jueves, 18 de octubre de 2012

"LAS FORMAS DEL SUJETO POLITICO EN EL PANORAMA DE LO CONTINGENTE" por Catalina Vargas Tovar


El conocimiento no tiene otra luz iluminadora del mundo que la que arroja la idea de la redención: todo lo demás se agota en reconstrucciones y se reduce a mera técnica. Es preciso fijar perspectivas en las que el mundo aparezca trastocado, enajenado, mostrando sus grietas y desgarros, menesteroso y deforme en el grado que aparece bajo la luz mesiánica.
—Theodor Adorno, Minima Moralia.
(…) y el ritmo de la naturaleza de esa mundaneidad que es eternamente fugaz, que es fugaz en su totalidad tanto espacial como temporal, el ritmo de la naturaleza mesiánica, es la felicidad. Porque la naturaleza es mesiánica por su eterna y total fugacidad. Aspirar a ésta, incluso en esos grados del hombre que son naturaleza, es el cometido de la política mundial cuyo método debe llamarse nihilismo.
— Walter Benjamin, Fragmento político- teológico
Introducción
En el siguiente artículo me interesa sacar a flote una serie de cuestiones en torno a la relación entre las partes y el todo, entre el individuo y la sociedad, que surgen del estudio de la filosofía política desde la contingencia. Esta relación puede verse de varias maneras, ¿pero cómo describir la relación entre estas instancias en un contexto donde la contingencia emerge como el lugar de la política?
El esclarecimiento de la relación entre individuo y sociedad es una preocupación de la filosofía política que tiene una extensa trayectoria comenzando en la antigüedad y con un desarrollo distintivo en la modernidad. Podríamos, por ejemplo, inquirir este tipo de relación en autores como Hobbes, Hegel o Marx. Sin embargo, la indagación de esta relación bajo una perspectiva contingente, no guiada por un espíritu absoluto, por una metafísica, por una idea teleológica de la historia o por la apelación a una naturaleza primordial, nos invita a una revisión de la problemática del sujeto político. La pregunta sería entonces la siguiente: ¿cómo entender una relación política entre sujetos en el panorama de lo contingente?
El recorrido que propongo es el siguiente: en primer lugar, se discierne la relación entre individuo y sociedad a partir de una aproximación a la concepción de comunidad política en Kant según la ilustra Hannah Arendt. Con este panorama de la posición kantiana se busca mostrar la manera en que el sujeto se distancia de lo privado para ingresar en una comunidad política. El caso kantiano resulta paradigmático en la medida en que dibuja los lineamientos desde el espíritu ilustrado que resuena a lo largo de la modernidad y muestra el modo en que se puede lograr un vínculo social en una sociedad moderna, desmembrada y plural.
En segundo lugar, se emprenderá un análisis de la relación entre sujetos a la luz de la contingencia donde se tienen dos objetivos: primero, mostrar cómo se concibe al sujeto político en un panorama de consenso entre las partes; segundo, cómo se concibe en un paradigma de desacuerdo. El objetivo final del recorrido es indicar que, aún si la noción de sujeto político en ambos panoramas suponen una aceptación de a la contingencia, en ambos hay una comprensión diversa de lo político y de cómo entender al otro.
El sujeto político como pliegue de lo social
En Conferencias sobre la filosofía política de Kant, Hannah Arendt explica la manera en que el filósofo alemán se ocupa de fundar una comunidad política por encima del precepto aristotélico según el cual una comunidad tal se constituye de hombres y no de demonios o ángeles (Aristóteles, Política I, 1253 a 4): «El problema del establecimiento del Estado tiene solución incluso para una estirpe de demonios, por muy fuerte que suene» (Arendt, 2003: 40). Estos demonios están inclinados a exceptuarse a sí mismos, pueden desear robar pero no que el robo se convierta en una ley universal, es decir, en ellos prevalece una conducta pública más allá de lo personal. Esta versión demoníaca de la sociedad brota de un contexto ilustrado y moderno donde la multiplicidad de intereses busca cabida bajo la consigna del pensar por uno mismo. Considera la cuestión de la comunidad política entre sujetos heterogéneos que se sustraen de un vínculo metafísico o ideológico. Sin embargo, esto no desencadena una anarquía sino que nos pone frente a una relación particular entre lo público y privado. Según lo anterior, las individualidades están sujetas a un orden público el cual no constriñe su posibilidad de ser libres y tener un pensamiento autónomo. En esa medida, una comunidad política es posible entre sujetos diversos, e incluso, entre sujetos de desobediencia. ¿Cómo es posible una comunidad bajo estas condiciones? Para Kant, uno de los elementos fundamentales del sujeto político es que siempre se expone a lo público, los intereses privados no forman parte de la comunidad política.
Podemos decir que una concepción de comunidad política bajo estos trazos generales corresponde al momento histórico de la Ilustración. Algunos autores, entre ellos Michel Foucault, consideran que la modernidad está descrita en los lineamientos de este fenómeno intelectual y cultural4. La Ilustración es la época crítica que busca desmantelar todo pensamiento, escuela o institución que se funde en la oscuridad metafísica. Lo crítico es demoledor, anti-autoritario, pero sobre todo, un pensamiento que se «expone a un examen libre y público»—es decir, no es una actividad secreta y meramente privada—. Desde esta perspectiva, «el arte del pensamiento crítico tiene siempre implicaciones políticas» (Arendt, 2003:76). Esto sugiere que el predominio de lo público es algo que acompaña al espíritu crítico de la época. Esta esfera pública se impone sobre los intereses particulares y genera una forma de interacción desinteresada. El espíritu crítico se puede ver en las máximas del pensamiento que Kant esboza en la Crítica de la facultad de juzgar: el pensamiento humano debe ser desprejuiciado —pensar por uno mismo—, amplio —pensar en lugar de otros— y consecuente —pensar siempre acorde consigo mismo— (Kant, 1992:§40 Del gusto como una especie de sensus communis). Arendt llama la atención sobre el segundo de estos requisitos puesto que corresponde al escenario público en cuestión: debe haber un examen amplio de lo propio, es decir, es preciso ponerse en relación con otros y en el lugar de otros para lograr un pensamiento crítico.
Lo anterior nos pone ante un juego de interdependencia entre el individuo y la sociedad desde donde se puede lograr un juicio propio y válido sobre un asunto particular. Un sujeto no se comprende a sí mismo aisladamente y se debe distanciar de sus propios intereses para lograr entrar en un ámbito de sociabilidad. Esto describe un movimiento irónico en la medida en que se requiere un distanciamiento de sí para lograr una cercanía consigo mismo y con su mundo. Por otro lado, este tipo de vínculo entre individuos es político en al menos dos sentidos: se da a lo interno de un contexto social o comunidad política —es decir, no se impone desde alguna instancia externa sino que es un vínculo humano— e implica un reconocimiento tanto de lo propio como de lo diverso.
Sin embargo, la pluralidad que emerge en Kant es reducida pues tras ella reposa «el interés propio, no el interés por el mundo» (Arendt, 2003:45). Esta pluralidad es un ser entre otros conducido desde un interés egoísta: predominan un pensar por sí mismo y un deber que tenemos con nosotros mismos. Arendt sugiere que los ideales ilustrados privilegian al individuo —su autonomía y la consecuencia de su pensar— sacrificando el mundo —su contexto, su historia—. En ello hay manera parcial de concebir la pluralidad: el lugar «imparcial» del individuo, buscar ser consecuente consigo mismo, incluye al otro pero como una extensión de la propia conciencia —la cual reposa en parámetros trascendentales—. Esta posición frente a la pluralidad nos brinda indicios de la ausencia de una relación con la contingencia en Kant. De hecho, Arendt rastrea en Kant un germen melancólico frente a la contingencia que lo invita a justificarse más allá de sí mismo y de lo que lo rodea (Arendt, 2003:54). De manera que podríamos decir que todo otro que amplía la visión propia puede ser considerado un rodeo metodológico para lograr superar la contingencia en un orden universal.
Por lo indicado anteriormente, el pensamiento kantiano resulta sugestivo para ir desvelando la relación entre sujetos, que nos concierne en este ensayo, pero se sustrae del contexto contingente. Un pensamiento sumergido en la contingencia no puede apelar a parámetros universales, sino que debe abandonar la «melancolía» y tomarse en serio la particularidad y la pluralidad. Queda claro, sin embargo, que toda indagación sobre el sujeto político no es una indagación sobre lo privado, sino sobre el punto fundamental donde lo privado y lo público entran en contacto: el sujeto político es un pliegue de lo social. El predominio de lo público en Kant no es un obstáculo para la libertad de pensamiento y de expresión, se habla en términos de una libertad pública que debe ser garantizada por un Estado ilustrado; la libertad no está pensada en términos privados.
Algunos autores contemporáneos subrayan la necesidad de una subjetivación auténtica en las cuestiones políticas como garantía de su «politicidad».5 Un asunto político debe incluir un paso por lo personal y lo propio para que pueda ser considerado político y no desencadene o confirme dinámicas ideológicas o de dominación. Esta subjetivación a la que apelan estos autores contemporáneos no apunta a un ámbito privado existencial sino que, al igual que lo expuesto acerca de Kant, esta concepción de lo propio está sobre un escenario público. Esta subjetivación tiene que ver con la posibilidad de plantearse críticamente y autónomamente frente a lo dado, la posibilidad de ser una parte de lo político, en últimas, la posibilidad de ser uno entre otros. En estas reflexiones contemporáneas, la idea de una especie humana que se dirige progresivamente a un telos específico como lo plantea Kant en La idea de una historia universal en sentido cosmopolita, que versa sobre una naturaleza común entre los hombres, es abandonada. Las indagaciones sobre lo social y lo político en la actualidad no se inscriben en líneas teleológicas o esencias metafísicas. Por el contrario, se posan sobre la contingencia.
La contingencia es considerada por algunos autores la categoría que determina el pensamiento de la modernidad6. Es una condición del pensamiento filosófico y de la política que emerge históricamente como resultado de la caída de los grandes discursos sistemáticos y de las utopías políticas. La contingencia implica una historicidad en todo pensamiento y una apertura al movimiento de todo sentido alcanzado. Este término no permite hablar de un fundamento, ni siquiera de un punto de partida único o un punto de vista objetivo; implica que todo pensamiento o acuerdo político tiene como rasgos su historicidad y finitud. En la medida en que no hay un punto de apoyo trascendental que sirva de parámetro para las instituciones políticas, o para resolver conflictos entre partes, éste debe ser provisorio y concebido como un mecanismo susceptible al cambio. Algunos autores consideran que la democracia liberal es un ejemplo de pensamiento político que se ajusta a las condiciones de la contingencia7. Esto, ante todo, porque la contingencia implica una tolerancia de lo diverso, de lo que incluso puede ser inconmensurable con lo propio. Es preciso, sin embargo, aclarar que la contingencia no implica necesariamente un relativismo pues es posible mantener pretensiones de verdad dentro de lo contingente, aunque no se trata de una verdad en sentido absoluto8. Desde esta panorámica, lo contingente se sumerge permanentemente en juegos de lenguaje pero no constituye un obstáculo para llegar a tener posiciones críticas o, incluso, formular transformaciones de la realidad; por el contrario, nos invita a introducir matices en las reflexiones o decisiones políticas y a situarlas en marcos definidos, lo que significa que esta categoría atribuye un elemento reflexivo a la política. En últimas, la contingencia es un panorama donde hay un reconocimiento de la fragilidad y mortalidad del hombre y las sociedades.
Ahora bien, el paradigma de la contingencia tiene implicaciones en la concepción del sujeto político, en la manera en que el individuo se relaciona con los otros y con las instituciones políticas, pues no hay una naturaleza primordial que contenga, a priori, las condiciones de sujeto político. Es decir, el estatus político no está predeterminado por el nacimiento, pero tampoco es un asunto de voluntad individual. ¿Cómo se despliega el sujeto de lo político desde la contingencia?
Un acuerdo entre las partes
Hemos señalado que una serie de posturas contemporáneas de la filosofía política que reconocen la contingencia, aluden a la necesidad de una subjetivación en la política, aún si se sustraen de lo meramente privado. Recordemos a Hans Buchheim y su artículo ¿Qué significa pensar políticamente? para ver el lugar del sujeto político en el panorama del acuerdo.
Con ello sigue la experiencia de que en la convivencia humana todas las cuestiones concretas están entretejidas con cuestiones personales. Todo asunto es el asunto de alguien, es sostenido por determinadas gentes y, por ello, tiene un componente personal. (…) Pensar políticamente significa tomar en cuenta especialmente estos factores e incluirlos en el cálculo (Buchheim, 1985:31).
Ahora bien, ¿de qué manera se hace presente el componente personal? Buchheim quiere mostrar que una pura objetividad no es posible en la política. Sin embargo, esto no implica que la política deba sumergirse en una pura subjetividad, en un conflicto descarnado de necesidades e intereses privados. El campo de lo político no se puede abandonar a lo puramente arbitrario. El hombre forma parte de un tejido social que establece límites a lo personal, pero también potencia una «autocomprensión» de sí mismo. Más adelante nos dirá: «aquello que en una decisión no es objetivo, no tiene por qué ser necesariamente “arbitrario” en el sentido negativo de la palabra, sino que puede ser simplemente “personal”, es decir humano» (Buchheim, 1985:32). En otras palabras, lo personal no radica en una serie de cualidades específicas sino que se presenta en una generalidad humana, el hombre político no es un individuo aislado sino que participa siempre en lo social, es un pliegue social. Las decisiones políticas no buscan satisfacer necesidades particulares, sino que se articulan a partir de una «autocomprensión» de sí con relación a los otros (Buchheim, 1985:35). A la luz de lo anterior, lo personal no es algo que pueda ser explicado como una conciencia privada: al igual que en Kant, lo subjetivo no es una mónada sin ventanas. El hombre que participa de lo político no habla desde las necesidades básicas, es un sujeto que forma parte del mundo de la libertad9. En el mundo de la política, el sujeto debe mantener una cierta distancia consigo mismo: esta distancia es racional y consciente para Buchheim.
Sigamos con Buchheim: «Como razón de determinación para la confirmación de las relaciones con las demás personas, la “autocomprensión” puede ser distinguida claramente tanto de todo tipo de simpatía como de los intereses orientados hacia las necesidades» (Buchheim, 1985:35). Según esto, el proceso de «autocomprensión» se divorcia de la necesidad y también de la simpatía. Por simpatía debemos entender un ideal de armonía entre los hombres, un soporte y un parámetro de unidad previamente establecido. El que la «autocomprensión» involucrada en lo político no esté atada a la simpatía implica la posibilidad de una postura crítica frente al entorno, la posibilidad de distanciarse de las tendencias predominantes en lo social cuando se consideran contradictorias.10 Esto sugiere que el acuerdo entre las partes no es un punto de partida, más bien es el resultado de un tipo de cálculo dialógico.
Según Buchheim, en lo político tiene lugar un encuentro totalmente libre: no hay nada previamente dado ni fines previos, en ello radica su contingencia. Bajo estas condiciones, el diálogo político busca llegar a acuerdos que se desarrollan libre y racionalmente. El proceso comunicativo que se da en lo político es independiente de cualquier determinación previa y apunta hacia la posibilidad de establecer cambios: los acuerdos políticos pueden crear nuevas estructuras institucionales y legales. Ahora bien, las características del diálogo político y la tendencia a objetivarse y formar estructuras a partir de acuerdos despiertan interrogantes. Por ejemplo, cabe preguntarnos por la noción de acuerdo, pues parece dirigirnos a un ideal de comunicabilidad que vale la pena explorar. Es claro que Buchheim no parte de una simpatía entre los hombres, pero una instancia común parece situarse en el horizonte de toda discusión; aún más, parece asumirse que tenemos la facultad de comunicarnos unos con otros en igualdad de condiciones. Esto implicaría que, según Buchheim, iniciamos un diálogo buscando calcular un acuerdo y buscando superar los obstáculos para llegar a ello bajo la asunción que podemos hacerlo. La noción de acuerdo entre las partes supone que hay una comunidad de diálogo.
Quisiera hacer una breve mención a la comunicación racional que se requiere para el acuerdo político en Buchheim. El mundo de lo político no es una terra incognita, el lenguaje político no se distancia de nuestro modo de pensar y de hablar en el mundo cotidiano. El pensamiento político no funciona con categorías diversas a las de nuestro pensamiento cotidiano, en otras palabras, no es un mero cálculo matemático sino que incluye la complejidad de lo vital. Esto no implica que sea un asunto irracional. Buchheim lo describe como una comunicación persuasiva y táctica: la capacidad y disposición de tomar en cuenta la otra parte e integrar su forma de ver las cosas con la propia. La racionalidad persuasiva por la que aboga Buchheim se escapa de caer en un relativismo y una irracionalidad, parte de un lenguaje común entre las partes. La persuasión es un tipo de comunicación que asume que las partes comparten un lenguaje, que son un tú y un yo en igualdad de condiciones racionales. Sin embargo, esta noción de igualdad nos invita a preguntarnos sobre la pluralidad, sobre qué postura asume frente al otro y en el proceso de comunicación. ¿Podemos seguir compartiendo la idea que se comunican con el mismo lenguaje en igualdad de condiciones? ¿Podemos seguir pensando que el proceso de persuasión es transparente y que no encubre dinámicas de dominio? Es posible establecer que Buchheim parte de una comunicabilidad entre las partes de la cual podemos dudar.
Para Buchheim, lo político tiene un elemento personal que es imprescindible y esto implica que todo diálogo está lleno de tensiones vitales. Parece, no obstante, que persigue un acuerdo que se acoge en condiciones neutras y que podríamos llamar académicamente viables. El cálculo logrado a través de la persuasión va construyendo un campo neutral para el acuerdo buscado. Debemos conceder que la noción de acuerdo no es un punto final a las relaciones humanas sino una estación efímera en proceso de cambio, es casi una idea regulativa en el diálogo. Pero una concepción de este tipo, donde se crean estructuras sociales a partir de una inclusión calculada de variadas personas, genera un entorno donde una postura crítica es cada vez menos factible. El hecho que las relaciones entre las partes desemboquen en una objetivación, formen instituciones, parece llevarnos a ver en estas relaciones políticas una suerte de superación de lo personal en todo acuerdo. Las instituciones, aún si son resultado de procesos de acuerdo, van constituyendo un campo visible e innegable frente al cual no es fácil seguir manteniendo una relación crítica.
Un desacuerdo entre las partes
