
El objetivo de este breve estudio es señalar, de cara a las ciencias sociales, las embarazosasinexactitudes que atraviesan el famoso primer capítulo de Mil mesetas (Deleuze yGuattari 2006 [1980]), uno de los libros más celebrados de lo que se ha dado en llamarpos-estructuralismo. Aunque yo mismo he pretendido ser deleuziano cuando era muyjoven y aunque no han faltado antropólogos, geógrafos y urbanistas que quisieron incorporar en crudo los raciocinios del texto en su investigación empírica,en la demostración
que sigue quedará en evidencia la distancia metodológica que media entre un planteo
argumentativo de factura literaria (por seductor que él sea, lo que no es aquí el punto)
y los requisitos más básicos de la conceptualización científica.
Anticipando lo que Fritjof Capra haría con sus redes un cuarto de siglo más tarde, Gilles
Deleuze y Félix Guattari presentaron en el capítulo señalado su modelo rizomático, al
que mostraron como si fuera lo opuesto a las jerarquías, a las estructuras en árbol, a las
estructuras centradas o a las estructuras sin más. Escriben los autores:
A [los] sistemas centrados, los autores oponen sistemas acentrados, redes de autómatas finitos
en los que la comunicación se produce entre dos vecinos cualesquiera, en los que los
tallos o canales no preexisten, en los que los individuos son todos intercambiables, definiéndose
únicamente por un estado en un momento determinado, de tal manera que las
operaciones locales se coordinan y el resultado final o global se sincroniza independientemente
de una instancia central (Deleuze y Guattari 2006: 22).
Aunque alegan disentir de dualismos y dicotomías, Deleuze y Guattari terminan contraponiendo
(a) una concepción arbórea, jerárquica, ramificada, como la que presuntamente
encarnan Chomsky, la lingüística, el estructuralismo, la lógica binaria, el psicoanálisis
y la informática y (b) la idea de rizoma, encarnación de la multiplicidad, de los
agenciamientos colectivos, de las redes de autómatas finitos igualitarios y de los procesos
que se muestran refractarios a la codificación y a las genealogías (Op. cit.: 9-32).
Lo menos convincente de esta pirueta discursiva es el montaje axiológico de las contrapartidas
del rizoma: las estructuras arbóreas, figuras de paja identificadas con el plan de
las gramáticas y demasiado prestamente identificadas con el mal. Dejando de lado las
inexactitudes proliferantes que examinaré más adelante, es evidente que esas etiquetas
deconstruccionistas de celo justiciero (que aspiran a ser esquizos pero suenan más bien
1 Véase por ejemplo Crary y otros (1986); Fischer (1995); Lotfalian (1996); Westwood y Williams (1997:
245-246, 251-252); Marcus (1998: 86); Hernandez (2000: 277); Llano y Valencia (2004); Cuthbert
(2006); Delgado (2007: 65, 188-119); Dovey (2005); Warf (2006: 36, 377); Taylor y otros (2007: 259,
261-262, 263, 265, 266, 268 n. 4); Oakes y Price (2008: 329); Wood (2009); Gregory y otros (2009: 283,
502, 655, 717); José Pérez de Lama [osfa] http://www.hackitectura.net; Cobarrubias y Pickles (2009).
Reynoso – Crítica del pensamiento rizomático
2
paranoides) incurren en un exceso de metáfora: ni los diversos géneros gramaticales que
existen en la literatura o que puede urdir la imaginación son todos ellos sustancialmente
arbóreos, ni los mecanismos gramaticales o sus eductos son sistemas centrados en algún
sentido inteligible, ni cuando se orquestó la trama rizomática Chomsky utilizaba ya gramáticas,
ni sus gramáticas generativas modelaron otra cosa que no fuera un fragmento
de la competencia lingüística de los hablantes, la cual está muy lejos de ser impuesta por
una burocracia tiránica o una academia totalitaria, pues se supone que es innata.
Atrapada en el juego de contrastes que ella misma ha urdido y que la motiva por completo,
la proclama rizomática deviene sesgada, en blanco y negro, carente de matices: no
concede al régimen arbóreo ninguna virtud (a pesar de su productividad manifiesta) ni
admite para sí misma ningún impedimento, límite o contraindicación. Tenemos aquí una
dialéctica tan infalible como infalsable: si sale cara gano yo, si sale ceca pierdes tú.
Correlativamente, Deleuze y Guattari, cuidándose de llamar estos obstáculos por su
nombre, minimizan, injurian o disimulan bajo una espesa capa de retórica la relevancia
de los asuntos que por su propia especificación de diseño la estrategia rizomática es
inherentemente incapaz de modelar: la memoria, la evolución, la historia, el modelado
lógico, matemático y científico, las algorítmicas, la ideología, las jerarquías, las estructuras,
las redes sociales concretas, las máquinas abstractas, la subjetividad, las matemáticas,
los sistemas semánticos, biológicos, cognitivos e informáticos, los saberes sistemáticos,
genéticos, genealógicos y taxonómicos, y, por supuesto, la lengua como sistema
y la lingüística generativa transformacional como teoría (D-G 2006: 16, 27, 519-
522).
Sospecho, a todo esto, que nuestros autores no han leído a Chomsky o que lo han hecho
muy de prisa, creyendo quizá que los árboles que eventualmente se encuentran diseminados
en sus escritos, ilustrando algún concepto circunstancial, constituyen la médula
de su formulación.2 Sucede como si la lectura chomskyana que motivó el manifiesto
rizomático, y que por ello mismo habría debido ser particularmente escrupulosa, hubiera
tenido por objeto precipitarse en una impugnación sugerida por viñetas y diagramas sin
que importase gran cosa lo que tenían que decir textos de los cuales nunca se ha escuchado
la voz y a los cuales nunca siquiera se menciona. En último análisis, Deleuze y
Guattari han consumado un silenciamiento del Otro tan taxativo como el que el realismo
etnográfico de la antropología perpetrara sobre el nativo, armando su querella contra el
autoritarismo de árboles y gramáticas en base a atribuciones que demuestran ser infundadas
o extravagantes y no en función de lo que los autores impugnados pudieran haber
dicho exactamente.
2 En última instancia, es imposible saber qué texto chomskyano pudieron haber leído los autores si es que
de veras han leído alguno. Ni aun en el ensayo “Postulados de la lingüística”, el cuarto capítulo de Mil
mesetas, atestado de referencias bibliográficas, los autores escriben una frase o nombran algún texto suyo,
a excepción de un diálogo insustancial entre Chomsky y Mitsou Ronat. Entiendo que afirmar que han faltado
las lecturas esenciales (o que se olvidó, malentendió o tergiversó negligentemente lo que se ha leído)
es una hipótesis fuerte en relación a las evidencias de que dispongo; pero más extremo todavía es aseverar
que Chomsky pensaba lo que estos autores le quieren hacer pensar.
Reynoso – Crítica del pensamiento rizomático
3
Cuando de la palabra se trata, Deleuze y Guattari permanecen en torno de las connotaciones
vulgares de los términos, aferrándose a los estereotipos más descarnados y a
trazos de brocha gorda en un asunto que requiere como pocos una extrema precisión
conceptual. Para el público en general, en efecto, una gramática evoca un canon de
reglas mandarinescas y preceptos imperativos que rigen el habla. Ahora bien, las gramáticas
formales del primer período chomskyano y las gramáticas normativas del buen hablar
que hemos sufrido en la escuela elemental comparten por desdicha un mismo nombre.
Si Chomsky ha renunciado a las gramáticas desde hace décadas (detalle que Deleuze
y Guattari prefieren ignorar) es porque ha optado por formalismos cognitivos más
abstractos y de más refinada adecuación. Las gramáticas ya no le son indispensables, es
cierto; pero es ofensivo a la inteligencia de la comunidad científica que alguien insinúe
que aquellas ideas de su período temprano han sido por la mera coincidencia de sus
nombres igual de estúpidas que las prescripciones escolares más mandonas y obtusas.
Aquí comienza a percibirse que la lingüística chomskyana y los saberes rizomáticos no
están en la misma liga ni tuvieron el mismo impacto civilizatorio. Malgrado la soberbia
de nuestros autores, la jerarquía de la complejidad de Chomsky, muy por encima de
cualquier idea posmoderna, ha sido instrumental en el desarrollo de los lenguajes formales
y de la tecnología que de ellos depende: no existirían lenguajes de programación,
ni intérpretes, ni compiladores, ni teoría de autómatas, ni programas basados en autómatas
finitos, ni redes informáticas, ni computadoras programables tal cual hoy las conocemos
de no haber mediado una clarificación de esa naturaleza. Un esclarecimiento de
talante relacional, analítico y sensitivo al contexto –dicho sea de paso– que categóricamente
no habría podido llevarse a cabo con un formalismo basado en la emergencia y
en la yuxtaposición de elementos indistintos, homogéneos e intercambiables como lo es
el que articula el principio rizomático.
Lo cierto es también que sólo uno de los cuatro tipos identificados por Chomsky (los
autómatas de almacén que procesan lenguajes independientes de contexto) admite representarse
mediante árboles (Reynoso 2010: 159-176); aun así, ésa no es más que una representación
alternativa, un recurso pedagógico entre los muchos que existen. No es
imperioso usar precisamente árboles para diagramar esa gramática: se puede optar por
matrices, álgebra de procesos, reglas de sustitución, listas recursivas, formas de Backus-
Naur, grafos existenciales, lenguaje en prosa y hasta redes (Reynoso 2011: cap. 12). Las
piezas distintivas de las tempranas gramáticas chomskyanas no son tampoco los árboles
generativos (que se remontan al estructuralismo de Zellig Harris) sino las reglas de
transformación, las cuales son imposibles de expresar mediante diagramas arbolados.
La contribución de Chomsky (1956: 120-121), después de todo, consistió precisamente
en haber cuestionado la capacidad de las reglas generativas (y de los diagramas arborescentes
concomitantes) como modelos adecuados de la competencia lingüística. Afirmar
que la gramática generativa transformacional chomskyana se basa en expresiones
arbóreas y que implica modos de agenciamiento y de poder social que segregan mandatos
tales como “dividirás cada enunciado en sintagma nominal y sintagma verbal” o
(más todavía) alegar que “los árboles chomskyanos establecen relaciones constantes enReynoso
– Crítica del pensamiento rizomático
4
tre variables de poder” tal que “formar frases gramaticalmente correctas es [...] la condición
previa a toda sumisión a las leyes sociales” (D-G 2006: 13, 104) constituye un
error de una magnitud colosal. No sólo es una exageración im-probable e infalsable en
materia de teoría política y antropológica, sino que resulta insostenible como predicado
relativo a la historia de la teoría lingüística.
Cualquier estudiante de lingüística sabe, en efecto, que no existen cosas tales como “árboles
generativos construidos según el modelo sintagmático de Chomsky” (p. 20), o “el
método lineal arborescente de Chomsky” (p. 96) o un “árbol-raíz” chomskyano que
“responde a la lógica binaria” y procede luego por dicotomía (p. 13). La idea misma de
un árbol chomskyano ya es un desatino: Chomsky utiliza los árboles sintácticos derivados
de la lingüística estructural precedente para explicar sus alcances, pero más fundamentalmente
para demostrar a lo largo de capítulos enteros su inadecuación para la
comprensión de las lenguas naturales (cf. Chomsky 1974 [1959]: 51; compárese con los
diagramas de Hockett [1971 [1958]: 160, 172, 173] o con la notación de Zellig Harris
1951; Chomsky 1956: 116-117). Menos todavía es verdad que la gramática chomskyana
es un “marcador de poder” normativo (D-G 2006: 13) obsesionada por enseñar cómo es
que deben construirse las frases gramaticalmente correctas: es por el contrario el hablante-
oyente quien decide en base a su conocimiento intuitivo la corrección de una gramaticalidad
(o en la teoría de rección y ligamento, la correspondencia con un conjunto de
principios) a la cual el modelo de la competencia debe ajustarse.
Figura 1 – Regla de re-escritura
Los árboles del modelo de constituyentes cuestionado por Chomsky tampoco son análogos
a una “lógica binaria” cualquiera sea el significado de esta expresión. En los árboles
binarios (si de ellos se trata) el binarismo atañe a valores de verdad opuestos (+/-) que
se van sucediendo; en los árboles del modelo de constituyentes cada expresión es sustituida
por una concatenación de otras, que pueden ser más de dos, en la que se puede
proponer una elección entre muchas opciones, y en la que puede reaparecer un signo
que se definió con anterioridad o la expresión de cabecera misma (S ® SN+SV; SN ®
Reynoso – Crítica del pensamiento rizomático
5
A+N; SV ® V+SN) (Figura 1). En estos árboles todas las ramas conectan tarde o temprano
con un solo símbolo terminal, mientras que los árboles binarios son binarios all
the way down. Ninguno de los símbolos de un diagrama de estructura de frase es un valor
de verdad.
Los lenguajes independientes de contexto son, como bien se sabe, una entre las clases
de lenguajes formales; de ningún modo constituyen un modelo del lenguaje natural o
del logos como racionalidad. Ni por asomo tampoco los términos que se alojan más
arriba en una estructura arbolada (“Sintagma Nominal”, pongamos por caso) ejercen alguna
forma de opresión sobre los que se encuentran por debajo (“Artículo” o
“Nombre”). La idea de “subordinación” tiene aquí que ver con procedimientos seriales
de re-escritura o con pertenencia a conjuntos anidados, antes que con hegemonías dictatoriales
o subalternidades gramscianas. Si la pertenencia a clases implica jerarquía, entonces
también los elementos de una matriz celular, de una red o de un grafo pertenecen
a clases: vecindarios, cliques, comunidades, sub-redes, bloques, cuencas de atracción y
hasta árboles, o como quiera que se los desee organizar.
Tampoco poseen los algoritmos un signo político distintivo que defina quiénes habrán
de ser sus usuarios o las causas a las que resultarán funcionales: un izquierdista como
Noam Chomsky ha utilizado ocasionalmente árboles para ilustrar un punto, mientras un
ultraconservador como John Von Neumann desarrolló su estudio sobre máquinas que se
auto-reproducen en base al modelo “rizomático” de los autómatas celulares. Hay algo
de obsceno, por otra parte, en endilgar ideologías opresoras precisamente a Chomsky,
quien ha sido órdenes de magnitud más radical y consistente que Deleuze o Guattari en
lo que atañe a su militancia libertaria.
