestra que la conducta sexual que los humanos practican, aunque deriva de la biológica, es aprendida, responde a factores culturales, es resultado de la cultura. Y en cada cultura se han impuesto diferentes normas, y cada sexo las ha aprendido desde la infancia.

SEXUALIDAD FEMENINA EN CULTURAS JUDEOCRISTIANA E ISLÁMICA

La conducta sexual actual que cada sexo ha aprendido en nuestra sociedad de tradición judeocristiana, es deudora de la tradición griega machista y extendida por numerosas regiones occidentales, gracias a la civilización romana.

La moral judeocristiana negó a la mujer la posibilidad de disfrutar de libertad sexual y la consideró como un elemento corruptor, lleno de lascivia, que alejaba a los varones de Dios, por lo que le limitó la sexualidad como un castigo, por haber disfrutado en época arcaica de una sexualidad más desarrollada, similar a la de los bonobos. Así que no sólo la obligó a la fidelidad dentro del matrimonio, sino que también le exigió que se atuviese a un ideal de pureza y castidad, por lo que consideraba pecaminoso la autoestimulación sexual, y le exigió que llegara virgen al matrimonio. Y además se desacreditó la prostitución.

Pero aún fueron peores las normas sexuales que se impusieron en regiones en las que se extendió la religión islámica, ya que en algunas zonas, se llevó al extremo de eliminar el derecho al placer femenino. La mujer es necesaria para la procreación, pero como pertenece a los varones, sufre la infibulación: ablación del clítoris, para disminuir su deseo sexual y eliminar la posibilidad de adulterio o infidelidad. Y las infracciones del tipo de quedarse embarazada soltera, incluso se ha castigado durante siglos con la muerte.

SEXUALIDAD FEMENINA EN SOCIEDADES MATRILINEALES


Pero esta imposición de forma violenta de la represión sexual por parte de varones, para subordinar a la mujer que ha venido imperando en la sociedad occidental, no siempre ha existido.

Constata que la conducta sexual fue en principio libre y pacífica, similar a la de los bonobos; las costumbres de las sociedades matrilineales, tipo de sociedad existente en las etapas más antiguas de la historia humana: existen evidencias de que fueron matrilineales en todas las civilizaciones, antes de su constitución en estado, y sociedades matrilineales existentes en algunas regiones primitivas todavía.

En las sociedades matrilineales existen costumbres licenciosas y de promiscuidad sexual por parte femenina, que tiene relaciones sexuales libres. Es ella la que elige a sus múltiples amantes, la casada puede ser infiel a su esposo y existe promiscuidad sexual entre los jóvenes de manera reglamentada, antes de casarse.

En correspondencia a la estructura de la sociedad, en el panteón lo femenino ocupa el lugar de honor y las Diosas tienen multitud de amantes divinos y humanos, mitos que reflejan la gran libertad sexual que goza la mujer.

La existencia de libertad femenina en las sociedades matrilineales, en las que la familia es matrilineal, demuestra que fue la implementación de la familia patriarcal la causante de la pérdida de libertad sexual femenina.

Hoy día aún perviven en ciertas regiones primitivas, costumbres de extraordinaria libertad sexual femenina, que ejemplifica la que tendría en la Prehistoria de forma universal, antes de las invasiones o revoluciones patriarcales.

Una sociedad que aún milagrosamente permanece es la de los Na –o etnia Mosuo-, pueblos mongoles del suroeste de China, cercana a la frontera con Myanmar, que viven en las montañas de Yunnan. Es una cultura que conserva instituciones de la organización social y familiar de tipo matriarcal, en la que la mujer tiene total independencia y autonomía, ya que no existe el matrimonio: disfruta de libertad sexual y es ella la que elige a sus amantes, a los que invita a pasar la noche en su casa.

En otras regiones, aún hoy día se conservan algunas costumbres, reliquias de una sociedad anterior de derecho materno. Se da en aquellas culturas en las que las religiones patriarcales no han ejercido su influencia (judaísmo, cristianismo o islamismo). Por ejemplo entre los esquimales existe la costumbre de jugar al cambio de pareja entre matrimonios. En algunos pueblos del Pacífico en ciertas fiestas periódicas, también los miembros de matrimonios se emparejan con otros compañeros y se van al bosque a pasar la noche. En Tanzania las mujeres casadas pueden disfrutar de amantes, aunque de manera discreta,…

SEXUALIDAD FEMENINA A PRINCIPIOS DE LA ÉPOCA HISTÓRICA


Y es testimonio de que en principio todas las sociedades fueron matrilineales, antes de su evolución al patriarcado, el hecho de que aún a principios de época histórica, pervivían en las culturas ya patriarcales, costumbres de gran libertad sexual y de promiscuidad femenina, que evidencian que eran heredadas de una situación anterior, antes de la transición.

Como por ejemplo lo evidencia las ceremonias sagradas celebradas por mujeres y sacerdotisas, que incluía orgías sagradas femeninas (sin el varón; usaban falos o esculturillas), que eran un acto sagrado de fertilidad, y que incluían en algunas ocasiones, ritos con perras.

Además aún no estaba desacredita el ejercicio de la prostitución por parte de las sacerdotisas, sino que eran una acto sagrado con finalidad sagrada, sacerdotisas muy acreditadas que además de la prostitución, eran maestras que se ocupaban de la formación de las niñas.

CONCLUSIÓN

En realidad la única conducta sexual que nos diferencia de los animales es que los varones “son hombres civilizados” que han aprendido a tener comportamientos violentos y a imponerse sexualmente a la mujer, mientras que los “animales no son tan bestias como para ser animales violadores de hembras”.

SELECCIÓN BIBLIOGRÁFICA

Dawkins, R. (1996): Et Dieu crea le singe. Documental emitido por TV-2, enero.
Diamond, Jared (1999): ¿Por qué es divertido el sexo? ¿Por qué los amantes hacen lo que hacen? Un estudio de la evolución de la sexualidad humana. Editorial Debate, S. A., Madrid.
Ehrlich, A. (1978): Los Primates Adaptables. Psicodeia, Nº 38, Madrid.
Fisher, Helen E. (1984): El contrato sexual. La evolución de la conducta humana. Editorial. Argos Vergara, S. A., Barcelona.
Goodall, J. (1996): Jane y los chimpancés. Documental de la BBC emitido por Canal +, 13 de mayo.
Kay, M. y Voorhies, B. (1978): La mujer: un enfoque antropológico. Editorial Anagrama, Barcelona.
López Gutiérrez, Juan José. (2003): Prometedora correspondencia. E-mail personal enviado el 4 de marzo.
Moreno Ruiz, J. L. (1997): Hermano Mono. Interviu, Nº 1085, Madrid, febrero.
Small, M. F. (1996): Supina obsesión. La agitada vida amorosa de los bonobos. Muy Interesante, Nº 185, Madrid, octubre.
Strum, Shierley. (1996): Monkey Business. Documental emitido por Canal +, enero
Vienne, G. (1996): Le peuple singe. Documental emitido por TV-2, enero.
Wendt, H. (1981): Del mono al hombre. Editorial Bruguera, S. A., Barcelona.

domingo, 24 de enero de 2010

"QUIERO MI SEXO". Entrevista a Alexandra Rubio por LUZ SÁNCHEZ-MELLADO





"¿Se me nota el bultete?". Álex se está arreglando. Después de la sesión de maquillaje y planchado de melena vienen las piruetas para embutirse los leggins. Ni una arruga. Ni un gramo de grasa. Ni rastro de celulitis. Las cosas como son: con su metro ochenta, su tipazo y la insolencia de sus 20 años, Alexandra Rubio es un pibón. El bulto que le preocupa debe de estar a buen recaudo. Álex estudia en la Escuela de Arte y Diseño de Valencia. Su talento para el dibujo fue decisivo para que sus padres, una modista y un albañil de Hellín (Albacete), accedieran a costearle la carrera fuera de casa. Hoy se muda a esta corrala de Benimaclet. Está que se sale. Eufórica por la novedad y baldada por el traslado. Una montaña rusa emocional. Una balsa de aceite comparada con la travesía en la que se ha embarcado.