Nos ocuparemos ahora de presentar como contrapunto, el análisis del sujeto político desde la perspectiva de Jacques Rancière para quien prevalece el desacuerdo y el disenso. Rancière denuncia los problemas que trae consigo un sistema consensual pues considera que es la cancelación de la política. En su análisis constata la imposibilidad de hacer un cálculo de las partes o un contrato sólido entre ellas, puesto que hay partes que no tienen parte en lo social. Como ejemplo originario de estas partes sin parte está el demos griego: una parte indeterminada y caracterizada por una cualidad vacía, a saber, la libertad11. En contextos más contemporáneos, el proletariado y la mujer también fueron considerados una parte sin parte. Lo anterior significa que no es posible hacer un cálculo aritmético en lo social: todo cálculo tiende a basarse en parámetros de utilidad y no incluye lo perjudicial, es decir, aquello que no tiene una cualidad positiva en lo social. Ese nivel primario del desacuerdo, que patentiza la contingencia de toda organización humana, es el ámbito de la política, una política como litigio y no como acuerdo.
Rancière parece ir en contravía de las líneas tradicionales de reflexión política pues establece que «es la relación política la que hace posible concebir al sujeto político, no a la inversa» (Rancière, XI tesis sobre la política. Tesis II). Esto significa que no hay un sujeto anterior a la política, no es algo previamente dado, no basta estar rodeado de otros y tampoco la voluntad del sujeto de construirse a sí mismo en una dinámica relacional: para la institución de un sujeto político es necesaria una ruptura con el orden social a partir del cual se realiza el cálculo para acuerdos. Esto significa que la política no ocurre en todo momento y en todo lugar, sino que acontece históricamente. Rancière nos dice que la política es «un accidente recurrente en la historia de las formas de dominación» (Rancière, XI tesis sobre la política. Tesis VII). Es así como en un momento dado la mujer se hace un sujeto político, en otro, el obrero. Su inclusión en lo social, el momento en que se hacen visibles en un orden que los excluía, supone la creación de un nuevo espacio, por ello «la tarea esencial de la política es la configuración de su propio espacio, lograr que el mundo de sus sujetos y operaciones resulten visibles. La esencia de la política es la manifestación del disenso, en tanto presencia de dos mundos» (Rancière, 11 tesis sobre la política. Tesis 9).
La relación de las partes no es de por sí una relación política, sino que se da gracias a la política, al quiebre que permite que unos se encuentren con otros. La comunicación entre iguales no se puede suponer en las relaciones entre unos y otros sino es algo a lo que se espera llegar por medio de un litigio político. Hay una incomunicabilidad anterior a la comunicabilidad que se puede sustentar en la distinción aristotélica entre voz y logos según la cual hay unos animales fónicos y unos lógicos. La voz es algo que el hombre comparte con los animales, con ello puede expresar sentimientos de placer o de dolor. El logos en cuanto lo más propio del hombre, le permite manifestar lo útil y lo nocivo, y en consecuencia, lo justo y lo injusto (Aristóteles. Política I 1253 a 9-18). Esta posibilidad de comunicarse a partir de un logos sugiere que es posible formular un orden social de lo justo y lo injusto, pero que anterior a ese bien común hay un lugar de disenso que no puede ser superado con una lógica del cálculo puesto que conlleva factores inconmensurables. La igualdad del logos común a todos los hombres, una igualdad de cualquiera con cualquiera, no puede ser traducida a una igualdad aritmética o una igualdad geométrica. Todo sistema común es una distorsión, hay un desequilibrio secreto que perturba la construcción armónica puesto que hay partes sin parte en lo político. Pero es gracias a esta distorsión que es posible la política como una irrupción de una parte de los «incontados».
A la luz de la distinción entre voz y logos, es pertinente mencionar el caso de los esclavos, los cuales eran considerados personas capaces de comprender el logos pero no lo poseían: sus palabras eran sólo expresiones de placer o dolor. Por ello no se los escuchaba como iguales. Esto señala que la comunicabilidad es algo que se da en varios niveles, no todos son escuchados del mismo modo y los niveles de comprensión pueden ser variados. A la relación entre las partes sociales, aunque se manifiesta como una relación entre iguales, le subyace un desacuerdo que puede ser explicado en términos lingüísticos. El desacuerdo es una situación en donde, aunque los interlocutores se entienden, hay un litigio que está relacionado con visiones de mundo y formas de hablar. El sujeto movido por su capacidad de logos se inscribe en un mundo político oponiendo su propio mundo. La política, como este encuentro entre mundos, nos hace ver la fragilidad de todo acuerdo y la contingencia de todo orden social.
En El desacuerdo: política y filosofía, Rancière ilustra el proceso de inscripción de un nuevo sujeto en el relato de la secesión de los plebeyos romanos en el Aventino12. En la reconstrucción de esta situación de conflicto se evidencia que no basta con la palabra para inscribirse en un escenario común, pues por sí misma es un signo ambiguo y puede no ser escuchada por quienes tienen posiciones de poder. En Aventino, los plebeyos eran considerados por los patricios como personas sin nombre, con una vida primitiva y puramente individual, por lo tanto, capaces de emitir ruidos pero no palabras. La manera en que este escenario de litigio entre partes de entrada inconmensurables se generó fue por acciones que inscribieron a los plebeyos en una vida colectiva y generaron un nuevo logos: un nuevo un modo de pensar, de hablar y de actuar. Es decir, se genera una nueva partición sensible en el mundo.
Si relacionamos ésta dinámica con la descrita a partir de Buchheim, podemos constatar que el sujeto político no es nunca un sujeto individual aislado. Un sujeto político se da en una relación generativa entre uno y muchos. Rancière nos dice al analizar el caso del revolucionario Auguste Blanqui: un sujeto político es uno de más, un sujeto excedente. La relación que se mantiene entre sujeto y sociedad es crítica: el sujeto es argumentador, expresa lo común y lo no común, se da en «el juego completo de las identidades y las alteridades implicadas en la demostración» (Rancière, 1996:80). De manera que un sujeto político no es un individuo aislado, pero tampoco es inmediatamente una parte. Toda subjetivación se da en un juego lógico donde múltiples instancias se pliegan. El sujeto que es argumentador y que es uno de más, demuestra una comprensión manifestando una diferencia.
Las reflexiones a partir de Rancière no son del todo incompatibles con las de Buchheim en la medida en que podemos seguir hablando de un sujeto político que no se define a partir de sus necesidades particulares sino que es una instancia pública, sigue siendo un pliegue social en el panorama de lo contingente. Sin embargo, pone en crisis la idea de comunicabilidad que posibilita un diálogo entre partes y la subjetivación que requiere la política se dirige a generar un mundo nuevo, no a reformar las instituciones. Para captar mejor la distancia entre ambas posturas, veamos qué características tiene el sujeto político de Rancière:
1. Un sujeto político como singular y crítico
La política en su época nihilista comienza así: «La política existe mientras haya formas de subjetivación singulares que renueven las formas de la inscripción primera de la identidad entre el todo de la comunidad y la nada que la separa de sí misma, es decir de la mera cuenta de sus partes» (Rancière, 1996:153). El componente subjetivo apunta hacia un gesto de irrupción, un quiebre con la identidad de lo social. Lo subjetivo provoca un desajuste y remueve la partición visible del mundo. En esa medida, la subjetivación tiene un perfil crítico y performativo: toma distancia de su entorno, nos señala un entorno posible y promueve una reconfiguración de la realidad. Esta nueva partición no es, como en Buchheim, visible en estructuras e instituciones sino que desemboca en una nueva partición de lo sensible, una nueva percepción de los sujetos y del mundo político13.
Esta concepción del sujeto político nos permite captar su singularidad, aún sí se presenta en un escenario junto con otras partes. La singularidad que se propone no es una negación de la pluralidad, puesto que es a través de los otros que se construye un sujeto: la comunidad es un inter-esse comprendido como interrupción14; sin embargo, todo otro no es entendido como un rodeo de la propia conciencia sino como otro mundo inconmensurable con el propio. La singularidad es un lugar de pliegues donde varios factores entran en juego y donde no existe una identidad como telón de fondo: la pluralidad se asume desde la diferencia y no desde la comunicabilidad.
2. Des-identificación como momento de subjetivación
Ahora bien, la subjetivación que está implicada en esta concepción de lo político no significa identidad consigo mismo, puesto que estamos situados entre varios nombres y partes. Lo político no es algo puesto en común, este sentido de comunidad implica eliminar las contradicciones entre lo dado y lo no dado, lo común y lo privado, lo propio y lo impropio. La compasión, el sentimiento humanitario, la neutralidad académica del diálogo y la buena voluntad no tejen lazos de comunidad política: la realidad de lo político es el litigio. De hecho, en ocasiones el camino político no es la identificación con el otro sino la des-identificación con lo que creemos que somos. La construcción de un sujeto político no es el proceso de una conciencia sino que incluye un extrañamiento de sí mismo. Es un proceso que incluye la experiencia de la negatividad. Esta negatividad no implica deshumanización, sino la apertura de un lugar de pliegues entre unos y otros. Una subjetivación política implica un proceso de des-identificación con lo establecido, es una nueva inscripción en el logos, no es afirmación de lo establecido. En esa medida es un proceso literario y no literal: implica una modificación entre el orden de las palabras y el orden de los cuerpos.
3. Sujeto de acción y de mundo
Rancière nos dice: «la política es un asunto de sujetos, o más bien de modos de subjetivación. Por subjetivación se entenderá la producción mediante una serie de actos de una instancia y una capacidad de enunciación que no eran identificables en un campo de experiencia dado, cuya identificación, por lo tanto, corre pareja con la nueva representación del campo de la experiencia» (Rancière, 1996:52). Aquí encontramos factores importantes: la construcción de un escenario político no es intelectual sino que es correlativo al campo de la experiencia. En su presentación de la filosofía política kantiana, Hannah Arendt echaba de menos el nivel de la experiencia humana, un elemento que también es secundario en la reflexiones de Buchheim quien hace referencia principalmente a la generación y modificación de instituciones. El sujeto político no es una instancia puramente lógica sino que promueve una relación práctica con la realidad. De esa manera re-configura la experiencia dada al inscribir lo heterogéneo y lo ausente en la comunidad: es una transformación de lo dado y no de lo administrativo. El ejemplo de Aventino descrito con anterioridad nos muestra la relevancia de las prácticas como un factor que posibilita un escenario político.
4. La inscripción poética del sujeto
Ahora bien, este encuentro de mundos inconmensurables supone un problema en el diálogo político. El escenario que propone Rancière es singular: se asume como si hubiera un mundo común de argumentación. Esto es algo que emerge como un supuesto sensato pero que realmente tiene un contenido subversivo, es subversivo porque ese mundo común no existe (Rancière, 1996:72)15: no hay un mundo en donde los patrones y los obreros intercambien argumentos en igualdad de condiciones. Para Rancière, la realidad establece diversos niveles de comprensión: puede pensarse que hay comprensión entre las partes, pero hay situaciones de habla en donde se manifiesta el desacuerdo básico. Esto tiene implicaciones en las reglas de juego para toda argumentación. Pone en evidencia que no hay una normalidad en lo que se dice. Es por ello que Rancière, recuperando elementos de Habermas, recuerda el rol de los lenguajes poéticos en la apertura al mundo. Lo poético se distancia de lo lógico en la medida en que se plantea de manera singular, en forma de casos de existencia. Lo poético es una manera singular de ponerse en un diálogo entre partes inconmensurables. Esta argumentación singular nos hace pensar que en la política, en tanto inscripción de los sujetos en un nuevo espacio, se utiliza una manera de expresarse paradójica, a saber, una lógica estética. El diálogo político, por lo tanto, se presenta a la vez como racional y metafórico: «con juegos de lenguaje y regímenes de frases heterogéneas, siempre se construyeron intrigas y argumentaciones comprensibles» (Rancière, 1996:69). El atributo de lo metafórico no implica irracionalidad, sino un lenguaje que surge desde lo singular de cada parte.
A la luz de lo anterior, podemos decir que la interlocución política en cuanto juego entre el logos y lo sensible implica una estética de la manifestación. Esta calidad estética le da la posibilidad de conectar mundos separados de expresión por encima de parámetros de utilidad y definiciones lógicas. El concepto de estética hace justicia a la singularidad de cada parte y a la particularidad de su lenguaje a la vez que apunta a una comunidad virtual, una comunidad no efectiva aún, que podemos esperar. Rancière sugiere una «estetización» de la política para poder comunicarse desde el desacuerdo, sin reducir a las partes y sin amputar su singularidad. No hay un lenguaje común y originario sino formas de hablar diversas cuya compatibilidad no sólo es argumentativa sino también estética: «La invención política opera en actos que son a la vez argumentativos y poéticos, golpes de fuerza que abren y reabren tantas veces como sea necesario los mundos en los cuales esos actos de la comunidad son actos de comunidad» (Rancière, 1996:81). Por ello lo poético no se opone a lo argumentativo, sino que abre un espacio diverso de diálogo. Lo argumentativo no es un privilegio de una comunidad unitaria, entre regímenes y lenguajes heterogéneos siempre se pueden construir argumentaciones comprensibles: el ejemplo paradigmático es el de Aventino, el cual Rancière considera un origen de lo político que se repite siempre.
Conclusión
A lo largo de este recorrido por el panorama de la contingencia, hemos plasmado un contraste a partir de la filosofía política de Buchheim y Rancière que pueden ser considerados casos ejemplares de los paradigmas del acuerdo y desacuerdo entre las partes. Este contraste nos señala una brecha entre las posturas políticas contemporáneas frente a los retos de la contingencia. Ambos autores coinciden en la importancia de una subjetivación en la política, pero entienden cosas distintas por política y por diálogo político. El hecho que abran paso a la subjetivación alude a que son herederos de una tradición ilustrada que promueve la crítica frente a lo dado, que defienden la autonomía buscada por el hombre moderno. Estos factores permiten concluir que la política es un asunto de hombres diversos que se relacionan apelando a su posibilidad de ser libres, su capacidad de no hablar desde la mera necesidad y desde los intereses privados, su situación como pliegue de lo social. Ahora bien, lo que diferencia radicalmente ambas posturas es su comprensión de la política y, en consecuencia, su concepción de los lugares desde donde cada uno entra en relación con un otro.
La política como acuerdo y como desacuerdo apuntan a lugares distintos pero que no necesariamente se anulan uno a otro. La postura del acuerdo, aún si tiene el rasgo crítico que reconoce la movilidad de lo dado, parece dirigirse más a una idea de la política como la administración de lo dado a partir de dinámicas de diálogo entre partes. En cambio, la política como desacuerdo parece dirigirse a una idea de la política como revolución, como cambio del orden dado de las cosas al incluir nuevas partes en la esfera de lo político, partes que entran en tensión con otras. Vale la pena aclarar que el término de revolución que aquí utilizo como forma de explicar la ruptura y el quiebre al que alude Rancière no implica violencia —el caso de la revolución femenina es un ejemplo clásico de cómo la revolución no es necesariamente violenta— sino un diálogo entre partes ante todo inconmensurables. La idea de política que cada uno de los autores plantea implica una idea de diálogo político diverso: mientras para Buchheim se trata de un ejercicio persuasivo —que hemos señalado asume que las partes tienen una igualdad de condiciones tanto de comprensión como de expresión en el diálogo político—, para Rancière es necesario invocar una nueva lógica para lo político que tendría que ser estética: capaz de unirnos desde la singularidad de cada postura. La primera postura tiene sentido desde un punto de vista administrativo, de reformación de instituciones y de leyes. La segunda postura tiene sentido si lo que nos interesa es configurar un mundo y un lenguaje distintos: esto es, si consideramos que lo político tiene la posibilidad de transformar la experiencia de crisis del mundo actual.
Para lograr un contraste aún más explícito de ambas posturas queda indagar por cómo cada una de las posturas entiende el tema del poder y su rol en el diálogo. En el caso de Rancière parece que el ejemplo de los patricios plantea el poder desde autoridad, dominación e, incluso, violencia. En cambio desde la postura de Buchheim el poder parece no estar presente en la neutralidad casi académica del diálogo político. ¿Qué idea de poder está entretejida a lo interno de las posturas identificadas por el presente ensayo? Igualmente, si plantemos el problema desde la pedagogía que cada postura política sugiere, evidentemente surgen nuevos interrogantes. Por ejemplo, en Rancière habría que volver sobre el tema de una educación sentimental si no nos tomamos en serio su postura estética y en Buchheim habría que indagar la pedagogía retórica implicada en su postura frente a la persuasión.
No obstante, según parece, las dos posturas no se anulan una a la otra: lo administrativo y lo revolucionario de ambas posturas son momentos presentes en la experiencia del mundo político. Rancière nos dice, sin embargo, que el consenso —se pronuncia específicamente frente a la figura de los derechos humanos universales16 a la luz de las guerras étnicas contemporáneas— es algo así como la muerte de lo político17, puesto que no asume el reto de enfrentarse a la diferencia y a las visiones de mundo diversas. En este sentido, es posible pensar que su postura tiene un discurso de la otredad mientras que la del panorama del acuerdo, al menos con el caso del ensayo que hemos analizado de Buchheim, el otro puede ser reducido a un rodeo metodológico de lo propio, susceptible de un cálculo efectuado bajo los paradigmas de identidad. Respecto a ello, ambas formas de asumir la política también conllevan una manera diversa de asumir la diferencia. Una relación entre sujetos bajo el panorama del desacuerdo no elimina las contradicciones, pero genera nuevos espacios. Aún más, incluye nuevos lenguajes en el diálogo político, lo que promueve una indagación sobre la forma de argumentación en la política. En el caso contemporáneo de las guerras étnicas, los resultados nos permiten ver que la administración de recursos desde un cálculo de la igualdad no es suficiente, se han desgastado o se encuentran en una encrucijada para comprender el mundo del otro. En este sentido, el panorama del desacuerdo parece más abierto a enfrentar dos mundos y a la comprensión del inter-esse, del ser con otros que es, al final, la tarea de la política.