Dejando de lado unos pocos opúsculos característicamente autoindulgentes o técnicamente
descabellados (pienso en Chaosmose), ni duda cabe que tanto Deleuze como
Guattari han sido pródigos en ideas brillantes. Pero el esquema rizomático ostenta demasiados
flancos débiles que no solamente se manifiestan en su lectura de la lingüística
o de las ciencias formales (cuya miopía en esta corriente filosófica ha sido proverbial)
sino que tocan de lleno a su visión de la historia, la cultura y la antropología. En contraste
con un Occidente arbóreo y absolutista, por ejemplo, Deleuze y Guattari (maoístas
en ese entonces) imaginan una China y una India en las que los tiranos son magnánimos
y refinados y el propio árbol de Buddha deviene rizomático (2006: 24).
Hasta la ejemplificación del caso resulta chocante por su falta de competencia en el tratamiento
de la historia cultural y por el escamoteo de datos esenciales; pues fue en la
India de la quema de viudas, del Código de Leyes de Manu y de la jerarquía de castas
más despiadada que se conoce donde se originó el Aṣṭādhyāyī [अ टा यायी] de Pāṇini,
la madre de todas las gramáticas. Y fue el Celeste Imperio, al que se pinta imbuido de
una cosmovisión rizomática de ensueño, el lugar al que desde el siglo VII se llevaban
esclavos del Zenj (la actual Zanzibar) y en el que en el siglo XI se concibieron el Yingzao
Fashi [營造法式] y lo que luego sería el triángulo de Yang Hui, que son respectivamente
la primera gramática arquitectónica de la historia y la primera representación
arbolada de los coeficientes binomiales (Oliver 1975: 192; Li 2001; figura 2). Si la múReynoso
– Crítica del pensamiento rizomático
6
sica tonal de la tradición europea se considera arborescente mientras la atonalidad o las
pautas modales de Oriente se juzgan rizomáticas (D-G 2006: 98-99), cuando miramos
los cánones musicales de China y la India la distinción decididamente no funciona, pues
tanto los antiguos sistemas tonales shí èr lü [十二律] o el del gǔqín [古琴] como los sistemas
de rāgas de Hindustan o de Karnāṭaka constituyen regímenes más centrados, hipercodificados,
jerárquicos y normativos de lo que jamás fuera el caso en el mundo occidental.
Un rāga regula mucho más que un modo o una escala; es una normativa que
rige la escala, la línea ascendente y la descendente, las notas enfatizadas, el registro, la
ornamentación, la entonación y el fraseo. Una pieza elaborada en un rāga específico
debe tocarse de cierta manera minuciosamente prescripta a cierta hora del día y en
determinadas estaciones del año, a riesgo de que sobrevenga el infortunio o el cosmos
colapse si así no se hiciere.
Figura 2 – Triángulo de Yang Hui (dominio público)
Si se pretende que la “jerarquía” de un sistema taxonómico de inclusión de clases y la
de un sistema político totalitario son la misma cosa (igualación que no hace justicia ni a
las abstracciones de la lógica ni a las materialidades de la política), entonces es igualmente
inaceptable la presunción deleuziana de que sólo en Occidente han habido sistemas
linneanos de múltiples niveles, “significantes despóticos” afines a los “modos logocéntricos”
del saber (Pinzón Castaño, Suárez Prieto y Garay Ariza 2004: 20). Por el
contrario, la antropología cognitiva ha testimoniado la existencia de taxonomías, partonomías,
árboles binarios y claves clasificatorias en la tradición oral y escrita de la virtual
totalidad de las lenguas, las culturas y los campos semánticos, mucho más allá y
desde mucho antes de que el ethos conceptual de Occidente llegase siquiera a plasmarse
(Tyler 1978; Reynoso 1986; D’Andrade 1994).
Reynoso – Crítica del pensamiento rizomático
7
En la misma tesitura, nada hay en un modelo gramatical que implique jerarquía en el
sentido de un poder opresor ejercido desde “arriba” hacia “abajo”; a menos que estemos
desesperados por desvelar síntomas escondidos u otorgar significación trascendental a la
analogía más peregrina, tampoco hay ecos ciertos y sistemáticos de esa implicación en
los árboles genealógicos, en los diagramas antropológicos de parentesco, en los cladogramas,
en los diagramas filogenéticos o en los esquemas clasificatorios. Tanto en estos
grafismos como en la topología de los grafos la orientación y la topología del dibujo se
saben convencionales: un artificio que varía, además, según la dirección en que se escriba
y lea la escritura circunstancial de la lengua que se trate. Apenas uno se asoma a la
antropología cognitiva, a la etnociencia o al análisis componencial se comprueba además
que una forma arbolada que represente paradigmas ortogonales, claves o taxonomías
se puede trasponer sin pérdida de información a un esquema matricial más parecido
a una red celular rizomática que a cualquier otro objeto (Reynoso 1986). Al experimentar
con los rudimentos del análisis de redes sociales se aprende, del mismo modo,
que todo árbol es susceptible de representarse como (o de convertirse en) una matriz de
incidencia conmutable de celdas cualitativamente idénticas.
Deleuze y Guattari olvidan, asimismo, que la clave de un formalismo radica en su forma
lógica, no en su representación ocasional o en las asociaciones de ideas que ésta despierte;
la representación es sólo un recurso heurístico, un artefacto didáctico, una plasmación
de una idea en una imagen pero no la idea en sí. Los matemáticos de línea dura
en teoría de grafos, de hecho, no conciben primariamente los grafos como dibujos de línea
y punto sino más bien como matrices o colecciones de elementos: “La gente considera
útiles los dibujos (escribe Lawler 1976: 20). Las computadoras no”. “Es útil (llegan
a conceder Bunke y otros 2007: 32) representar los grafos con un diagrama”. Útil,
entonces, pero no primordial.
No es verdad tampoco que los mecanismos gramaticales generen necesariamente lenguaje
y que los contamine por ello un pecado original de logocentrismo. Mientras una
gramática (un algoritmo generativo o generativo-transformacional, a fin de cuentas)
puede engendrar tanto árboles como hierbas, laberintos, embaldosados, espirales, música,
muebles, rizomas, casas o ciudades, una colección de autómatas finitos igualitarios
se puede usar (y de hecho es lo que se usa con frecuencia) para modelar las formas más
crudas de segregación social (Sakoda 1971; Schelling 1969). Si las reglas son la piedra
de toque y los signos diagnósticos de lo autoritario nos aguarda otra decepción, pues es
posible concebir gramáticas cuyos operadores no son reglas: las gramáticas irrestrictas o
de tipo 0 que procesan lenguajes recursivamente enumerables mediante máquinas de
Turing tipificarían los ejemplares canónicos de esta variante; no es posible, por el contrario,
implementar redes de autómatas finitos sin especificar reglas de transición.
El hecho más inoportuno para la ideología rizomática, imagino, radica en que entre árboles
y redes no existe necesariamente la contraposición que sus promotores postulan.
Desde la teoría de grafos en más, los árboles son simplemente grafos (o redes) en las
que no se presentan ciclos o circuitos cerrados: una clase especial de un conjunto que
abarca ambas ideas. Y por añadidura en todo grafo (en toda red, por ende) se aloja un
Reynoso – Crítica del pensamiento rizomático
8
número crecido, usualmente enorme, de árboles abarcadores y de todo género de estructuras,
flujos y trayectorias arbóreas: un rasgo presente en todos los ejemplares del conjunto
(Harary 1969: 32-42; Wilson 1996: 43-59; Balakrishnan 1997: 31-34; Bollobás
2001: 8-14).
Incidentalmente, hay que decir que los árboles abarcadores se conocen desde hace un
tiempo; ya en 1886, Arthur Cayley [1821-1895] (el primer matemático que definió a los
grupos como un conjunto engendrado por una operación binaria y que creó el portentoso
grafo fractal epónimo) había desarrollado una fórmula bien conocida, nn–2 para el
número de árboles abarcadores que existen en un grafo completo Kn (Cayley 1889; Wu
y Chao 2004: §2.1). Esta fórmula en apariencia inocente vuelve a demostrar la impropiedad
de la antítesis que Deleuze y Guattari establecen entre árboles y redes rizomáticas:
no sólo un árbol es también una red, sino que toda red contiene un número formidable
de árboles abarcadores, exactamente nn–2. La impresión “jerárquica” que comunican
los árboles, por otro lado, depende de la forma en que se los mire o se los dibuje (Reynoso
2010: 167-169).
Alcanza con modelar la misma realidad de un modo ligeramente distinto para que un
árbol genealógico (por ejemplo) que sólo contempla algunas relaciones de filiación,
alianza y consanguinidad se convierta palpablemente en una densa red. O para decirlo
de otro modo: un diagrama arbolado de parentesco es de hecho una red en la que a los
efectos de claridad analítica se han omitido algunas relaciones.
Hace ya algunas décadas que el filósofo Nelson Goodman (1972) nos advirtió sobre las
falacias y dilemas de las analogías, de los señalamientos de similitudes, de la agrupación
en clases y de las oposiciones amañadas. No es necesario suscribir a su relativismo
extremo para comprobar que, al igual que tantas otras, la popular oposición entre redes
y árboles se funda en una falsa antinomia. Si por alguna razón arbitraria se torna ineludible
encontrar el opuesto “natural” de una red celular que se auto-organiza, no será
en modo alguno un árbol o una gramática analítica sino más probablemente un modelo
holístico top to down.3
Párrafo aparte merecería la exégesis de la caracterización de los autómatas celulares que
constituyen el arquetipo formal del principio rizomático (D-G 2006: 22). Igual que
sucede con la de los algoritmos arbóreos esta semblanza también es incorrecta. Verdad
es que en estos autómatas no hay una instancia central que determine el estado del conjunto;
los elementos que constituyen el sistema, sin embargo, no son autónomos y obedecen
a reglas de transición que generalmente son de carácter global (Reynoso 2010:
39-90). Particularmente errada es la noción de que en un sistema de este tipo los individuos
son intercambiables y que sólo se definen por su estado. Lo primero es altamente
improbable y dependerá de la distribución de los patrones en el conjunto; los “indivi-
3 En términos algorítmicos genéricos, lo contrario de un autómata celular, por ejemplo, no ha de ser un
sistema de Lindenmayer sino un modelo de dinámica de sistemas. En una implementación concreta de
(digamos) un modelo de predicción de la expansión urbana, lo opuesto al sistema celular SLEUTH es en
todos los respectos la dinámica urbana de Forrester.
Reynoso – Crítica del pensamiento rizomático
9
duos” (que sólo serían tales en el sentido usual de la palabra dependiendo de la interpretación
que se asigne a los elementos) no se definen sólo por su estado sino también por
los estados de su vecindades.
Igualmente es inexacta la afirmación que establece que el resultado final o global de un
conjunto de autómatas finitos tiende a sincronizarse de manera más o menos inexorable.
Hay fenómenos diversos de sincronización estudiados en la ciencia compleja (Strogatz
2003); algunas reglas específicas (la simulación de Belousov-Zhabotinsky) dan excepcionalmente
la impresión de un sincronismo global; pero de ningún modo tal patrón es
peculiar o definitorio de los sistemas celulares en general. Aunque primero habría que
consensuar muy cuidadosamente qué clase de conducta rítmica o periódica puede considerarse
sincronizada, la probabilidad de que un sistema de autómatas finitos celulares
adopte un comportamiento que la mayoría de nosotros tipificaría como tal ha probado
ser extremadamente pequeña.
Más errada todavía es la aserción que alega que la lógica binaria y los modelos arbóreos
jamás han entendido la multiplicidad y que para llegar a dos, tres, cuatro, etc necesitan
proceder serialmente y disponer de una fuerte unidad primordial, un principio-raíz,
Grund, roots y fundations [sic] (D-G 2006: 11, 13-15). En la ciencia compleja, de hecho,
los sistemas de Lindenmayer o sistemas-L, basados en autómatas de almacén estrictamente
arbóreos, implementan de manera ejemplar y a escala masivamente paralela
operaciones recursivas de sustitución que (junto a los algoritmos de enjambre y de colonia
de hormigas) se reconocen como la encarnación de la multiplicidad por antonomasia.
No hay en estos sistemas ninguna unidad principal a modo de pivote inmóvil: cada
operando existe sólo para ser sustituido la cantidad de veces que se quiera por cadenas
cuyos elementos serán a su vez objeto de sustitución. Aristid Lindenmayer era botánico;
en su modelo, para más añadidura, cuando se configura el axioma que convencionalmente
se toma como punto de partida no se habla de pivotes o de raíces, sino de
semillas, término que cubre tanto a los árboles como a los rizomas. Los sistemas-L se
utilizan hoy rutinariamente en diversos campos del saber, desde la arquitectura y el
diseño urbano a la composición musical, una empresa que Deleuze y Guattari reputan
más rizomática que arbórea (D-G 2006: 99; Reynoso 2010: 159-206).
El argumento más equivocado del modelo rizomático, por último, ha de ser el que establece
no sólo que los árboles son despóticos sino que las redes son inherentemente democráticas.
Este es un viejo lugar común de la literatura de divulgación científica que
todavía se encuentra de tarde en tarde. En La trama de la vida Fritjof Capra (2003) ha
codificado una visión reticular que niega dignidad a las jerarquías y que exalta el igualitarismo
y la benevolencia de las redes que se auto-organizan sin necesidad de un gobierno
o jerarquía vertical. Escribe Capra:
La visión de los sistemas vivos como redes proporciona una nueva perspectiva sobre las
llamadas jerarquías de la naturaleza. [...] [L]a trama de la vida está constituida por redes
dentro de redes. En cada escala y bajo un escrutinio más cercano, los nodos de una red se
revelan como redes más pequeñas. Tendemos a organizar estos sistemas, todos ellos anidando
en sistemas mayores, en un esquema jerárquico situando los mayores por encima
de los menores a modo de pirámide invertida, pero esto no es más que una proyección huReynoso
– Crítica del pensamiento rizomático
10
mana. En la naturaleza no hay un “arriba” ni un “abajo” ni se dan jerarquías. Sólo hay redes
dentro de redes (Capra 2003: 54-55).
Siendo Capra un autor que cita a Bateson como su referencia cardinal (cf. Capra 2003:
38, 72-74, 80, 174, 315-318) resulta inexplicable que denuncie el carácter construido de
las jerarquías (“una proyección humana”) mientras silencia el hecho de que las redes y
sus anidamientos son construcciones igualmente arbitrarias, mapas de un territorio que
por definición no son sino una clase entre las muchas clases de mapas posibles. Todavía
nos esperan más inconsistencias. Por un lado, una creencia tal como que “en la naturaleza
[…] no se dan jerarquías” ignora de plano los hallazgos de la etología en torno de la
organización social de las especies, desde las hormigas hasta los primates superiores, así
como la brutal realidad de las cadenas tróficas.4 Por el otro, alcanza con pensar en las
redes de trata de blancas o de prostitución infantil, o en las de tráfico de esclavos, bebés,
armas, órganos y drogas para comprobar, por otro lado, sin necesidad de remitirnos a la
cruel constatación del enojoso principio de San Mateo (Merton 1968), que no necesariamente
hay en las redes (por contraste con los árboles o las jerarquías) una bondad,
una armonía con la naturaleza o un igualitarismo constitutivo.