Alexandra es una mujer transexual. Tiene disforia de género, un síndrome identificado en el DSM IV y el ICD-10, los catálogos de enfermedades por los que se rigen los facultativos del mundo. Los investigadores aún no saben cómo ni por qué. Pero ocurre. Alexandra nació con pene, testículos -el bultete que camufla entre sus piernas- y el cromosoma masculino XY en su cariotipo. Todo un hombre, el mayor de tres hermanos. Pero su sexo biológico y psicológico no coinciden. En sus pensamientos y en sus sentimientos, siempre fue mujer. Ahora acaba de emprender el viaje sin retorno para, además, parecerlo. Su proceso de reasignación de sexo.
Álex se considera mujer desde que recuerda, pero ya era una adulta de 19 años cuando, después de un proceso de asimilación e investigación personal -"Internet fue mi guía: lo miré todo, lo leí todo, lo pregunté todo"-, se plantó en la consulta de Felipe Hurtado. Otras, y otros, no esperan tanto. Hurtado, psicólogo, es quien diagnostica a los pacientes de la Unidad de Atención a la Transexualidad en la sanidad pública valenciana. De las 120 personas que trata, 10 son menores. Chavales que acudieron a consulta y confesaron el mismo sinvivir. Un conflicto total entre mente y cuerpo. Chicos con genitales masculinos que se sienten mujeres. Chicas con mamas y vagina que se ven hombres hechos y derechos. Criaturas en pleno desarrollo que asisten con horror a la eclosión de sus caracteres sexuales. Unos atributos que no reconocen y llegan a aborrecer hasta el punto de ansiar librarse de ellos. Cueste lo que cueste. Duela lo que duela.
Son adolescentes y jóvenes transexuales. Sí, existen. La cátedra de Transexualidad de la Universidad Libre de Ámsterdam, santuario de los especialistas, habla de un diagnóstico cada 11.900 varones y uno cada 30.400 mujeres. Los nuevos transexuales no son ni más ni menos que antes, pero presentan diferencias respecto a las generaciones anteriores. Disponen de toda la información sobre su síndrome -la relevante, la accesoria y la basura- a un clic de ratón. Cuentan con un grado de apoyo familiar inaudito hace años. Y gozan de derechos adquiridos, posibilidades por las que los mayores pelearon y ellos dan por supuestas. La Ley de Identidad de Género de 2006 permite cambiar de nombre y sexo en el Registro sin tener que acreditar cirugía de reasignación sexual. Y el Catálogo 2006 de Sanidad acepta de hecho, al no excluirla, la atención a las personas transexuales en el Sistema Nacional de Salud.
Algunos de estos chavales no entran siquiera en ningún armario. En cuanto le ponen nombre a lo que les sucede, o antes, cuentan su malestar en casa y piden ayuda a los suyos. Y a quien haga falta. Una chica de 16 años de Barcelona, nacida varón, se sometió en diciembre a una operación para convertir en femeninos sus genitales viriles. Se trata del primer caso de cambio de sexo de un menor en España y uno de los pocos en el mundo. La muchacha puso una demanda judicial para no tener que esperar a la mayoría de edad, y el juez, tras oír a los médicos, dictó a su favor. La adolescente -llamémosla X- cuenta con el apoyo de sus padres. En muchos casos son los propios progenitores quienes llevan a sus hijos al médico al notar algo raro. Cada vez más, cada vez antes. Hace poco, el psicólogo Hurtado vio en consulta a una niña de cuatro años con sus papás alarmados por la querencia de la cría a adoptar roles y juegos masculinos y orinar de pie.
Alexandra ha invitado a desayunar a sus íntimos. Una panda en la que predominan las pintas oscuras, entre Crepúsculo y Tim Burton. Quizá por el talante liberal de su especialidad, Álex no ha sentido rechazo en su facultad. Ni en casa. Un día dio un paso más en la imagen andrógina que cultiva desde niña y fue a clase con falda. Esa noche se lo había contado a su madre por teléfono. "No fue una gran sorpresa para nadie. Me apoyan y me quieren. Era Álex y soy Álex. Han vivido mi cambio en directo". Sus amigos saben que las tres píldoras que toma con el café -un Androcur y dos Meriestra- son parte del peaje que tiene que pagar para parecer por fuera tan femenina como por dentro. Es el tratamiento hormonal cruzado. El Androcur bloquea su testosterona y el Meriestra le proporciona estrógenos para ir adaptando su cuerpo a su mente.
Álex está siguiendo paso a paso el protocolo de actuación establecido en 1979 por la Asociación Harry Benjamin de Disforia de Género, la biblia de los profesionales de la transexualidad. Hurtado la sometió a nueve meses de entrevistas y pruebas clínicas antes de diagnosticarla como idónea para el proceso de reasignación de sexo. Las pastillas -prescritas por el endocrinólogo de la unidad- son la primera etapa de esa carrera de fondo. Sólo tras dos años de terapia y de probar que va por la vida como mujer aunque tenga "paquetico" -el test de la vida real- podrá ponerse en manos de los cirujanos para terminar de feminizar el cuerpo masculino con el que nació. Pero eso ya se verá. "Es una operación complicada y no quiero arriesgarme a perder el placer sexual", dice la interesada, "por ahora estoy bien así".
Sólo lleva tres meses hormonándose y ya se encuentra "más hecha, más yo". "Las pastillas son la bomba", constata. Y enseña una sesión de desnudos que se hizo al iniciar el tratamiento "para ver el antes y el después". Es cierto. Se la ve más mujer. Se le está cayendo el poco vello que tenía. Las caderas se le redondean. Y confiesa sufrir gozosamente ciertos pinchazos en el pecho con resultados tangibles. "Me están saliendo teticas, mira", dice subiéndose la camiseta de "I love zombies" para mostrar los dos bultitos que le brotan en el torso. A este paso, pronto dejará de usar sostenes con relleno.
A Lucía, sin embargo, le comen las prisas. Hace unos meses que su madre le deja llevar sujetador con gel. "Una 80-85, discretitas, ¿a que parecen de verdad?", inquiere señalando la delantera que remata su andrógina silueta. Lucía no desea ser reconocida, pero cuenta su historia sentada con su madre en la trastienda del negocio familiar en Valencia. Una madre separada y su hija adolescente. Pura clase media. Una chica de barrio. Pelo larguísimo a base de extensiones. Espeso maquillaje para camuflar espinillas -y algún cañón de barba-, pestañas sepultadas de rímel, voz angelical plagada de tacos. Una chavala como tantas. Pero no tanto. En la Navidad de 2008, a los 14 años, Lucía escribió una carta a su madre. "Un folio por delante y por detrás" en el que le contaba todo y nada: "Ponía: ?Mamá, siempre hemos estado juntas?, en femenino, en plan indirecta, ?y en esto también tenemos que estar unidas". Pero la receptora no captó el mensaje. La madre pensó que su hijo confesaba ser homosexual. Nada que no sospechara tras una infancia en la que "el nene", el pequeño de dos varones, insistiera en jugar a muñecas, llevar pelo largo, depilarse cara y cuerpo y hablar en femenino. Pero no, no era eso. No tan sencillo.
"Mamá, soy una chica. Una chica de verdad, aunque tenga eso colgando. Pero lo mío tiene arreglo. Ayúdame", le dijo entonces llorando Lucía a su madre. Y le pasó un tocho de información recopilada en horas de buceo en Internet. Allí estaba todo. Foros de todo pelaje, páginas científicas y sórdidas, y una dirección a quince minutos de casa. La Unidad de Atención a la Transexualidad, en el hospital Doctor Peset de Valencia. Allí la llevó su madre después de los "15 o 20 días" que le costó asimilar la "bomba" que le había estallado en casa. "Estoy en el mundo y sé qué es esto. Conozco a una chiquita transexual que venía por la tienda, pero nunca imaginé que lo tendría tan cerca. Estoy asustada", confiesa la madre. "Todos los días doy gracias por estar viva, porque le hago mucha falta. Ella necesita ayuda, y yo también. Ella llora mucho, y yo más, pero mi hija no ha matado a nadie. Ha nacido con esto y voy a ayudarla a subir esta montaña".
La misma cumbre que ha empezado a escalar Alejandra Cruz de la mano de su madre, Gloria García. Lucía y Alejandra no se conocen, pero tienen mucho en común. Ambas tienen 15 años. Ambas cursan tercero de la ESO. Y ambas son pacientes de Hurtado. Alejandra sí quiere salir en las fotos y no entiende por qué, al ser menor, se la retrata con el rostro velado. Ella no tiene nada que ocultar desde que, a los 12 años, les contó a sus padres su "angustia" en la mesa del comedor. "Soy una mujer, no me gusta mi cuerpo y quiero cambiarlo", les dijo. Para entonces, el niño, el varoncito de esta pareja de Cali (Colombia) emigrada a Utiel (Valencia) con otras dos niñas, ya sabía lo que le ocurría. "Desde los nueve años me sentía fatal. A mis amigas les salían los pechos, les venía la regla, y a mí no. Me gustaban los chicos, pero no soy gay; no me atraen como hombre, sino como mujer. Busqué en Internet y en cuanto me metí en foros transexuales, me dije: ?Ésta soy yo".
A Gloria y a su marido les costó más entenderlo. "Era más niña que su hermanas, pero pensábamos que el niño nos salió mariquita", confiesa la madre, una cocinera de 30 años a la que su marido ha sorprendido en este trance. "Él es un colombiano machista y temía su reacción. Pero lo ha aceptado mejor que yo". Ella ha precisado más tiempo. Después de dos años de tumbos por pediatras y psicólogos "que no tenían mucha idea de esto", Gloria y Alejandra acabaron en la consulta de Hurtado. Y empezaron a subir la montaña.
El protocolo de la Harry Benjamin tiene un apartado para niños y adolescentes. Con los pequeños, recomienda el seguimiento y apoyo psicológico del niño y sus padres en el proceso de crecimiento y socialización. Nada más. Se sugiere no reforzar ni reprimir al pequeño para que actúe en un sentido u otro, a la espera de que la pubertad asiente, o no, su inclinación. La asociación aconseja retrasar al máximo la adopción de medidas irreversibles. Según los centros de Ámsterdam y Vancouver, los más experimentados del mundo, sólo el 25% de pacientes de entre seis y 18 años evolucionaron a transexuales. Es preciso realizar un diagnóstico certero, descartando otras posibilidades como homosexualidad o errores de autopercepción.
Si el ansia de cambio persiste en la pubertad, los médicos pueden plantear la posibilidad de paralizar el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios (barba, mamas, regla) del menor. Darle una tregua a la espera de que su madurez mental permita acometer -o no- acciones radicales. Ése es el tratamiento que reciben Lucía y Alejandra. Inyecciones de análogos cada 21 días bloquean su testosterona desde la hipófisis. Lucía lleva tres pinchazos. Alejandra, dos. No notan gran cosa por fuera. Pero sí por dentro. "He empezado el camino, ya queda menos", dicen cada una por su lado.
La vigencia de los análogos no es eterna. "El cuerpo no puede estar indefinidamente sin hormonas, se descalcifica la masa ósea", apunta la endocrinóloga Isabel Esteva, de la Unidad de Trastornos de Identidad de Género (UTIG) del hospital Carlos Haya de Málaga. Seis meses o un año es el límite. Según el protocolo Harry Benjamin, es en torno a los 16 cuando podría iniciarse la terapia hormonal. Estrógenos para feminizar a las chicas. O testosterona para masculinizar a los chicos. Un paso de difícil vuelta atrás. Los ovarios y los testículos se atrofian y quedan estériles. Una decisión dura que precisa del permiso de los padres, y que éstos deben tomar delante de un niño, su hijo, que sufre y quiere acabar ya. El paso final, la cirugía genital, no debe abordarse, según el protocolo Benjamin, hasta los 18.
Lucía y Alejandra son dos del centenar de menores en tratamiento en la sanidad pública. La UTIG de Málaga es el centro pionero. Acaba de cumplir una década. De sus 800 pacientes, 77 son menores, con 15 años de media. La Unidad de Identidad de Género del hospital Clínic de Barcelona ha atendido a 25 menores y tiene a cuatro niños en seguimiento psicológico. En ambos centros, como en Valencia, se sigue al dedillo la doctrina Benjamin. El endocrino Antonio Becerra, responsable de la UTIG de Madrid, con 500 pacientes en 15 años, no prescribe, sin embargo, terapia alguna antes de los 18, más allá de enviar al menor al psicólogo de la unidad. "Me despierta dudas intervenir antes. No hay certezas en este campo, y antes de actuar prefiero no dañar. En mi experiencia, ningún menor transexual ha necesitado con urgencia ningún tipo de tratamiento".
El caso de la chica de Barcelona, o el de la cantante alemana Kim Petras, que logró también autorización judicial para cambiar sus genitales de chico a chica a los 16 años y lo pregona en Internet, ha abierto un debate médico. Iván Mañero, cirujano plástico privado con más de 500 intervenciones de reasignación sexual, fue quien operó a la menor catalana cuando obtuvo permiso judicial. Mañero es desde hace un año quien interviene también a los pacientes de la UIG del Clínic. La unidad, pública, no acomete operaciones hasta los 18. Pero la chica X es su paciente particular, y como tal la operó en Barnaclínic, la zona privada del hospital, y le pasó la correspondiente minuta.
"Cada transexual es un mundo, pero éste es un caso clarísimo, bien diagnosticado y con la cabeza amueblada. Llevaba año y medio hormonándose, ya le había hecho las mamas y estaba lista para acabar el proceso", dice el cirujano, que añade: " Los protocolos Benjamin tienen 30 años. El mundo ha cambiado. En casos claros se podría intervenir antes, en terapia hormonal y en cirugía. Les evitaríamos sufrimiento y los resultados serían más satisfactorios. Es un debate abierto en todas las unidades. He pedido valentía médica a mi equipo. Vamos a asistir a un tsunami de menores: veremos si otros padres no se plantean por qué a esta chica sí y a sus hijos no". El resto de integrantes -psiquiatras, endocrinos y psicólogos- de la UIG del Clínic admiten el debate -"uno más de los muchos en transexualidad"-, pero estiman que "es razonable que las decisiones irreversibles se tomen alcanzada la madurez". Y ésta, opinan, no llega ni a los 16 ni a los 18, cada caso es distinto. Tanto el equipo del Clínic como el de la UTIG de Málaga no entienden "las prisas" en este terreno. "En algo tan delicado, tan irreversible, para toda la vida, no hay por qué ser pionero de nada. Son unos años difíciles, y es más importante apoyarles, enseñarles a vivir en el género que sienten, que correr para cambiarles los genitales", opina la endocrinóloga Esteva.
Los chavales están al día. Conocen el caso de Petras. Y el de la chica X. Paula contesta antes de preguntarle. "Me muero si tengo que esperar a los 18 para operarme. Si no me dejan, iré al juez", declara, retadora, ante la mirada entre comprensiva y espantada de su madre. Lucía y Alejandra están en la edad del pavo. Un pavo salvaje, admiten. Lo quieren todo, y lo quieren ya. "Tengo 15 años, mamá", es la excusa de Lucía cuando suelta una palabrota o se pone a llorar por todo y nada. Si le preguntas qué quiere ser de mayor, dice: "No sé, estoy en mi mundo de pava tonta. Sólo sé que quiero operarme. Odio lo que tengo. No quiero mi vagina para follar, sino para ser yo misma. Ya sé que con eso no acaban mis problemas, pero podré afrontarlos con seguridad". Y vuelve a llorar.
Su coetánea Alejandra Cruz parece más modosa. Por la cuenta que le tiene. Acata los consejos de su madre: "No la dejo salir sola. Me da pánico que la hieran. Ahora que sabemos lo que es, hay que ir poco a poco". Así va. Negociando cada paso. Aún no le dejan ponerse sujetador. Pero hoy ha logrado estos botines de taconazo con los que se tambalea: "Aún no los domino, dame tiempo". Alejandra es una "chica nueva" desde que está en tratamiento. Antes, "la desesperación" la llevó a autohormonarse. A los 14 años. "Miré las dosis en Internet, compré estrógenos en la farmacia y los tomé a escondidas". La bronca -y la amenaza de parar su proceso- que le echó el médico cuando los análisis delataron la presencia de hormonas femeninas en su sangre fue mano de santo. Aun así, su cabeza no descansa. "Este año me pongo pechos en Colombia, que es barato. No puedo esperar a que me toque aquí gratis".
Si la cifra de menores transexuales es aproximada, la de mayores no lo es menos. Pero el efecto de la Ley de Identidad de Género es evidente. En 2004 se autorizaron dos cambios de sexo registral en España. En 2007 hubo 19. Y de enero a septiembre de 2009, últimos datos disponibles, fueron 39. Uno de los últimos fue Lucas Peralbo. Uno de los primeros de 2010 será David.
Lucas y David tampoco se conocen, pero también son almas gemelas. Ambos tienen 20 años. Ambos viven en Madrid. Ambos nacieron mujeres. Ambos se sienten hombres. Y ambos son pacientes de Becerra. Los dos cuentan historias tan similares que parece que se han puesto de acuerdo. Los dos se empeñaban en orinar de pie desde que recuerdan. Los dos detestaban faldas y muñecas. Los dos creían que eran chicos y jugaban y vivían como tales hasta que, "con 10 o 12 años", empezaron a brotarles los pechos y -la aborrecida prueba definitiva- les vino la menstruación. A ambos, admiten, se les cayó el mundo encima cuando -reglamentaria exploración en Internet mediante- atisbaron el vía crucis que les esperaba. Los dos, que nunca estuvieron en el armario porque jamás ocultaron "su naturaleza", cayeron "en el pozo". Y a los dos, admiten, les sacaron de él sus propias madres. "A hostias", precisa David, gráfico.
David y Lucas acudieron con ellas al hospital Ramón y Cajal, sede de la UTIG de Madrid, y tuvieron que esperar a los 18 años para iniciar la terapia hormonal. Parches o píldoras de testosterona que, en el caso de David, le han procurado un exuberante vello "a lo X-Men", y en el de Lucas, la fina perilla que perfila su mandíbula. David, cajero de supermercado e hijo de porteros, lleva 18 meses de terapia. Cuenta los días para poder operarse. El calendario impone. Una mastectomía para librarse de los senos. Una histerectomía para quitarse útero y ovarios y, el peldaño final y más difícil, una faloplastia -creación en su zona genital de un pene realizado con piel y músculo de su brazo- para poder orinar de pie y tener relaciones sexuales completas con ayuda de una prótesis.
Lucas, teleoperador hijo de una limpiadora y un empleado de aeropuerto, podría operarse ya. Lleva más de dos años de terapia hormonal y su cuerpo está preparado. Su mente, no tanto. Se quitó enseguida las mamas -"en un cirujano privado, por 4.500 euros, para dejar de estrujármelas bajo fajas de neopreno"-, pero "lo de abajo" es otra cosa. Le da pavor. Tiene tal asco a sus genitales femeninos que sólo la palabra citología le da arcadas. No quiere oír hablar de ellos. Muchísimo menos tocarlos. Lucas, nacido Laura, dice no haber tenido un orgasmo en su vida. "Nunca me he tocado, me repugna el hecho de pensar en esa parte, ni permito que mis parejas me toquen".
-¿Y qué sacas de tus relaciones sexuales?
-El placer de satisfacer plenamente a una mujer como el hombre que soy.
-¿Y tú?
-Yo a veces me aburro, para qué nos vamos a engañar. Pero no me quejo. Estoy en el camino. Todo llegará, supongo.
Suena duro. Durísimo. Seguro que lo es. Pero estos chicos no transmiten infelicidad. Al contrario. Rezuman una mezcla de euforia, realismo y esperanza. Ahí está Álex, la artista, y su éxito con los chicos, acreditado por sus amigos. "Cuando llega la hora de la verdad, digo lo mío, y hasta ahora no he sufrido rechazo, la gente es educada. Otra cosa es encontrar pareja". O Lucas y su narcisismo súbito: "No me canso de mirarme al espejo. Ahora me gusto, por fin me veo como me siento". O Alejandra y el descaro de sus 15 años: "Aún no lo he hecho del todo. Esperaré a tener mi vagina. Pero rollos, sí, claro. No hace falta decir nada. De noche todos los gatos son pardos", pontifica, precoz. Están en la edad. Tienen pavo doble, o triple. El cronológico, el que les proporciona el colocón de hormonas, y el subidón que les produce empezar a vivir como sienten.
Tampoco engañan a nadie. Todos llevan su cuota de sufrimiento encima. Casi todos -David, Lucía, Alejandra- prefieren "morir en el quirófano" a vivir en una cárcel, su propio cuerpo, "una vida que no es vida". Algunos, como Lucas, sienten lo suyo como "una putada de la naturaleza". Y eso que los chavales que aquí aparecen están hiperseleccionados. Se han reconocido como transexuales. Han pedido ayuda. Están en tratamiento. Tienen apoyo familiar. Y el suficiente coraje para contar su historia al mundo. Los problemas, que los tienen, y muchos, les hacen fuertes. Los informes médicos no valen en la calle ni en el patio del colegio. "Claro que me insultan", confiesa tierna y procaz Lucía. "Cuando empecé a ir de chica, como estoy buena, había alguna que me gritaba: ?¡Lucía tiene rabooo!?. Pero yo me volvía tranquila y contestaba: ?Cállate, hija de puta?. En esto, si te achantas, te hunden. Y a mí no me hunde nadie. Tengo ovarios, aunque no los tenga". Y ahí está David, que los tiene y los abomina, capaz de lucir "las barbas de Bin Laden" y una insignia con el nombre de Verónica cobrando a las señoras en el súper.
Tienen el futuro por delante. Se debaten entre la frustrante sensación de tener la "vida aparcada, esperando el cambio", como Lucas, y la euforia de querer comérselo "todo, todo y todo", como Álex. En cierto modo, son afortunados. Ésta puede ser la primera generación de transexuales que disfrute, y sufra, la vida lejos de la sordidez y la marginación a la que estuvieron condenados muchos de sus mayores. Cuando Manolita Chen, nacida Antonio Saborido, recorría España con su Teatro Chino, ellos no habían nacido. Ni cuando Bibiana Fernández -entonces Bibi- fascinaba a España con su misterio en los años ochenta. Pero sí han llegado a tiempo para beneficiarse de la lucha de activistas como Carla Antonelli. La actriz canaria, espléndida en la cincuentena, no disimula su orgullo cuando se le comunica que su página -carlaantonelli.com- es citada por casi todos estos chavales como el faro que les iluminó en la búsqueda de su identidad en Internet. Crecieron en el momento justo para ver en la tele a Amor, o Nicky, concursantes transexuales de Gran Hermano. Referentes polémicos, pero referentes. Espejos -aunque sean deformados- en los que mirarse. Es muy posible que Lucas, Álex, Alejandra, David y Lucía tengan problemas en el trabajo, en el amor, en la vida. Pero es probable que no estén condenados al ostracismo o la prostitución, que era el horizonte de muchos hombres y mujeres transexuales de no hace tanto. Consciente de su suerte histórica, Lucía expresa gráficamente su falta de vocación para el activismo: "Les estoy muy agradecida, pero no quiero ir a ninguna asociación ni nada de eso. Me deprime. Yo no soy un travelo. Soy una chica que va por la calle, como tú".
Sigue la cháchara en Benimaclet. En medio del guirigay suena el timbre. Es la anciana dueña de la casa, que viene a conocer a la inquilina. "Perdone el desorden", se disculpa Álex, y le entrega una fotocopia del DNI para el contrato. "Ay, xiqueta, qué gusto ver tanta juventud. Veinte años, quién los pillara, filla meua", repone la casera. Ni ha mirado el carné. Nadie diría que la o de Alejandro ha mutado en a. Para algo la titular es la reina del Photoshop. "En un año tendré mi carné con mi nombre y mi sexo real", dice Álex. "Hasta entonces, mejor una mentirijilla piadosa a que le dé un telele a la abuelica".

