viernes, 27 de abril de 2012

"UN CONOCIMIENTO POR MONTAJE". entrevista a Georges Didi-Huberman por Pedro Romero

Cuando la imagen toca lo real. Bajo este emblema me emplazan en Madrid a entrevistar a Georges Didi-Huberman. Es una conversación que estaba destinada a tener lugar. Hace algunos meses, Georges me anunció que vendría a Sevilla durante la Semana Santa, a ver imágenes, claro. Son ya algunos años de amistad, flamencos de por medio, los que van dando continuidad a conversaciones como ésta. Finalmente, aplazó su viaje a Sevilla y su deseo de ver las imágenes por la calle. Estamos en Madrid, en el último piso del Círculo de Bellas Artes y el paisaje visual –el cielo de Madrid de día parece contradecir el imaginario acuñado en décadas pasadas: estructuras de anuncios luminosos ahora apagados y envaradas diosas clásicas sin hijos– es otro, más reprimido, más protestante si cabe. Nuestra última conversación dejó en el aire la palabra «mosaico», en su doble acepción. Por un lado, lo monolítico, lo compacto, el orden y la ley. Por el otro lo fragmentario, lo troceado, las miles de teselas que conforman, aquí y allá, por ejemplo, nuestra conversación.


Planteas una apertura en dos polos: por un lado hablas de Roland Barthes y su defensa de la importancia de la imagen y de la fotografía como algo que presenta lo real, que da testimonio directo de ello, y, por otro lado, hablas del descrédito de la fotografía en el espectáculo, de la sospecha que levantan Guy Debord –de forma terrorífica– y Jean Baudrillard –en clave más retórica–. Son dos posiciones antagónicas, y me gustaría saber si tu propuesta de lectura de la imagen busca acercar posturas, hallar un lugar intermedio de consenso o si, por el contrario, pretendes trabajar manteniendo a la vez las dos aseveraciones, paradójicamente, con la contradicción de acreditar ambos discursos.

En efecto, el curso comienza a partir de una situación polémica que, en mi opinión, no se resume en la oposición Barthes versus Baudrillard, sino que está ya en el propio Barthes, donde conviven una especie de ontología de la fotografía –la fotografía sería el lugar donde se capta, bajo la forma de un fantasma, la verdad del ser– y una retórica. Diría que esta doble posición, a la vez crítica –cuando se afirma que hay ahí una retórica, se está siendo crítico– y de confianza –pues confianza es lo que implica una ontología de la imagen–, estaba ya, por lo demás, en Walter Benjamin. Por mucho que, en un artículo sobre la fotografía, haya dicho que el aura está decayendo y que él ya no la busca, lo cierto es que la sigue buscando, que persigue lo que él llama el salto de la autenticidad, el Ursprung, es decir, el origen. Ahora bien, esto no quiere decir que en Benjamin haya una ontología de la imagen, lo que quiere decir es que mantiene una cierta confianza en la relación entre la imagen y lo real.
Pero, por supuesto, en Benjamin está también toda la crítica de la imagen tal y como es utilizada. Es posible que estos dos aspectos polémicos coexistan en todos los grandes comentadores de la imagen. En cambio, cuando alguien como Baudrillard llega hasta el extremo de rechazar tajantemente toda relación entre la imagen y lo real en nombre del simulacro, está yendo demasiado lejos. No comparto ese cinismo extremo que consiste en decir que, puesto que es una foto, es falso. El caso de Debord es más complicado, porque aunque critica esa confianza, no podría hacer su trabajo sin elaborar su propio atlas de imágenes; Debord utiliza la imagen, la desplaza.
Ahora bien, ¿quiere todo esto decir que yo intento buscar el consenso?, ¿alcanzar un término medio? No, no lo creo en absoluto. Pienso, simplemente, que hay que dialectizar las posiciones, lo cual no significa encontrar la calle de en medio, sino reconocer que hay imágenes repugnantes que hay que criticar violentamente, pero que no todas las imágenes son así. Y que, justamente –y esto es especialmente importante hoy, que hay tantas imágenes a nuestro alrededor–, se trata de buscar las que nos pueden ayudar a pensar. Por lo demás, se puede decir exactamente lo mismo de la palabra. Joseph Goebbels y Paul Celan utilizan las mismas palabras; sólo hay que saber distinguir un caso del otro.

Utilizas, a mi juicio de forma muy fructífera, el psicoanálisis de la imagen como una herramienta de análisis, en la que están presentes tanto Sigmund Freud como Jacques Lacan. Diría que en este último se da también esa ambivalencia, ese doble juego de lo que por un lado es retórica y por otro lado es terror: lo real es presentado como lo terrible, pero, ese mismo discurso es, en muchas ocasiones, criticado o rechazado como pura retórica. Esa misma sospecha sobre las imágenes y sobre las palabras de la que has hablado es también la sospecha sobre el psicoanálisis, sobre Freud o Lacan, la sospecha que despierta en la comunidad científica la filosofía que los tiene en cuenta. En este sentido, ¿hasta qué punto se puede utilizar toda esa retórica para extraer capacidad de verdad, la posibilidad de hablar del origen? ¿Hasta qué punto «lo peor» del discurso del psicoanálisis puede ser revertido en positivo como herramienta útil para leer la imagen?

Cuando la sospecha se transforma en puro rechazo, se convierte en paranoia. En la polémica sobre la imagen que he mantenido en Francia con ciertos teóricos lacanianos y neolacanianos, he creído siempre advertir un movimiento que va de la sospecha generalizada al rechazo ontológico, en una suerte de proceso paranoico. Siempre que la sospecha conduce al rechazo, es porque se le está pidiendo demasiado a la cosa de la que se sospecha. No se puede pedir demasiado al psicoanálisis como tampoco se puede pedir demasiado a la imagen; basta con los fragmentos, con los pequeños momentos. Se puede decir que la imagen es una herramienta para la manipulación, pero eso sólo es cierto si soñamos con un signo sin manipulación, algo que no existe. En cuanto a mi utilización del psicoanálisis –lo diré muy rápidamente– se trata de un uso crítico y no clínico. Uno de los conceptos más importantes en mi trabajo es el de «síntoma», pero eso no quiere decir que busque aquello que causa o produce dicho síntoma, no busco el «síntoma de» ni digo que la sociedad es más bien esquizofrénica o más bien histérica. Lo que busco en realidad, y en ello se basa mi utilización del psicoanálisis, son los propios síntomas. Tú me hablas de capacidad de verdad, y yo lo que digo es que esa capacidad de verdad hay que temporalizarla, hay que entender que sólo ocurre en momentos muy breves. Lo dice Benjamin: es un destello, un destello momentáneo, que dura sólo un instante. Y eso es lo que me interesa. Hace poco he acabado un texto sobre la imagen como mariposa. Si realmente quieres verle las alas a una mariposa primero tienes que matarla y luego ponerla en una vitrina. Una vez muerta, y sólo entonces, puedes contemplarla tranquilamente. Pero si quieres conservar la vida, que al fin y al cabo es lo más interesante, sólo veras las alas fugazmente, muy poco tiempo, un abrir y cerrar de ojos. Eso es la imagen. La imagen es una mariposa. Una imagen es algo que vive y que sólo nos muestra su capacidad de verdad en un destello.