En el campo de la complejidad, en fin, las redes y los autómatas finitos existen codo a
codo con las gramáticas y con toda suerte de principios algorítmicos, algunos sumamente
abstractos, otros henchidos de metáfora. Todos ellos se pueden adaptar a diversos fines
o combinar entre sí cuando hace falta. Desde ya que es dudoso que exista una investigación
ideológicamente neutra o libre de proyecciones humanas, sea eso lo que fuere.
Pero sería un disparate insigne y una ingenuidad imperdonable pretender que la mera
decisión de suma cero de promover un algoritmo en vez de otro ha de ser la contienda
política y teórica más urgente en que debemos embarcarnos.
Conclusiones
Hay un largo trecho entre el modo literario o incluso filosófico de tratar las ideas y los
requerimientos del razonamiento científico. Como yo los entiendo, estos últimos implican
un tratamiento dialógico de las fuentes, un examen sereno del estado de la cuestión,
un régimen de adecuación descriptiva y un instrumental demostrativo de los que aquél
con obstinada frecuencia acostumbra prescindir sin que (por lo visto) se desencadene el
escándalo que debería.
Implican también saber reprimir las tentaciones del espíritu que homologan métodos
más ilusorios que esclarecedores: diagnosticar disyuntivas existenciales o conspiraciones
ideológicas donde no está probado que las haya, atribuir valor moral a meras inflexiones
aritméticas, antropomorfizar formalismos, confundir las propiedades de una en-
4 Todas las multiplicidades son rizomáticas, aseguran los autores, argumentando que los elementos de una
multiplicidad son intercambiables, que los animales son rizoma cuando van en manada y que no hay jerarquías
dentro de un rizoma o en la naturaleza sin más (D-G 2006: 11-12). Invito a pensar en la dimensión
etológica de los enjambres, piaras y manadas, en las que la jerarquización, la imposición funcional y
el orden de picoteo llegan a generar extremos de dimorfismo sexual y social en una misma especie (machos
alfa, hembras alfa, hormigas obreras, soldados, jardineras, constructoras y machos fértiles, abejas
reinas y así hasta el éxtasis), para juzgar la congruencia de estas apreciaciones.
Reynoso – Crítica del pensamiento rizomático
11
tidad real con las de la herramienta abstracta que se le pudiera aplicar para comprenderla,
propiciar una compulsión a la diagnosis especulativa más fóbica y febril que la
del psicoanálisis o culpar maquinalmente al capitalismo, al patriarcado, al logocentrismo,
al positivismo, a “todo el pensamiento Occidental” (D-G 2006: 23) o a cualquier
entelequia que nadie se molestará en defender por los obstáculos reales, imaginarios y
simbólicos que nos impiden vislumbrar el mundo tal cual es.
En el mundo hay y seguirán habiendo organizaciones e instancias que algunos juzgarán
perversas al lado de otras benéficas o solidarias; algunas de ellas admiten que se las indague
a través de formalismos arbóreos, rizomáticos o de muchas otras clases, o de varias
clases combinadas dependiendo de los fines de la investigación y de la libertad que
debe concederse al estudioso para que nos ayude a explicar y transformar la realidad a
través del instrumento que estime apropiado. A menos que demos crédito a un tejido de
resonancias y analogías cósmicas como aquél en el que los oscurantistas o los guenonianos
creen a pies juntillas, nada de esto es razón suficiente para glorificar o repudiar a las
redes, los árboles, los grafos, los organigramas, las álgebras, los rizomas, los sistemas
de autómatas finitos o el artificio que fuere como mecanismos alternativos de representación
y modelado.
No pretendo aquí impugnar el ideario de Deleuze y Guattari en su conjunto, ni poner en
tela de juicio sus figuras del lenguaje, ni contraponer su filosofía a la ciencia: señalo,
simplemente, el camino a recorrer por un modelo para que la metáfora en que se inspira
sea fiel a la verdad en los hechos que refiere y metodológicamente sostenible en las promesas
que formula.
El problema con el postulado rizomático no finca sólo en que resulte internamente contradictorio,
en que no proporcione una implementación de referencia o en que carezca
de aparato erudito, sino en que incluso como pura rumia intelectual se presenta forzada,
chapucera, grandilocuente, previsible. Su precariedad en materia de los conocimientos
lingüísticos, matemáticos, históricos y antropológicos que están en juego, su rimbombanciapedagógica sin respaldo genuino y la superficialidad con que se expide sobretodo cuanto atañe a la epistemología de la modelización y a los métodos formales no
debieran pasar sin consideración. Pues el modelo que propone, crispado como pocos, no
está a la altura de lo que las ciencias sociales cabalmente necesitan ni muestra tampocola inteligencia y el rigor que Deleuze y Guattari han sabido ofrecernos en sus momentosmás afortunados.
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sábado, 2 de abril de 2011
"Árboles y redes: Crítica del pensamiento rizomático" por Carlos Reynoso.
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DARÍO YANCÁN
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lunes, 28 de marzo de 2011
"LA METÁFORA ARQUITECTÓNICA". Entrevista a Jacques Derrida por Eva Meyer.

La arquitectura como tecnica, a dónde va, sin invención.
Queremos interrogarle sobre las posibles consecuencias de su filosofía en la arquitectura: ¿qué supone esta actividad en el ámbito de la deconstrucción?, ¿puede haber cierta síntesis entre arquitectura y pensamiento que supere las limitaciones convencionales?, ¿existe, por expresarlo en sus propios términos, un nuevo pensamiento «arquitectónico»?
Consideremos el problema del pensamiento arquitectónico. Con ello no pretendo plantear la arquitectura como una técnica extraña al pensamiento y apta quizá, entonces, para representarlo en el espacio, para constituir casi su materialización, sino que intento exponer el problema arquitectónico como una posibilidad del pensamiento mismo... Ya que alude a una separación entre teoría y práctica podemos comenzar preguntándonos cuándo comenzó esta división del trabajo. Pienso que, en el momento en que se diferencia entre theoría y praxis, la arquitectura se percibe como una mera técnica, apartada del pensamiento. No obstante, quizá pueda haber un camino del pensamiento, todavía por descubrir, que pertenecería al momento de concebir la arquitectura, al deseo, a la invención.
Pero si la arquitectura se concibe como una metáfora y en consecuencia, remite siempre a la necesidad de materialización del pensamiento, ¿cómo reintroducir la arquitectura en el pensamiento de un modo no metafórico? ¿Quizá no centrándonos en esa materialización sino permaneciendo siempre en el camino, en un laberinto, por ejemplo?
Luego hablaremos del laberinto. Previamente, me gustaría bosquejar cómo la tradición filosófica ha utilizado el modelo arquitectónico como metáfora de un tipo de pensamiento que, en sí mismo, no puede ser arquitectónico. En Descartes encontramos, por ejemplo, la metáfora de los fundamentos de la ciudad, y se supone que tales cimientos son los que propiamente han de soportar al edificio, la construcción arquitectónica, la misma ciudad. Existe, por lo tanto, un tipo de metáfora urbana en la filosofía. Las Meditaciones y el Discurso del método están plagados de estas metáforas arquitectónicas que, además, tienen siempre una relevancia política. Cuando Aristóteles quiere poner un ejemplo de teoría y práctica, cita al architekton, al que conoce el origen de las cosas: es un teórico que también puede enseñar y que tiene bajo sus órdenes a trabajadores que son incapaces de pensar de forma autónoma. De este modo se establece una jerarquía política. La arquitectónica se define como un arte de sistemas; como un arte, por lo tanto, idónea para la organización racional de las ramas del saber en su integridad. Es evidente que la referencia arquitectónica es útil para la retórica, para un lenguaje que en sí mismo no ha conservado ningún carácter arquitectónico. Por ello me pregunto cómo pudo haber existido una forma de pensamiento relacionada con el hecho arquitectónico antes de la separación entre teoría y práctica, entre pensamiento y arquitectura. Si cada lenguaje sugiere una especialización -cierta disposición en un espacio no dominable sino sólo accesible por aproximaciones sucesivas- entonces es posible compararlo con una especie de colonización, con la apertura de un camino. Una vía no a descubrir sino que debe crearse. Y la arquitectura no es en absoluto ajena a tal creación. Cada espacio arquitectónico, todo espacio habitable, parte de una premisa: que el edificio se encuentre en un camino, en una encrucijada en la que sean posibles el salir y el retornar. No hay edificio sin caminos que conduzcan a él o que arranquen de él, ni tampoco hay edificios sin recorridos interiores, sin pasillos, escaleras, corredores o puertas. Pero si el lenguaje no puede controlar la accesibilidad de esos trayectos, de esos caminos que llegan a este edificio y que parten de él, únicamente significa que el lenguaje está implicado en estas estructuras, que está en camino, «de camino al habla» [Unterwegs zur Sprache], decía Heidegger, en camino para alcanzarse a sí mismo. El camino no es un método; esto debe quedar claro. El método es una técnica, un procedimiento para obtener el control del camino y lograr que sea viable.
Y ¿qué sería, entonces, el camino?
Vuelvo a referirme a Heidegger, quien señala que el camino no es entonces métodos; que existe una senda que no se puede reducir a la definición de método. La definición del camino como método fue interpretada por Heidegger como una época en la historia de la filosofía que tuvo su inicio en Descartes, Leibniz y Hegel, y que oculta el «ser camino» del camino, sumiéndolo en el olvido, mientras que de hecho, tal «ser camino» indica la infinitud del pensamiento: el pensamiento es siempre un camino. Por tanto, si el pensamiento no se eleva sobre el camino o si el lenguaje del pensamiento o el sistema lingüístico pensante no se entienden como un metalenguaje sobre el camino, ello significa que el lenguaje es un camino y que, por lo tanto, siempre ha tenido una cierta conexión con la habitabilidad. Y con la arquitectura. Este constante estar en camino, esta habitabilidad del camino que no nos ofrece salida alguna, nos atrapa en un laberinto sin escapatoria; o, de un modo más preciso, en una trampa, en un artificio deliberado como el laberinto de Dédalo del que habla Joyce. La cuestión de la arquitectura es de hecho el problema del lugar, de tener lugar en el espacio. El establecimiento de un lugar que hasta entonces no había existido y que está de acuerdo con lo que sucederá allí un día: eso es un lugar. Como dice Mallarmé, ce qui a lieu, c'est le lieu. En absoluto es natural. El establecimiento de un lugar habitable es un acontecimiento. Y obviamente tal establecimiento supone siempre algo técnico. Se inventa algo que antes no existía; pero al mismo tiempo hay un habitante, hombre o Dios, que desea ese lugar, que precede a su invención o que la causa. Por ello, no se sabe muy bien dónde situar el origen del lugar. Quizá haya un laberinto, ni natural ni artificial, en el seno de la historia de la filosofía greco-occidental, que es donde afloró el antagonismo entre naturaleza y tecnología, y en él habitamos. De esta oposición surge la distinción entre los dos laberintos. Pero volvamos al lugar, a la espacialidad y a la escritura. Durante algún tiempo se ha ido estableciendo algo parecido a un procedimiento deconstructivo, un intento de liberarse de las oposiciones impuestas por la historia de la filosofía, como physis / téchne, Dios / hombre, filosofía / arquitectura. Esto es, la deconstrucción analiza y cuestiona parejas de conceptos que se aceptan normalmente como evidentes y naturales, que parece como si no se hubieran institucionalizado en un momento preciso, como si careciesen de historia. A causa de esta naturalidad adquirida, semejantes oposiciones limitan el pensamiento. Ahora, el propio concepto de deconstrucción resulta asimilable a una metáfora arquitectónica. Se dice, con frecuencia, que desarrolla una actividad negativa. Hay algo que ha sido construido, un sistema filosófico, una tradición, una cultura, y entonces llega un deconstructor y destruye la construcción piedra a piedra, analiza la estructura y la deshace. Esto se corresponde a menudo con la verdad. Se observa un sistema platónico-hegeliano, se analiza cómo está construido, qué clave musical o que ángulo musical sostienen al edificio, y entonces uno se libera de la autoridad del sistema... Sin embargo, creo que ésta no es la esencia de la deconstrucción. No es simplemente la técnica de un arquitecto que sabe cómo deconstruir lo que se ha construido, sino que es una investigación que atañe a la propia técnica, a la autoridad de la metáfora arquitectónica y, por lo tanto, deconstituye su personal retórica arquitectónica. La deconstrucción no es sólo -como su nombre parecería indicar- la técnica de una «construcción trastocada», puesto que es capaz de concebir, por sí misma, la idea de construcción. Se podría decir que no hay nada más arquitectónico y al mismo tiempo nada menos arquitectónico que la deconstrucción. El pensamiento arquitectónico sólo puede ser deconstructivo en este sentido: como intento de percibir aquello que establece la autoridad de la concatenación arquitectónica en la filosofía. En este punto podemos volver a lo que vincula la deconstrucción a la escritura: su espacialidad, el pensamiento del camino, de esa apertura de una senda que va inscribiendo sus rastros sin saber a dónde llevará. Visto así, puede afirmarse que abrir un camino es una escritura que no puede atribuirse ni al hombre ni a Dios ni al animal, ya que remite a un sentido muy amplio que excede al de esta clasificación: hombre / Dios / animal. Tal escritura es en verdad laberíntica, pues carece de inicio y de fin. Se está siempre en camino. La oposición entre tiempo y espacio, entre el tiempo del discurso y el espacio de un templo o el de una casa carece de sentido. Se vive en la escritura... Escribir es un modo de habitar. Me gustaría mencionar la forma de escribir del arquitecto. Desde la creación de la proyección ortogonal, planta, alzado y sección se han vuelto medios de representación básicos de la arquitectura, y transmiten a su vez los principios que la definen. En los planos de Palladio, Bramante o Scamozzi se puede leer el paso de una concepción del mundo teocéntrica a una concepción antropocéntrica; la forma en cruz se abre en cuadrados y rectángulos platónicos, para, finalmente, disgregarse por completo. La modernidad, por su lado, se distingue por criticar esta actitud humanística. La Maison Dom-ino de Le Corbusier es paradigmática al respecto: un tipo de construcción hecha mediante elementos prismáticos, de techos planos y grandes ventanales, articulado de un modo racional y carente de ornamentos. Una arquitectura, pues, que no representa ya al hombre, que en sí misma -como dice Peter Eisenman- se vuelve signo autorreferente... Pero una arquitectura que se explica por sí misma suministra información sobre lo que le es propio. Refleja una relación básicamente nueva entre hombre y objeto, entre casa y habitante. Una posibilidad de representar este tipo de arquitectura es la axonometría: una guía para la lectura de un edificio que no presupone su habitabilidad. Me parece que en esta reflexión de la arquitectura sobre la arquitectura se dibuja una crítica profunda sobre la perspectiva del método, inclusive filosófico, y que se puede relacionar con su deconstrucción. Si la casa, aquella que se siente como «la casa propia», se hace accesible a la imitación e inesperadamente entra en la realidad, entonces surge una nueva concepción del construir, no como realización sino como condición del pensamiento.