miércoles, 17 de septiembre de 2008

"¿Podremos vivir juntos?" por ALAIN TOURAINE






El presente fragmento pertenece al libro "Podremos vivir juntos", Alain Touraine
(FCE, Buenos Aires 1998)



Las informaciones, como los capitales y las mercancías, atraviesan las fronteras. Lo que estaba alejado se acerca y el pasado se convierte en presente. El desarrollo ya no es la serie de etapas a través de las cuales una sociedad sale del subdesarrollo, y la modernidad ya no sucede a la tradición; todo se mezcla; el espacio y el tiempo se comprimen. En vastos sectores del mundo se debilitan los controles sociales y culturales establecidos por los estados, las iglesias, las familias o las escuelas, y la frontera entre lo normal y lo patológico, lo permitido y lo prohibido, pierde su nitidez. ¿No vivimos en una sociedad mundializada, globalizada, que invade en todas partes la vida privada y pública de la mayor cantidad de personas? Por lo tanto, la pregunta planteada, "¿podremos vivir juntos"? , parece exigir en primer lugar una respuesta simple y formulada en presente: ya vivimos juntos. Miles de millones de individuos ven los mismos programas de televisión, toman las mismas bebidas, usan la misma ropa y hasta emplean, para comunicarse de un país a otro, el mismo idioma. Vemos cómo se forma una opinión pública mundial que debate en vastas asambleas internacionales, en Río o en Pekín, y que en todos los continentes se preocupa por el calentamiento del planeta, los efectos de las pruebas nucleares o la difusión del sida.

¿Basta con ello para decir que pertenecemos a la misma sociedad o la misma cultura? Ciertamente no. Lo característico de los elementos globalizados, ya se trate de bienes de consumo, medios de comunicación, tecnología o flujos financieros, es que están separados de una organización social particular. El significado de la globalización es que algunas tecnologías, algunos instrumentos, algunos mensajes, están presentes en todas partes, es decir, no están en ninguna, no se vinculan a ninguna sociedad ni a ninguna cultura en particular, como lo muestran las imágenes, siempre atractivas para el público, que yuxtaponen el surtidor de nafta y el camello, la Coca Cola y la aldea andina, el blue yean y el castillo principesco. Esta separación de las redes y las colectividades, esta indiferencia de los signos de la modernidad al lento trabajo de socialización que cumplen las familias y las escuelas, en una palabra, esta desocialización de la cultura de masas, hace que sólo vivamos juntos en la medida en que hacemos los mismos gestos y utilizamos los mismos objetos, pero sin ser capaces de comunicarnos entre nosotros más allá del intercambio de los signos de la modernidad. Nuestra cultura ya no gobierna nuestra organización social, la cual, a su vez, ya no gobierna la actividad técnica y económica. Cultura y economía, mundo instrumental y mundo simbólico, se separan.

En lugar de que nuestras pequeñas sociedades se fundan poco a poco en una vasta sociedad mundial, vemos deshacerse ante nuestros ojos los conjuntos a la vez políticos y territoriales, sociales y culturales, que llamábamos sociedades, civilizaciones o simplemente países. Vemos cómo se separan, por un lado, el universo objetivado de los signos de la globalización y, por el otro, conjuntos de valores, de expresiones culturales, de lugares de la memoria que ya no constituyen sociedades en la medida en que quedan privados de su actividad instrumental, en lo sucesivo globalizada, y que, por lo tanto, se cierran sobre sí mismos dando cada vez más prioridad a los valores sobre las técnicas, a las tradiciones sobre las innovaciones.

A fines del siglo pasado, en plena industrialización del mundo occidental, los sociólogos nos enseñaron que pasábamos de la comunidad, encerrada en su identidad global, a la sociedad, cuyas funciones se diferenciaban y racionalizaban. La evolución que hoy vivimos es casi la inversa. De las ruinas de las sociedades modernas y sus instituciones salen por un lado redes globales de producción, consumo y comunicación y, por el otro, crece un retorno a la comunidad. Habíamos sido testigos del ensanchamiento del espacio público y político; ¿no se desintegra ahora bajo los efectos opuestos de la tendencia a la privatización y el movimiento de globalización?

Es cierto que vivimos un poco juntos en todo el planeta, pero también lo es que en todas partes se fortalecen y multiplican los agrupamientos comunitarios, las asociaciones fundadas en una pertenencia común, las sectas, los cultos, los nacionalismos, y que las sociedades vuelven a convertirse en comunidades al reunir estrechamente en el mismo territorio sociedad, cultura y poder, bajo una autoridad religiosa, cultural, étnica o política a la que podría llamarse carismática porque no encuentra su legitimidad en la soberanía popular o la eficacia económica y ni siquiera en la conquista militar, sino en los dioses, los mitos o las tradiciones de una comunidad. Cuando estamos todos juntos, no tenemos casi nada en común, y cuando compartimos unas creencias y una historia rechazamos a quienes son diferentes de nosotros.

Sólo vivimos juntos al perder nuestra identidad; a la inversa, el retorno de las comunidades trae consigo el llamado a la homogeneidad, la pureza, la unidad, y la comunicación es reemplazada por la guerra entre quienes ofrecen sacrificios a dioses diferentes, apelan a tradiciones ajenas u oponen las unas a la otras, y a veces hasta se consideran biológicamente diferentes de los demás y superiores a ellos. La idea tan seductora del melting pot mundial que haría de nosotros los ciudadanos de un mundo unido no merece ni el entusiasmo ni los insultos que suscita con tanta frecuencia; está tan alejada de la realidad observable, aun en los Estados Unidos, que no es otra cosa que la ideología muelle de los empresarios de espectáculos mundiales.

Quienes hablan de imperialismo estadounidense u occidental en lugar de globalización cometen el mismo error que los moralistas optimistas, en la medida en que la sociedad estadounidense es una de las más disociadas que existen, entre redes globales y comunidades cerrada sobre sí mismas. Si bien muchas redes mundiales tienen su centro en Los Angeles, esta zona urbana no es ni una ciudad ni una sociedad sino un conjunto de guetos o comunidades ajenas las unas a las otras, atravesadas por autopistas. Aunque esto también se da en Nueva York, esta ciudad presenta todavía las formas de vida urbana que las civilizaciones pasadas legaron en todos los continentes, y en especial en Europa. Cromo el imaginario vehiculizado por las comunicaciones masivas es cada vez más de origen americano, una parte de nosotros se americaniza, como mañana podría japonizarse o pasado mañana brasileñizarse, y ello con tanta más facilidad porque esas imágenes no se transforman en modelos de conducta y en motivaciones: cuando más masivamente y sin relevos sociales se transmite un mensaje, menos modifica las conductas. Es inmensa la distancia entre los habitantes de los tugurios de Calcuta o de una aldea perdida del altiplano boliviano y las películas de Hollywood que ven. Lo que hay que percibir no es una mutación acelerada de las conductas sino la fragmentación creciente de la experiencia de individuos que pertenecen simultáneamente a varios continentes y varios siglos: el yo ha perdido su unidad, se ha vuelto múltiple.

¿Cómo podremos vivir juntos si nuestro mundo está dividido en al menos dos continentes cada vez más alejados entre sí, el de las comunidades que se defienden contra la penetración de los individuos, las ideas, las costumbres provenientes del exterior, y aquel cuya globalización tiene como contrapartida un débil influjo sobre las conductas personales y colectivas?