Hay una consideración de Giorgio Agamben en torno a la imagen que me parece pertinente; afirmaba que Aby Warburg no trabajaba sobre las imágenes, sino sobre el gesto, y recriminaba muy duramente a toda la corriente iconológica –a Edgar Wind, a Erwin Panofsky o incluso a Ernst Gombrich– el haber falsificado, de alguna manera su trabajo al reducirlo a meros signos, indicios, iconos, cuando la propuesta de Warburg era de relaciones, era un trabajo de gestos, de momentos. Tu mariposa.

Creo que la oposición es, en efecto, entre la imagen como gesto –y esto es Warburg, una antropología de la imagen viviente– y una iconología empobrecida que sólo intenta ver signos en las imágenes, y no gestos. Por eso el «síntoma» es tan importante para mí, porque es un concepto semiótico –habla del significado–, pero es también corporal. Y esto es precisamente lo que es un gesto: un movimiento del cuerpo que está investido de cierta capacidad de significado o de expresión. Por lo tanto, lo que nos interesa es, en realidad, lo que ocurre entre el mundo de los signos y el mundo del cuerpo. Eso es una imagen. Cuando los iconógrafos se interesan únicamente por las imágenes como emblema de una idea, entramos de lleno en el reino del concepto, en un ámbito totalmente abstracto.

Me gustaría abundar en esta genealogía de tu trabajo, en la importancia de los archivos de imágenes y en la manera de recopilarlas del Atlas Mnémosyne, de Aby Warburg; de los Passagen-Werk, de Walter Benjamin y de la edición de los Documents, de Georges Bataille. ¿Cuál es la relación de tu trabajo, de tu proyecto de arqueología –hablamos de Michel Foucault, claro– con estos grandes atlas de imágenes?

Mi relación con Foucault es más que positiva, es fundamental; lo que sucede es que Foucault ha constituido archivos de discursos y, en el fondo, la tarea de constituir archivos de imágenes es más difícil. Los historiadores, por ejemplo, siempre dicen que les cuesta más clasificar imágenes que textos. Aunque sólo sea porque un texto, al menos, se puede clasificar alfabéticamente, mientras que para las imágenes no hay alfabeto, no hay un criterio dado que te permita saber cómo vas a clasificarlas. La cuestión del archivo es absolutamente fundamental porque es lo que determina la forma de la historicidad. No se puede hacer una verdadera historia de las imágenes siguiendo simplemente el modo de la crónica lineal, de la crónica cronológica, por la simple razón de que una sola imagen –al igual que un solo gesto–, reúne en sí misma varios tiempos heterogéneos. De manera que para historizar las imágenes hay que crear un archivo que no puede organizarse como un puro y simple relato, puesto que es algo fatalmente más complejo. Y en este sentido, es extremadamente interesante ver que en los años 1920-1930 –una época revolucionaria–, diversos historiadores o pensadores situaron el problema de la imagen en el centro de su pensamiento de la historia y concibieron atlas o sistemas de saber de un género completamente nuevo: Warburg, Benjamin, Bataille y un largo etcétera. Y que exactamente en el mismo momento surgía en el terreno artístico un verdadero pensamiento del montaje: Sergei Eisenstein, Lev Kulechov, Bertolt Brecht, los formalistas rusos. Me parece muy importante que en un momento en el que la historia de Europa está siendo sacudida completamente, haya pensadores y artistas que se replantean la historia en términos de estallido y reconstrucción, que es a lo que podemos llamar –así lo llamo yo– conocimiento por el montaje. Benjamin decía que una verdadera historia del arte no debe contar la historia de las imágenes, sino acceder al inconsciente de la vista, de la visión, algo que no puede lograrse a través del relato o la crónica, sino por medio del montaje interpretativo. Es lo que ocurre, por ejemplo, en un psicoanálisis: se hacen montajes interpretativos y en la reunión de dos cosas muy distintas surge una tercera que es el indicio de lo que buscamos.


Victor Sklovski dice que no importa saber qué son las imágenes sino cómo funcionan, y es evidente que, para poder montar imágenes, es necesario olvidarse de qué son, de qué significan exactamente, y hay que conocer, en cambio, cuáles son sus posibilidades, su funcionamiento. En este sentido, ¿hay en tu trabajo una voluntad de abandonar esa pregunta por la ontología, por el «qué es» de la imagen?