¿Sería pensable que la concepción del mundo teocéntrica y antropocéntrica, a la que se añade el propio «tener lugar», se transformara en una nueva, distinta red de relaciones?
Lo que se perfila en esta reflexión puede ser entendido como la apertura de la arquitectura, como el inicio de una arquitectura no representativa. En este contexto podría ser interesante recordar el hecho de que, en sus comienzos, la arquitectura no era un arte de representación, mientras que la pintura, el dibujo y la escultura siempre pueden imitar algo de cuya existencia se parte. Me gustaría recordarle de nuevo a Heidegger, y sobre todo «El origen de la obra de arte» [en Holzwege], en donde se hace referencia al Riß (trazo, hendidura). Es este un Riß que debe considerarse en un sentido original, independientemente de ciertas modificaciones como Grundriß (plano, planta), Aufriß (alzado) o Skizze (esquicio, boceto). En la arquitectura hay una imitación del Riß, del grabado, la acción de hendir. Esto hay que asociarlo con la escritura. De aquí deriva el intento por parte de la arquitectura moderna y posmoderna de crear una forma distinta de vida, que se aparte de las antiguas convenciones, donde el proyecto no busque la dominación y el control de las comunicaciones, la economía y el transporte, etc. Está surgiendo una relación completamente nueva entre lo plano -el dibujo-, y el espacio -la arquitectura-. El problema de dicha relación ha sido siempre central. Para hablar de la imposibilidad de una objetivación absoluta, vamos a ir desde el laberinto hasta la torre de Babel. También ahí debe conquistarse el cielo en un acto de epónima, acto que permanece aún indisociablemente ligado a la lengua materna. Una estirpe, los semitas, cuyo nombre significa un nombre -una estirpe, pues, que se llama un nombre [Sem, su epónimo]-, quiere construir una torre para alcanzar el cielo, para -así está escrito- «lograr un nombre». Esta conquista del cielo, ese logro de un punto de observación [rosh: cabeza, jefe, inicio] significa darse un nombre; y con esta grandeza, la grandezas el nombre, de la superioridad de una metalengua, pretende dominar a las restantes estirpes, a las otras lenguas: colonizarlas. Pero Dios desciende del cielo y desbarata esta empresa pronunciando una palabra: Babel. Y dicha palabra es un nombre propio similar a una voz que significa confusión [de balal, confundir]; y con ella condena a los hombres a la multiplicidad de lenguas. Ellos deben renunciar a un proyecto de dominio mediante una lengua universal. El hecho de que esa intervención en la arquitectura, en una construcción -y ello supone también en una deconstrucción- represente el fracaso o la limitación impuesta en un lenguaje universal para desbaratar el plan de un dominio político y lingüístico del mundo, nos informa entre otras cosas de la imposibilidad para dominar la multiplicidad de los lenguajes. Es imposible la existencia de una traducción universal. También significa que la construcción en arquitectura siempre será laberíntica. No se trata de renunciar a un punto de vista en favor de otro, que sería el único y absoluto, sino de considerar la multiplicidad de posibles puntos de vista. Si la torre de Babel se hubiera concluido, no existiría la arquitectura. Sólo la imposibilidad de terminarla hizo posible que la arquitectura así como otros muchos lenguajes tengan una historia. Esta historia debe entenderse siempre con relación a un ser divino que es finito. Quizá una de las características de la corriente posmoderna sea tener en cuenta este fracaso. Si el movimiento moderno se distingue por el esfuerzo para conseguir el control absoluto, el movimiento posmoderno podría ser la realización o la experiencia de su final, el fin del proyecto de dominación. Entonces el movimiento posmoderno podría desarrollar una nueva relación con lo divino, que ya no se manifestaría en las formas tradicionales de las deidades griegas, cristianas u otras, sino que indicaría aún las condiciones para el pensamiento arquitectónico. Quizá el pensamiento arquitectónico no exista; pero si tuviera que haber uno, sólo se podría expresar con las dimensiones de lo elevado, lo supremo y lo sublime. Vista así, la arquitectura no es una cuestión de espacio, sino una experiencia de lo supremo que no sería superior sino, en cierto modo, más antigua que el espacio y, por tanto, es una espacialización del tiempo.
¿Podría concebirse esta especialización como una concepción posmoderna de un proceso que envuelve al sujeto en su maquinaria de modo tal que no se reconoce ya en ella? ¿Cómo puede entenderse ésta como técnica si no implica ya una conquista, una dominación?
Todo lo que hemos hablado hasta ahora reclama atención sobre el problema de la doctrina, y ésta sólo puede situarse en un contexto político. Por ejemplo, ¿cómo es posible desarrollar una nueva facultad inventiva que permita utilizar al arquitecto las posibilidades de la nueva tecnología sin, por ello, aspirar a una uniformidad, sin pretender desarrollar modelos para todo el mundo?, ¿cómo es posible una capacidad de invención de la diferencia arquitectónica, esto es, que se pueda generar un tipo nuevo de multiplicidad, con otros límites, con distintas heterogeneidades, sin reducirse a una técnica panificadora? En el Collége International de Philosophie se ha constituido un seminario en el que trabajamos conjuntamente filósofos y arquitectos, ya que parece evidente que su programación debe ser también una empresa arquitectónica. El Collége no puede encontrar su sitio si no encuentra un lugar, una forma arquitectónica adecuada a lo que quiera ser pensado. El Collége debe ser habitable de tal modo que le distinga sustancialmente de la Universidad. Hasta ahora no existe ningún edificio para el Collége. Se toma un espacio de aquí, una sala de allá; pero, como arquitectura, el Collége no existe aún y quizá no exista nunca. Existe un deseo informe de otras formas. El deseo de un lugar nuevo, de unas galerías, unos corredores, de un nuevo modo de habitar, de pensar. Esto es una promesa. Y si he dicho que el Collége no existe aún como arquitectura, ello significa que quizá no exista aún la comunidad necesaria para lograrla, y que por tal motivo no se establece el lugar. Una comunidad debe asumir la promesa y empeñarse hasta lograr un pensamiento arquitectónico. Se dibuja una relación nueva entre lo singular y lo múltiple, entre el original y la copia. Pensemos, por ejemplo, en China y en Japón donde los templos se construyen con madera, y se ven renovados por completo periódicamente sin que la originalidad se pierda, ya que no se mantiene por su corporeidad sensible sino por algo muy diferente. Esto también es Babel: la multiplicidad de las relaciones con el hecho arquitectónico entre una cultura y otra. Saber que hay lugar para una promesa, aunque luego no surja en su forma visible. Lugares en los que el deseo pueda reconocerse a sí mismo, en los cuales pueda habitar.
Jacques Derrida Febrero de 1986
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DARÍO YANCÁN
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viernes, 11 de marzo de 2011
"EL ESPACIO MODERNO" por Arq.Darío Yancán

http://www.plataformaarquitectura.cl/2010/12/09/the-fogo-long-studio-saunders-architecture/
UNIVERSIDAD NACIONAL DE LA PLATA
FACULTAD DE ARQUITECTURA
TEORÍA - CÁTEDRA I
Ciclo Lectivo 2011
Clase de oposición
Arq. Darío Yancán
Buenos días.
Quisiera antes de encausarme en la problemática de un objeto concreto, hacer unas salvedades si se me permite a modo de…, digamos…, exhortación, exordio, o reclamo.
En el encabezado del TP que les he compartido en la inscripción, en el pequeño llamado a mis colegas docentes, señala en forma de cita inicial, lo siguiente:
“… muchos repiten lo dicho casi hasta hacerse inaudible y
nosotros debemos decir algo diferente, no dicho, callado.
Estamos en condiciones?...,
y esa me parece ser la cuestión, el “estar en condiciones”, “el modo de estar en condiciones”, la manera en que planteamos encarar “los dichos” de esta nueva materia que viene a reparar o al menos transitoriamente, a suplir falencias que otras cursadas no han podido resolver.
A lo largo de los estos últimos 30 años, la Facultad, los docentes, los dichos y la maneras de apropiarse del conocimiento nos han traído al estadio actual, a esta necesidad tan evidente/evidenciada que ha reclamado una materia específica. Esta yuxtaposición académica propuesta por la Facultad, es también un compromiso asumido por nosotros al estar voluntariamente aquí, de hacernos portavoces de la reconstrucción como operadores de los intentos de solución a las falencias detectadas.
Entonces, nuestra presencia, aquí y ahora, es muestra de la asunción de un compromiso y una responsabilidad. Y a ese hacerse cargo del estadio de situación, es que apela el exordio, a esa responsabilidad por lo hecho, por el ser actual, y por cómo ser hacia adelante.
Se dice habitualmente que la repetición de métodos y procederes… repiten resultados, y creo que en realidad, lo que se repite es la óptica que nos hace optar por la repetición (de métodos y procederes y resultados). Nos hemos convertido en seres de hábitos, habituales, habituados. Y esa habitualidad, que en la mayoría de los casos se transforma en una previsibilidad que serena, nos propone hasta su discurso armónico y estándar. El estar habituados, digamos a este ecosistema que subsiste en armonía, nos ha permitido “una vida serena”.
Pero según creo, no estamos para un retiro acogedor ni para una óptica tranquilizadora. Estamos en la Universidad y por tanto, estamos en el centro generador de intelecto y por cierto, el desarrollo del pensamiento nunca es un lugar confortable más bien, es muy incómodo.
Se que optar por la comodidad, es tentador. Es como aquel TRABAJADOR que luego de dedicarle muchas horas diarias a su profesión, llega a su casa en busca de la calma. Quien pudiera objetar tal derecho.
Pero lo nuestro es opuesto. Hemos llegado a “nuestra casa” pero en pos de poder desmontar los estados tranquilizadores y mullidos.
Dicho con palabras prestadas, venimos a
“… deconstruir una forma de estar en el mundo…” (Jacques Derrida),
venimos en pos de una opción. Una opción tal, que nos permita trascender el discurso y los métodos habituales de la enseñanza de la Arquitectura.
Entonces…, amigos…, deberemos OPTAR OTRA ÓPTICA… debemos optar y correr los riesgos que se corren
“… cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras…”
Fue muy elocuente la jornada de concurso de aquel diciembre, donde se puso en evidencia que la óptica actual, muy claramente expresada por una mayoría establecida de aspirantes, seguía siendo la de observar el objeto arquitectónico como eje de todo análisis, el objeto arquitectónico como punto de partida. Se buscaba desde el entendimiento del objeto materializado, la obtención de las razones que lo llevaron a ser (actitud “a posteriori” que será debida y conscientemente discutida más adelante).
Desde un entendimiento material-constructivo se buscaba explicar la teoría, pero dicho proceder es perfecto para la labor del historiador que debe liar con objetos pasados que por lo general, no tienen “abogado”. También es un proceder propio del profesional, el cual decide proceder por medio del método ensayístico de prueba / error.
Pero no es para nada apropiado para la ENSEÑANZA Y FORMACION de jóvenes que han de ser provistos de herramientas pro-eyectas y no herramientas para una acción forense.
Pues bien, creo que esa es la óptica a desterrar y esa es la posición a abandonar. Deberemos pasar a trabajar en una instancia PRE-VIA, pre-proyectual, una instancia anterior donde aun carecemos de objetos, aun carecemos de necesidades y de corpus. Y pasando de instancia, nos hallamos en otro punto de vista, ante OTRA ÓPTICA. Nos hallaremos listo para un cambio de estrategia,
“que la arquitectura abandone esa cierta omnipotencia de verse a si misma asilada del restos de las bellas artes y las humanidades, aislada en su exclusividad desde donde observar el mundo, omnipotente de creer que los cambios de paradigmas del pensamiento, podrán ser absorbidos, asimilados y entendidos desde su propia especificidad.”
Entonces, repito la pregunta:
“ estamos en condiciones…”.
El Espacio Arquitectónico
Vamos a hacer un desglose para que nos sea más sencillo poder captar las diferentes dimensiones que se engloban en el tema sugerido. Por un lado veremos:
I. La teoría,
II. La propia encomienda o tema sugerido,
III. La teoría aplicada al espacio moderno,
IV. Ejemplo...
del la cual se derivarán tres temáticas nuevas y necesarias para formular un desarrollo práctico del cambio de paradigma de enseñanza enunciado. Estas son:
• Qué es el espacio?,
• Qué es la Modernidad?,
• Qué es el espacio moderno?
V. Conclusiones.
I. La teoría.
“ …kreatos, krea, kreas, crear, criar, criatura, creación…” Devenir lingüístico.
“…El concepto de creación ha estado mucho más ligado al arte que a la ciencia o la filosofía. ¿Qué crea un pintor? Crea líneas y colores. Esto implica que las líneas y los colores no están dados, que son el término de una creación. Lo que está dado, en última instancia, podría siempre llamarse flujo. Los flujos están dados, y la creación consiste en recortar, organizar, conectar flujos, de tal manera que se dibuje o se haga una creación alrededor de ciertas singularidades extraídas de ellos.”
Gilles Deleuze, 2006
Según la Real Academia Española, teoría es proveniente del griego θεωρία (“observar”) que significa: - Conocimiento especulativo considerado con independencia de toda aplicación.
Se plantea su significado como “especulativo” (espéculo, para observar) pues se trata de la configuraciones hipotéticas y por lo tanto provisionales hasta ser verificadas.
El término θεωρία solía utilizarse dentro del contexto de la observación de una obra teatral, lo que puede explicar porque hoy en día el concepto de teoría permite referirse a algo provisional o que no es completamente real, sino que AÚN tiene entidad de provisorio.