1 Este artículo es producto de la investigación realizada por la autora en el marco de la línea de investigación de filosofía política y estética, en la Universidad Nacional de Colombia.
2 Magister en filosofía.
3 Candidata al doctorado en filosofía.
4 Para ampliación de esta idea, ver el artículo: ¿Qué es la Ilustración? de Michel Foucault.
5 En el seminario de Contingencia y Política se estudiaron varios ejemplos. Para mencionar algunos: Hans Buchheim, Richard Rorty y Jacques Rancière. El proceso de subjetivación alude a que la política no sucede en un ámbito de objetividad pura, sino que intenta incluir diversas voces en un diálogo. Podría verse como una modalidad de la herencia ilustrada puesto que supone la autonomía y el pensar consecuente del individuo en el panorama social, al mismo tiempo que confirma que lo político no es algo de corte metafísico sino que es humano. Esto último significa que es histórico, finito y contingente.
6 Nuevamente menciono a algunos autores que fueron estudiados en el seminario Contingencia y Política: Luhmann, Crespi, Rorty, Galli y Rancière.
7 Un ejemplo de esta postura puede encontrarse en Rawls y Rorty aún si son la manera en que cada uno comprende la democracia liberal es diversa.
8 En este punto quizá debamos recordar a los dos autores que introducen este artículo. Theodor Adorno y Walter Benjamin en sus posturas políticas aludieron a una idea de felicidad o redención como lugares desde donde se puede percibir los modos en que la verdad puede ser referida en el panorama de la contingencia. No nos concentraremos en desarrollar esta postura en la presente reflexión, aunque vale la pena anotar que son ideas que se acoplan a lo provisorio que implica lo contingente.
9 Habría que indagar más a fondo la noción de libertad que Buchheim considera en su reflexión. Claramente no es un término que se defina desde lo privado, sino que tiene sentido desde lo público. Sin embargo, por razones de brevedad, no nos detendremos en esto.
10 La idea de poder tener una postura crítica frente al entorno dentro de un orden social establecido es análoga a la idea de una libertad pública descrita principalmente como libertad de pensamiento y de publicación en Kant. No obstante, en un contexto contemporáneo, donde el derecho a la publicación es un aspecto en gran medida garantizado por las instituciones políticas, e incluso, apoyado por ellas, uno se pregunta si acaso la postura crítica que es necesaria en nuestro contexto no debe ir más allá de este libre pensar y publicar.
11 Para una comprensión de la noción de libertad, Rancière analiza la caracterización del demos en la Política de Aristóteles. Ver el capítulo Los comienzos de la política en El desacuerdo: filosofía y política.
12 El se basa en la reconstrucción del relato de Tito Livio que hizo Simon Ballanche en la Revue de Paris en 1829 donde analiza el acontecimiento no como una revuelta llevada por la miseria y la ira, sino como una escena de conflicto donde dos mundos se encuentran para debatir. La cuestión es lograr ver si era posible un escenario común para plebeyos y patricios. Ver: Los comienzos de la política.
13 Para Rancière el plano institucional y administrativo que actúa bajo lo consensual no es lo propio de la política. Él reserva el concepto de policía para un manejo de lo social que busca mantener una agrupación social bajo prácticas racionales. Inspirado por el estudio de Foucault titulado Omnes et Singulatum donde se rastrean los orígenes del Estado moderno, Rancière recupera el concepto de policía para designar los procedimientos administrativos que tienden a abarcar aspectos tan dispares como la justicia, el ejército, la hacienda y la vida activa de los hombres. Para Foucualt la policía es un ejemplo de la supervivencia de prácticas del poder pastoral en los Estados modernos: un poder que totaliza e individualiza a los ciudadanos al establecer los parámetros de una vida feliz y los mecanismos para establecerlo. Para Ranciere «Generalmente se denomina política al conjunto de los procesos mediante los cuales se efectúan la agregación y el consentimiento de las colectividades, la organización de los poderes, la distribución de los lugares y funciones y los sistemas de legitimación de esta distribución. Propongo dar otro nombre a esta distribución y al sistema de estas legitimaciones. Propongo llamarlo policía» (Rancière, 1996:43). Nuestro autor hace la aclaración que no es un término que se deba asumir negativamente sino neutralmente. Es una manera de administrar lo visible y lo decible. La política rompe con esa configuración visible y manifiesta la contingencia de ese orden policial.
14 «La comunidad política es una comunidad de interrupciones, de fracturas, puntuales y locales, por las cuales la lógica igualitaria separa a la comunidad policial de sí misma. Es una comunidad de mundos de comunidad que son intervalos de subjetivación: intervalos construidos entre identidades, entre lugares y posiciones. El ser junto político es un ser-entre: entre identidades, entre mundos» (Rancière, 1996:171).
15 Aquí es posible plantear el correlato con el flaco mesianismo planteado por Benjamin (Tesis de la filosofía de la historia), Adorno (Minima Moralia) y el mesianismo sin mesianismo de Derrida (Espectros de Marx) que apunta hacia esta ausencia de la justicia y la democracia.
16 Para la ampliación de su crítica a los Estados de derecho y a la lógica de los sistemas «humanitarios» ver: La política en su época nihilista.
17 Aquí apela a la distinción de Foucault entre política y policía que aparece en el texto Omnes et Singulatum.