Por supuesto que sí. Cuando hablo de que «las imágenes pueden tocar lo real», quizás tendría que precisar que en esta idea hay una postura paradójicamente inversa a toda tentativa de ontología de la imagen. No creo que sea posible, ni interesante, hacer una ontología de la imagen; de hecho, creo que intentarlo fue el gran error de Barthes. Casi diría que es un falso problema. De forma que cuando alguien habla de La Imagen, así, con mayúsculas, como suelen hacer los filósofos, yo no entiendo de qué están hablando, y pregunto: pero, ¿de qué imagen hablas?, ¿cuál imagen?, ¿cuántas imágenes? Jean Luc Godard, por ejemplo, dice que no hay una imagen sino, por lo menos, dos y, en general, suele haber tres. Es decir, para hacer un montaje tiene que haber un choque entre dos imágenes y, generalmente, de este choque surge una tercera. Así pues, La Imagen no existe, no me interesa. En realidad, como dices –estamos completamente de acuerdo en esto– lo que hace falta para comprender una imagen es ver cómo trabaja en casos muy precisos. A mí la imagen sólo me interesa como herramienta de trabajo o de juego, que es lo mismo. Trabajo en el sentido de Freud. En francés al parto se le llama trabajo. Algo magnífico.
Volviendo un momento sobre Foucault y su relectura del archivo, curiosamente, después de haber revisado archivos marginales, después de haber dado la vuelta a los archivos punitivos, Foucault nos invita a sospechar del archivo mismo, a pensar que lo importante en el archivo es precisamente lo que falta. En esa misma línea, tú has insistido mucho en los huecos del archivo, en sus sombras. Sin embargo, ahora que el archivo está al orden del día, que es casi un lenguaje de moda, por ejemplo en el mundo del arte, se ha difundido una idea del archivo como obra total, que alcanza a registrar todas las experiencias, cuando la importancia de esos tres archivos de los que hablamos –Mnemosyne, Passagen-Werk, Documents– pasa precisamente por sus debilidades: son interesantes porque están llenos de agujeros. En definitiva, el interés por el archivo es paradójico, ya que parece que nos son más útiles los archivos que no son archivos, que son básicamente anarchirvos, antiarchivos…

Sí, es una cuestión muy interesante. Diría que la sospecha que suscita la imagen es la misma que suscita el documento y la misma que despierta el archivo. No es casualidad que la polémica que mantuve con Claude Lanzmann, el director de Shoah, fuera con una persona que ha leído a Foucault y que ha leído a Lacan. La cuestión es –intentaré ser preciso– que hay al menos dos autores –Michel Foucault y, todavía más precisamente, Michel De Certeau– que han hecho una crítica del archivo en tanto que aspiración a contener un cierto estado del mundo, tal como se pretendía en el Renacimiento. Y en su crítica nos advierten de que el archivo es algo construido y censurado, que está lleno de lagunas, que la clasificación es ya una interpretación y que, por tanto, induce ciertos efectos hermenéuticos. El archivo no es neutro ni tampoco es ingenuo, el archivo no es un estado edénico del documento. Ahora bien, lo que ha ocurrido es que el pensamiento postmoderno se ha dicho: bueno, si Foucault ha criticado el archivo –y lo de tomar una idea europea y absolutizarla es algo muy típico de las universidades norteamericanas–, eso quiere decir que la historia es ficción; y si Derrida ha dicho que la escritura filosófica o incluso la escritura de la historia están íntimamente ligadas a la literatura, eso quiere decir que la filosofía y la historia son ficción. Pero, claro, si esa sospecha se lleva tan lejos, termina siendo perfectamente posible e incluso legítimo decir, por ejemplo, que los campos de concentración no han existido. Así pues, me parece que esta crítica de la historia, esta relativización extrema que desemboca por la izquierda en Baudrillard y por la derecha en el negacionismo revisionista, es sumamente peligrosa. Es decir, creo que es fundamental recoger la crítica y la sospecha, pero no como rechazo: hay una gran diferencia entre criticar y rechazar. Creo, por tanto, que hay que mantener una relación con el archivo, hay que trabajar con él; no se puede ser ingenuo, pero tampoco se puede desdeñar la diferencia entre documentos y ficciones: hay que saber cuándo se trabaja con unos y cuándo con otras. En estos términos se desarrolla el debate que han mantenido, por ejemplo, Carlo Ginzburg, muy cercano a Warburg y en absoluto ingenuo, y Hayden White que decía que, puesto que en esas estamos, la historia misma, la disciplina histórica, no es ya más que una ficción. Ginzburg, que niega tajantemente que pueda equipararse historia y ficción, sostiene que la afirmación de que todo es relativo es la mejor manera de no posicionarse nunca, cuando en ciertos momentos es imprescindible tomar postura acerca de una realidad histórica. En definitiva, no se trata de decir si es cierto o es falso, sino de la necesidad de posicionarse acerca de lo real.

Sin embargo, ayer en tu conferencia hablaste de Morelli –el inspirador del método indicial de Carlo Ginzburg– como «policía», mientras que ahora has hablado del trabajo de Ginzburg como «política», y me viene a la cabeza el productivo distingo que hace Jacques Rancière entre policía (en un sentido neutro, no peyorativo) y política como dos polos de una tensión necesarios. Rancière es muy claro al respecto: cuando existe la policía no hay política. Pero, en cierto modo, parece haber una continuidad, en el sentido de que política y policía están anudados, de que la política no tiene objeto propio y aparece en un lugar previamente ocupado por la policía…

Bueno, ahora me veo obligado a hacer un movimiento un tanto sutil para indicar que, si en la pregunta anterior estoy de acuerdo con Ginzburg contra Hayden White, en la pregunta presente estoy en contra de Ginzburg en un punto muy concreto pero muy importante, que es su artículo sobre el paradigma indiciario, la huella, donde argumenta que hay una suerte de unidad del conocimiento por huellas que vincularía, por un lado, a Morelli o a Sherlock Holmes y, por otro lado, a Warburg y Freud. Ginzburg sostiene que es lo mismo, mientras que yo digo que no es igual en absoluto. A mi modo de ver, Morelli y Holmes son la policía mientras que Warburg y Freud son la política. ¿Por qué? Porque Morelli, como Holmes, busca en los detalles desapercibidos, en las pequeñas cosas, el nombre del culpable, y una vez obtenido el nombre, la investigación se acaba: termina el relato de Sherlock Holmes y termina el de Morelli cuando dice «esto no es Leonardo Da Vinci sino que es Boltraffio». Una vez alcanzado el nombre, la interpretación se detiene; pero la interpretación no es eso. Cuando haces un psicoanálisis, de repente dices «¡mamá!», y sí, sin duda «mamá» también es un nombre, pero, ¿se ha acabado con ello el psicoanálisis? No, justamente está empezando, el verdadero trabajo de interpretación comienza ahí. La función del detalle en una economía policial es únicamente la de dar una clave para llegar al nombre, y esto es lo que ocurre en todos los iconógrafos. Mientras que en el tipo de trabajo que yo defiendo, una vez que tienes esa clave, la utilizas para abrir una puerta que va a dar a otra puerta, que a su vez va a dar a otra, en una red interminable: Borges, arborescencia, árbol, ramas, tramas… es lo que Lacan llama la cadena significante. Son, pues, dos cosas totalmente distintas.