Algunos responderán que siempre fue así, que todas las sociedades conocieron una oposición entre la calle y la casa, como dicen los brasileños, entre la vida pública y la vida privada. La idea clásica de laicismo separaba y combinaba el espacio público que debía estar regido por la ley del padre y la razón, y el espacio privado en que podía mantenerse la autoridad de la madre, la tradición y las creencias. Pero esta complementariedad descansaba a la vez sobre la extensión limitada de la vida pública y el mantenimiento de géneros de vida locales, y sobre una jerarquización social que reservaba esa vida pública a las categorías superiores; una y otra desaparecieron. La cultura de masas penetra en el espacio privado, ocupa una gran parte de él y, como reacción, refuerza la voluntad política y social de defender una identidad cultural, lo que conduce a la recomunitarización. La desocialización de la cultura de masas nos sumerge en la globalización pero también nos impulsa a defender nuestra identidad apoyándonos sobre grupos primarios y reprivatizando una parte y a veces la totalidad de la vida pública, lo que nos hace participar a la vez en actividades completamente volcadas hacia el exterior e inscribir nuestra vida en una comunidad que nos impone sus mandamientos. Nuestros sabios equilibrios entre la ley y la costumbre, la razón y la creencia, se derrumban como los estados nacionales, por un lado invadidos por la cultura de masas y por el otro fragmentados por el retorno de las comunidades. Nosotros, que desde hace mucho estamos acostumbrados a vivir en sociedades diversificadas, tolerantes, en que la ley garantiza las libertades personales, nos sentimos más atraídos por la sociedad de masas que por las comunidades, siempre autoritarias. Pero el vigoroso retorno de éstas se observa también en nuestras sociedades, y lo que llamamos prudentemente minorías tiende a afirmar su identidad y a reducir sus relaciones con el resto de la sociedad.

Estamos atrapados en un dilema. O bien reconocemos una plena independencia a las minorías y las comunidades y nos contentamos con hacer respetar las reglas de juego, los procedimientos que aseguran la coexistencia pacífica de los intereses, las opiniones y las creencias, pero renunciamos entonces, al mismo tiempo, a la comunicación entre nosotros, puesto que ya no nos reconocemos nada en común salvo no prohibir la libertad de los otros y participar con ellos en actividades puramente instrumentales, o bien creemos que tenemos valores en común, más bien morales, como estiman los estadounidenses, más bien políticos, como estiman los franceses, y nos vemos llevados a rechazar a quienes no los comparten, sobre todo si les atribuimos un valor universal. O bien vivimos juntos sin comunicarnos de otra manera que impersonalmente, por señales técnicas, o bien sólo nos comunicamos dentro de comunidades que se cierran tanto más sobre sí mismas por sentirse amenazadas por una cultura de masas que les parece ajena. Esta contradicción es la misma que vivimos durante nuestra primera gran industrialización, a fines del siglo XIX y hasta la guerra de 1914. La dominación del capital financiero internacional y la colonización entrañó el ascenso de los nacionalismos comunitarios, a la vez en países industriales como Alemania, Japón o Francia, y en países dominados, cuyas revoluciones antiimperialistas a menudo habrían de conducir, en el transcurso del siglo XX, a comunitarismos totalitarios.

¿Estamos ya reviviendo la historia de esa ruptura de las sociedades nacionales en beneficio, por un lado, de los mercados internacionales y, por el otro, de los nacionalismos agresivos? Esta ruptura entre el mundo instrumental y el mundo simbólico, entre la técnica y los valores, atraviesa toda nuestra experiencia, de la vida individual a la situación mundial. Somos a la vez de aquí y de todas partes, es decir, de ninguna. Se debilitaron los vínculos que, a través de las instituciones, la lengua y la educación, la sociedad local o nacional establecía entre nuestra memoria y nuestra participación impersonal en la sociedad de producción, y nos quedamos con la gestión, sin mediaciones ni garantías, de dos órdenes separados de experiencia. Lo que hace pesar sobre cada uno de nosotros una dificultad creciente para definir nuestra personalidad que, en efecto, pierde irremediablemente toda unidad a medida que deja de ser un conjunto coherente de roles sociales. Con frecuencia, esa dificultad es tan grande que no la soportamos y procuramos escapar a un yo demasiado débil, demasiado desgarrado, mediante la huida, la autodestrucción o la diversión agotadora.

Lo que denominábamos política, la gestión de los asuntos de la ciudad o la nación, se desintegró de la misma manera que el yo individual. Gobernar un país consiste hoy, ante todo, en hacer que su organización económica y social sea compatible con las exigencias del sistema económico internacional, en tanto las normas sociales se debilitan y las instituciones se vuelven cada vez más modestas, lo que libera un espacio creciente para la vida privada y las organizaciones voluntarias. ¿Cómo podría hablarse aún de ciudadanía y de democracia representativa cuando los representantes electos miran hacia el mercado mundial y los electores hacia su vida privada? El espacio intermedio ya no está ocupado más que por llamamientos cada vez más conservadores a valores e instituciones que son desbordadas por nuestras prácticas.

Los medios ocupan un lugar creciente en nuestra vida, y entre ellos la televisión conquistó una posición central porque es la que pone más directamente en relación la vivencia más privada con la realidad más global, la emoción ante el sufrimiento o la alegría de un ser humano con las técnicas científicas o militares más avanzadas. Relación directa que elimina las mediaciones entre el individuo y la humanidad y, al descontextualizar los mensajes, corre el riesgo de participar activamente en el movimiento general de desocialización. La emoción que todos experimentamos ante las imágenes de la guerra, el deporte o la acción humanitaria no se transforma en motivaciones y tomas de posición. No somos espectadores mucho más comprometidos cuando miramos los dramas del mundo que cuando observamos la violencia en el cine o la televisión. Una parte de nosotros mismos se baña en la cultura mundial, mientras que otra, privada de un espacio público en el que se formen y apliquen las normas sociales, se encierra, ya sea en el hedonismo, ya en la búsqueda de pertenencias inmediatamente vividas. Vivimos juntos, pero a la vez fusionados y separados, como en la "muchedumbre solitaria" evocada por David Riesman, y cada vez menos capaces de comunicación. Ciudadanos del mundo sin responsabilidades, derechos o deberes por una parte y, por la otra, defensores de un espacio privado que invade un espacio público sumergido por las olas de la cultura mundial. Así se debilita la definición de los individuos y los grupos por sus relaciones sociales, que hasta ahora dibujaba el campo de la sociología, cuyo objeto era explicar las conductas mediante las relaciones sociales en las cuales estaban implicados los actores.

Aún ayer, para comprender una sociedad procurábamos definir sus relaciones sociales de producción, sus conflictos, sus métodos de negociación; hablábamos de dominación, de explotación, de reforma o de revolución. Hoy sólo hablamos de globalización o exclusión, de distancia social creciente o, al contrario, de concentración del capital o de la capacidad de difundir mensajes y formas de consumo. Habíamos adquirido la costumbre de situarnos unos con respecto a otros en escalas sociales, de calificación, de ingresos, de educación o de autoridad; hemos reemplazado esa visión vertical por una visión horizontal: estamos en el centro o en la periferia, adentro a afuera, en la luz o en la sombra. Localización que ya no recurre a unas relaciones sociales de conflicto, cooperación o compromiso y da una imagen astronómica de la vida social, como si cada individuo y cada grupo fueran una estrella o una galaxia definida por su posición en el universo.

La experiencia cotidiana de esta disociación creciente entre el mundo objetivado y el espacio de la subjetividad sugiere en primer lugar unas respuestas que hay que mencionar, aunque no aporten una contestación a las preguntas: ¿Cómo puedo comunicarme con otros y vivir con ellos? ¿Cómo podemos combinar nuestras diferencias con la unidad de una vida colectiva?

La primera respuesta, la más débil, es la ya mencionada: procura hacer revivir los modelos sociales pasados. Apela a la conciencia colectiva y la voluntad general, a la ciudadanía y la ley. ¿Pero cómo puede detener el doble movimiento de globalización y privatización que debilita las antiguas formas de vida social y política? Aunque los estadounidenses, como neotocquevillianos, hablen de valores morales, o los franceses, como neorrepublicanos, de ciudadanía, se trata más de rechazos que de afirmaciones y, por consiguiente, de ideologías que, creadas para acoger, conducen a excluir a quienes no las reivindican.

La segunda respuesta se opone a la primera. No sólo hay que aceptar esta ruptura que ustedes parecen deplorar, nos dice, sino acelerarla y vivirla como una liberación. Dejamos de ser definidos por nuestra situación social e histórica: tanto mejor; nuestra imaginación creadora ya no tendrá límites, podremos circular libremente por todos los continentes y todos los siglos; somos posmodernos. Como la disociación de la instrumentalidad y la identidad está en el corazón de nuestra experiencia personal y colectiva, de alguna manera, en efecto, todos somos posmodernos. En primer lugar, porque creemos cada vez menos en la vocación histórica de una clase o una nación, en la idea de progreso o en el fin de la historia, y porque nuestra reivindicación, como lo decía un ecologista en una de nuestras investigaciones, ya no es vivir mañana mejor que hoy, sino de otra manera. Sin embargo, la seducción de lo posmoderno no es grande salvo cuando se ejerce en dominios cercanos a la expresión cultural; se debilita cuando se aproxima a las realidades sociales, puesto que si la decadencia de lo político se acepta sin reservas, sólo el mercado regulará la vida colectiva. Si aceptamos la desaparición de los controles sociales de la economía, ¿cómo evitar que el fuerte aplaste al débil o que aumente la distancia entre el centro y la periferia, como podemos notarlo ante nuestros ojos en las sociedades más liberales? Atrayente cuando apela al debilitamiento de las normas y pertenencias, el elogio del vacío nos deja sin defensa frente a la violencia, la segregación, el racismo, y nos impide establecer comunicaciones con otros individuos y otras culturas.

Para superar la oposición insoportable entre quienes no quieren más que la unidad y quienes no buscan sino la diversidad, entre quienes sólo dicen "nosotros", con el riesgo de excluir a lo que se denomina las minorías, y quienes no dicen más que "yo" o "eso" y se prohiben toda intervención en la vida social, toda acción en nombre de la justicia y la equidad, se conformó una tercera respuesta, a la que podría llamarse inglesa, por corresponder tan bien a la tradición que desde hace mucho ilustra la política británica. Para vivir juntos y seguir siendo al mismo tiempo diferente, respetemos un código de buena conducta, las reglas del juego social. Esta democracia "procedimental" no se contenta con reglas formales; asegura el respeto de las libertades personales y colectivas, organiza la representación de los intereses, da forma al debate público, institucionaliza la tolerancia. Con esta concepción se asocia la idea, lanzada en Alemania por Jünger Habermas, de un patriotismo de la constitución. La conciencia de pertenecer a la sociedad alemana ya no debe ser la de formar parte de una comunidad de destino cultural e histórico, sino la de ser miembro de una sociedad política que respeta los principios de libertad, justicia y tolerancia proclamados y organizados por la constitución democrática.

Esta respuesta, como lo reconoció el mismo Habermas, tiene las ventajas y los inconvenientes de las soluciones minimalistas. Protege la coexistencia, no asegura la comunicación. Aun cuando va más allá de la mera tolerancia y reconoce positivamente en cada cultura un movimiento hacia lo universal, la creación y expresión de la significación universal de una experiencia particular, deja sin solución el problema de la comunicación. Nos coloca frente a los otros como frente a las vitrinas de un museo. Reconocemos la presencia de culturas diferentes de la nuestra, su capacidad de enunciar un discurso sobre el mundo, el ser humano y la vida, y la originalidad de esas creaciones culturales nos impone respeto y nos incita además a conocerlas; pero no nos permite comunicarnos con ellas, vale decir, vivir en la misma sociedad que ellas. Nos sitúa en caminos paralelos desde los que, en el mejor de los casos, sólo podemos saludarnos cordialmente; no facilita la interacción, del mismo modo que el hecho de saber que el chino es una lengua de cultura no nos ayuda a conversar con los chinos si no hemos aprendido el idioma.

Esta respuesta, por lo tanto, es poco eficaz contra los peligros que la amenazan, de la misma manera que la democracia política del siglo pasado se reveló poco eficaz para impedir la proletarización y la explotación de los trabajadores, la destrucción y la inferiorización de las culturas colonizadas. Quienes recurren a la primera de las respuestas evocadas aquí no se equivocan al recordar a esos liberales moderados y tolerantes la necesidad de valores e instituciones comunes cuando se trata de resistir a la barbarie, al totalitarismo, al racismo, a los efectos de una grave crisis económica.

jueves, 7 de agosto de 2008

"Desconstruyendo la normalidad masculina" por Luis Bonino Méndez


-Apuntes para una "psicopatología" de género masculino-





Estos apuntes están sustentados en algunas ideas que varias/os autores/as están desarrollando en los ultimos años acerca de la construcción de las subjetividades femenina y masculina y sus malestares específicos, articulando la perspectiva de las relaciones de género y el psicoanálisis (1). Desde estas ideas se entiende a dichas subjetividades como instituidas por la implantación exógena (figuras de apego y cultura) de la masculinidad y feminidad existentes en la cultura, y construidas por metabolización subjetiva individual de lo implantado. Dos conceptos centrales en estas perspectivas son que la masculinidad y la feminidad - con sus mitologías, valores y significados- preexisten al sujeto, y que el género como identidad adjudicada y no el sexo, surge como organizador privilegiado del psiquismo humano, haciéndolo a través de la normativa hegemónica de género (Nhg) (2).