Tengamos en consideración, que el rol del teatro griego, como evento socio-comunicativo, abarcaba: la historia, la tradición, la declamación y la retórica trasmisible. Está de más aclarar que el teatro no era mero divertimento sino el origen de la instrucción pública y que según la temática a trasmitir, el teatro griego se dividía en: TRAGEDIA y COMEDIA.
Prosopon griegos.
De todas formas, la evolución histórica del término le otorgó un sentido más intelectual y comenzó a aplicarse como:
la capacidad para entender la realidad más allá de la experiencia sensible, a través de la comprensión de estas experiencias y su expresión mediante el lenguaje.
Pues bien, ya tenemos al Ho. en actitud de observación más allá de realizar experiencias sensibles y con deseo de saber. Pero a poco de ver, se da cuenta que no entiende.
Quien desconoce, no entiende.
La concepción teórica se basa en la propiedad fundamental de tener la competencia de observar (competencia innata o adquirida), que es la capacidad no sólo de “mirar”, sino de “ver” y deducir.
Tener la capacidad de poder mirar (tener visión) para conseguir ver (una visión que entiende) y así poder observar (visión que entiende y deduce), tres términos que parecieran simples sinónimos pero que son la base diferenciante entre la labor profesional y la labor del consumidor.
Observa quien detalla, ve quien entiende, miran todos…
“…la manipulación concreta de la dimensión temporal donde se sitúan los fenómenos estudiados; el manejo específico de las categorías de verdad y objetividad; la utilización de diversas escalas de observación de los hechos investigados; el problema de la relación teórico-metodológica entre acción individual y estructuras sociales; y las técnicas de exposición, con el relato en el centro de la discusión, componen una OBSERVACIÓN…”
Un concepto que es necesario no pasar por alto, es que se observa desde el punto donde uno se halla, desde un aquí y ahora que sitúa en tiempo/espacio.
Vamos a observar los actos de la modernidad, por ejemplo, desde
“…las nuevas condiciones cognitivas y de sociabilidad impuestas por ese fenómeno general que denominamos postmodernidad…”
o por ejemplo, observar cualquier acto a través de la empírea original: el poder hipnótico del fuego, llevó al Ho. al encantamiento, pero desconoció su capacidad de quemar hasta que experimento en carme propia el ardor.
En cambio nosotros, evitaremos quemarnos, para lo cual debemos construir el soporte necesario del entendimiento. Qué es conocer? Qué es entender?. Secuencialmente, se conoce algo que en principio es novedoso, es un primer contacto, una presentación. Entre ambos actores, quien es presentado y a quien se le presenta, deberá existir una comunicación intelectual para producir una afinidad.
Para acercarnos a las cosas, partimos de saber que lo que tenemos en común y nos une, son una serie de presupuestos, los cuales deberán ser realizados a través de una serie de mediadores que faciliten la mutua comunicación. Éstos pueden ser: especie, códigos, conceptos, lenguaje, tradiciones, y todo tipo de mediador social que sea de la comunidad. A través de estos elementos mediadores se produce el DIÁLOGO como base de cualquier tipo de relación.
Ahora, cuando la presentación es entre dos entidades que carecen de comunidad donde dichos elementos están ausentes, éstos deberán ser creados… creados? Si creados…
Veamos el caso en el que las dos entidades desconocidas son el Ho. y un fenómeno desconocido, y existe un interés del Ho. por conocer y entender. Éste deberá apelar al intelecto y al pensamiento para contemplar, reflexionar y en definitiva, teorizar.
Deberá darse una teoría para poder entender el fenómeno que enfrenta, la cual la podemos definir, según las palabras de Gilles Ferry en cuatro niveles de complejidad posible, a saber:
“Define un primer nivel, de la práctica o del hacer. Aquí el operador no guarda ninguna distancia con el objeto, es decir, con relación a su práctica. Es pura producción empírica; sería el hacer (obras) sin reflexión teórica;
El segundo nivel se produce en el momento en que se realiza un discurso sobre el hacer que intenta responder a la pregunta del cómo hacer. Un discurso empírico que formula indicaciones Se ha producido un distanciamiento con el hacer. Este segundo grado de la escala se identifica con un nivel técnico, nivel de conocimiento técnico;
Un tercer nivel, a través del por qué hacer. Es decir, ya no se trata solo de cómo hacer sino además del para qué hacer y qué hacer. Se define como nivel praxiológico, es decir, se refiere a la praxis: "la praxis es la puesta en obra de diferentes operaciones en un contexto dado que es necesario analizar y en el que tomar decisiones referentes al plan de ejecución de lo que se hace". Y en este nivel ya podemos empezar a hablar de teoría;
Un cuarto nivel, donde se produce un corrimiento que va más allá de la acción, el nivel científico. Su objetivo es conocer y entender cómo funciona un sistema y cómo funcionan los actores de este sistema.”
Así, el Ho. se crea como Teórico, se permite especular, y se intelectualiza a través de la creación de los conceptos necesarios para intervenir en el fluir de los acontecimiento. Crea toda una serie de conceptos para componer su entendimiento.
“… Un filósofo es… alguien que crea conceptos…”
y a la vez,
“… cada noción individual estará llamada a expresar y contener el mundo …”
Veámoslo así, según lo plantea Deleuze en la cita de encabezado de este apartado,
“…¿Qué crea un pintor? Crea líneas y colores. Esto implica que las líneas y los colores no están dados,… Lo que está dado, en última instancia, podría siempre llamarse flujo. Los flujos están dados, y la creación consiste en recortar, organizar, conectar flujos, de tal manera que se dibuje o se haga una creación alrededor de ciertas singularidades extraídas de ellos.”
ahí habla de la existencia de los fenómenos en pleno fluir permanente, como si se hallaran circulando, sobrevolando en rededor del creador (o de la sociedad). Precisamente de lo que estamos hablando de del fluir de la cultura. De la cultura que es hecho cotidiano y permanente invisible y presente en la totalidad de las acción que realizamos.
O si también lo vemos en los términos de Deleuze, en el fluir de la geometría y sus elementos. Las líneas y los colores ya están dados, existentes de manera permanente y nosotros culturalmente sabemos de su existencia. La labor del creador a diferencia del hombre común que ignora el arte de combinar, es la de seleccionar ciertas líneas y cierto colores y cierta composición para determinada obra.
Esto sucede con el intelectual. Posee en fluencia todos los fenómenos de la existencia para los cuales deberá crear una red de conceptos que les permita asir dichos fenómenos, seleccionarlos y extraerlos en una teoría que de sustento a sus especulaciones.
Cuando no posee los conceptos contenedores, el intelectual, los crea con la firme convicción de poder resolver una ínfima parte de los miedos de la Humanidad.
La creación de conceptos realizada por el intelectual, nos permitirán ordenar un sistema de concepciones con la que podamos extraer del flujo permanente del pensamiento, las teorías de creación y de explicación para los hechos.
También debemos acordar que tanto las obras como los conceptos, ambos vistos como creación del intelectual y como instantes o estados transitorios de la multiplicidad, tienen la particularidad de corresponderse con su autor.
“…Los conceptos son firmas espirituales,…son también formas de vida.”
Tanto el filosofo como todo creador se autodefine a partir de un sistema de de conceptos que le sirven de referencia, y en ese marco referencial, la verdad siempre está subordinada al sistema de conceptos del que se dispone.
Podemos concluir que:
• la teoría es una concepción del Ho. y personal,
• que cada hombre con intelecto, humildad para reconocer su ignorancia y capacidad para observar más que ver, es un ser teórico,
• como el Ho. quiere evitar el error por el error mismo, “piensa luego existe”,
• como el “luego” determina una yuxtaposición en la temporalidad, la teoría (el pensar) es una instancia anterior al actuar. La TEORIA es una fenomenización PRE – BIOS .
Ante la ausencia de elementos comunes y comunidad con fenómenos desconocidos, el Ho. se ha serenado a través de la creación de conceptos y de lenguajes y de teorías que la han permitido dar explicación a los hechos de su existencia.
Ha creado teorías que le han permitido una forma de estar en el mundo, una forma de habitar, una forma de estar con los otros hombres. Teorías, digamos en términos generales, las cuales también le han permitido una forma de estar con la Sociedad, con el Arte, con los Dioses, y sobre todo, una teoría que le permita estar a cada instante en la sucesión de permanente cambio del tiempo.
Y en el fondo, lo que siempre ha buscado el Ho., es una teoría que le permita …
estar con uno mismo…
II. La propia encomienda o tema sugerido.
II-1.
Para realizar ésta exposición o éste simulacro, he tomado de los temas propuestos en las “Cláusulas Particulares del llamado a Concurso para Auxiliares Docentes ACD y JTP”, la unidad temática n° 6 del programa de la materia presentado dentro de la propuesta pedagógica.
Dicha unidad trata sobre: - EL ESPACIO ARQUITECTÓNICO,
y de la unidad 6 específicamente realizaré la aplicación de la metodología de enseñanza al ítem denominado:
EL ESPACIO MODERNO,
dado que me sería muy difícil actuar sobre un enunciado general o sobre una totalidad sin existir una instancia de observación particularizada sobre un ejemplo definido.
II-2.
En primera instancia y por vicio profesional, uno tiende a buscar imágenes y referencias gráficas que representen obras construidas del movimiento Moderno, cosa que realizaremos pero en otro momento.
A esas obras construidas, procederemos a llamarlas OBJETOS ARQUITECTÓNICOS.
Pues bien, controlemos la ansiedad pues vamos a realizar un recorrido diferente.
De la misma manera que anteriormente habíamos hablado del libre fluir de la cultura, de la geometría, del Ho., en este caso adolecemos del libre fluir de las arquitectura, de sus concepciones, de sus principios, de sus usuarios. Deberemos reconocer cuales de los principios del pensamiento fueron los que influenciaron en el espíritu de la época y los que moldearon el intelecto, las inquietudes y los postulados que nos permitieron arribar a la modernidad.
Dicho reconocimiento, nos conducirá a confeccionar toda una trama de conceptos tal que podremos detectar en medio del fluir total, los elementos justos que en tiempo/espacio recalaron en la perfomance moderna.
Digamos que, en cuanto a los elementos constitutivos de un estadio del pensamiento que en algún momento de la historia se hacen evidentes y esa evidencia compone un discurso, ya están formando parte de ese fluir eterno.
Hoy nos sobrevuelan los elementos de todos los pensamientos de la historia, desde los más antiguos a los más contemporáneos. Sin mucho pensemos en la presencia diaria de, por ejemplo, las antiguas religiones con base en la filosofía oriental (budismo, taoísmo, shintoismo, etc.) como las que se basan en “las religiones del libro” (en términos derridianos, la judaica, la cristiana, la musulmana) o como el paganismo.
Pues bien, pasaremos a denominar a ese asedio de los elementos constitutivos de la Historia de la Ideas, como LATENCIA.
Y digo LATENCIA y no SINERGIA de una manera intencional pues la SINERGIA actúa sobre la acumulación de energía concentrada en una posibilidad la cuál en determinado nivel desborda de manera independiente de la decisión y la LATENCIA, si bien también es una posibilidad, ésta quedará suspendida hasta el punto en que se decida operarla. No existe posibilidad de desborde ni de operación independiente.
A una LATENCIA se la podría caracterizar por su condición de acechar al Ho. en tanto éste conozca. Una LATENCIA que queda planteada como una posibilidad. Una LATENCIA que está siempre al alcance de la mano y siempre es decisión del Ho., correr el velo del conocimiento. De más está decir que “quien ignora está a salvo”.
Es así que el Ho. permanentemente, vive sobrevolado por la historia, por lo que el pensamiento le tiene reservado. Podría asimilarse a la LATENCIA que existe hoy en la red de internet. Una red que está en extremo cargada de información pendiente de un download. Toda la información se encuentra transformada en bytes y alojada en esa espacialidad virtual.
Entonces el conocimiento es una posibilidad al alcance.
He aquí nuestro quid:
“tenemos todo al alcance de la mano… qué tomamos? Por qué optamos? Sobre que premisas?”
III. La teoría aplicada al espacio moderno.
Hemos convivido en un estado o categoría del pensamiento PREMODERNO. Hemos sostenido una concepción de la actualidad basada en la repetición de
“… la perspectiva de la aprehensión colectiva de un tiempo circular y eterno, quedaba, pues, determinada firmemente por las señas de identificación fijadas en los relatos de origen, de contenido nominativo, cuya autoridad se situaba no tanto en quien lo enunciaba…”
a la par de la celebración del,
“rito, con sus símbolos mnemónicos,” que “cumpliría la función de ahuyentador mágico de las contingencias de un presente exorcizado a través de una continua referencia a la creación cósmica, realizada de una vez y para siempre…”
Esa tranquilidad que nos propinaba el estar a resguardo de cualquier tipo de contingencia, nos refugió en la ritualización tanto de las miradas como de las respuestas. Como todo rito, se basa en la reiteración, en la repetición de ceremonias, en la dogmatización y en el repertorio.
Y el rito se hizo hábito, habitual, diario, cotidiano. También, en pos de su trasmisión, el rito reglamentó sus reglas y estandarizó sus palabras. Palabras justas, apropiadas (por todos y para todos), limitantes. Palabras “marco”, miradas “marco”. Palabras y decires, hábitos habituales, esquema ritual, RELATO. Relato habitual, relato límite, relato marco,
“…el relato es la autoridad en sí misma. El relato autoriza un nosotros indestructible, por encima del cual sólo hay ellos" (Lyotard, 1995: 44).
Hemos coexistido con una óptica de la omnipotencia y del exclusionismo de la profesionalidad. Hemos perecido ante el fin concreto del objeto en detrimento del diálogo y la retórica. Hemos asumido la preeminencia de ser los hacedores del modus vivendi.
Bueno, asumamos también que todos nuestros orgullos son fútiles labilidades.
La realidad que convierte a la Arquitectura en una de las únicas Bellas Artes de resultado utilitario, de aplicación concreta y de funcionalidad determinada y definida, nos ha enceguecido y distanciado de la poesía. Nos ha circunscripto en un logos específico que nos ha provocado aislación.
Cómo romper esa aislación en la que se encuentra la enseñanza de la Arquitectura?
Muchas veces, el estar aislado o encerrado, parte de una decisión personal o parte de no saber ver las virtudes que poseen los que se encuentran a nuestro lado. Creemos que el mundo lo podemos crear solos y lo único que encontramos en la necedad y la miopía.
“El principio de la cura se inicia con el reconocimiento de la enfermedad” pero mientras no se la vea, la situación seguirá invariable. El estado de la arquitectura y de su enseñanza, amerita una cambio de visión y creo que la implementación de una materia como Teoría puede ser una bisagra, puesto que, si la podemos capitalizar, nos permitirá cambiar de óptica.