Es curioso, es la misma discrepancia que mantiene con Ginzburg desde las arbóreas selvas chiapanecas el Subcomandante Marcos, en una famosa charla vía e-mail… Pero no me gustaría ser injusto con Morelli, al que le tengo un especial aprecio: él mismo sospechaba de su método. Se puso un nombre ruso, Iván Lermolieff, para marcar una cierta distancia exótica; publicaba en alemán, la lengua dominante en el campo de las ciencias…

Sí, sí, es un personaje de novela. Es interesante que Ginzburg equipare a Giovanni Morelli con Sherlock Holmes, y ambos son ficciones, mientras que Warburg y Freud existen realmente…

Sí, pero a lo que yo iba es a que el propio Morelli sospecha de su método: tiene que cubrirlo con disfraces de prestigio de la época –la lengua alemana, un nombre ruso– para que se le tenga en cuenta y, después, pasa al olvido. Tiene algo de jugador que se da cuenta del peligro de hacer trampas en el juego, pero es con ese truco con el que tiene que ganarse la vida. Abandona la profesión y se dedica a la política. En definitiva, lo que me interesa señalar es que necesariamente hemos de sospechar de las herramientas con las que trabajamos, no podemos aceptar que sean presentadas como verdades absolutas…

Claro, claro. Por ejemplo, Warburg utiliza como herramienta la fotografía pero sabe muy bien que cuando fotografías, por ejemplo, un fresco de Miguel Ángel, pierdes el espacio, pierdes el color, pierdes mucho. Estoy absolutamente de acuerdo contigo en que hay que mantener siempre una actitud crítica –y prefiero la palabra crítica porque, en francés, la palabra «sospecha» me resulta demasiado paranoica– en torno a las herramientas que utilizamos. Precisamente, Sherlock Holmes jamás duda de su instrumento: su magnifiying glass, su lupa. Mientras que por el lado de Warburg, de Freud, de Lacan o de Edgar Allan Poe siempre hay una desconfianza. En La carta robada, frente a la magnifiying glass, el personaje se pone gafas oscuras: se trata de aceptar ver menos, de aceptar verlo todo gris, pero terminar encontrando lo que se busca, la verdad.

También debemos tener cuidado con las gafas, con las gafas negras o de otro tipo que usamos para protegernos de lo real, de las imágenes terribles de la guerra o del holocausto. Hay muchos artistas en España que, por ejemplo, trabajan sobre los atentados del 11 de septiembre en Nueva York y, sin embargo, sobre el terror más cercano, sobre el terrorismo de ETA o sobre los atentados de Atocha, apenas hay trabajos a tener en cuenta…

Por supuesto, es mucho más fácil trabajar sobre el 11 de septiembre, porque es «bonito»: son las gafas con las que uno lo ve –televisión, vídeo, internet– las que lo hacen «bonito», demasiado bonito… En Francia ocurre lo mismo. Llevo tiempo buscando a un artista que haya trabajado sobre la guerra de Argelia, nuestra guerra terrible, olvidada, pero es inútil, no hay buenos trabajos sobre la guerra de Argelia. Y para saber es preciso imaginar, es nuestra obligación imaginar el infierno…

En Alemania sí que hay obras importantes de Gehrard Richter o de Peter Feldman sobre la banda Baader-Meinhof, mientras que entre nosotros el único artista capaz de abordar estos asuntos sigue siendo Goya: en una exposición sobre la violencia en el museo Artium de Vitoria, el director del museo, Javier González Durana, hizo un trabajo sencillo de bricoleur, poniendo imágenes de los grabados de Goya de los desastres de la guerra junto a fotos periodísticas sobre el terrorismo. Lo hizo como un juego, como unas notas a una exposición sobre la violencia, y fue lo único en toda la muestra que, sin evasiones ni retóricas, hablaba directamente de la violencia, del terror, del terrorismo en España. ¿Por qué es tan difícil cuando es cercano, cuando te apela directamente?

No lo sé, estoy de acuerdo en que es muy difícil, y, desde luego, ése es el trabajo que hay que hacer.


Bueno, sigamos de algún modo con Goya o, al menos, con Madrid: no podemos dejar pasar la ocasión de hablar de flamenco, esa música que tanto te embarga. Estamos, además, en una institución de lustre, ilustrada y, por tanto, anti-flamenca –siempre hay excepciones claro, recuerdo hace unos años haber estado aquí con Carmen Linares, José Ángel Valente y Mauricio Sotelo, todos juntos en el mismo escenario–, como suelen ser las instituciones ilustradas en las provincias del Imperio. ¡Ah!, la tradición orteguiana contra la quincalla meridional… Pues bien, Giorgio Agamben hablaba de la importancia que tenía para él la imagen en el flamenco, de la capacidad del flamenco de construir imagen, de fijarla para, inmediatamente, desplazarla, ponerla a andar; de la capacidad que tiene la imagen en el flamenco de deshacerse y volverse a hacer. Lo decía hablando del baile, de forma evidente –es lo que los propios flamencos llaman «hacer la estampa»–, pero también se refería a la música, a la utilización de los silencios como momentos en los que se detiene el sonido –un poco en el sentido que le daba Luigi Nono–, y se produce una intensidad que convierte la voz en un sonido puro pero que, a la vez, es como una imagen, una imagen de una gran densidad de significado…

Cuando vine por primera vez me ofrecieron la posibilidad de traducir uno de mis libros y, naturalmente, propuse La danseur des solitudes, un libro escrito a partir de Arena, el baile flamenco de Israel Galván, y que es un recorrido por la imagen en movimiento muy enraizado en la tradición: Juan de la Cruz, José Bergamín, Federico García Lorca… La respuesta no fue sobre el libro. Me dijeron: «No, de flamenco no». Así que tienes toda la razón, sigue habiendo sitios anti-flamencos. Pero la comparación me interesa: tenemos anti-flamenco = Bellas Artes. Y a mí lo que me interesa del flamenco es precisamente su posición anti-Bellas Artes, es decir, su manera alternativa de componer las relaciones entre las artes. Porque, ¿qué quiere decir Bellas Artes? El origen hay que buscarlo en la distinción anterior al Renacimiento entre artes mecánicas –las de la mano, el cuerpo, la pintura– y las artes liberales, es decir, las del intelecto –la teología, la geometría, la retórica…–, pero, sobre todo, en la «operación Bellas Artes», la operación del Renacimiento, que consistió en meter ahí la pintura. A mí lo que me interesa es que esas cuestiones académicas –porque, al fin y al cabo se trata de la Academia, pues así se crearon las Bellas Artes– no existen en el flamenco. El flamenco no tiene el rigor de la Academia, tiene el de la Peña, que es otra cosa…