Hablar de la Nhg, concepto central para estos apuntes, supone pensar en un corpus construido sociohistóricamente, de producción ideológica pero naturalizado y formado básicamente por ideales o ideas-base que se expresan a través de creencias matrices (3) sobre el ser/deber ser mujer o varón , creencias a su vez generadoras de mandatos imperativos prescriptivos (deber ser) y proscriptivos (no deber ser) que requieren ser cumplidos para reconocerse con una identidad (femenina o masculina) valiosa para sí.

Al ser la Nhg un operador marcado -como todos los productos de la cultura patriarcal- por la dicotomía y la desigualdad inferiorizadora de lo femenino y las mujeres , organiza la producción/reproducción de esas identidades para que las masculinas sean dominantes e "independientes" y las femeninas fragilizadas y dependientes y sin diversidad posible. Y es por ello también un factor básico en la reproducción/perpetuación de la injusticia distributiva contra las mujeres de los tiempos, espacios y funciones sociales .

¿Normalidad masculina?

En el campo de la salud mental estas conceptualizaciones se están utilizado no sólo para comprender la construcción subjetiva sino también para transformar los esquemas a partir de los cuales se entienden y abordan los sufrimientos de las personas. Sin embargo, en la práctica el mayor énfasis ha estado puesto hasta ahora en desconstruir las ideas sobre el "continente negro" de la feminidad , la causación de los malestares y psicopatologías de las mujeres, y en cambiar sus abordajes terapéuticos.

En cambio, el "continente blanco" de la masculinidad como tal ha permanecido casi intocable, situación que no es de extrañar, ya que lo masculino y sus valores sigue tomándose, aún en el ámbito de la salud mental, como paradigma de normalidad, salud, madurez y autonomía, y por tanto no requieren interrogación.

Pensada esta situación desde la perspectiva de las relaciones de género podemos comprobar que, a pesar de los importantes cambios de los ultimos años en la redistribución de valores y prácticas entre los géneros, aún hoy hay un eje en la relación entre mujeres y varones que permanece virtualmente intacto en nuestra cultura occidental y democrática : la distribución dicotómica injusta para las mujeres del espacio simbólico de la salud/enfermedad mental(4). Por dicha distribución milenaria las mujeres (y la feminidad) siguen siendo "el" problema, las depositarias por tanto de la "anormalidad"/patología/locura y las receptoras pasivas de las definiciones masculinas sobre su ser.

Y esto es así porque los varones (y la masculinidad) se colocan (y son colocados) desde el inicio de Occidente como los propietarios de la "normalidad"/salud./cordura. Por tanto ellos no constituyen problema , sus teorías y prácticas de sí son la unidad ideal y única de medida de lo humano y desde ellas se producen las normas que definen lo "normal". Y por esto sus quehaceres quedan incuestionados y silenciadas por "normales" (excepción hecha con algunos varones tales como los homosexuales, los "impotentes" sexuales u otros que por ser definidos como "poco hombres", quedan por ello más cerca de lo femenino, y por tanto pueden ser problematizados y anormalizados)

Esta distribución impregna todos los ámbitos , y por supuesto también el de la salud mental.

Pero,cuando ponemos a los varones y a la masculinidad del lado del modelo, del ideal , de la normalidad, ¿ de qué normalidad hablamos?:¿la de los sujetos que son los que tienen los problemas de más relevancia en la Salud Pública ( mucho más frecuentemente que las mujeres): alcoholismo , drogodependencias, suicidios, y los relacionadas con el estilo de vida(cánceres, Sida, infartos, accidentes y muertes por violencia) ?. ¿La de aquellos que ejercen,(mucho más que las mujeres) solos y en grupo, las mil formas de descuidos,abusos y violencias hacia las personas cercanas y lejanas, desde la misoginia y la homofobia hasta la violación a niños y la desaparición de disidentes?(5). ¿ La de una masculinidad cuyos valores preferentes están en la base de dichas problemáticas?.

Pese a la evidencia de la epidemiología, la clínica y lo cotidiano, el poder de la milenaria creencia en el varón como modelo de lo humano (y por tanto de salud y normalidad) es tal que invisibiliza las "anormalidades" y psicopatologías masculinas que quedan así innombradas e impensadas. Así, la "anormalidad" sigue quedando del lado de las mujeres , su patologización-descalificación psiquica es la regla, y la invisibilización de lo "anormal"/patológico masculino se perpetúa.

Se da así la paradoja que si bien, como veremos, la patología de género masculino es profusa, ella (y sobre todo la que provoca sufrimiento y/o daño a las demás personas) casi no es considerada dominio de ninguna teoría sobre la patología mental y tampoco los varones aparecen como sujetos motivo de estudio y tratamiento específico .

Pensemos por ejemplo en las nosografías psicopatológicas clásicas: en ellas los varones como tales habitualmente no son nombrados . Sí hay patologías y problemáticas que se nombran , remarcan y estudian como predominantemente femeninas (histeria, fobias sociales, masoquismo, anorexia-bulimia…). En cambio, las predominantemente masculinas (drogodependencias, alcoholismo, suicidio consumado, bulling, sadismo, perversiones, n.obsesiva… ) no se nombran como tales y se definen así como propias de todas las personas invisibilizándose la predominancia de los varones en ellas. En otras patologías los varones quedan ausentes, a pesar de padecerlas, al no incluirse en su descripción los modos particulares de expresión masculina del malestar (principalmente la depresión).

El sistema psicoanálisis/psicoanalistas no está ajeno a la invisibilización de lo masculino problemático y a la perpetuación del eje "normalidad" masculina/"anormalidad" femenina ¿porqué los masoquismos" femeninos" son el eje de enorme número de trabajos teóricos y clínicos, y los sadismos "masculinos" no interesan a casi nadie? ¿Porqué en las viñetas clínicas de los trabajos que habitualmente leemos, aunque a veces se nombra a los varones, se lo hace casi exclusivamente desde su lugar de hijos en el omnicausal Edipo; y el varón genérico, más allá de padre o hijo está ausente, y el hecho de serlo no es tenido generalmente en cuenta en la producción de patologías?. O simplemente ¿porqué el tono verbal con que se nombra a "la" histérica o a "la mujer fálica" en cualquier lugar de trabajo profesional es siempre mucho menos benevolente y más descalificador que aquél con el que se habla de "el" obsesivo?.

Los estudios de las relaciones de género han contribuido enormemente a comprender el sufrimiento femenino, a estudiar sus trastornos de género y a despatologizar/despsiquiatrizar a las mujeres.Y esto ha sido posible porque la feminidad ha sido entendida como una construcción de la cultura patriarcal, y que por ello puede/debe ser desconstruida/reconstruida en lo simbólico de la cultura y de cada sujeta/o, para evitar su reificación y modificar su poder patógeno.

Creo que del mismo modo se debe/puede utilizar dichos estudios, así como los estudios (auto)críticos de varones de ellos derivados (6), para comenzar a problematizar y descontruir la ilusoria normalidad masculina y nombrar lo patológico silenciado, es decir, desnormalizar/patologizar a los varones (y a la masculinidad) y entregarles, de la "anormalidad"/patología humana, el trozo que les corresponde. No sólo para hacer un aporte desde una ética de la igualdad de género, a fin de reequilibrar la distribución injusta de la normalidad en favor de los varones, sino también para poder encuadrar, investigar y poder transformar las problemáticas de la masculinidad, ella también una construcción

Abordando las invisibles "anormalidades" masculinas.

En los últimos años he comenzado a interesarme en la tarea de desconstrucción de la "normalidad" de los varones, y lo he ido haciendo desde una doble vertiente:

Por un lado, he intentado poner en palabras algo de lo masculino problemático silenciado. Para ello fui conformando un listado visibilizador de problemáticas masculinas con la ayuda de la lente de género, aplicada a la epidemiología, las noticias, la escucha de casos, las investigaciones sobre la construcción de la subjetividad masculina,la descripción de casos clínicos de la literatura psicoanalítica donde el sujeto de estudio es varón, y la definición de algunos "sindromes" masculinos que aparecen en la bibliografía anglosajona sobre varones (7)

Por otro lado, estoy procurando estructurar un esbozo de sistema que permita organizar/clasificar lo encontrado, que pueda servir de base para seguir indagando en lo oculto masculino, y que tenga además alguna operatividad clínica. Sabiendo que todo sistema clasificador en salud mental tiene implícita una concepción sobre la causalidad y la cura/transformación, mi preocupación fue que dicho sistema y sus ejes estuvieran sostenidos explícitamente por las concepciones causales y transformadoras derivadas de la la articulación estudios de género/psicoanálisis, que es el marco que estoy utilizando. Para ello,dentro de dicho marco estuve buscando algúnos organizadores que permitieran discriminar las problemáticas entre sí, para poder nombrarlas y operar sobre ellas. Y opté por dos.

El primero, un articulador ético: las propuestas de igualdad y reciprocidad en las relaciones inter e intragenéricas. Sabemos que la perspectiva de género ha cuestionado el androcentrismo ( blanco-burgués-euro-cristianocentrismo) de la cultura, definiendo a las relaciones de género como relaciones de desigualdad y dominación donde los varones (algunos) y los valores masculinos dominan, y planteando que esto debe ser transformado. Desde esta óptica la supremacía masculina no puede ser definida como "normal" o deseable . Ya que los varones son los portadores de estas prácticas de dominación, el articulador que propongo permite incluir como problemáticas masculinas, no sólo los propios malestares- de los que ya algo se habla-, sino además lo que llamo abusos de poder inter e intragenérico, maltratos o "molestares" (8) (comportamientos que producen molestia, sufrimiento o daño a las demás personas), y también los comportamientos de indiferencia abandonante(7).

El segundo, un articulador teórico/clínico: las creencias y mandatos sobre el género. Lo elegí por un doble motivo. El primero, porque es consonante con la conceptualización de que la masculinidad, sello de identificación para los varones, está construida, como hemos dicho, a partir de ideales, expresados a través de una serie de creencias matrices y mandatos derivados, que la Nhg incluye y prescribe a los que nacen con sexo masculino para nombrarse como varones. El segundo, porque permite aprovechar la interesante hipótesis de pensar las problemáticas de género como derivadas de la tiranía y caricaturización de los estereotipos y "virtudes" genéricas(7,9), más precisamente ,desde la óptica de la Nhg, como resultantes de la absolutización y/o rigidización de la influencia de una o más de las creencias de la masculinidad en la subjetividad.

Este articulador posibilita discriminar problemáticas en función de la creencia predominante. Permite además pensar otras problemáticas en función de la colisión intra e intersubjetiva entre nuevas y viejas creencias. Y finalmente posibilita operar clínicamente, desde las problemáticas genéricas hacia sus creencias matrices productoras y de allí a su desconstrucción terapéutica , modalidad de gran eficacia tranformadora.

Cabe aclarar, como se habrá observado, que utilizo en estos apuntes más frecuentemente el término "problemáticas masculinas" para una categoría que diferentes autores que trabajan desde la óptica de género llaman también trastornos, psicopatologías o disfunciones de género(10). Todos estos enunciados son aproximaciones que muestran la dificultad de encontrar terminologías que se alejen de la psicopatología clasica para incluir en lo nombrado la causación genérica de la producción de malestar, y que permitan a la vez la posibilidad de consensuar diálogo con otros profesionales con otros esquemas teóricos.

Con los dos articuladores antedichos estoy intentando comenzar a ordenar lo "anormal" masculino que he ido visibilizando, estructurando un esbozo de clasificación que ha continuación veremos. Pero antes haré un paréntesis que permitirá adentrarnos en la constitución y contenidos de los ideales , las creencias y los mandatos de la masculinidad, la organización subjetiva e intersubjetiva que generan y así comprender mejor el esbozo de clasificación que luego describiré.

Ideologías de la modernidad y subjetividad masculina hegemónica.

La Nhg que organiza la subjetividad masculina moderna surge en el Renacimiento con la aparición del sujeto moderno (masculino) y está sustentada en la llamada ideología del individualismo de la modernidad. Para ella el ideal de sujeto es aquel centrado en sí (el ser de sí o para sí), autosuficiente que se hace a sí mismo, separado de la naturaleza, racional y cultivador del conocimiento, que puede hacer lo que le venga en ganas e imponer su voluntad y que puede usar el poder para conservar sus derechos. Heredero de los ideales de la Grecia clásica, la filosofía renacentista predominante lo propuso como ideal de humanidad, pero no estaba destinado a las mujeres, consideradas sujetos inferiores o lo extraño, y por tanto con menos derechos a la autosuficiencia . Surge en la Europa Occidental y cristiana pero su influencia se ha extendido a través de los imperios y actualmente por los medios de comunicación, a todo el mundo, incorporando en ese camino el valor protestante-capitalista de la eficacia. Este ideal ha sido nombrado según las épocas de diverso modo: búsqueda de la fama, vocación, libre albedrío, lucha por la vida, ambición o espíritu emprendedor y se resume en una de las creencias básicas de la masculinidad moderna: la de la autosuficiencia triunfante, que ejerce su acción a través del mandato básico que se inocula desde la cultura como condición para ser varón( y sujeto):¡ hazte a tí mismo! (¡y triunfa!) (11).