Referencias
Adorno, Theodor. 1998. Minima moralia. Traducción de Joaquín Chamorro Mielke. Barcelona: Editorial Taurus. [ Links ] Adorno, Theodor. 1984. Dialéctica negativa. Traducción de José María Ripalda. Madrid: Editorial Taurus. [ Links ]Agamben, Giorgio. 2003. La comunidad que viene. Madrid: Editora Nacional. [ Links ] Arendt, Hannah. 2003. Conferencias sobre la filosofía política de Kant. Traducción de Carmen Coral. Buenos Aires: Editorial Paidós. [ Links ] Arendt, Hannah. 1993. La condición humana. Barcelona: Paidós. [ Links ] Benjamin, Walter. 1994. Discursos interrumpidos. Barcelona: Editorial Planeta-Agostini. [ Links ] Benjamin, Walter. 1982. Iluminaciones I. Madrid: Editorial Taurus. [ Links ] Buchheim, Hans. 1985. Política y poder. Barcelona: Editorial Alfa. [ Links ] Castoriadis, Cornelio. 1996. «La democracia como procedimiento y como régimen». Revista Iniciativa Socialista, 38. [ Links ] Crespi, Franco. 2001. «Ausencia de fundamento y proyecto social». En: El pensamiento débil. Madrid: Editorial Cátedra. [ Links ] Derrida, Jacques. 2003. Espectros de Marx. El estado de la deuda, el trabajo del duelo y la nueva internacional. Madrid: Editorial Trotta. [ Links ] Foucault, Michel. 1996. Tecnologías del yo y otros textos afines. Barcelona: Editorial Paidós. [ Links ] Galli, Carlo. 1990. «Política: una hipótesis de interpretación». En: Pensar la política (Compilación, Martha Rivero; Edición Sara Gordon). México: UNAM. [ Links ] Kant, Immanuel. 1992. «Del gusto como una especie de sensus communis», en: Crítica de la capacidad de juzgar. Caracas, Monte Avila: Editores. [ Links ] Luhmann, Niklas. 1998. La contingencia como valor propio de la sociedad moderna. En: Observaciones de la modernidad. Racionalidad y contingencia en la sociedad moderna. Madrid: Editorial Paidós. [ Links ] Nancy, Jean-Luc. 1999. La comunidad desobrada. Madrid: Editorial Arena. [ Links ] Oakeshott, Michael. 2001. El racionalismo en Política y otros ensayos. México: Fondo de Cultura Económica. [ Links ] Rancière, Jacques. 1996. El desacuerdo: política y filosofía. Buenos Aires: Ediciones Nueva Visión. [ Links ] Rancière, Jacques. 1996. «11 Tesis sobre filosofía política». Aleph Net Art, Net Critique. Retrieved April 20 2006. http://aleph-arts.org/pens/11tesis.html [ Links ] Rawls, John. 1996. «La justicia como equidad: política, no metafísica». Revista La política, N.1. Primer semestre. [ Links ] Rorty, Richard. 1992. Contingencia, ironía y sociedad. Barcelona: Paidós. [ Links ] Wellmer, Albrecht. 1996. Verdad, Contingencia y Modernidad en Finales de partida: la modernidad irreconciliable. Madrid: Frónesis Cátedra. [ Links ]