Muy seria y rigurosa también, desde luego…

Por supuesto, con jerarquía y todo, pero para mí representa un modelo no occidental, no ilustrado, de funcionamiento de una producción de forma, de forma vocal, musical, de baile… Durante mucho tiempo mi afición al flamenco y mi trabajo intelectual estuvieron totalmente separados. Antes de viajar por primera vez a Sevilla, por ejemplo, no había leído ningún libro sobre flamenco, no me interesaba y jamás hablaba del flamenco a nivel intelectual. Y en un momento dado entendí. Estaba leyendo a Warburg y comprendí cómo mi experiencia del flamenco formaba parte, de alguna manera, de mi trabajo sobre la imagen. Durante algún tiempo, en Francia, mi posición intelectual estaba en un difícil equilibrio: los filósofos no me consideraban filósofo, los historiadores del arte no me consideraban historiador. Y ahora que parecía que por fin la cosa estaba más tranquila, la voy a complicar metiendo el flamenco de por medio. Para mí el flamenco es, precisamente, una manera de mostrar –en el contexto del arte contemporáneo, es decir, en las galerías, en el mercado, en los museos e instituciones– que hay funcionamientos distintos, otras maneras de hacer.

Incluso puede servirnos más íntimamente: tú mismo lo has apuntado al señalar a Warburg quien, en su viaje por Nuevo México, al ver el baile de los indios navajos, encuentra una herramienta clave para leer a Boticelli, a Piero de la Francesca o a Ghirlandaio. De alguna manera, tu profunda afición y tu extraordinario entendimiento del compás, del silencio, de la voz y de los demás elementos del flamenco se convierten en un instrumento poderosísimo a la hora de desplegar lecturas, de reconstruir un tejido, una trama de interpretaciones que tienen que ver con esa tensión de imagen, gesto…

Exacto, exacto, la cuestión del gesto y la cuestión del ritmo son muy importantes para mí.

GEORGES DIDI-HUBERMAN
Ante el tiempo. Historia del arte y anacronismo de las imágenes, Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2006
Venus rajada: desnudez, sueño, crueldad, Madrid, Losada, 2005
Lo que vemos, lo que nos mira, Buenos Aires, Manantial, 2004
Imágenes pese a todo: memoria visual del holocausto, Barcelona, Paidós, 2004
La distancia y la huella: para una antropología de la mirada, Cuenca, Diputación Provincial, 2001.