La Nhg no está constituida solamente por los contenidos dados por la ideología del individualismo. Otra ideología también le da forma, la de la satanización/eliminación del otro/a distinto, que desde la antigüedad produjo el ideal del soldado guerrero y conquistador y promovió al sujeto valeroso, fuerte e invulnerable, inconmovible, competitivo y bélico, con códigos de honor y obediencia por sobre todo. Basado en la lealtad ciega a ideales y normas grupales-comunitarios y a las jerarquías que los representan, aún hoy avala la conquista y la lucha expresada en las guerras y en su variante civilizada el deporte competitivo-con sus jugadores y espectadores- (12). Autorizando derechos de todo tipo para defenderse de lo hostil, fomenta la delimitación de identidades individuales y grupales autodefensivas y repudiadoras de las aperturas y las analogías con lo diferente de sí (13) . De ella deriva otra creencia matriz de la masculinidad moderna: la de la belicosidad heroica , que valida el uso de la violencia individual y grupal como recurso defensivo de lo propio y controlador de lo ajeno. Sus mandatos:¡defiendete(atacando) del otro distinto! y ¡subordinación y valor!

Las subjetividades masculinas modernas han sido construidas desde la articulación, a veces contradictoria, de estas matrices ideológicas y sus ideales . Es cierto que, sustentadas en otros valores, han existido y existen otras subjetividades masculinas: la romántica que promueve al varón vulnerable que puede llorar, la caballeresca productora de varones buscadores de fama y respetuoso-paternalistas con las mujeres, la igualitaria e intersubjetivista que produce varones que valoran a la mujer como sujeto de derechos, la meditarránea con varones amantes del honor y el placer pero no del trabajo, la propia del dandysmo, con su promoción del varón para ser mirado o la del posmodernismo, relativista, narcisista y en crisis (14).Sin embargo estas subjetividades quedan sofocadas por la subjetividad masculina hegemónica que sigue siendo en la era postmoderna la organizada desde la Nhg por las ideologías del individualismo y la satanización/eliminación del otro/a.

Estas ideologías generan como hemos visto las creencias de la masculinidad autosuficiente triunfante y belicosa heroica por las que la subjetividad se conforma alrededor de la idea que ser varón es poseer una masculinidad racional autosuficiente y defensiva-controladora/que se define contra y a costa del otro/a, generando además una lógica dicotómica del uno u otro, del todo o nada (donde la diversidad y los matices no existen). "Hazte a ti mismo! (¡y triunfa!)" y "defiendete!(atacando)", son los imperativos derivados de las creencias que inoculados/internalizados, actúan como ideales/mandatos para la identidad masculina.

Pero además, estas ideologías generan otra creencia matriz de gran importancia en el cotidiano masculino: la del respeto a la jerarquía con su imperatvo derivado ¡subordinación y valor! que, aunque es contradictorio con los imperativos anteriores, se ha ido integrando a ellos en la modernidad desde la creencia de que la masculinidad se adquiere a través de "pasos" en los que el sometimiento a personas (o desplazadamente a ideas) es necesario para acceder al adueñamiento (de sí o de otros). Esta creencia juega un importante papel en la reproducción del autoritarismo (se tolera el sometimiento con la esperanza de someter en el futuro)

La subjetividad particularizada de cada varón surgirá de la articulaciones y jerarquizaciones, siempre complejas y contradictorias de estas creencias y mandatos y sus tematizaciones derivadas. Y surgirá por la metabolización/apropiación/transformación de ellas en la historia de cada sujeto. Sin embargo, el poder configurador de la Nhg es tal, que desde sus mandatos y a través de las mediaciones parentales, genera globalmente una organización específica del psiquismo masculino y sus contenidos donde el predominio del dominio y control (de sí y de lo otro) y la lógica dicotómica del todo/nada son determinantes.

Así, tener una representación de sí como varón es el resultado de la constitución predominante de una subjetividad con límites yo/otros hiperreactivos, conformada por un yo centrado en sí y en el logro con la narcisización del dominio y la violencia, un Yo-ideal de perfección elevada y grandiosa, un sistema de ideales muy elevados centrados en el dominio y control de sí y otros (la Nhg interiorizada), un superyo con alto contenido de mandatos narcisistas y de crítica severa, un predomino del deseo de dominio , un deseo sexual legitimado y vivido como autónomo, la proyección y el control de la acción como formatos de reacción frente al conflicto, un desarrollo logrado de habilidades instrumentales y un tipo de vinculación desconfiada y poco empática .

Interiorizada como mandato de ser y de deber ser, la Nhg se presenta como incumplible (siempre se puede hacer algo más para ser "todo" un hombre) pero su incumplimiento/transgresión provoca angustias a veces insoportables derivadas del tipo de critica superyoica que la Nhg genera, y de los vacíos tremendos de sostén identificatorio alternativos (qué hombre es inmune a la inquietud que provoca la pregunta ¿ tú eres un hombre o qué?).

La Nhg lleva en sí también la representación de la mujer acorde con las ideologías que le dan sustento: la mujer idealizada o amenazante, sujeto en menos y objeto de mirada, deseo o utilización. El modelo de relación con ellas que deviene de esto es el de la complementariedad (la mujer del hombre), siendo el varón el centro activo y modelo de sujeto y la mujer periférica y pasiva admiradora, con dicotomía de funciones (el varón en lo público, defensor y protector de lo suyo), paternalismo de violencia permitida pero acotada, y desigualdad de derechos (favorables al varón). De allí surge otra de las creencias matrices de la masculinidad moderna: la de la superioridad masculina sobre las mujeres , por la que los varones se creen con mayor derecho que ellas a la libertad, las oportunidades y el buen trato, y así esta interiorizado en las subjetividades(15). Los otros varones, por su parte, son sujetos plenos, dignos de respeto admirativo/temeroso, aliados o enemigos, potenciales dominantes/dominados, pero participantes todos del pacto de monopolización de lo público y la producción de la ley.

Y todo esto (el tipo de subjetividad y el lugar del varón en las relaciónes) es lo "normal", en su doble acepción de la norma ( en cuanto estructura deseable para el sujeto masculino-y complementariamente para el femenino-) y lo más frecuente.

Creencias/mandatos sobre la masculinidad y problemáticas masculinas.

En 1976 dos psicólogos norteamericanos enunciaron lo que llamaron "los cuatro imperativos que definen la masculinidad", bajo la forma de consignas populares (16). Estos enunciados, cuyo ejercicio valida el ser "todo" un hombre, tuvieron gran difusión y reflejan de un modo muy acertado algunas de las creencias matrices de la masculinidad (autosuficiencia, belicosidad heroica y superioridad sobre las mujeres) y los ideales/mandatos derivados que, como hemos visto, conforman la Nhg y son organizadores de la subjetividad masculina predominante en este fin de milenio. Por su valor descriptivo , los he utilizado como ejes para mi esbozo de ordenamiento de las problemáticas masculinas que estuve visibilizando. Para ello, estos enunciados/creencias deben ser leidos desde la Lógica del todo/nada masculina ( Lt/n.m), por la cual el no cumplimiento de una creencia (lo deseable) arrastra inevitablemente al incumplidor en el negativo del ideal propuesto por dicha creencia(lo temido), sin matizaciones.

Estos enunciados - que lo son de creencias/mandatos- son los siguientes:

1.-No tener nada de mujer (no Sissy stuff). Ser varón supone no tener ninguna de las características que la cultura atribuye a las mujeres ( ser para otros, pasividad, vulnerabilidad, emocionalidad, dulzura, cuidado hacia los otros…). Desde la Lt/n.m lo deseado/temido que aquí se juega es el opuesto macho/maricón, con su derivado hetero/homosexual.

2.-Ser importante (the big wheel) . Ser varón se sostiene en el poder y la potencia, y se mide por el éxito, la superioridad sobre las demás personas, la competitividad, el status, la capacidad de ser proveedor, la propiedad de la razón y la admiración que se logra de los demás. ¡Un hombre debe dar la talla! o ¡un hombre sabe lo que quiere! son imperativos que reflejan esta creencia. Desde la Lt/n.m se juegan aquí en lo deseado/temido las oposiciones potente/impotente, exitoso/fracasado, dominante/dominado o admirado/despreciado.

3.-Ser un hombre duro (the sturdy oak) .La masculinidad se sostiene aquí en la capacidad de sentirse calmo e impasible, ser autoconfiado, resistente y autosuficiente ocultando(se) sus emociones, y estar dispuesto a soportar a otros. ¡Los hombres no lloran!, ¡no necesitas de nadie! o ¡el cuerpo aguanta! expresan esta creencia. Fuerte/débil o duro/blando son los opuestos deseados/temidos desde la Lt/n.m.

4.-Mandar a todos al demonio (give´em hell) La hombría depende aquí de la agresividad y la audacia y se expresa a través de la fuerza, el coraje, el enfrentarse a riesgos, la habilidad para protegerse, el hacer lo que venga en ganas y el utilizar la violencia como modo de resolver conflictos. Los pares de opuestos deseados/temidos son aquí valiente/cobarde y fuerte-agresivo/débil.

A esta lista pueden agregarse otros dos mandatos que los anteriores enunciados no recogen, uno que expresa el aspecto subordinativo de la creencia de la masculinidad belicosa, y otro nuevo, que surge de las nuevas demandas al varón promovidas por los nuevos modelos sociales:

5.-Respetar la jerarquía y la norma. La masculinidad se sostiene en el no-cuestionamiento de sí, de las normas y de los ideales grupales (los de la masculinidad incluidos), en el estar contenido en una estructura y en la obediencia a la autoridad o a una causa.Obliga a sacrificar lo propio, con la ilusión (casi siempre incumplida) de que algún día el varón será dueño de sí (o al menos de alguien/algo). Lo deseado/temido es, desde esta creencia pertenecer/no pertenecer a un grupo (de varones), ya que ellos (y no la mujeres) son los que avalan con su aplauso la masculinidad (17).

6.-Ser sensible,empático e igualitario. Creencia/mandato posmoderno que propone que ser "todo" un hombre nuevo implica incluir en la masculinidad la preocupación por el otro/a y la igualdad de trato, (lo que es contradictorio con la creencias anteriores). Lo deseado/temido es desde aquí igualitario/machista, ser aceptado/ser rechazado por las nuevas mujeres, y ser aceptado/rechazado por los varones.Interviene en la producción de problemáticas masculina en tanto su oposición a las creencias antedichas.

Con estos ejes creenciales en mente podemos ya desplegar el esbozo de la clasificación que da origen a estos apuntes. Clasificación que, para recordar, surgió para ir ordenando problemáticas masculinas que fui encontrando en diversas fuentes con la lente de género, utilizando para ello como articuladores la ética de la igualdad y la reciprocidad y las creencias matrices de la masculinidad. Y desde la hipótesis de que la absolutización y/o rigidización de estas creencias (solas o en combinación) al interior de la subjetividad masculina , la lectura de su cumplimiento según la Lt/n.m, así como la colisión entre creencias son un factor clave en la producción de lo "anormal" invisibilizado masculino .

Veamos entonces, los grupos de problemáticas masculinas que podemos distinguir, visibilizándolas del modo todo lo organizado que un esbozo clasificatorio permite (en el listado siguiente, figuran entre paréntesis, al lado de cada grupo, las creencias que intervienen preponderantemente en su producción,según el número de orden del anterior listado de enunciados creenciales):

Malestares masculinos:

a) Trastornos por sobreinvestimiento del par éxito/fracaso (creencia 2).
b) Patologías de la autosuficiencia con restricción emocional (creencias 1 y 3 )
c) Trastornos por sobreinvestimiento del cuerpo-máquina muscular(creencias 3 y 4).
d) Hipermasculinidades compensatorias (creencias 1y 2 ).
e) Patologías de la perplejidad o trastornos de la masculinidad transicional (creencia 6 en conflicto con las demás creencias).
f) Trastornos derivados de la orientación sexual no tradicional (creencias 1 y 5)

Abusos de poder y violencias (Molestares y maltratos masculinos):

a) Abusos de poder y violencia de género (creencias 2 y 4).
b) Abusos de poder y violencia intragenéricos (creencias 2 y4)
c) Abuso de autoridad y poder político (creencia 2)
d) Patologías de la paternidad y la responsabilidad procreativa (creencias 2 y 3).

Trastornos por temeridad excesiva.(creencia 3)

Trastornos por indiferencia a sí u a otros/as:

a) Patologías de la autosuficiencia indiferente o agresiva (creencias 3 y 4)
b)Trastornos por obediencia/rebeldía excesivas a la norma o jerarquía (creencia 5).

No es mi propósito en estos apuntes hacer una descripción pormenorizada de cada agrupación de las enunciadas. Pero si deseo hacer un recorrido por ellas, definiendo algunas problemáticas , unas con nombre ya existente, otras nombradas con neologismos, unas cuadros muy definidos, otras sólo descripciones sindromáticas .Su enumeración permitirá ver más ampliamente la distancia entre la ilusión de normalidad masculina y la realidad . Veremos, además que algunas de ellas no son problemas ideo-afectivos (más pertinentes tradicionalmente al campo de la salud mental),sino comportamentales, cosa no extraña, dado que los varones se definen prioritariamente por el "hacer".

No todas son exclusivamente masculinas. Cuando se manifiestan en mujeres- en general poco significativamente- sus modos de producción suelen circular por caminos difentes a los de los varones.