1- El planteo de trabajo a realizar con EL ESPACIO MODERNO como propuesta, será esclarecer la acción de la teoría como soporte pre–bio, pre–disciplinar, considerando a la teoría como un proceder anterior a la existencia del objeto arquitectónico.
Deberemos ser capaces de dilucidar la dicotomía entre la mirada PRE-PROYECTUAL y POST-PROYECTUAL.
Término a término, la dicotomía ha de ser PRE-POST, entre un antes y un después.
Nace de esta dicotomía, una geografía para cada forma de pensamiento. Todo lo que esta englobado en lo PRE, nos ubica en un sitio de neta intelectualidad ante la posibilidad que algo suceda. También, nos resguarda un espacio de acción que nos posibilitará tomar definiciones de cómo queremos que algo se proyecte. Y hablar de lo PRE-DISCIPLINAR o lo PRE-PROYECTUAL, nos permite pensar qué existe más allá de la frontera de la especificidad?.
Cuando actúo ante un hecho consumado (POST-PROYECTAL, POST- ERIOS), poca posibilidad de incidir en su estado. No tengo la posibilidad de tomar el lienzo, cubrirlo e iniciar el cuadro nuevamente. Ante el objeto arquitectónico no tenga más opción que contemplar y a lo sumo pedir disculpas.
Lo post, justifica; lo pre, fundamenta.
2- Delimitamos el campo de acción de la TEORÍA, como un campo de acción que se compone básicamente de una (1) instancia, la instancia anterior a los objetos de cualquier tipo.
De dicha anterioridad, podemos decir que los estados o el devenir del pensamiento se rigen por: - un movimiento pendular, donde sucesivamente, las ideas se profundizan en un sentido para luego retrotraerse en el sentido siguiente. Aclaremos que hablamos de un péndulo que no posee un punto fijo de oscilación sino que también éste se desplaza con una menor intensidad pero constantemente;
- la construcción de un “puente conceptual” entre lo pasado, lo presente y lo futuro, donde dicho puente se plantea en términos de continuidad/discontinuidad.
Así jamás existirán dos coordenadas que sean exactamente iguales.
Es lo que se conoce como SUCESIÓN HISTÓRICA DE LA IDEA y de esas sucesión no haremos coleccionistas o rastreadores pero no convocación museística sino como investigadores de las razones que llevaron a cada forma construida.
3- Veremos cómo llega al instante presente todo un encadenamiento secuencial de los estadios del pensamiento anteriores, veremos cómo tienen un ciclo en el que crecen hasta encontrar su apogeo y luego, inmediatamente, comienzan su declive en favor del surgimiento de un nuevo estadio.
Esclarecemos cómo cada estadio apela a la huella heideggeriana, al rastro sartreano, al fenómeno husserliano, y a la differance derridiana, cómo inicia su recorrido combinando el estadio alcanzado con inmediata anterioridad más la historia del pensamiento toda más elementos actuales que actúan como detonadores de cambio. Cómo tomará particularidades propias y de su estado anterior, todo ello en el marco de un devenir histórico.
Como dijo Jacques Derrida: “…cada vez única, el fin del mundo… cada vez de vivo, vivo todas las vidas y muero todas las muertes…”,
o como en textos de Jorge Luis Borges ,:
“…posibilidad infinita del hipertexto…”
Destaquemos que esta descripción procedimental se corresponde a la mutación operada durante un instante de espacio/tiempo en el espíritu de una época y donde este cambio afecta todas las esferas de la sociedad.
4- Trascenderemos los límites de lo específico de la arquitectura en pos una visión TRANS Y PRE-DISCIPLINAR y entraremos en campos anejos para tomar dimensión de las condiciones del pensamiento que llevan al Ho. a pensar de determinada manera,
“… quien confiese ser arquitecto… es conveniente que sea ingenioso e inclinado al trabajo, pues no es posible llegar a ser un diestro arquitecto si posee talento pero carece de conocimientos teóricos, o viceversa. Conviene que sea instruido, hábil en el dibujo, competente en geometría, lector atento de los filósofos, entendido en el arte de la música, documentado en medicina, ilustrado en jurisprudencia y perito en astrología y en los movimientos del cosmos..”.
Propuesta Pedagógica, 04.1.– Taller I Teoría de la Arquitectura – 2010.-
Tomo esta cita como excusa y justificativo y por lo cual, pido disculpas a sus autores por el uso intencional que daré a la misma, coincide en esencia con esta siguiente del Arq. Jorge Sarquis:
“…La proyectualidad está condicionada por una realidad que exige abrir la disciplina a la comprensión de las finalidades externas, con la ayuda de otros saberes no sólo de carácter técnico sino sociales y humanístico…”
La evolución de la arquitectura no se halla en la especificidad de la técnica y la interpretación (o justificación, o excusas) del objeto arquitectónico construido. Su evolución está en una vuelta al pensamiento de las Humanidades. Un retorno o una novel incursión a la comunidad de pensamiento de donde la Arquitectura nunca debió abandonar.
5- Se buscará la red de conceptos (existentes o por crear) que permita tamizar la LATENCIA en pos de revelar los elementos que conforman un estadio, un estadio mal llamado espacio moderno el cual sólo es una ínfima parte de la modernidad.
Y también como ya fue expresado, reconoceremos que elementos en fluencia deberemos colectar para conocer y entender, puesto que hablar de concepciones modernas en arquitectura es una mera consecuencia de hablar de la Modernidad.
Conoceremos que conceptos conforman el estadio llamado Modernidad y que resultado alcanza en la visión del mundo.
IV. Ejemplo…
Habíamos adoptados unos párrafos atrás la decisión de plantear un trabajo sobre:
EL ESPACIO MODERNO,
y habíamos adoptado la actitud de actuar teóricamente en UNA instancia PRE-BIOS, PRE-DISCIPLINAR.
El sintagma continente, ESPACIO MODERNO, lo vamos a desmaterializar en las unidades conceptuales que lo componen: - el espacio,
-lo moderno,
y a la vez, cada una de ellas, se extiende al infinito dado su nivel de generalidad. En un cierto punto, la generalidad y la latencia se equiparan, pues ambas poseen la totalidad posible y dependerá de nosotros los elementos a extraer.
Veamos,…
• Qué es el espacio?
Luz, estructura, materia son los elementos definitorios de espacio según la definición de Le Corbusier.
Dicha definición la colocaré en la órbita de lo estrictamente específico, pero a la cual le agregaré una serie finita de otros elementos surgidos del resto de las Humanidades.
Si pensamos en términos musicales, diría que el espacio es la distancia entre partituras y el tempo entre notas.
Si pensamos en términos psicológicos, diría que el espacio es la posibilidad autónoma de ser.
Si pensamos en términos jurídicos, diría que el espacio es la capacidad jurídica de cada persona de ejercer sus derechos..
Y si nos acercamos a la condición física del espacio, visiones que nos podrán ser de utilidad para la tarea proyectual, contrastaría las definiciones de dos intelectuales que marcaron la historia física cartesiana:
• por un lado y derivada de la tesis de Isaac Newton, consideraremos al espacio como una sustancia en sí, corpórea, absoluta y con entidad metafísica,
• y por otro lado me basaré en la definición de Gottfried Leibniz, de considerar al espacio en términos relativos y combinatorios, con respecto a las entidades Monádicas .
Como podemos ver, existe una abismal diferencia entre ambas definiciones, donde la condición newtoniana toma al espacio como un corpus integro al cual los elementos de articulación (muros, columnas, pisos, etc.) se adaptan en pos de mantener la entidad espacial inalterable. Por su parte, la noción leibniciana del espacio, es consecuencia de entidades autónomas, mínimas e inalterables.
Mientras la definición espacial de Newton rigió la espacialidad hasta fines de la Ilustración, en donde la lógica del espacio estaba supeditada a una dimensión establecida y derivada del rito o destino funcional, la lógica del espacio leibniciano, estaba supeditado a la “coexistencia infinitesimal” o a la relatividad de los términos .
En este sentido, Leibniz cuestiona la idea newtoniana del espacio como un ente absoluto, y considera que se trata de una “cosa ideal”. Leibniz opone la relatividad del espacio y con ello su carácter lógico-geométrico, al carácter absoluto-metafísico postulado por Newton. Por lo tanto, el espacio y el tiempo no representan nada absoluto, sino que se constituyen a partir del conjunto de relaciones de orden, distancia, y coexistencia que establecen los entes entre sí.
Hagamos una visualización de lo dicho a través de un gráfico, para lo cual elijo una obra de Todd Saunders en la Isla de Fogo, Canadá, los Estudios Long.
Sobre la síntesis formal de planta, realizaré una visión newtoniana y una visión leibniciana del espacio.
http://www.plataformaarquitectura.cl/2010/12/09/the-fogo-long-studio-saunders-architecture/
En la visión de Newton, la forma del espacio es la que define sus elementos de configuración y los cuales dan nombre a las figuras geométricas. Se trata de formas tan reguladas que hay obtenido una identificación o nominación por si misma.
Los elementos que componen la figura (líneas o aristas, espacio contenido o superficie, espacio exterior o contexto) son mensurables y previsibles. Poseen una lógica que les excede en cada caso y permite su recreación aún ante la ausencia de alguno de ellos.
Así la mnemesis de la figura supera la circunstancia de la incomplenitud o de la ausencia, siendo la memoria, una prótesis a la figura de origen.
Ahora bien, si al mismo proyecto lo afectamos por una acción deconstructiva en la cual desentrañamos hasta la relación entre las mónadas mismas, estaremos ante la desconfiguración no sólo de la geometría euclidiana sino que también estaremos afectando la reserva de memoria.
La deconstrucción (la cual se lleva de maravillas con los postulados de Leibniz) llega al extremo de afectar hasta lo más íntimo de los componentes, llegando a la mínima expresión de la geometría, el punto. Pero esta acción que desestabiliza el sentido de las formas, crea espacialidades que anteriormente no reparaban. Es así el caso de la espacialidad que se produce entre cada uno de los puntos componentes de las líneas, que anteriormente componían la figura.
Habiendo sido desestructurado el concepto de figura geométrica, de unidad geométrica y habiendo llegado a la mínima síntesis que es reducir los elementos a mónadas, el espacio pasara a estar conformado por la coexistencia entre dichos elementos.
Tenemos una espacialidad que incluye la posibilidad de modificación o la tendencia a los cambios de estado pues la desarticulación y rearticulación de la forma ya no depende de una idea total de figura, sino que se recrea a partir de sus variantes.
Dentro de los espacios newtonianos, existe el germen de su propia desarticulación, existe contenida una latencia o condición subversiva con la capacidad de desarticular un discurso establecido. En esa latencia o impulso en espera reside la tendencia a pasar de un estado a otro, pues los estados sucesivos, son los lugares hacia donde tiende el impulso. Esa tendencia a transitar de un estado a otro, es lo que Leibniz llama appetitus y es la propia tendencia la que opera como RE-PRESENTADORA de los lugares infinitos.
• Qué es la Modernidad?
Volvamos al sintagma de origen, EL ESPACIO MODERNO, del cual ya hemos diseccionado la noción de espacio.
Ahora, a por LO MODERNO.
La convención académica acepta que con Descartes se inicia la Modernidad. A él le atribuye la renovación metodológica de la filosofía y la definición de la agenda programática de la ciencia, somete al estricto escrutinio de la duda racional todas las fuentes del conocimiento (los sentidos y la convención), haciendo de la facultad racional que éste detenta el criterio de validación de todo conocer.
Pues bien, nuestro interés radicará en lo moderno a partir del instante de la historia de las ideas en que la Ilustración dio paso a la Modernidad, o mejor dicho, la Modernidad se abrió paso a pesar de la Ilustración. Ahora es menester someterlo a la duda de la razón.
El fundamento doctrinal de la Modernidad, cual está consignado en Descartes excluye manifiestamente lo humano que hay en el hombre dado que es a los sentidos donde se le atribuye la incertidumbre que pesa sobre el proceso del conocimiento.
La misma Ilustración con su bagaje de racionalidad, había actuado sobre la sociedad imperante haciendo retirar los años de oscurantismo medievales y sobre todo, desprendiendo el conocimiento del yugo del miedo y la iluminación.
Contra una tradición que había hecho indispensable el concurso de Dios en el proceso del conocimiento, Descartes propone una metafísica esencialmente racional que le abre paso a una nueva etapa en la historia de Occidente, una etapa en la que el conocimiento es subsidiario de la razón y no de Dios.
La pregunta de la modernidad es de cuño epistemológico, mientras que la pregunta medieval es de estricto cuño teológico.
Los conocimientos racionales se presentan como algo “seguro” al interior del contexto de la modernidad, lo que Anthony Giddens denomina con el concepto de “fiabilidad” presente en las acciones de los sujetos “profanos”, es decir comunes y corrientes.
Ambas etapas, las pasadas y las por venir, siguen acompasadas por el común movimiento pendular de avance y retroceso. Y en ese avanzar y retroceder, van variando partes de la totalidad de una manera paulatina que por vía de la acumulación, llegan a un punto tal que una pequeñas chispa detona el cambio.
“Al modificar una parte, se modifica el todo”. (Teoría Jurídica de los Sistemas).
Es de perogrullo decir que no existe una línea divisoria que determina un “hasta acá”, sino que los cambios de época son producto de la acumulación secuencial de hechos que van produciendo una modificación en la posibilidad de observar los mismos sucesos con OTRA ÓPTICA.
El hombre moderno se sabe diferente a los animales que tienen por ley el instinto, y al hombre medieval que acepta sin más el conocimiento avenido místicamente ‘desde afuera’. Al hacerse consciente de su situación (de soledad e indefensión en el mundo) y de su condición (no sólo instintual), el hombre moderno, se ve abocado a construir por sí mismo el conocimiento que precisa para vivir.
Se puede considerar un hecho para interpretar la afectación de un instante preciso, como puede ser el cambio de los ideales del Anciene Regimen y su paso al racionalismo, como antecesor de la Modernidad, pero no existe un límite sino un detonante.
En el caso de la Modernidad podemos decir que discurrió en tres fases:
1. Una primera fase que se extiende aproximadamente desde comienzos del siglo XVI hasta finales del XVIII,
2. Una segunda fase que comienza con la gran ola revolucionaria de 1789-90, durante la etapa denominada “a dos aguas”,
3. Una tercera fase, que se da con la extensión de la modernidad al mundo en el siglo XX,
Este cambio se produce principalmente a través de una era de revoluciones, de aquellas Revoluciones que dieron por tierra el sistema monárquico, donde el Rey deja de ser depositario de Dios y se seculariza el Gobierno, las clases en ascenso de la burguesía pugnan por cambios económicos, la filosofía libera el pensamiento de la teología y razona, la ciencia inicia su camino de comprobación en detrimento de la fe, los sectores de la economía avanzan sobre las decisiones políticas, la imprenta extiende el conocimiento y la lectura abandona los claustros.