lunes, 16 de abril de 2012

"Anonimato Internet: usos, abusos y falacias" por Darío Yancán


Este texto lo escribí hace ya más de cinco años, lo mandé a algún foro o se publicó en algún sitio - y me parece que sigue siendo bastante válido hoy en día. He aprovechado para renovarlo un poco, aunque el panorama no ha cambiado mucho. Describe algunas situaciones relacionadas con el anonimato en Internet y la credibilidad o validez que debe darse a su uso -últimamente, más bien abuso- explicando algunas falacias típicas que le rodean.
Sobre el uso del anonimato en Internet
Casi todo el mundo sabe que lograr el anonimato total en Internet es prácticamente imposible: por todos lados quedan rastros de direcciones de e-mail, direcciones IP, teléfonos de llamada, etc.Pero lo cierto es que, considerando escenarios de perfil bajo, (suponiendo que no se hace nada «grave» usando ese anonimato, y que no se van a usar todos los medios legaes y técnicos existentes para perseguir a alguien) es relativamente fácil hacerse pasar por «anónimo».Algunos ejemplos: puedes publicar mensajes en muchos foros y weblogs como «invitado», o con nombres y e-mails falsos, porque no se comprueban. También puedes crear una cuenta de correo con datos falsos en cualquier servicio gratuito (como Hotmail o GMail), usar anonimizadores de correo e incluso de navegación web. Pero cuiado: en el artículo Anonymous Web Surfing? Uh-Uh de Wired se explican los potenciales problemas de usar estos sistemas, que tampoco son infalibles.Los argumentos tradicionales para hacerse pasar por anónimo en Internet (o en el MundoReal™) son bien conocidos. Dentro de lo que podría considerarse «lícito»: empleados que temen ser despedidos por sus jefes si se enteran que publican algo contrario a su opinión, envío de «filtraciones» a la prensa saltándose los conductos reglamentarios, o miedo a desvelar la identidad en ambientes que no son los habituales de una persona (por ejemplo, en grupos de auto-ayuda, de minorías, activistas sociales o cualquier otro tipo.)
Entre los usos considerables cuestionables, ilícitos o incluso ilegales, la lista es larga: envío de amenazas, insultos, chantajes, calumnias, mentiras dañinas y un largo etcétera (incluyendo «fastidiar a la competencia» y hacer el troll como deporte de moda).
Las falacias sobre el anonimato
Hay gente que usa el correo (o la publicación en foros) de forma anónima y que se indigna cuando se le pide que se identifique para dar más validez a sus opiniones. Sobre este hecho, que va más allá de lo puramente técnico del «cómo hacerse pasar por anónimo» hay bastante información en la Red. Dos artículos clásicos sobre el tema, bastant interesantes, son estos: The Anonymous Fallacy y P.S. to The Anonymous Fallacy.El autor argumenta por qué es una falacia informal (o forma impropia de razonamiento) usar frases como «No acepto tus argumentos porque no estás usando tu nombre verdadero». El primer artículo expone el caso y el segundo hace algunos comentarios adicionales.Estos artículos provocaron una respuesta: Response to the Anonymous Fallacy En donde se contra-argumentan los artículos anteriores.Sincramente, me quedo con el primero como ejemplo de razonamiento lógico que persigue un fin (es cierto que no es obligatorio que la persona esté indentificada para que diga algo razonable), pero sin duda prefiero el último como opinión realmente válida sobre el caso. Lo curioso es que es posible que hasta los dos artículos los haya escrito la misma persona (!)
El dato importante para mi es que, como se explica en Response to the Anonymous Fallacy, el uso del anonimato en muchas ocasiones está justificado, pero eso no mejora la comunicación. Si bien hay casos en los que el dato de la identidad de la persona no revela nada, en otros es parte del contexto de la comunicación, y muy relevante.Un ejemplo lo dejará claro. Si alguien publica un mensaje anónimo diciendo:
El Madrid ganó ayer al Barcelona por 2-1.
no hay ningún problema en aceptar este mensaje como una afirmación cierta, dado que es un hecho comprobable por todos. También lo sería «Estoy contento de que el Madrid ganara al Barcelona», porque es cierto que el autor puede estar contento con esa situación.En cambio, si el anónimo publicara:
El Madrid ganó ayer al Barcelona porque me consta que se pagó al árbitro para que expulsara a Ronaldinho y además los del Madrid cobraron un prima extra del Betis. Estaba en el hotel de la concentración y lo ví....
sí hay problema en aceptarlo como argumento, porque el autor del mensaje es parte del mensaje y la comunicación: afirma tener información, conocer cosas que otros no conocen, y haber estado en sitios - sin que se sepa realmente quién es ni se pueda comprobar. Si el autor firmara con nombres y apellidos, se podría investigar y comprobar si es cierto lo que dice, pero si no lo hace el dato no es más que mera especulación.Un razonamiento buscando la sencillez del ¿por qué? (método científico conocido como «la navaja de Occam») llevaría también a la explicación más simple: «ese tipo anónimo es un fanático del Barcelona, cabreado porque su equipo ha perdido - su único objetivo es desprestigiar al Madrid».En algunas ocasiones, es muy difícil saber hasta qué punto un anónimo es parte de la comunicación, pero tras una crítica anónima no es extraño que exista cierta cercanía que por alguna razón el anónimo no quiere reconocer. El problema es que sería importante conocer esa cercanía o involucración en el tema comentado para valorar objetivamente ese mensaje (la comunicación en sí).Un ejemplo típico alguien criticando, insultando o sembrando F.U.D. (miedo, duda e incertidumbre) sobre una empresa, un producto o una persona. Ese anónimo puede ser parte importante del contexto si es un empleado de una empresa competidora (y se sabe que hay empresas que pagan a gente por hacer exactamente eso). También podría ser un empleado descontento que persigue desprestigiar a su propia empresa por rencor o algo similar (tal vez su jefe no le subió el sueldo y ahora juega con información interna, pero sin explicar que trabaja en la empresa o el motivo de su rencor). En el terreno personal, alguien puede insultar a alguien por cualquier motivo, pero sin explicar que tal vez eran amigos y que el otro le quitó a la novia (y ahora le odia por eso) o cosas así. Un programador puede estar envidioso del trabajo de otro y criticarlo, sin reconocer que tal vez él estaba embarcado en un proyecto similar que no salió bien, o que trabajaron juntos como jefe-empleado, o que son rivales eternos porque uno prefiere el sistema operativo Y al Z, o algo parecido.Lo importante es darse cuenta de que si el contenido un mensaje anónimo variara sustancialmente si se conociera la identidad del emisor y sus circunstancias relacionadas con el mensaje, entonces el valor y contenido de mensaje está claramente siendo manipulado por el uso del anonimato - y eso no es algo bueno para la comunicación.
El autor de «Response to the Anonymous Fallacy» lo resume así: Conclusión: la idea de que todas las afirmaciones deben considerarse como válidas de por sí, sin que importe quién es el autor, tiene cierto sentido, especialmente cuando esto se hace como precaución para evitar males mayores. Sin embargo, eliminar el contexto de cualquier argumentación la puede hacer menos inteligible - y saber quién es el autor de una afirmación puede ser parte del contexto.
El principal obstáculo (que es consecuencia de este papel esencial del contexto) es del tipo práctico: sin el contexto, muchos mecanismos de selección que son esenciales para la eficiencia [de la comunicación] no funcionan.El ejemplo típico sería «Bueno, ahora entiendo por qué A lleva criticando varias semanas de esa forma a B, resulta que B fue su jefe y le despidió hace un año. Ahora encajan las piezas del puzzle. Le criticaría por cualquier cosa, aunque estuviera donando dinero a los pobres.»
Cuestión de reputación
Dicho esto, ¿cómo mantener el anonimato en Internet en estas situaciones? Es muy fácil: procurando que los mensajes contengan toda la información, haciendo que los receptores obtengan información indirecta del autor anónimo y generando un marco de confianza.Si la persona que envía el mensaje tiene una carrera intachable como autor de mensajes con «mucha señal y poco ruido», nadie puede suplantarle, es alguien que aporta cosas positivas a la comunidad Internet, nunca se le ha pillado en una mentira y sus afirmaciones se confirman de forma consistente de forma rutinaria día tras día, muchos verían los mensajes de ese anónimo con iguales (o mejores ojos) que los de cualquier otro comentarista: al menos conocen parte de su contexto, de sus ideas sobre ciertos temas, sus tendencias, sus opiniones anteriores, pero sin necesidad de conocer su nombre real.En cambio los mensajes anónimos de personajes «nuevos» que surgen de la nada, sin registro histórico, sin capacidad de generar confianza ni reputación, son sin duda mucho más cuestionables y poco respetables debido al anónimato. Hasta tal punto de que son pasto ideal para el borrado en foros y weblogs sin muchos miramientos. Muchos pueden ser considerados «ruido» porque son mensajes a los que les falta contexto. Eliminando el ruido aumenta la señal en la comunicación de cualquier sistema de discusión (foro, weblog, chat) y se evita la desinformación (información «malintencionada».)Si bien existen razones legítimas como se ha explicado al principio para el anonimato, esas situaciones suelen ser verdaderamente excepcionales, no algo habitual. Hoy en día el abuso del anonimato sin razones que lo justifiquen ha hecho de éste una herramienta ideal para «molestar sin dar la cara», insultar, amenazar. Cada vez cobra más importancia la reputación y el histórico de las personas (o personalidades) que publican en Internet, ya sea en foros, weblogs o cualquier otro lugar.Adicionalmente, como hacen los investigadores, basta a veces preguntrase por el interés final de la publicación de un mensaje anónimo. ¿A quién beneficia un mensaje Z publicado por un anónimo? ¿Por qué lo hace? ¿Por qué razón realmente lo está escribiendo como anónimo y no identificándose?Un poco de lógica aplicada a estas situaciones sacaría probablemente a la luz razones mucho menos complejas (de más bajeza y pobre valor humano) que las que realmente son aplicables a las precauciones que hacen legítimo el uso de los mensajes anónimos.Actualización: Algunas ideas adicionales sobre esto en Identidad de grupo, anonimato individual con algunos ejemplos y referencias a libros donde se habla de esto.

viernes, 30 de marzo de 2012

“POTESTAD” de Eduardo Pavlovsky.