Quisiera prevenir al lector/a ( por bienvenida sugerencia de algunos que han visto los borradores de estos apuntes) que las líneas siguientes pueden abrumarlo/a. Probablemente una de las razones pueda deberse a la sobrecarga subjetiva que generalmente suele producir el tener a la vista repentinamente algo invisibilizado, como es lo que describiré a continuación.

Malestares masculinos

Son las problemáticas egodistónicas con sufrimiento y/o daño a sí mismo y que suelen generar déficits primarios y secundarios por vacío representacional o por la frustración narcisista que producen.

a) Los trastornos por sobreinvestimiento del par éxito/fracaso : subclasificados en:

Trastornos por búsqueda imperativa del éxito y control, relacionados con la obsesión masculina por el desempeño, el rendimiento y el sobreesfuerzo por mantenerse en la cúspide. Cualquiera de los valores derivados de las creencias de la masculiiad pueden ser tomados obsesiva o adictivamente como camino para llegar a ser "todo" un hombre . Así tenemos por ejemplo las obsesiones-compulsiones por la sexualidad propia o ajena o por mantener el control, las adicciones al trabajo o la carrera profesional, al poder, al deporte competitivo , el llamado patrón de conducta tipo A o la hipercompetitividad. Pueden ser primarios o compensatorios de alguno de los cuadros siguientes y favorecen déficits al quedar desinvestidos los valores vividos como "femeninos". Muchas veces llevan al crack corporal por exceso de sobreesfuerzo.

Trastornos por sentimiento de fracaso viril, derivados de la percepción del no cumplimiento de algunos de los mandatos de la Nhg o de la pérdida de valores masculinos que se suponía poseer (actividad, trabajo, seguridad, libertad, poder frente a mujer, potencia sexual constante, etc). Estas experiencias son significadas desde la Lt/n.m como fracaso en la realización del ser (ser poco o nada hombre) con la herida narcisista consiguiente. En algunos casos se presentan como retracción vital, a modo fóbico-ansioso ( timidez, aislamiento social, o falta de deseo sexual), y en otros como inseguridad patológica, como temor a ser homosexual o como depresión narcisista. En otros queda oculto bajo actitudes compensatorias, que pueden ser cualquiera de las problemáticas descriptas en el apartado anterior o en los siguientes.

b)Patologías de la autosuficiencia con restricción emocional : derivadas del imperativo de ser un hombre duro con la consiguiente valoración extrema de la autosuficiencia y la invulnerabilidad, y con los consecuentes déficits provocados por la negación de lo emocional y lo vincular. En ellas lo llamado autosuficiencia es en realidad pseudo autonomía.(9).

Algunas de estas problemáticas son:

Arritmicidad patológica o sindrome de impasibilidad masculina: la compulsión a mantener la calma y el control ante todo. Caracterizada por: el sentimiento obsesivo que todo tiene que estar programado, las inhabilidades para ver procesos, disfrutar relaciones o eventos no dirigidos a tareas concretas , la negación a admitir que las emociones interfieren en lo que se está haciendo, el pánico a perder el control, la coraza muscular y la gestualidad de sonrisa impasible y pose envarada. En los vínculos con las mujeres, es el modelo desde el que se evalúa el supuesto "descontrol" femenino. Es percibida como problema por el propio varón cuando sus prioridades vitales cambian o quiere enriquecer sus vínculos (los que lo rodean lo perciben mucho antes cuando se quejan porque "él siempre está igual").(7).

Alexitimia normativa: este cuadro se caracteriza sobre todo por el desconocimiento de los propios sentimientos y por la defensa frente a ellos. Existe por ello inhabilidad para identificar y describir las propias emociones, un modo pragmático de relacionarse, un pensamiento de tipo operatorio, un uso de las palabras como defensa, la expresión de afectos intensos por medio de descargas o por trastornos somáticos, una negación de los problemas (¡a mi no me pasa nada!) y dificultades para comprender los sentimientos ajenos con la consiguiente falta de empatía (18).

Fobia a la intimidad o sindrome de mantenerse a distancia. En ella se toma como autonomía lo que es simple distanciamiento protector, con la dificultad consiguiente para estructurar vínculos.

Dependencia de la pornografía: permite realizar una sexualidad mercantilizada que no precisa del vínculo y no arriesga la intimidad. Muchas veces es modo de refugio de problemas relacionales o de sentimientos de "fracaso" viril.

"Delirio" de autosuficiencia, en el que la pretendida autosuficiencia en realidad está sostenida en el apoyo de una silenciosa mujer acompañante (madre, hermana, pareja, vecina, asistenta).

Adicción a la tecnología (actualmente sobre todo a Internet), que genera una creencia de estar conectado controlando el vínculo y fomenta en realidad el aislamiento con los vínculos cercanos.

Sobreinvestimiento del quehacer para sí (en detrimento de con/para las personas). Cuadro muy habitual en que , unas veces los varones priorizan, aislándose, sus quehaceres (trabajar, disfrutar del ocio, escribir,etc) y otras confunden el hacer cosas "por" alguien , de hacerlas "con" alguien. La aspiración masculina: "Tener un hijo (que no criarlo), plantar un árbol (que no regarlo) y escribir un libro" es un buen ejemplo de uno de los mandato productores de esta problemática.

Homofobia (19): caracterizada por el temor a acercarse a otros varones que es una defensa frente a la amenaza de humillación o a la aparición de deseos homosexuales ( signos de ser "poco hombre"). Contamina las relaciones con los otros varones hetero y homosexuales, favoreciendo las relaciones superficiales entre varones y/o la falta de amigos cercanos.

Dependencia emocional de las mujeres : en tanto la autosuficiencia no permite conectarse con las emociones y con los vínculos, esta tarea suele depositarse en las mujeres cercanas con las que se desarrolla entonces un vínculo de parasitismo emocional.

c)Trastornos por sobreinvestimiento del cuerpo-máquina muscular . La creencia en el cuerpo como instrumento para la acción exterior -y herramienta para la dura lucha en/por la vida- es poderosa en los varones, por lo que su utilización y cuidado se dirige por esos caminos. En cambio el cuerpo"interior", está desinvestido con las consecuente desconexión de una parte de sí. Ejemplos de estos trastornos son la adicción al gimnasio y a los deportes de fuerza, la facilitación hacia las "actuaciones" corpomusculares como los desgarros, la negación o subvaloración de las alarmas corporales con el riesgo consiguiente, y los déficits en el manejo de las enfermedades (tales como las fobias a ellas o el pánico a sacarse sangre o la hospitalización, donde además se agrega el pánico a la pasividad).

d) Hipermasculinidades : comportamientos muchas veces grupales en los que hay una identificación infatuada y exhibicionista con valores masculinos. Destinadas a cumplir los "pasos" para llegar a la masculinidad plena , a esconder vivencias de inseguridad masculina , o para reafirmarse frente a sí u otros, se las puede entender como patologías de la masculinidad excesiva. Podemos incluir aquí , el machismo grupal callejero, los excesos en el consumo de alcohol o drogas, el divorcio y emparejamiento con mujeres muy jóvenes, la temeridad, la hipersexualización de la emocionalidad, junto a diversos comportamientos maníacos y contrafóbicos en los que se escuda la vulnerabilidad.

e) Patologías de la perplejidad o trastornos de la masculinidad transicional

En las dos últimas décadas, varios mitos que sostenían la relación de los varones con las mujeres y con el mundo han caido: el de la carrera laboral sin obstáculos, el de la pasividad femenina, el de la legitimación de la fuerza, el del monopolio masculino del poder, etc. Esto provoca desconcierto y perplejidad en muchos varones, debilitados por el cercenamiento cultural de derechos antes legitimados, angustiados por la pérdida de privilegios y enfrentados a la caida de muchas de las máscaras que los sostenían. Las fisuras en las viejas creencias sobre la masculinidad , la dificultad para cumplir los imperativos de igualdad y sensibilidad, el conflicto entre lo nuevo y lo viejo , y el vacío representacional de alternativas valiosas para sí que no los sumerjan en lo"femenino", provocan muchas veces estados paralizantes o congelamiento del devenir vital. A esta situación muchos varones que suelen consultar por malestar difuso la llaman "pérdida del norte" lo que es una buena definición sindromática. También podemos incluir en este grupo a los conflictos intra e intersubjetivos en el ejercicio de los roles sociales viejos/nuevos adjudicados a los varones , el ocultamiento de los cambios hacia la igualdad hechos en el espacio privado para no ser tachado de "debil " o dominado por la mujer, y la llamada crisis de la identidad masculina ( que la mayoría de las veces no lo es tal, sino un reacomodo a la restricción de roles que el varón percibe,pero sin cuestionamiento de sus representaciones de sí).

f) Trastornos derivados de orientaciones sexuales no tradicionales:

Encontramos aquí cuadros fobicos y ansiosos diversos derivados de la no aceptación inter y/o intrasubjetiva de orientaciones sexuales no heterosexuales que el varón asume fácticamente (célibe, homo o bisexualidad) y que implican trasgredir la actual creencia de masculinidad =heterosexualidad, con la angustia y el temor al rechazo consiguiente. En este grupo no están incluidos los trastornos de confusión de orientación sexual, aunque muchos de ellos se originan en el no permiso social a masculinidades que no sean heterosexuales militantes.


Abusos de poder y violencias ("molestares" y maltratos masculinos)

Muchas de estas problemáticas están aún legitimadas o naturalizadas en las prácticas cotidianas, o no se incluyen en el campo de la salud mental. A mí me parece fundamental incluirlas en esta clasificación, porque como decía anteriormente, desde la ética de la igualdad de género no es posible pensarlas como "normales" /saludables.

Habitualmente suelen pensarse las problemáticas y trastornos subjetivos como aquellos en las que el sujeto expresa sufrimiento, pero estos abusos y violencias, al estilo de las caracteropatías son egosintónicos, aunque diferencialmente con ellas son primordialmente heterodistónicos. Pocas veces pueden ser egodistónicos, y cuando lo son es generalmente por acorralamiento cultural por deslegitimación externa, sin autocuestionamiento.

Independiente de su origen en las creencias de la inferioridad de la mujer, el placer del dominio, el resguardo del territorio(mental,físico o geográfico) o como defensa frente a heridas narcisistas, estas problemáticas son comportamientos de dominio sobre el otro/a, son "molestares"o maltratos que producen sufrimiento y/o daño atentando contra la libertad, el psiquismo y el cuerpo o las posesiones de las mujeres y de otros varones.En este sentido, desnormalizarlas/patologizarlas no significa de ningún modo (porque este podría ser el riesgo) justificarlas como "patología "psíquica atenuante de responsabilidad. Por el contrario, ponerlas en evidencia es un primer paso para estudiarlas como problemas predominantemente masculinos, pero a la vez para deslegitimarlas y ubicarlas en lo que muchas de ellas son: delitos contra las personas, con la consiguiente responsabilización de aquellos que las realizan.

Muchas veces van acompañados de deseos de hacer mal (sadismo), lo que permite entender mejor muchas formas de violencia, opresión y crueldad (20).

Antes de introducirnos en la siguiente descripción no debemos olvidar por cada varón cuyo problemática de abuso o violencia será aquí reseñada, existe complementariamente una (o unas) persona abusada, sufriente y/o dañada que muchas veces padece trastornos derivados del avasallamiento subjetivo a la que es sometida en el convivir intoxicante con dicho varón ( y que no pueden confundirse con supuestos "masoquismos"). Es muchas veces a través del relato en la clínica de dichas personas y una escucha de género, como se puede detectar a estos varones abusadores y violentos.

a) Abusos y violencias de género: todos aquellos en los que el abuso se ejerce sobre mujeres: misoginia, violencia contra las mujeres y niñas (abuso, maltrato fisico, psicológico y emocional, micromachismos (21)), violencia doméstica reiterada (mejor llamada terrorismo doméstico), explotación del cuerpo de la mujer y de la niña (prostitución, creación de pornografía, compra de mujeres), utilización de la autoridad (familiar, laboral, afectiva) para tener relaciones sexuales (sexo incestuoso o con hijos de actual pareja con otro hombre, acoso sexual) o para poner en peligro vida ajena ("invitación" a drogas , delitos o a ser acompañante de conductores temerarios), abusos del poder de seducción o inducciones de relaciones pasionales (22).

A veces estos abusos se ejercen de modo grupal o institucional (como las redes de explotación de mujeres, o la actual discriminación de las mujeres en Afganistán).

b) Abuso de poder y violencias intragenéricos: Son todos aquellos comportamientos que provocan sufrimiento y/o daño a otros hombres. Podemos subdividirlos en:

Jerárquicos y generacionales: se realizan apoyándose en la mayor jerarquía, edad, fuerza o aval social del que, o de los que ejecutan el abuso o la violencia. Nos encontramos aquí con el bulling (matonismo en los colegios), la violencia contra los "menos hombres" ( homosexuales, tímidos, pacíficos, etc,) o los "menos dueños de la verdad" (los que no comparten el propio fanatismo), los abusos físicos psicológicos, laborales y sexuales a niños o adultos en instituciones educativas, militares, religiosas o carcelarias (23), así como los bautismos de ingreso a ellas.