La transformación moderna, que comienza con el Renacimiento y la Reforma, coloca el mundo en tiempo y espacio, los puebla de seres humanos. El mundo ilusorio pasa a ser un mundo falso y queda el mundo físico como único real, un mundo de aquí y ahora.
La reflexividad moderna se expresa como la imposibilidad por “aprehender” y definir un concepto “último” de lo que sería considerado como “moderno”. A diferencia de las sociedades pre-modernas, en donde la tradición implicaba una reformulación “presente y activa” de un pasado dotado de sentido de valor y místico, la reflexión de la vida social moderna se expresa en el hecho de que las prácticas sociales son examinadas constantemente y reformuladas a la luz de la nueva información sobre esas mismas prácticas. Esto no quiere decir en modo alguno que las tradiciones no existan en la vida moderna, sin embargo ya no ocupan el rol fundamental para la cohesión e integración social que manifestaban en las sociedades tradicionales.
Todas estas modificaciones alteran el equilibrio anterior y sacuden las bases en las cuales la verdad (parcial e institucionalizada) se sustentaba por medio de la fuerza y el miedo.
La era de profundos cambios abarcó un período que se extiende por casi dos siglos, a partir de fines del siglo XVII, donde los cambios vinieron de la mano de multiples Revoluciones, entre ellas tenemos: la revolución inglesa de 1689, la revolución norteamericana (independentista) de 1776, y la más significativa en Europa fue la Revolución Francesa de 1789, la cual produjo un cambio significativo en dentro de la estructura social y del orden mundo.
La DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS DEL HOMBRE Y EL CIUDADANO modifica la posición del individuo ante sus pares, ante el Gobierno y ante si mismo:
“Los representantes del pueblo francés, constituidos en Asamblea nacional, considerando que la ignorancia, el olvido o el menosprecio de los derechos del hombre son las únicas causas de las calamidades públicas y de la corrupción de los gobiernos, han resuelto exponer, en una declaración solemne, los derechos naturales, inalienables y sagrados del hombre, a fin de que esta declaración, constantemente presente para todos los miembros del cuerpo social, les recuerde sin cesar sus derechos y sus deberes; a fin de que los actos del poder legislativo y del poder ejecutivo, al poder cotejarse a cada instante con la finalidad de toda institución política, sean más respetados y para que las reclamaciones de los ciudadanos, en adelante fundadas en principios simples e indiscutibles, redunden siempre en beneficio del mantenimiento de la Constitución y de la felicidad de todos.
En consecuencia, la Asamblea nacional reconoce y declara, en presencia del Ser Supremo y bajo sus auspicios, los siguientes derechos del hombre y del ciudadano:
Artículo primero.- Los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derechos. Las distinciones sociales sólo pueden fundarse en la utilidad común.”
Y con la pérdida del miedo, la palabra, el libro y la razón, el Ho. ya no será el siervo.
Antes, el individuo no tenía entidad propia sin que pertenecía a la tierra y al Rey de la misma (ejemplo. no habían apellidos: Irineo de Lyon, Joanne d´Arc, etc.),
después, los individuos adquieren entidad de ciudadano, antes el derecho tenía raíz en la pertenecía y el acceso a la justicia se repartía por castas o corporaciones,
después, los hombres se erigen con igualdad de derechos por el hecho de haber nacido,
antes, los reinos eran la unidad de división de la tierra, dispersos y autocráticos luego de la Caída del imperio Romano de Occidente,
después, se constituyeron los Estados Modernos,
antes, las artes estaban guiadas por una estricta vocación teológica,
después, las artes se secularizaron y se inicia un paulatino abandono de los cánones académicos,
antes, el gusto y la personalidad estaban determinadas por proporciones y patrones de protocolo,
después, se liberan los espíritus y nace el autor como origen de la obra,
y así, mientras hay historia, hay un antes y un después…
Todo este proceso de liberación relatado, más allá de realizar una acción social (cosa que a posteiori se dará indefectiblemente) afecta los fueros más íntimos del espíritu humano…
“…la aureola divide la vida en lo sagrado y lo profano: crea un aura de temor y resplandor sagrados en torno de la matriz de la condición humana, inexorablemente separada de las necesidades y presiones que animan a los hombres y mujeres que la rodean… “todo lo sagrado es profanado”; nada es sagrado, nadie es intocable, la vida se vuelve completamente desacralizada…los hombre y mujeres modernos, sin ningún miedo que los contuviera, no se detuvieran ante nada; libres de temores y temblores, también serán libres para pisotear a todo el que encuentren a su paso…”
Todas estas emancipaciones en los diferentes campos del pensamiento, desembocaron en un nuevo espíritu para un nuevo hombre, dado que operar sobre el intelecto es actuar sobre el espíritu de la época. Esto es operar sobre las esferas de la sociedad. Y cuando uno actúa sobre el plano de las ideas y las formas de estar en el mundo, afecta las visiones de las instituciones sociales.
Según Zygmunt Bauman, la Modernidad tuvo exigencias muy concretas en su proceder:
“… lo primero que debía diluirse eran las lealtades, derechos y obligaciones tradicionales, así como la tradición pasaba a ser el sedimento y residuo del pasado en el presente…”,
se debía terminar con el lastre que detenía el avance.
Otra de las características de la transición desde lo pre-moderno a lo moderno es se trastocan sustancialmente las formas en que se manifiestan las relaciones humanas en general, entendidas éstas en lo que respecta a su desenvolvimiento en “tiempo” y en el “espacio” de las acciones.
Lo que tradicionalmente podía expresarse como una relación social “comunitaria”, de carácter mas bien local, de raigambre y de lugar, es llevado en la modernidad a niveles mundialmente extendidos de la división del trabajo internacional, las relaciones productivas, diplomáticas, económicas, y culturales que se han integrado mundialmente.
Comienza a configurarse un esquema global económico y político sobre nuevas bases ontológicas en lo que respecta al espacio y al tiempo, se reestructura la condición de lugar por cierto más indefinido.
Así, ese nuevo Ho., el hombre moderno ya hecho individuo, ya libre de la dominación patriarcal, se halla desnudo de las “abigarradas ataduras del feudalismo” se halla solo en las calles de la ciudad. Comparte la desnudez del Rey Lear, el desamparo y la visión de la “otra vida que existe tras los muros”. Lo que estaba oculto se hace visible, lo impúdico del mundo se ve.
El Ho. libre del feudo cae inmediatamente en manos del nuevo sistema de producción racional-liberal de la burguesía ascendente que le ofrece su mano mas despojada, desgarradora y de explotación abierta.
“…(la Modernidad) la burguesía ha despojado de su aureola a todas las profesiones…, respetables y dignas de respeto reverente, al médico, al jurisconsulto,al sacerdote, al poeta, al sabio, los ha convertido en sus servidores asalariados…”
Cuando Berman habla de la pérdida de “la aureola” nos refiere a que la Modernidad termino con los esquemas de prelación de su mundo anterior. Sus escalas de valores y sus objetos reverenciales han caído al “barro de la historia” (José Pablo Feinman) y son reemplazado por los de la burguesía. Los nuevos cultos de la Modernidad se erigen…
“…(la Modernidad) la burguesía ha hecho de la dignidad un simple valor de cambio…”
La etapa moderna es un proceso nihílico, de descreimiento, donde la pérdida de aureolas y las antiguas dignidades son puestas en duda. En realidad…
“…las antiguas forma de honor y dignidad no mueren; se la incorpora al mercado, se les añade una etiqueta de precio, adquieren una nueva vida, como mercancías. Así, cualquier forma imaginable de conducta humanase hace moralmente permisible en el momento en que se hace económicamente posible y adquiere “valor; todo vale si es rentable. En esto consiste el nihilismo moderno. Dostoievski, Nietzsche y sus sucesores del siglo XX atribuirán esta situación a la ciencia, al racionalismo y a la muerte de Dios…”
La modernidad cree en un sujeto plenamente conciente cuya certeza es precisamente el cogito que a la par confirma al yo. El hombre queda convertido en un objeto aprehensible enunciado en una definición que como tal requiere universalidad.
“La unidad del sujeto era asegurada por la continuidad entre el deseo y el conocer, el instinto y el saber, el cuerpo y la verdad. Todo esto aseguraba la existencia del sujeto” .
El Ho. moderno común es colocado en una posición de anonimato que implica en cierta forma una relación en la cual de no ser por un principio de “fiabilidad” primaría la desconfianza y la incertidumbre generalizadas. El desanclaje producido por la separación ontológica y práctica del tiempo y el espacio modernos es re-anclado por medio de la fiabilidad, mediante la cual se establece cierta complicidad de la vida en sociedad.
La desatención cortés pasa a ser la forma en que un sujeto “deja en paz” a otro, pasando por su lado mirándolo apenas y sin tocarlo. Dicha “desatención” no hubiera sido posible en la era pre-moderna en donde la localidad de las relaciones sociales implicaba una complicidad directa con las demás personas, en la modernidad en cambio, “representa el tipo más básico de los compromisos de presencia que se dan en los encuentros con extraños”.
Ahora tomemos las palabras del historiador español Julio Aróstegui, que plantea una tesis integral de para evaluar un hecho histórico:
"…la historia es sociedad más tiempo, o menos metafóricamente, "sociedad con tiempo". Por ello toda conciencia que el hombre adquiere de lo histórico es, de alguna manera, una conciencia de la temporalidad…” ,
dimensiones necesarias para su localización en la dualidad tiempo-espacio.
Debemos ser conscientes de que existen muchos modos de ser moderno; no hay una modernidad canónica sino múltiples modernidades: la occidental europea -y dentro de ésta, la democrático-liberal, la bolchevique, la nacionalsocialista-, la norte-americana, la japonesa, la fundamentalista actual, etcétera.
La civilización de la modernidad comporta en cierta medida una modernidad de las civilizaciones por cuanto que todas tienen unos determinados patrones de racionalización y unos portadores de acción colectiva que pugnan por definir la modernidad en sus propios términos, por diferente que esto pueda ser expresado.
Según la tesis de Aróstegui, es posible que asistamos a infinidad de modernidades, y de todas esas modernidades, deberemos saber cuál es el estado histórico desde dónde vamos a observar? el punto de observación que adoptaremos observar? y desde dónde nos llega objeto de observación?.
Ese saber del aquí/ahora, producto de la reificación del individuo, va a permitir definir al individuo, a la mirada que va a realizar su crítica. Y ese individuo nunca tendrá una mirada aséptica, desprejuiciada e inocente.
Toda crítica siempre se realiza desde una cierta doctrina, desde una cierta temporalidad y desde una determinada circunstancia. Al igual que el individuo crítico que vierte su mirada desde su circunstancia en particular.
La adopción del punto de vista para ejercer la crítica también es una forma de mantener una…
“…relación con esa categoría opaca y referencial que es el tiempo nos dará las claves de la conformación actual de una conciencia colectiva concreta de la temporalidad…”
y esa visión concreta a la vez nos hablará de los momentos que se vive. Visión y temporalidad, son elementos que componen la huella o la carga de significación que tienen los conceptos.
“…Conocer es representar; pero esto significa que hay posiciones tomadas en tanto la posibilidad de elaborar la imagen del mundo tiene como supuestos un sujeto capaz de formar y elaborar tal representación y un algo que representar.”
Nadie niega hoy, la situación de crisis de la razón, lo que se ha constituido en un estado rotundo de la cultura contemporánea: crisis de la representación y crisis del sujeto. El saber abarcativo, que responde por una totalidad, demuestra su impotencia para dar cuenta del mundo contemporáneo.
• Qué es el espacio moderno?
Volvamos al sintagma de origen, EL ESPACIO MODERNO, del cual ya hemos diseccionado la noción de espacio y la noción de Modernidad.
Ahora, a por los dos juntos. A ver qué es lo que resulta de la combinación: EL ESPACIO MODERNO.
Resaltemos, antes de iniciar este último tramo, que la Modernidad, como concepción más teórica que sensible, demandó un gran esfuerzo intelectual cosa que se reveló como antitético con sus postulados de generalidad e igualdad. Esta exigencia profundizó por otra vía, la segmentación social para finalmente retroceder ante el acervo y la resurgente tradición posmoderna.
Originalmente el espacio moderno confrontó co una concepción de espacio entendido como un ente infinito estructurado según las leyes absolutas de las matemáticas.
Con la racionalización de los procesos de definición del espacio físico cambió la función simbólica de los elementos arquitectónicos. Esta se apoyaría, sobre todo, en razones morfológicas más que teológicas. Fueron los cuerpos geométricos de mayor regularidad los que simbolizaron los ideales del humanismo.
“…la creación arquitectónica es el concebir un sistema de relaciones espaciales.”
El espacio ya no es direccional, jerarquizado ni orientado (en el sentido mítico del término). Se presenta homogéneo e infinito.
Con el purismo de Amedée Ozenfant y Charles Edouard Jeanneret, conocido posteriormente como Le Corbusier surge hacia la idea de que el arte debería desarrollarse en paralelo a la ciencia, en cuanto las dos tienden a generalizar las propiedades de la naturaleza, sus fundadores buscarían romper esa brecha en la que la ciencia había avanzado hacia el futuro y el arte se había quedado atrás.
http://www.plataformaarquitectura.cl/2010/12/09/the-fogo-long-studio-saunders-architecture/
El racionalismo en arquitectura coincide siempre con el funcionalismo, es decir, con la premisa de que la forma es un resultado de la función.
El racionalismo arquitectónico, que se fundamenta en el mito de una sociedad científica y racionalmente ordenada, como proceso de pensamiento se ha convertido en forma. En todos estos casos la arquitectura está interpretada como contenedor de actividades, como sumatorio de instalaciones, maquina que absorbe la energía del entorno, como problema de medidas, como definición de estándares. La arquitectura racionalista parte de la entronización del método. Toda precipitación, intuición, improvisación ha de ser sustituida por la sistematicidad, los cálculos precisos y los materiales producidos en serie.
Racionalismo y funcionalismo fueron interpretados por Theodor W. Adorno, como mecanismos empobrecedores de las complejidades y cualidades de la realidad.