lunes, 8 de octubre de 2012

"LA TENTACIÓN TOTALITARIA II" por Dario Yancan



 

         Siempre es conveniente, por prudencia o por decencia, esperar que la espuma se asiente para ver debajo, pero en este caso, no hubo que esperar mucho a que la propia física de la combinación líquido/gaseosa disipara las superficie. Como era de esperar, nada más que por una lógica de la habitualidad, los TOTALITARIOS no pueden con su genio y creen que pueden alterar hasta la física.

         Y en este ecosistema, habita un troglodita que aún piensa en sentido de manada y que dirime las diferencias (digamos con el campo o con los rubios) a las trompadas. Un, digamos humano?, que no puede con su incontinencia verbal y sacó a relucir su sentimiento pro-totalidad. Analicemos sus dichos:


            “Si uno pensara en términos abstractos, no tendría que haber ningún límite leguleyo para           la voluntad popular. Si un pueblo quiere elegir, en cualquier país del mundo, al candidato           que fuere las veces que crea necesario, no tendría que haber ningún impedimento legal             para la voluntad popular",
                                     

                                       donde plantea una falsa dicotomía dado que “LA VOLUNTAD POPULAR”, al menor en la democracia representativa no tiene la misma jerarquía que la “LEY”. Veamos, FUENTEOVEJUNA, no se resolvió por una razón popular sino por indeterminación penal de la autoría.

         Y le pese a quien le pese, la JERARQUIA JURÍDICA existe precisamente para poner coto a los intentos totalitarios. Por eso, no es un cercenamiento al derecho, la instauración de límites constitucionales sino una defensa del sistema contra ocasionales mayorías que por exceso de poder derivan en DICTADURAS.

         Los proyectos políticos democráticos, por definición, poseen una cualidad de salud que viene dada por la alternancia inter-partido o intra-partido. La muerte de los proyectos políticos sobrevienen cuando el ser del proyecto y el ser del dirigente se fusionan y se fusionan con el partido y el partido se fusiona con la Republica. Les recuerda a algún proceso ya vivido en el siglo XX?

         Y cuando la esencia de una Nación converge en las sangre de un dirigente, estamos pariendo al FURHER.

         Si como país necesitamos de una santa salvadora…

        

 

            “VAMOS POR TODO!!!”

 

         Todo viene del latin totus, que deriva en total, totalidad, totalitario, totalitarismo, totalizar. O como lo define la RAE:

        

 todo, da det./pron.

 

1 Indica que lo referido por el nombre al que acompaña se toma en su totalidad, sin excluir ninguna parte ni ninguno de los elementos que lo integran: se lo comió todo.

2 Indica intensificación o grado máximo de una característica o una cualidad: ese premio es todo un logro; es todo un campeón.

— s. m.
3 Cosa entera o tomada en su integridad sin excluir ninguna parte: el todo es mayor que una parte.

— adv.
4 Enteramente o por completo: la niña era todo lágrimas.

 
por todo, o por todas.

1. locs. advs. En suma, en total

 

         Nuestro antecedente directo es la modernidad. La forma de la sociedad que conocemos y en la que vivimos es la república con división de poderes. Por eso la Constitución Nacional prevé una división de poderes (para evitar la suma del poder público) y el control mutuo ( donde los poderes se limitan mutuamente). Ir por todo implica apoderarse de todos los poderes y a la vez autocontrolarse por eso el intento de desplazamiento del Leandro Despuy.

         La peor atrocidad que conoció la Humanidad, llego por vía constitucional, con reformas que le dieron a Hitler la suma de los poderes del REICH.

         Vienen por todo, vocación no les falta y el último reducto democrático y republicano es la CONSTITUCIÓN NACIONAL. Y ella entra también en la bolsa del todo!!!.

         Quizás cambiemos el HEIL por TOTUS TUUS!!!

lunes, 1 de octubre de 2012

"ADIOS A ERIC HOBSBAWN" por Maria Laura Avignolo

 
MURIO ERIC HOBSBAWN.
 
El historiador marxista, que murió este lunes a los 95 años, deja como legado más de veinte obras -entre ellos "Historia del siglo XX. 1914-1991" y "Guerra y paz en el siglo XXI" que se han convertido en una bitácora ineludible de la última centuria.

 
A continuación una de las últina entrevistas que dió en la Argentina.
 
 


Alguna vez lo consideraron el filósofo no oficial del Laborismo británico y su conciencia intelectual bajo el reino de Michael Foot y Neil Kinnock. Después, llegó Tony Blair. El profesor Eric Hobsbawm prefiere ser ahora lo que siempre fue: el gran revisionista histórico. ¿Su gran merito? Ha reconciliado a los lectores con el amor por la historia moderna.

Marxista, multilingüe con sus seis idiomas a cuesta, el final de la Guerra Fría le devolvió toda su estatura intelectual para enseñar con libertad en la universidad de Stanford, en Cambridge, en la londinense Birbeck y en New School for Social Research en Manhattan. Se la habían retaceado en Gran Bretaña por estar afiliado al Partido Comunista y debía pedir una excepción para viajar a Estados Unidos. Pero Hobsbawm no permite que la ideología le infecte su vida de todos los días. Serena, curiosa, cosmopolita. 'Globetrotter' incansable y apasionado por el jazz y América Latina, Hobsbawm escribe para buscar una "comprensión histórica", no para encontrar "un acuerdo, aprobación o simpatía".

En su muy británica casa de Hampstead Head, en el noreste de Londres, el ambiente es bohemio e intelectual bajo la batuta de su esposa vienesa, Marlene. Escritores latinoamericanos, filósofos centroeuropeos, amigos y estudiantes británicos discuten hasta tarde, acompañados por las más exóticas y fuertes bebidas del mundo. Hobswbaum se agita un poco cuando habla pero argumentar es otra de sus pasiones. Este fue el diálogo con Clarín en Londres: un viaje a los conflictos del mundo en 60 minutos. (N de la R: La entrevista fue realizada el 28 de marzo de 2008)

-¿Usted cree que hay un legado histórico de Blair?

-Sí, ciertamente va a dejar un legado. Su legado será la memoria de la guerra en Irak.

-¿Será recordado sólo por la guerra en Irak o por esas convicciones de misionero para justificarla?