EL HOMBRE: EDUARDO PAVLOVSKY
TITA: SUSANA EVANS

El hombre detrás de dos sillas, mirando hacia el público.
Sábado, tres y media de la tarde.
Yo estoy sentado acá (señala la silla derecha), Ana María, mi
mujer, está sentada acá… (Señala la silla izquierda).
Más o menos a un metro treinta, un metro treinta y cinco, del
vértice de la pata izquierda del sillón, está sentada mi hija Adriana.
(Señala el lugar donde está sentada Adriana con el pie derecho.)
La posición física de cada uno de los miembros de la familia es
importante en la medida en que la posición física describe, evoca,
sugiere, la relación entre los miembros de la familia, el tipo de vínculo
existente entre ellos. (Repite y reitera el movimiento). Sábado, tres y
media de la tarde, yo estoy sentado acá, Ana María está sentada
aquí, y allí está sentada mi hija Adriana… (Pausa).
Posición mía de este sábado tres y media de la tarde. (Se sienta
en la silla derecha y coloca su pierna derecha en ángulo agudo y la
izquierda en ángulo recto.)
La pierna derecha en ángulo agudo, la pierna izquierda en
ángulo recto, hay una distancia del talón del pie izquierdo al piso de
unos tres, cuatro centímetros; pierna derecha en ángulo agudo, la
pierna izquierda en ángulo recto… Esta posición podría resultar
aparentemente natural, espontánea. Sin embargo, es perfectamente
estudiada, sofisticada, arbitrariamente buscada, científicamente
lograda…
Yo he sido deportista, jugador de rugby, segunda línea
(orgulloso), tenía un físico bastante excepcional… Tengo 53 años…
Pero me acuerdo cuando tenía 25 años, gran jugador de rugby…
cuando saltaba en el lineout, yo me levantaba (se eleva)
enormemente y tomaba la pelota en el aire… Y mi mujer me
acompañaba siempre a los partidos… entonces yo me elevaba en el
aire y tomaba la pelota y cuando venía cayendo, en el aire nos
mirábamos, y ella: ¡Ayhhh!... ¡¡¡Ahhhh!!! Y esta mirada, tan
particular de mi mujer, me sostenía virilmente, quiero decir, era
como algo que me impregnaba de masculinidad… eso cuando tenía 25
años. (Pausa.) Ahora tengo 53… Y esa mirada ha dejado de funcionar
con la intensidad y la sensualidad que ocurría en esa época, con esa
sistemática fuerza, ¿eh? Ella me miraba y yo me sostenía… Ella me
miraba y yo la miraba… Y ahora esto ocurre cada vez menos… De tal
manera, entonces, que las posiciones físicas mías tienen que ser
sofisticadamente estudiadas, científicamente calibradas, para intentar
provocar, recrear, aquellas posturas físicas que permitían que mi
mujer me mirara así… Intento recrear aquella mirada… por ejemplo,
si el sábado tres y media de la tarde suena el timbre o el teléfono en
mi casa, desde esta posición (se levanta atléticamente de la silla) yo
me puedo levantar así (gira)… Hay un movimiento hacia la izquierda…
Ahí está… (gira) y también hacia la derecha… no tanto… Es decir, es
un movimiento lindo porque a uno le permite ser natural e
espontáneo… uno (se levanta) puede levantarse así… Y sentarse así…
(se sienta) porque… Uno podría colocarse de otro modo (se sienta
naturalmente), uno podría colocarse sin preparación ninguna, sin
preocupaciones, con las piernas abiertas, sin ninguna posición
estudiada (se sienta con las piernas abiertas)… Así, así, posición que
se podría hasta decir espontáneamente porteña, muy porteña, y si
suena el timbre o el teléfono y entonces, por ejemplo (se levanta),
me levanto y… ayyyy (queda doblado de dolor) me agarró en la
columna… ¡ayyyy! Con el traste afuera… y bueno es muy difícil
coquetear con la mujer de uno con el traste afuera… ¡Ahí está! ¡Ahí
está! De tal manera entonces… Que yo evito todo tipo de posición
física espontánea que delate mi vejez y decrepitud… esta última
posición es una posición que yo trato de evitar. (Se sienta).
He tratado entonces de estudiar cada una de las posiciones
físicas que me permiten recrear la imagen de aquella mujer que
estuvo enamorada de mí. Pierna derecha en ángulo agudo, pierna
izquierda en ángulo recto; y qué cuesta, con tan poco (se levanta y
se sienta atléticamente) intentar enamorar a la mujer que uno
quiere, estudiando las posiciones físicas necesarias para el coqueteo.
Pero la verdad es que, aunque yo me levanta atléticamente, ella no
se mueve… no me mira… y hay una situación que se me hace
bastante vergonzosa… reproducirla. El sentimiento de humillación que
tengo a veces, porque claro, yo estoy (se levanta y se sienta) “que
me levanto, que no me levanto, me levanto, me siento”… y por ahí
me acalambro (queda doblado; realiza la mímica de contractura
muscular) ¡ay, la puta!... y me siento humillado… pero humillado por
lo que esto representa para mí… que ella no se dé cuenta que estoy
acalambrado… y la pata (se agarra la pierna)… y… y el esfuerzo… me
humillo solo, antes necesitaba la mirada del otro… y ahora me humillo
solo… (se sienta lentamente).
Parece increíble cómo en la vida cuando estudiamos cada uno
de los pequeños gestos, gestos arbitrarios, cotidianos, de la vida,
todo parece gracioso, quiero decir, nos reímos de la absurdidad de lo
cotidiano… si dividimos, si sectorizamos… todo puede resultar
gracioso. Es problema es unir, totalizar, ahí aparece la tragedia… la
tragedia de lo humano ante toda su dimensión… y en cambio nos
reímos cuando sectorizamos, cuando aislamos cuidadosamente cada
gesto. (Pausa. Se sienta en la silla correspondiente.) Cada detalle.