Para esto pretenden crear un nuevo arte basado en la geometría pura, la colaboración tecnológica, la coherencia con el desarrollo técnico, estandarización y economía de medios, cuya manifestación más radical la hará la analogía mecánica de la casa como una máquina para vivir.
Con el Neoplasticismo como movimiento, Piet Mondrian y Theo Van Doesburg, avanzan en el sentido de emplear las concepciones espaciales cubistas donde encuentran en la oposición de los fundamentos básicos del arte: forma y color, superficie y línea, las herramientas para la creación de un lenguaje puro, comprensible a sí mismo. Tienden a un proceso de abstracción paulatino hasta reducir a la mínima expresión.
Basándose en la abstracción y exploración del cubismo y otras influencias relacionadas con condicionantes tecnológicas y sobre todo con la reflexión de la sociedad de la Era de la Máquina, generaron una serie de conceptos de simplificación y superposición que después se materializarían en la concepción arquitectónica.
La nueva arquitectura pasa de ser una arquitectura del eje lineal a ser una arquitectura de la superposición. Superposición de la línea como en el caso de estudio estructural constructivista, superposición del plano y la línea como en las propuestas de De Stijl reflejadas en la Casa Schröder-Rietveld y la superposición de volúmenes como en la serie de villas de Le Corbusier y en concreto la Ville Savoye.
En la arquitectura de la Bauhaus, la concepción que el arte debe responder a las necesidades sociales corresponde a la artesanía utilitaria. Se entroniza un método que abandona las normas de la composición clásica y que experimenta nuevos métodos, ya sean racionales o irracionales, a la vez que destierra el ornamento. Se establecería un sistema de clasificación y organización de la producción arquitectónica en base a parámetros formales afines a todas las propuestas: el espacio acotado, la regularidad modular en vez de la composición de eje axial.
La concepción que desarrollan estas vanguardias se basa en un espacio libre, fluido, ligero, continuo, abierto, infinito, secularizado, transparente, abstracto, indiferenciado, en total contraposición al espacio tradicional que es diferenciado volumétricamente, de forma identificable, discontinuo, delimitado, especifico, newtiano, cartesiano y estático. A esta nueva modalidad de espacio unos lo denominaron espacio‐tiempo y otros la calificaron como antiespacio por generarse como contraposición y disolución del tradicional espacio cerrado, delimitado por muros.
Todo ello culminara en un paso trascendental en la evolución de la arquitectura donde la concepción del espacio quedará conformado sobre un plano horizontal libre con fachada transparente. Todo espacio moderno gira en torno a un protagonista estructural y formal a la vez: el pilar.
La sensibilidad por el lugar es irrelevante. Todo objeto arquitectónico surge sobre una indiscutible autonomía.
Los conceptos de espacio y de lugar, se pueden diferenciar. Espacio tiene una condición ideal, teórica, genérica e indefinida y lugar posee un carácter concreto, empírico, existencial, articulado, definido hasta los detalles.
La idea de lugar se diferencia de la del espacio por la presencia de la experiencia. Lugar está relacionado con el proceso fenomenológico de la percepción y la experiencia del mundo por parte del cuerpo humano.
“…La oposición a la monumentalidad tradicional se manifiesta en otro de los objetivos de la arquitectura de la era de la maquina: todo se subordina a la búsqueda de prototipos. El pensamiento moderno, con su insistencia en la reproductibilidad, había convertido a la arquitectura en diseño de prototipos. Otro obstáculo, en la medida que el movimiento moderno radica en una pretendida ahistoricidad; parte de la conciencia de ser él mismo un hecho histórico trascendental, y por tanto, puede prescindir de la necesidad de una historia anterior. En la edad de la maquina se considera que es posible encontrar un camino propio para caracterizar la arquitectura. Partiendo de la negación de la tradición, las vanguardias proponen unas formas puras y abstractas, de cubiertas radicalmente planas, conformadas por nuevos materiales y tecnologías…”
En la teoría arquitectónica reproductiva ha sido necesaria la utilización de nociones que conciliasen la inmensa diversidad de las instancias individualizadoras con los esquemas generalizadores e interpretativos. Esta necesidad ha culminado en la cultura contemporánea con el pensamiento estructuralista o la teoría de los tipos de visiones del mundo. Recurrieron a categorías interpretativas próximas a la noción de este tipo, para vulgarizarse finalmente en la dicotomía tipo/modelo:
tipo, es la idea genérica, platónica, arquetípica, es la forma básica común en la arquitectura, modelo es aquello que puede irse repitiendo tal cual, como un sello que posee una serie de caracteres recurrentes.
El espacio moderno, fluido libre, integrado de planta libre, de expresión no privativa, con su adiós a la intimidad… ilimitado como los cuadros de Rothko, tan público (visto, expuesto, impúdico) como la casa Curuchet, en aquella escena de la película “El hombre de al lado”, donde Leonardo no tiene donde esconderse dentro de su casa de la mirada de Victor, donde la lucha se plantea por una simple ventana que afecta su intimidad, mientras es observado, fotografiado, filmado desde todos los ángulos hasta por los ladrones.
Es usual en el espacio público de la actual modernidad,
“…observar la realidad de segregación, ghettos y espacios enclávicos, y hablar en forma nostálgica del decaimiento e incluso de la desaparición del espacio público… contrastan a la ciudad actual con un pasado mítico, ubicado en algún momento de la era moderna, en el cual las características propias del espacio público –multiplicidad de usos y encuentro social– no sólo se desarrollaban, sino además estaban en constante expansión…”
La atomización de la ciudad, de la cual los enclaves fragmentarios como los malls, las comunidades enrejadas o las burbujas turísticas son una expresión, "han puesto fin en la práctica a un componente esencial del espacio público: es la superposición de funciones en un mismo territorio lo que crea complejidad en la experiencia vivida en ese espacio”, enclaves pseudo-públicos donde las interacciones se tratan de contener y controlar.
“…las restricciones, la sospecha y el miedo estarían, cada vez más, marcando las interacciones sociales... en el nuevo paisaje urbano "hay un miedo constante a la exposición, pues todas las diferencias son potencialmente tan explosivas…”
Ha desaparecido del espacio público la autenticidad sobre lo cual Baudrillard (1983) señala que la realidad ha perdido su primacía “hoy las simulaciones” y el espacio público moderno que significaba exposición, debate crítico, interacción entre clases y autenticidad, hoy adolece de representación.
Espacios pseudo-públicos aparecen no sólo como un inocente cambio en el paisaje urbano, sino además como un factor importante en la transformación de nuestras interacciones sociales y la tradición liberal moderna sobre cómo interpretar dicha interacción. Si la democracia liberal requiere el reconocimiento del otro como sujeto, entonces la exclusión y la sobrerregulación se convierten además en una amenaza política.
Tanto por amenaza como por estética en Londres y Nueva York la gente considerada inaceptable por la sociedad en su conjunto era mantenida fuera de los sectores de la ciudad donde se congregaban las clases pudientes, y también, la exclusión de la gente de color de espacios comerciales y el mercado habitacional era un hecho de la vida, y ni siquiera ilegal, hasta mediados de siglo. En efecto, si renunciamos a adoptar una perspectiva extremadamente negativa de la presente situación del espacio público, basada en el prejuicio político o un programa ideológico, el pasado aparece en toda su contradicción y no como una utopía incuestionada.
La utopía burguesa (Fishman, 1987), construida mayoritariamente en los suburbios, era extremadamente excluyente hacia los sectores más pobres de la sociedad.
En la sociedad renacentista la idea de una esfera pública estaba incompleta. La burguesía estaba aún integrada a la estructura tradicional de poder y acomodaba sus demandas a las condiciones políticas de la sociedad. La aparición de la esfera pública requería el cuestionamiento burgués a la forma de gobierno. Una vez que este desafío se presenta, aparecen nuevas instituciones (y también espacios), que se convierten en centros de poder democrático y ciudadanía: conferencias, espectáculos públicos, salones y prensa escrita.
La promesa de Habermas de encuentros libres y diálogo racional entre diversos grupos sociales ha sido llevada al plano de la discusión espacial por muchos autores, y transformada en el pilar de la conceptualización urbanística post-moderna del espacio público. Sin embargo, para estos autores, y contrariamente a la visión de Habermas, el encuentro social y la yuxtaposición de usos en el espacio público no es una promesa no cumplida, sino la característica básica de la vida urbana moderna:
"La experiencia de la vida moderna incluye la primacía de la apertura de las calles, libre circulación, el encuentro impersonal y anónimo entre peatones, el espontáneo disfrute y congregación en las plazas, y la presencia de gente de diferentes orígenes sociales mirándose, observando las vitrinas, comprando, sentándose en cafés, uniéndose a manifestaciones políticas, apropiándose de las calles para sus festivales y demostraciones, y usando los espacios especialmente diseñados para la entretención de las masas".
El espacio público aparece materialmente entonces como un espacio propio de la era moderna, el cual se abre a diferentes motivaciones públicas y cuyo uso es discutido por visiones y propósitos igualmente legítimos. Pero al mismo tiempo es un espacio experimentado como tal por la ciudadanía, y por ende el comportamiento y acciones de los ciudadanos en dicho espacio tienden a reflejar apertura y libertad.
Foucault defiende la idea de que el ejercicio del poder es, en última instancia, la motivación de la acción humana, y por ende su ejercicio no está confinado al Estado, sino que permea a todas las demás instituciones sociales: escuela, familia, etc. "En cualquier sociedad hay relaciones manifiestas de poder que permean, caracterizan y constituyen el cuerpo social, y esas relaciones de poder no pueden ser establecidas, consolidadas ni implementadas sin la producción, acumulación y funcionamiento de un discurso". Lo que se transformó con la llegada de la modernidad no es la naturaleza humana y su vocación de poder, sino las características del discurso de este poder.
Previamente a la Modernidad, el arte de construir correspondía a hacer manifiesto el poder temporal o divino. Los espacios públicos estaban destinados a expresar el poder del soberano, en el mundo moderno se orientan hacia prácticas disciplinarias, a obtener una completa docilidad del cuerpo.
Cerdá en la reforma de su propia ciudad señala: "Las calles no son sólo vías de circulación, son medios estratégicos, las cuales deben siempre ser tan largas y derechas como sea posible".
Podría decir que una mirada específica de la arquitectura tomada exclusivamente desde el mundo material propio, reedita la dicotomía planteada ente modernidad/pos-modernidad, donde el duelo objetividad/subjetividad rigen todo esquema de pensamiento. Así la visión moderna nos determinaría el carácter objetivo y específico de ciencia aplicada frente a los olvidos que evidencia la pos-modernidad al mostrarnos que la supuesta realidad absoluta y objetiva, se halla cruzada por componentes de otras procedencias, materiales, históricos y sobre todo psicológicos.
Lo moderno busca su discurso desde ningún lugar en particular pues toma el todo; lo posmoderno busca desde un determinado sitio, un aquí y ahora que reconoce una parte; lo global busca la virtualidad tomar la totalidad.
V. CONCLUSIONES.
Desaparecida la referencia a un sujeto pensante y volitivo, se desarticula la figura “sujeto” como referencia. Una profunda escisión conmueve a la cultura de la modernidad. Más allá de las promesas de libertad, de la utopía dieciochesca, hoy no queda más que puro presente discontinuo, crítico y desarticulado. La atomización de la sociedad va resultando en la soledad generalizada de los individuos en el marco de la lógica dispersiva, atomística y cínica de esta etapa del capitalismo.
Giddens postula que la coordinación del tiempo es la base del control del espacio, la modernidad diferencia de esta forma al “espacio” del “lugar”, ya que este último se refiere exclusivamente al carácter local de los asentamientos físicos y geográficos específicos, mientras que la noción de “espacio” puede relacionársela con su condición de indeterminación, tránsito o en palabras de Marc Augé, “NO LUGARES”.
El mundo posmoderno rompe fronteras que cree necesario romper para imaginar fuera de todo paradigma normativo la descripción de la realidad.
“…Cuando se estaba consolidando a la arquitectura como arte del lugar, aflora una realidad totalmente nueva con respecto al espacio. Esta situación está generando una nueva sensibilidad, nuevas capacidades de percepción y nuevas teorizaciones. La idea de atopia que defiende Peter Eisenman detractor de cualquier posible relación con el lugar como en los proyectos de Rem Koolhaas.
Los lugares ya no se interpretan como recipientes existenciales permanentes, sino que son entendidos como focos de acontecimientos. Dentro de estas nuevas realidades espaciales podremos distinguir tres grupos de fenómenos: - En primer lugar lo que podemos denominar espacios mediáticos, donde el espacio físico ya no es predominante, sino que la arquitectura se ha transformado en un contenedor neutro con sistemas de objetos, maquinas, imágenes y equipamientos que configuran unos interiores modificables y dinámicos, un ejemplo emblemáticos son los museos, en los cuales la forma del espacio y la presencia de la luz natural ya no son definitorios. - En segundo lugar encontramos a los no lugares, espacios de la sobremodernidad y el anonimato, definidos por la sobreabundancia y el exceso, son espacios relacionados con el transporte rápido, el consumo y el ocio que se contraponen al concepto de lugar de las culturas basadas en una tradición etnológica localizada en el tiempo y en el espacio. - En tercer lugar tenemos el espacio virtual o ciberespacio, el que utilizan arquitectos, ingenieros, diseñadores, músicos, etc.; para proyectar y crear en el ordenador. El que puede conectar distintos espacios de edificios mediante sistemas computarizados, sin necesidad de recurrir a los espacios tradicionales en los que cada actividad tiene su sala y cada compartimiento esta conectado por elementos peatonales y físicos.
Los conceptos y experiencias del espacio y el lugar están en continua transformación e incluso disolución. El lugar y el no lugar son polaridades límite. El espacio casi nunca es delimitante perfecto de la misma manera que el antiespacio casi nunca es infinitamente puro”.
No hay absoluto alguno. Nadie siente en este mundo presente que se encuentre en un lugar de privilegio desde el que otorgue sentido y significados. La ilusión de plenitud está caduca. Un mundo atómico que ha entablado una guerra contra la totalidad, en el que más bien, la idea de totalidad semeja un tabú.
Ningún destino, ningún proyecto, ningún principio esencial que conduzca, todo es espectáculo y pura imagen, todo leve y pasajero; ningún punto al que arribar; no se cree en absoluto alguno.
La evidencia cotidiana desalienta toda posibilidad de generar discursos globalizadores como aquellos que, desandando el tiempo, construyó el imaginario moderno-
MUCHAS GRACIAS POR HABERSE PRESTADO A ESTA SERIE DE ESPECULACIONES.
Publicado por
DARÍO YANCÁN
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