-No, yo pienso que él va a ser recordado por llevar a Gran Bretaña a una guerra desastrosa innecesariamente. Hay muchas discusiones sobre las mentiras que él contó.Todos los políticos dicen mentiras para conseguir sus políticas. Esto va a ser olvidado. Pero el hecho de que innecesariamente, contra la voluntad del país, él lanzó una guerra en Irak no va a ser olvidado.Y esa guerra fue perdida.

-¿Qué va a decir la historia sobre las razones por las que él fue a Irak?

-El problema con Blair es que él fue por instinto. El fue un intiutivo, brillantemente exitoso recolector de votos. Y era extremadamente bueno haciendo eso. Al mismo tiempo, Blair desarrolló un compromiso de misionero de intervenciones armadas en el exterior, en orden de salvar el mundo o el liberalismo occidental. Es un conflicto de dos manos: en los primeros años fue muy exitoso, cuando funcionó como un brillante líder que consiguió el apoyo de votos de gente que nunca hubiera aceptado al Partido Laborista. Fue ayudado por la política económica de Gordon Brown, que concilió y obtuvo el apoyo del sector privado y los hombres de negocios británicos. Luego, cuando Blair se lanzó a la política internacional falló. Porque en política internacional, no tuvo el sentido de lo que se podía hacer y lo que no se podíaa hacer. Tenía una básica convicción religiosa de lo que quería hacer. Eso le permitió decir mentiras.

-¿De dónde viene esta convicción religiosa? Fue por el 11 de septiembre o por que perdió las raíces con su partido y justificaba sus acciones por la religión?

-Blair comenzó su política de intervención militar antes de Irak. Estaba muy a favor de la intervención militar en Serbia y en Kosovo en 1990. Era el más entusiasta de los líderes del mundo en 1990. No es nuevo que estaba en favor de la intervención occidental en otros países. Bajo Blair, las fuerzas británicas han intervenido fuera de país más veces desde la segunda guerra mundial.

-¿Es porque estaba buscando una actitud churchilliana en su mandato o quería tener alguna referencia en la historia británica?

-Yo creo que un grupo de gente consideraba que grandes partes del Tercer Mundo estaban en un considerable lío y la única forma de restaurar el orden y la paz era por la intervención extranjera. Blair creía que los que únicos que debían intervenir eran los occidentales, en alianza con Estados Unidos. Yo creo que era una genuina creencia pero también una desastrosa creencia.Y no funcionó.

-¿Cómo explica usted esta fuerte identificación entre George Bush y Tony Blair?

-Pienso que Blair probablemente pensó que él podría influir a Bush pero subestimó la misión. Blair es muy bueno en convencer a la gente .Su gran incuestionable exito fue ayudar a conseguir la paz en Irlanda del Norte y lo hizo pasando largo tiempo hablando con la gente que correspondía. Es un gran convencedor en contactos personales. El pensó que podía hacerlo con Bush. Pero se olvidó que Bush es -por sí mismo- una verdadera potencia mundial y Gran Bretaña no está en una posición de influenciar a nadie.

-¿Usted cree que Blair va a ser juzgado con un 'branch' del thatcherismo?

-Sí. La política doméstica contínua –más o menos- el desarrollo de mercado libre de Thatcher. Probablemente, la politica economica de Brown va a continuar esto. La diferencia es que, en los 10 años del gobierno laborista, Gran Bretaña prosperó mucho bajo esa política y los ricos se volvieron mucho más ricos. Las desigualdades sociales y económicas aumentaron muchísimo. La segunda parte de esos 10 años, gracias largamente a los esfuerzos de Gordon Brown, se hicieron esfuerzos para disminuir la pobreza, particularmente con los más pobres. Hasta cierto grado, él fue exitoso. Inicialmente no fue ese el caso. El partido hizo mucho menos para remover las desigualdades sociales que lo que uno hubiera esperado.

-¿La Tercera Vía de Blair será un modelo de exportación o ha sido sólo una moda?

-Hasta ahora varios gobiernos creen en cierto grado de privatización. El modelo Blair no es en sí mismo un modelo sino que es parte del modelo general, que ha sido ampliamente aceptado. El real problema en Europa va a ser, incluida Gran Bretaña, cómo mantener este dinamismo económico con la tradición europea del estado de bienestar. En Gran Bretaña un intento se hizo sobre esto y el nuevo gobierno bajo Brown va a tratar de ampliar la igualdad social laborista más que lo que Blair hizo.

-¿Gordon Brown es como la Primavera de Praga en el Nuevo Laborismo?

-Es muy dificil decir qué es lo que va a pasar. Gracias a la guerra en Irak y a la desagradable atmósfera de los actos de corrupción y corruptela que rodea al gobierno, el laborismo se ha vuelto muy impopular. Más impopular de lo que nunca ha sido por muchos años.Va a ser extremadamente dificil para el laborismo recuperarse. Ellos no tienen elecciones al menos por tres años más pero les será muy dificil recuperarse.Y hasta donde Brown puede recuperarse es hoy incierto.

-¿Usted ve una gran diferencia entre Brown y Blair? Cree que Brown puede reconciliarse con los viejos valores del partido Laborista?

-Ciertamente .Blair es alquien que enterró los tradicionales valores de la clase trabajadora laborista. Su gran derrota fue que también antagonizó las clases medias educadas por la guerra de Irak, a quienes originalmente él quería atraer. El desmoralizó los tradicionales simpatizantes Labour y antagonizó los nuevos simpatizantes Labours. Brown va a ser mejor en recuperar el apoyo de ambas clases.

-¿Actualmente tiene sentido que Brown hable a la clase trabajadora o el debe dirigirse con otro lenguaje a otra gente y sobre otros valores?

-Toda Gran Bretaña enfrenta un problema, que trajo Blair, que es la devolución en Escocia y Gales.Ahora ha llegado al punto en que el Partido Nacionalista quiere independencia para Escocia. Una pequeña mayoría pero no es poco. La cuestión de cómo los diferentes paises del Reino Unido pueden mantenerse juntos va ser más urgente para Brown que lo que fue para Blair.

-¿Cuál va a ser el legado de George Bush para la historia?

-El legado de Bush va a ser totalmente negativo. Es un desastre para Estados Unidos desde todo punto de vista, incluido el punto de vista del imperialismo americano.Bush va a ser recordado como el peor presidente del siglo XX.

-¿Estados Unidos será peligroso en su declinacion para el resto del mundo?

-Estados Unidos ya es peligroso para el resto del mundo porque la política americana ha desestabilizado largas partes del mundo, a través de irresponsables intervenciones armadas. Irak es el más extremo ejemplo.

-Durante años la religion era el opio de los pueblos, según los marxistas. Ahora es el motor de la guerra civil en países de Medio Oriente. ¿Usted se imaginó este escenario de desintegracion por la religión en sus investigaciones?

-Es muy difícil decir qué podría haber pasado. Pero es muy claro que el aumento de fundamentalistas islámicos agresivos en las manos de pequeñas organizaciones terroristas ha sido largamente motivado -sino creado- como reacción a los que ellos creen que es imperialismo americano en Medio Oriente. De alguna manera, nosotros pensamos que el "old fashion" imperialismo está muerto. Pero en el Medio Oriente no piensan eso porque ellos lo ven, está vivo.

-¿El fundamentalismo islámico es una nueva ideología para jóvenes sin esperanza, especialmente en Medio Oriente?

-No, es mucho más complicado eso. Yo no sé realmente lo que estos pequeños grupos terroristas representan actualmente.Ciertamente no representan gente sin esperanza porque ambos son críticos del insatisfactorio estado de los regímenes en Medio Oriente y, directamente, contra Occidente. Pero de alguna manera el problema en Medio Oriente y otras partes del mundo, es que ellos han sido superados por el crecimiento económico. Excepto por el petróleo y el gas natural, ellos producen poco. El cambio de la economía mundial de estar centralizado en América a estar centralizado en Asia puede cambiar las percepciones en los países que quedan en el medio, como los países islámicos. En este momento, económicamente no se están desarrollando muy rápidamente. Esa frustración es lo que está detrás de estas reacciones antioccidentales.

-¿Es posible la paz en Medio Oriente?

-Yo no veo ninguna inmediata perspectiva en Medio Oriente. Puede haber paz. La cuestión crucial es Palestina e Israel. Nada se puede hacer sin la presión de los americanos.

-¿Cómo juzga el rol de Israel en el conflicto y la ocupación de Palestina?

-Es extremadamente negativa. Israel ha rechazado avanzar en una solución en la que todos acuerdan por no sé cuánto tiempo, que es la solución de dos estados: un estado de Israel y un estado Palestino. Los israelíes no han hecho ningún paso efectivo para reconocerlo.

-¿Según su criterio, Israel ganó o perdió la guerra en Libano?

-Ciertamente no ganaron la guerra. Ellos la iniciaron deliberadamente y la debieron finalizar sin ganar nada.Yo supongo que se puede decir que la perdieron.Ellos no la debieron haber iniciado primariamente.

-¿Este resultado va a tener una influencia en la sociedad israeli?

-Es difícil decir. El peligro en Israel es el mismo que en otras partes: el nacionalismo o si usted quiere, la derecha religiosa recuperara el poder con impacto en Israel y otras partes del Medio Oriente, donde la vieja tradicion de izquierda secular y políticas racionales o revolucianarias están declinando. Los sionistas, que alguna vez fueron socialistas y seculares, se vuelven intensamente atados con la religión, agresión e imperialismo.Y eso es un peligro porque Israel se encuentra en una permanente confrontación con los palestinos y yo no pienso que la izquierda se va a beneficiar. Al contrario, será la derecha. Al mismo tiempo, Israel no está realmente amenazado. Israel es fuerte y ningun país alrededor de Israel puede herirlo seriamente.

-¿Qué significan históricamente estas nuevas figuras como son los kamikazes, los hombres bombas islamicos?

-Es difícil decir porque parece más un problema británico que otra cosa. La mayoría de nuestros locales "islamic bombers" no son jóvenes sin esperanzas. Son hombres jóvenes, bien educados, de razonables familias, que no saben más dónde están o a quién pertenecen. No son más parte de las tradicionales apariencias paquistaníes, no quieren ser absorbidos por la cultura británica y no saben dónde están. Ellos usan a los cheiks islámicos fundamentalistas como una manera de encontrar la identidad. Esto va a ser un problema para inmigrantes del tercer mundo en una amplia parte del mundo.