Violencias entre iguales: comportamientos en los que se pone en juego la masculinidad beligerante y donde cada varón puede ser violento y violentado, y que suelen realizarse apelando a una "causa" (defensa del territorio, de las ideas, conquista del "enemigo, etc). Se expresan en las micro y macroguerras, tales como entre los hermanos, bandas callejeras o grupos nacionales. Cabe destacar que en estas últimas, si bien los contendientes suelen ser varones, los más afectados suelen ser los niños/as y las mujeres, ya que ellos, por las nuevas tecnologías, pocas veces están en el campo de batalla.

c) Abuso de autoridad y poder político: Se aprovecha el espacio de autoridad grupal que se tiene para realizar abusos morales físicos y económicos contra los demás (24) . Relacionado generalmente con la adicción al poder, suele ejercerse por un grupo de varones con un lider autoritario o demagógico Aunque los varones que realizan estos abusos podrían ser incluidos en el grupo de la "normalidad" o normopatía masculina que veremos después - porque cumplen muy claramente las creencias correspondientes al "normal" varón dominante-, a diferencia de los normópatas, no padecen patologías psicosomáticas o somáticas: es fácil comprobar que los varones con poder político o militar autoritario no suelen enfermar ni morir en el ejercicio de su cargo , quienes sí lo hacen son sus allegados afectivos.

Incluimos en este grupo los autoritarismos de todo tipo, el aprovechamiento individual del poder, la corrupción, las torturas y métodos de desaparición de personas, la producción de techos de cristal para discriminar a las mujeres, los racismos o las xenofobias.

d) Patologías de la paternidad y la responsabilidad procreativa : En este caso el abuso o la violencia se dan en la relación paterno-filial . En otras patologías de este grupo predominan actitudes de indiferencia, igualmente causadoras de sufrimiento por la dejación de rol continente/protector parental que suponen. Tenemos aquí entre otros: la rigidificación del "normal" rol paternal proveedor, que supone un impedimento para el hijo del usufructo de la función nutriente paterna ,el uso perverso de los hijos/as como objetos de dominio autoritario o como objetos de seducción ( abusos físico, psíquico, incesto), el uso sádico de la educación, las autohipervaloraciones paternas (intolerancia a las diferencias, asesinatos para evitar "sufrimientos" a los hijos previo a suicidio paterno) (9), la rivalidad patológica hacia hijos varones (expresada a veces como trastorno perinatal (25)), el descuido, la negligencia o el abandono de los hijos/as, la "huida" real o psicológica frente a embarazo o nacimiento de hijos/as,la delegación en la madre de crianza con sobrecarga consiguiente (más aún si hay niños/as con disfuncionalidades).

Trastornos por temeridad excesiva

Derivados de la hipervaloración del enfrentamiento al riesgo (con la consiguiente minusvaloración del peligro) como valor narcisista masculino. Suponen muchas veces riesgo de muerte, pero aseguran la "vida" narcisista .Se realizan más en grupo, porque son los otros los que miden que el grado de temeridad sea el "correcto" para validar la masculinidad.

Otros de estos trastornos son producto del descuido de la propia salud, derivada de la creencia en que ¡el cuerpo aguanta todo!. Algunos de ellos son además trastornos abusivos hacia los demás en tanto pueden poner en peligro vidas ajenas (26)

Así tenemos la conducción temeraria, la adicción a la aventura, los deportes y los juegos desafiantes de alto riesgo , la práctica riesgosa de deportes, el contagio de enfermedades de transmisión sexual por no uso de medios preservativos y los excesos en las ingestas (comer, beber o drogarse).

Trastornos por indiferencia a sí o a otros/as

En ellos, el otro/a o el sí mismo, no son ya objeto de posesión o dominio, sino que no son fuente de interés para sí o simplemente no existen.

a) Patologías de la autosuficiencia indiferente o agresiva: relacionadas con las patologías por autosuficiencia con restricción emocional pero en las que lo particular no es la valoración narcisista del autoabastecerse sino el predominio de la indiferencia y la descalificación a las necesidades del otro/a. Ejemplos de esta patología:

-Autocentramiento: sus características se resumen en la frase habitual que pronuncian estos varones :¡déjame en paz!, que indica : no quiero conectarme contigo, estoy ocupado en algo más importante: en mí.

Otros ejemplos de este grupo son: la insolidaridad con los próximos y los lejanos en lo doméstico o en lo social, el embarazo de la pareja con desimplicación de la propia responsabilidad, la violencia "porque sí" ( en donde no se apela a una causa sino al puro placer de dañar) etc,

b) Trastornos por obediencia/rebeldía excesivas a la norma y jerarquía . Las creencias matrices de la masculinidad tienen muy buena prensa representacional entre los varones (ellos tienden a tener representaciones de sí como autosuficientes , beligerantes y superiores a las mujeres). Sin embargo en el plano funcional de la organización de su actuar masculino cotidiano tiene mucha predominancia el imperativo ¡subordinación y valor! (pero ya sin la prescripción del valor) derivado del ideal del soldado. Por eso, la mayoría de los varones se encuentran acomodados rígidamente en relaciones de sometimiento (comenzando por el sometimiento a la Nhg), tales como las laborales, institucionales o comunitarias aunque éstas sean muy injustas o poco saludables. En realidad no son muchos los que, aunque sufran en ellas se rebelen, y los que lo hacen generalmente lo hacen para invertir su lugar en la jerarquía o normas, y no para tranformarlas. Sometidos a las pautas externas, la propia subjetividad se vuelve indiferente ante sí, oculta tras los "roles" que se "deben" cumplir. Así tenemos:

Trastornos por excesiva obediencia

La "normalidad" masculina, también llamada normopatía viril o adaptación extrema a los ideales de la masculinidad (y del sujeto moderno) . En ella no hay una especificidad de la singularidad, que queda oculta tras los emblemas masculinos, en la que se combina habitualmente una representación de sí como "más o menos todo un hombre", con una funcionalidad pasiva y sometida frente a los otros funcionando disociadamente y sin mucho conflicto. Otras veces el ocultamiento se produce tras la obediencia a la jerarquía, la que aplaude el esfuerzo de sometimiento como paso necesario para llegar a la cúspide ( a la que habitualmente nunca se llega) No presenta "sintomas" ni se queja, pero padece de "aplanamiento" vital y frecuentes trastornos psicosomáticos.

También podemos ubicar en este grupo a la neurosis obsesiva, a la sobreadaptación exitosa y al hombre masa .

-Trastornos por rebeldía excesiva: podemos ubicar aquí a las sociopatías, perversiones y muchos comportamientos antisociales (criminalidad, terrorismo) y rebeldías de adolescente masculino, donde hay rebelión a las reglas sociales o parentales, pero paradójicamente, un sometimiento extremo al ideal individualista, el del ¡hazte a ti mismo (y haz lo que quieras)!.

Para terminar esta clasificación, quisiera describir brevemente un modo habitual en que muchos de los malestares masculinos se expresan: la depresión a modo masculino(27).

A pesar de la importante prevalencia de la depresión masculina, este cuadro suele ser poco diagnósticado precozmente en la clínica y poco descubierto por los que rodean al varón deprimido. Uno de los factores relevantes para ello es que su sintomatología esta invisibilizada porque la norma en la que los criterios diagnósticos para la depresión están basados es el modo femenino de su expresión (llanto, inhibición, relatos y emocionalidad depresiva). Los modos en que los varones expresan su depresión o las reacciones defensivas frente al sufrimiento que les produce, muchas veces distan de estos criterios.

Ellos manifiestan generalmente su malestar comportándose del modo marcado por la Nhg para los varones: la acción, el ocultamiento emocional, la ira como emoción validada y la negación de la debilidad. Así, la sintomatología de aislamiento, irritabilidad o de "escapar" son frecuentes.

Un varón deprimido se refugia en el trabajo, bebe al levantarse, conduce peligrosamente, teme perder el control, escucha melodías "sensibleras", pero dice que no le pasa nada. Si muestra su depresión a modo "huraño" predomina su aislamiento silencioso, y quienes lo rodean lo definen como siempre preocupado, enmudecido, que no acepta que le digan nada. Si la muestra a modo "agitado" predomina en él la irritabilidad, la explosividad y la amargura, y quienes lo rodean lo describen como si fuera un animal enjaulado, hipersusceptible, hiperactivo e inaguantable por sus exigencias.

A toda esta sintomatología suele llamársela a veces depresión enmascarada, cuando en realidad es una depresión expresada con las máscaras que la Nhg propone a los varones. Al no ser diagnosticada, muchas veces se descubre a través de sus consecuencias: intoxicación por alcohol o drogas, accidentes de circulación, suicidio (cada tres suicidios consumados, dos son de varones) a veces acompañado por el asesinato de hijos o pareja a quienes arrastra posesivamente a la muerte en su desesperación.

Como hemos visto, las "anormalidades" masculinas son muchas y es necesario visibilizarlas, estudiarlas, comprenderlas y poder contribuir a transformarlas. Sin embargo, junto a esto y en paralelo, hay que dar un paso más allá: no sólo adentrarnos en las problemáticas de la masculinidad, sino también poder pensar la masculinidad (tal como es definida actualmente) como problemática. Es necesario no sólo comprender como las creencias matrices de la masculinidad en su absolutización/rigidización producen problemáticas, sino cuestionar dichas creencias . Es necesario desconstruir la modélica masculinidad , la que genera sujetos centrados en sí contra o a costa del otro/a, la que implica una ruptura de la intersubjetividad y que silencia el reconocimiento mutuo y la individualidad ajena. Y ello puede hacerse desde el paradigma de la intersubjetividad (28), pero como es tiempo de concluir, esto quedará como tarea para próximas reflexiones.

Madrid, marzo de 1998

Referencias bibliográficas

1.- Véase por ejemplo: Benjamin,J.(1995): Sameness and difference. New Haven:Yale Univ. Press, Burín,M. y Dio Bleichmar,E.(1996): Género, psicoanálisis y subjetividad Bs.As.: Paidós., Dio Bleichmar,E. (1998): Sexualidad Femenina. Madrid:Paidós, Fernandez, A.M (1993): La mujer de la ilusión. Barcelona:Paidós, y la vasta bibliografía que estos libros incluyen.
2.-Connel,R.W.(1995): Masculinities. Oxford:Polity Press.
3.-Bleichmar,H.(1986: Angustia y fantasma. Madrid:Adotraf.
4.- Tavris,C.(1992):The mismeasure of woman.N.Y.:Touchstone.
5.-Bonino,L.(1993): Cómo ser hombre sin morir(ni matar) en el intento. III Jornadas españolas de cultura de la salud . Madrid:Adeps.
6.-Véase: Hearns,J.(series editor) (1990/98): Critical studies in men and masculinities. London:Routledge; Kimmel,M.(series editor)(1993/98): Research of men and masculinities: California:Sage; Seidler,V.(series editor)(1992/98): Male orders. London:Routledge.
7.Kuper,T.(1995): The politics of psychiatry. Masculinities 3 (2) 67-78
8.-Covas.S.(1997):La mujer¿cuidadora?.Primeras jornadas mujer y salud.
San Fernando/Madrid:Cam.
9.-Kaplan,L.(1994): Perversiones femeninas.Barcelona:Paidós.
10.-Burín, M.(1997):Programa Postgrado Género,salud y subjetividad.Univ.Arg.Bar Ilan.
11.-Gil Calvo,E.(1997): El nuevo sexo débil. Madrid:temas de hoy.
12.- Elias,N.(1992): Deporte y ocio en el proceso de la civilización. MexicoDF:Fondo de cultura económica.
13.-Solana,M.(1997):El ideal del soldado y el de ciudadano. El Niño,rev.del campo freudiano,4 42-48
14.-Ramos Santana,I.(comp) (1997): Identidad masculina en los siglos XVIII y XIX. Cadiz:Univ.Cádiz
15.-Bonino,L(1996).:La identidad masculina a debate. Area 3,4 16-20.
16.- Brannon,R. and David,D.(1976): The forthy-nine percent mayority. Washington: Wesly P.
17.-Marques, J.V.y Osborne,R.(1991): Sexualidad y sexismo. Marid:Fund. Univ. Emp.
18.-McDougall, J.(1987): Teatros de la mente. Madrid:tecnopublicaciones.
19.-Kimmel,M.(1994): Masculinity and homophoby.E Brod,H. and Kaufman,M.(Comp) Theorizing masculinities. London:Sage
20.-Burmeister,R(1996): Evil. Washington:Pixel
21.-Bonino,L.(1995) Micromachismos en la vida conyugal.En Corsi,J.: Violencia masculina en la pareja. Bs. As.:Paidós
22.-Aulagnier,P.(1979): Los destinos del placer. Madrid:Petrel.
23.-Gonsioreh,J.(1994): Male sexual abuse. London:Sage .
24.-Racchini,P(1992): La neurosis del poder. Madrid:Alianza.
25.-This,B.(1980): Le père:acte de naisance.París:Edicions du Seuil.
26.-Bonino,L.(1994):Varones y comportamientos temerarios. Act. Psicológica 210,(6)
27.-Taffel,R.(1990): The politics of mood. The Family Theraphy Networker.72 (11/90) 49-53
28.-Véase resumen de este paradigma en: Muguerza,J(1998): Reencuentro con el otro. Periódico El País 10-1-98.

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Este trabajo es una actualización de la conferencia dictada en Madrid en el ciclo de conferencias 96/97 de la Asociación Española de Clínica y Psicoterapia Psicoanalítica, y será publicado en la Revista Actualidad Psicológica, editada en Argentina

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