-¿Va a existir un legado de Osama Bin Laden en la historia?

-Es muy difícil saber porque yo no entiendo la particular teología que está presente en el terrorismo de Al Qaeda.

-¿Usted ha dicho que en el siglo XX los gobiernos han aprendido a ejecercer la violencia sin límites. Con Guantanamo, con Abu Grahib, hay una nueva deshumanizacion permitida a los líderes que antes era penalizada?

-Desafortunadamente ha habido una marcha atras de ilimitada violencia en el inicio del siglo XXI. Al final de la guerra fría declinó pero aún es una escala menor porque al presente no parece que va a haber una mayor guerra mundial, en la misma manera que hubo en el siglo XX. No es imposible pero no parece que pudiera suceder. Los conflictos en el mundo son diferentes y en términos de matar a la gente, no son en la misma escala amplia que antes. Son vastos en la manera de destruir la manera de vivir de la gente, forzarlos a abandonar sus casas, destruir la infraestructura y moralmente son peligrosos porque en ambos lados pueden liquidar los límites formales del uso de la violencia. Por un lado, los americanos estaban preparados para usar tortura y justificarla públicamente por primera vez desde el siglo XVIII. Por el otro lado, los terroristas están dispuestos a matar descaradamente, sin elegir ningun objetivo realista.

-En la Guerra Fría la amenaza de una catástrofe nuclear era permanente. Bush habla ahora del eje del mal. ¿Es posible un escenario de guerra nuclear?

-La situación internacional, con varios países con armas nucleares, la vuelve más peligrosa. Es cierto que nunca han sido usadas, excepto en 1945.Yo no creo que India y Paquistán, que tienen armas nucleares, hayan vuelto las relaciones entre ambos países más peligrosas. Pero si cada país en esa aáea, no sólo Irán sino Turquía y Arabia Saudita, tratan de tener armas nucleares, el peligro existirá. No el peligro de una guerra sino el peligro de un guerra regional.

-¿Usted cree que el presidente Putin tiene esta estrategia y de alguna manera, ha iniciado esta nueva versión de la Guerra Fría?

-Yo no creo que sea una guerra fría. La situación es que, después de la caída de la Unión Soviética, los rusos no tenían ningún poder internacional. Efectivamente no había economía rusa y Yelsin hizo lo que los americanos querían que hiciera. Bajo Putin, Rusia se ha reestablecido como un estado efectivo y como un jugador internacional. Ahora está tratando de recuperar alguna posición de poder, que muchos rusos creen que fue innecesariamente perdido en los 90. Rusia está tratando de reestablecerse como una nación de importancia internacional, que por su enormidad es. Se ha beneficido de un rápido desarrollo económico y altos precios de la energía. Esto no debe ser visto como una guerra fría. Al contrario, me parece que Putin detuvo el lento 'take over' de Estados Unidos y sus aliados de lo que era Rusia. Simplemente les dijo: "Ustedes no pueden ir más lejos que esto".

-En la crisis de los suburbios en Francia, el odio y la intolerancia en uno y otro lado está provocando de alguna manera ciertas actitudes neonazis acerca del rol de los inmigrantes. ¿Usted cree que esta actitud sera un peligro?

-Sí. Actualmente esta provocando una tendencia en los inmigrantes a formar sus propios ghettos y no ser parte del país,.Quieren estar con su propia gente, contra el resto de los ciudadanos del país que los aloja. Las dos actitudes son peligrosas. En muy claro la extensión en que las mujeres islámicas tratan de usar ropas islámicas, cubriéndose totalmente. Eso crece muy rápido en Gran Bretaña. No es un signo de militancia sino es un signo de decir: "No somos como los otros". En ambos casos es una reacción al rechazo de los países occidentales de aceptar a esta gente completamente y es muy peligroso.

-China es vista como la nueva potencia. ¿Cómo explica usted la contradicción entre el comunismo chino y su hipercapitalismo economico?

-El factor básico de China es la extraordinaria velocidad de su industrialización y su crecimiento industrial.Esto ha cambiado completamente la economía mundial y probablemente, va a cambiar la situacion politíca también. China es, en algunos aspectos, un hegemónico poder en términos políticos en Asia y el sudeste de Asia. Al mismo tiempo esto ha producido enormes desigualdades económicas y sociales.Dramáticas desigualdades minimizadas por el hecho de que tantos pobres chinos obtienen trabajo en nuevas zonas industriales.Lo mismo pasa en India. La diferencia entre los ricos cada vez más ricos y los pobres cada vez máss pobres ha sido enorme.China es un país de gran injusticia social.

-¿Con la confiscacion de tierra de los campesinos, usted cree que puede haber una rebelion contra el régimen en China?

-Ellos están tratando de negociar con esto.Cuán lejos pueden llegar con esto, no sé.Yo pienso que probablemente están teniendo en cuenta esto ahora. Hasta donde ellos están en una posición de controlar este desarrollo de mercado, no es muy claro.

lunes, 24 de septiembre de 2012

"A PROPOSITO DE LA LEY N° 18019/68 DE CENSURA A LA PRODUCCIÓN CINEMATOGRÁFICA" Entrevista a GUILLERMO BORDA por Ernesto Sabato.


                                                               REVISTA EXTRA - AÑO V - Nº 43 - FEBRERO 1969
                                                                               CENSUREMOS LA CENSURA

EXTRA eligió a Ernesto Sabato para que representara a la revista en una de las inquietudes de esta hora: LA CENSURA. Romántico incurable, best-seller, traducido en el mundo (en el bueno y en el malo(sic)), tenía que llevar como portaestandarte un temor nacional nacido en la hora desvelada del proyecto-control-cine, desde la más adusta moral. No fuera ser que con la preocupación por la pornografía, clausuraran el pensamiento. Inauguramos así una modalidad: ir en busca del Poder, del Mito, del Personaje, con los "monstruos sagrados" que detentan la ideología. Seriamente. Como debe ser... La hora que vivimos marca el crepúsculo de "los tocadores de oído".
Es un fantasma así de grande. Se agita y se mete en los corrillos de los cineastas y también de los que piensan -casi resignadamente- que el cine también es un arte. De todos modos el decreto de censura ya se ha puesto en marcha dentro del espíritu de los realizadores, de los productores, de los técnicos que hacen nuestro cine. Y su efecto, no hay ninguna duda, es la parálisis. Porque quién puede comenzar a definir visualmente lo que es indefinible: estilo de vida, moral media, influencia social, respeto a las instituciones. Ernesto Sabato dialogó así con la imagen responsable del decreto, el ministro Guillermo Borda, como intérprete de esa inquietud que crece en oscuridad y miedo.
El ministro Borda fue al encuentro y le estrechó la mano. Ernesto Sabato, tímido, envuelto en las potentes luces del despacho ministerial, arrellanó su físico en el sillón de cuero. Borda le habló de la admiración que sentía hacia él: "Usted es el primer novelista del país y no sólo leí todos sus libros, densos, informados, cálidos de pasión humana, sino que viven en mí con mucha presencia..." Ernesto recibió el impacto. Su exterior pareció ausente. Estaba conmovido. Para romper ese clima, fuimos directamente a producir el encuentro único. Y el diálogo asumió este tono:

Ernesto Sabato: Hay mucha gente en este momento muy preocupada por la reciente ley del cine, en el medio intelectual y artístico del país. Y me voy a permitir hacerme portavoz de las principales inquietudes. Quiero comenzar diciendo que de hecho todos practicamos algún género de censura, desde la que ejercemos en la casa sobre nuestros hijos cuando son chicos respecto a lo que leen, a los amigos que tienen, etc. De modo que no me parece lícito afirmar que estamos contra cualquier género de censura. Lo que se trata de ver es qué tipo de censura puede y debe aplicarse en la sociedad. Y quién. Quiero decir que el cine es una forma de narración, aunque sea más espectacular. De modo que si se dicta una ley para el cine lo lógico sería dictar otra para la literatura. Pero leyendo el texto de esta ley se advierte que de aplicarse en forma sistemática y rígida será imposible la publicación de las obras más importantes de la literatura universal. Los grandes libros, o la mayor parte de ellos, han sido temas peligrosos, muy arduos, hasta muy negros: el incesto, el adulterio, el parricidio. No voy a recordar el caso célebre de "Madame Bovary", que fue precisamente tema de tribunales y que la historia juzgó de modo opuesto a aquellas acusaciones. Pero diré que de aplicarse rigurosa y coherentemente una ley semejante a ésta del cine no podría permitirse la mayor parte de las obras de Shakespeare (salvo alguna de sus obras divertidas), la obra de Dostoievsky, todos los trágicos griegos, las obras de Faulkner y de Proust. "Jude el Oscuro" de Thomas Hardy, y, lo que resulta más curioso buena parte de La Biblia. Tampoco se podría publicar la obra de los más grandes novelistas católicos de nuestro tiempo: ni Graham Grene, ni Mauriac, dos escritores que admiro en sus mejores creaciones. Aparte de esto, que ya de por sí sería terrible, queda todavía algo importante que es la censura "a priori". Los grandes directores como usted sabe, Ministro, parten de un libro o guión muy precario y lo van desarrollando a medida que filman, de acuerdo con su inspiración, con las posibilidades de los actores que tiene a su disposición, según las nuevas sugerencias que el mismo desarrollo provoca. Ese es el sistema de un Fellini, por ejemplo. De aplicarse ese criterio impediríamos en nuestro país la aparición de creadores de ese rango. Por otra parte, en una obra de arte lo que importa no es el esquema, el "argumento" entre comillas, que puede ser una tontería o una trivialidad. Recuerde que Shakespeare realizó algunas de sus obras más grandes sobre la base de cuentitos de escritores de tercer o cuarto orden del renacimiento. Así que si juzgamos o impedimos una película sobre la base del esquema, ¿no estaremos impidiendo la realización de alguna obra excepcional? El estado tiene otros recursos para impedir que un film llegue a un público que no sea el más adecuado. El sistema anterior, de la calificación por edades es bastante bueno, aparte de ser necesario, pues es evidente que un chico no puede ni debe ver ciertos films que sólo personas espiritualmente desarrolladas pueden ver sin peligro. Que yo sepa esta ley no existe en ningún país importante. En EE.UU., por ejemplo, el sistema es muy diferente, es el sistema de calificación parecido al que teníamos. Y además la Justicia está para que en última instancia determine si ha habido delito. Una ley como ésta destruiría la industria cinematográfica. Y no sólo la industria como organización técnica y comercial, que no sería lo peor, sino la capacidad creadora de los artistas. Sin ánimo de querer hacer una paradoja, pienso que una censura como ésta que ahora se ha establecido sólo puede encontrase en Rusia y en la China de Mao. Y no debe asombrar. Siempre los estados fuertes (desde la utópica República de Platón para adelante) han considerado como sospechoso y pernicioso al artista. El artista es siempre un poco un fuera de la ley. Si usted ha leído el librito de aforismos de Mao habrá observado que lo que dice sobre el arte es terrible y demoledor, pues sólo queda el arte de propaganda. Lo mismo sucedía en la Rusia de Stalin. Prácticamente no se podía escribir ni pintar. Con motivo del terrible y trágico acontecimiento en Checolosvaquia observé que uno de los argumentos esgrimidos por la prensa soviética fue la corrupción que había ganado el cine checo, uno de los cines más importantes de nuestro tiempo. Le repito, Ministro, que no estoy hipócritamente contra cualquier tipo de censura, sino contra una censura que pone en peligro la libertad del auténtico creador. No hay una libertad absoluta del hombre, puesto que el hombre es un ser comunitario. Vivir es con-vivir. Y todos estamos obligados a coexistir de acuerdo con ciertas normas de respeto mutuo de consideración hacia la persona de cada uno.

Guillermo Borda: Yo coincido con todas su preocupaciones. Quiero marcarle, sin embargo, que existe una diferencia muy notable entre los distintos medios de expresión artística. La literatura propiamente dicha, el cine, el teatro, la televisión. Hay algunos que por su vivacidad y su forma tiene mayor influencias que otros sobre el espectador. Así el cine y la televisión no influyen como la literatura. Por otra parte hay expresiones artísticas masivas que, por serlo, tiene una influencia social enorme, como no la tiene el teatro, por ejemplo; y yo creo que los censores en el teatro deben ser mucho más amplios que los que censuran una obra cinematográfica. Por otra parte hay que diferenciar entre lo que es una obra de arte y lo que es pornografía y vulgaridad hechas con sentido comercial. La obra artística exige al artista realismo y audacia y eso es lo que hay que resguardar porque, si no, se corre el riesgo de perder la expresión artística en un país determinado, lo que sería grave. Pero, repito, una cosa es el arte y otra el comercio con la pornografía; creo que esto último es lo que hay que atacar. Particularmente cuando esa pornografía no tiene influencia solamente en el adolescente sino en todo hombre, sea adulto o no. Porque el problema no hay que verlo solamente en la relación espectador-obra cinematográfica. Si usted lo ve así indudablemente tiene que estar contra la censura. Porque, ¿quién le puede negar a un hombre libre el derecho de ver lo que se le ocurre ver? Pero el problema no se plantea en esos términos: se plantea en términos sociales, en términos de la influencia de esa expresión -llamémosle artística aunque muchas veces estén lejos de serlo- sobre la sociedad, sobre las masas. Yo creo que la moral media -o, por lo menos ciertas expresiones de ella- ha descendido en el mundo entero y también en nuestro país, aunque no en la medida que en otros países. Y creo que lo que pueda proteger nuestro estilo de vida, nuestra concepción tradicional de la moral, es importante para el futuro de los argentinos. Este es el sentido que tiene este instrumento un poco más ágil, más apto que el anterior para realizar un efectivo contralor de los espectáculos cinematográficos. He visto en privado una película sueca, "Suecia paraíso o infierno", que da una visión de Suecia que no sé si será exagerada o no, pero que produce una sensación de repulsión en el espectador a tal punto que me parece que es positiva la reacción que provoca en el hombre normal lo que allí se muestra. No obstante es tan descarnado, tan horroroso, que realmente no sé si será positivo permitir que eso se exhiba.

Sabato: Usted se refería a la pornografía, pero hay otras cosas en la ley que tienen que ver con problemas ideológicos, con instituciones del Estado. Recuerdo en este momento films norteamericanos como "Cómo aprendí a no preocuparme y amar la bomba", donde se satirizan ciertas organizaciones burocráticas del ejército norteamericano que, eventualmente, pueden hacer correr el riesgo de desencadenar una guerra atómica. Cosas como ésas podrían ser consideradas como ataques a las Fuerzas Armadas. Una película como "Reflejos en tus ojos dorados", donde hay un oficial que es homosexual, y no se tratan de obras menores. Los norteamericanos han tenido siempre una gran honradez en atacar sus propios males. Yo veo también en televisión la serie "Los corruptores", donde se dicen cosas terribles de instituciones norteamericanas, hasta de la propia justicia. Esos son hechos muy sanos, son obras que no están hechas con motivos ni con intenciones subalternas. Por el contrario, son obras moralizadoras. ¿Dónde está el límite? Fíjese que el simple examen de los libretos de esas obras podría hacer pensar que van a destruir o poner en tela de juicio instituciones básicas de la nación. Una ley como esa es peligrosísima desde ese punto de vista.

Borda: A eso sólo puedo responderle con la afirmación de que todo, todo este sistema depende de la forma en que sea aplicado. Si hay prudencia en los hombres que tengan la responsabilidad de ejercer el contralor cinematográfico, no va a haber ningún problema. Yo quiero darle la seguridad de que no se va a actuar con criterio riguroso, por lo contrario, lo que se quiere es asegurar un mínimo de respeto por las instituciones esenciales o por la moral media. Creo que usted ha tocado un punto importante y me parece que la única manera de desvirtuar esos temores será aplicando la ley.

Sabato: Usted ha dicho algo cierto: el cine tiene una potencia, una vivacidad para las grandes masas que no tiene la literatura. Y la televisión todavía más porque se da cotidianamente en todas las casas y no hay control de la edad posible. Por eso pienso que la solución óptima para la TV es de Francia y Estados Unidos, con una televisión estatal que impida ciertos extremos de la televisión privada, movida exclusivamente o casi por razones de dinero. Pero, dicho esto, debo agregar que el cine tiene una potencia masiva mayor que la literatura pero en cambio tiene la ventaja de poder ser calificado por edades, cosa que no sucede con los libros. Vaya usted a cualquier kiosco, aquí no, y podrá ver cantidades industriales de novelas tremendas, del tipo de Mike Spillane, ese sadismo sexual que puede destruir el espíritu de cualquier chiquilín y que no tiene ningún obstáculo para su obtención. No se trata de ninguna literatura trascendente, de grandes autores, sino simple bazofia. Que sin embargo se difunde por motivos crudamente comerciales. Ya ve que eso es más peligroso que el cine. Es una verdadera dinamita de la peor especie contra el espíritu.

Borda: Vamos a ir. Vamos a hacer ese tipo de vigilancia. Yo coincido con usted. Ahí tengo una colección de revistas realmente terribles. Tengo unas revistas italianas de una pornografía inaudita. Creo, como usted, que son peligrosas. Pero fíjese que hay una diferencia muy importante: cuando una persona compra una revista de éste tipo, la lee él, la lleva a su escritorio, la deja en el cajón y después la tira. Pero no está en el hogar, como está la televisión a todas horas o como el cine que es la expansión normal de todas las clases sociales. Pero no creo que lleven el mismo peligro. Aunque creo, sí, que hay que combatirlas, y estamos en eso.

Sabato: Temo que si esta ley se aplica mal va a aniquilar del todo al cine argentino que, por otra parte, ya está en una situación crítica. ¿Qué pasa si un director -sobre todo desconocido- lleva un guión en el que se pueda interpretar que atenta contra las instituciones del Estado y se lo rechazan? ¿Cómo se sabe que ese hombre no va a hacer un día una gran película con ese guión? Se puede terminar con los pocos restos de cine de hoy, se va a matar la creación cinematográfica si se aplica la ley en forma rigurosa.

Borda: Le repito que la única respuesta a esa inquietud es el funcionamiento de la ley. El mismo va a demostrar el espíritu con que la ley ha sido hecha. No hay ningún propósito de limitar la creación artística en el campo del cine, pues me parece que sería realmente criminal hacerlo.

Sabato: Bueno, espero que sea así. ¿Y los nombres de quiénes van a integrar las comisiones, que ese es el problema en última instancia, por la mentalidad y la interpretación de la ley?

Borda: No se los puedo decir porque no se los he sometido al presidente, aunque los tengo elegidos.

Sabato: ¿Pero la tendencia en la elección, no será la de "cazadores de brujas"?

Borda: NO, POR SUPUESTO



Bernardo Neustadt: Y bien, Sabato, ¿qué impresión ha extraído de este encuentro?

Sabato: En primer término, debo decirle que me ha impresionado magníficamente que el Ministro del Interior haya aceptado esa iniciativa suya de mantener un diálogo con un escritor que evidentemente iba a hacerle una serie de preguntas y consideraciones nada cómodas. Eso debe señalarse como elogio y sin reticencias. Ahora bien, lamento que hayamos hablado durante veinte minutos sobre asuntos literarios que no tenían que ver con el tema pues eso nos quitó tiempo para un desarrollo más a fondo del diálogo sobre la censura. El Ministro se refirió largamente al tema de la pornografía en muchos de cuyos aspectos estamos de acuerdo. Y en cambio no me respondió a la pregunta y a las preocupaciones sobre los aspectos ideológicos de la ley. Desde luego, ya había transcurrido casi una hora y había una cantidad de gente que esperaba por el Dr. Borda. Es una lástima. Pienso que habría sido de enorme importancia escuchar su opinión sobre el caso de los films norteamericanos que atacan duramente al Ejército o a la Magistratura. También habría sido interesante considerar la situación del creador cinematográfico con respecto a las instituciones de la familia y de la patria, temas particularmente peligrosos para ser considerados por una comisión de censores. En fin, de todos modos pienso que el encuentro es positivo, ya que al menos contamos con una palabra del Ministro sobre la caza de brujas y la estrechez mental de los censores. Ojalá la práctica mitigue los extremos de una ley tan peligrosa.

Bernardo Neustadt