Cada movimiento cotidiano.
La posición física de mi mujer en este sábado es la siguiente:
ella coloca la pierna derecha en ángulo agudo, la pierna izquierda en
ángulo agudo, las rodillas juntas, estudia inglés… yo no tengo ningún
problema si no fuera por un audífono espantoso que se coloca (señala
la cabeza), estudia inglés toda la tarde… yo no tengo ningún
problema con el inglés, que estudie las horas que quiera, sólo que
todo el tiempo… hasta las ocho de la noche, no se saca este aparato,
por lo menos pensaría que a eso de las cinco y media, seis (mímica
de sacarse el audífono), se pudiera sacar el audífono y… “¡ahhhh!”,
“¿cómo estás mi amor?” Pero esto no ocurre nunca… porque nunca se
saca el aparato monstruoso… sigue así… Otra cosa histórica,
importante, son las rodillas… pierna izquierda en ángulo recto, pierna
derecha en ángulo recto y las rodillas juntas… Hace muchos años…
hace quince años, este juego de las rodillas en el matrimonio, era
sencillo (abre y cierra las rodillas), se abrían y se cerraban con suma
facilidad, con suma elegancia… Desde que yo cumplí cuarenta y siete,
cuarenta y ocho, hace como cinco años, esto ni con torniquete se
abre… ¡es dificilísimo!... ¡muy difícil! Por eso entonces, es que la
posición física de las rodillas juntas es también la historia del
vínculo… una historia que hace a nuestra relación amorosa… a
nuestra historia. A veces yo pienso y me pregunto: ¡por Dios!, qué es
lo que me da tanta rabia de Ana María, y veo que lo que me da tanta
rabia es la autonomía que tiene, la autonomía, la independencia. Es
la posibilidad de ser independiente de mí, está casi pegada a mí,
…todo el sábado… pero ella sigue estudiando inglés mientras yo estoy
toda la tarde (se levanta y se sienta) que me levanto, que no me
levanto, que me levanto… ¡Por Dios!... qué dependiente que soy…
(Se sienta en el lugar de Adriana y realiza la mímica de sus
movimientos) La posición física de Adriana viene a ser la siguiente. A
ver… Sí. Ella estudia historia, se coloca en esta posición, la pierna
izquierda. El talón de la pierna izquierda está sobre la ingle derecha,
hmm…, talón de pierna izquierda sobre ingle derecha, es una posición
aparentemente incómoda, para mucha gente, porque la gente se
acalambra en esta posición, es decir, esta posición es difícil,
solamente Adriana y yo podemos sentarnos naturalmente así… sin
contracturas, sin problemas de rodillas, es una posición natural para
nosotros. Ella la copió de mí. (Pausa) Estudia historia. A eso de las
cuatro y cuarto, más o menos, Adriana hace un movimiento hacia
atrás, gira hacia acá y me mira… y yo siento que me dice: “papá, vos
y yo nos sentamos solamente así…”. Y a eso de las siete, siete y diez,
más o menos, hace un movimiento más rápido, que es desde acá,
hace así, es así… y dice: “te adoro papá, te adoro papá, te adoro
papá, te adoro papá…” Te adoro. (Pausa larga).
Es increíble la repetición de cada gesto, de cada minuciosidad,
es gracioso, pero cuando tomamos conciencia de la globalidad todo
se vuelve trágico… trágico… (se sienta en su lugar).
Bueno sábado tres y media de la tarde… a eso más o menos de
las cuatro y cuarto sonó el timbre de mi casa, cosa que me alegró
profundamente porque me permitió saltar de la silla elegantemente…
“¡Sí!” (se levanta atléticamente.) Al sonar el timbre me levanté así
atléticamente, casi como en un lineout. “Sí”… mi mujer siguió
estudiando inglés… no me miró, después hice un primer movimiento
hacia acá (se dirige hacia el costado donde imaginariamente está la
puerta y a partir de allí mima alternativamente la presencia del
visitante “hombre bien” y la de él), espontáneo, abrí la puerta… aquí
abrí la puerta, aquí… y aquí aparece un señor bien vestido, un tipo
bien, difícil precisar qué es un tipo bien, cuando un tipo es un tipo
bien es un tipo bien… y la gente bien es muy difícil de imitar, quiero
decir, tienen un movimiento muy lindo de cadera y de hombro,
angular, un tipo bien, bien vestido, elegante, jugador de polo, Colegio
Champagnat, Lasalle… ¡qué pinta la gente bien!, ¿no? (adopta la
posición física del gentleman) Un movimiento muy lindo con las
manos hacen, una arriba de la otra, así, no, muy fino, … y una
miradita… con la vista, así, no… (Imita el tono de la clase alta
argentina) “¡Buenas tarde, señor! Yo quisiera hablar con su hija
Adriana, diez minutitos, diez minutitos, nada más… quisiera hablar
con su hija Adriana, diez minutitos… Después vamos a hablar con
usted y con su mujer, ¿eh?” Yo me quedé fascinado con las formas,
porque hacen una cosa muy linda, hacen dos cosas muy lindas… una
es una especie de armonía de movimientos corporales, y que es como
tirar la mano para acá y después la vuelven, hummm, así, hum, eh, y
después otra cosa que hacen muy linda es que no miran a la cara
cuando hablan, mirando ahí, no miran acá, miran ahí, ahí, eh, no, no
miran nunca a la cara, entonces como yo soy un tipo que tiene una
especie de admiración por la clase alta, de amor imposible ay cuando
me dijo eso, me puse… me mimeticé y le dije: (Imita la voz del tipo
bien.) “si usted quiere hablar con mi hija Adriana primero tiene que
hablar conmigo y mi mujer…” Y él se dio cuenta que yo lo estaba
imitando, quiero decir que había hecho una cosa que hacen ellos muy
bien, que es no pronunciar las vocales, no. Yo lo imité, ¡Yo lo imité!
“Si usted quiere hablar con mi hija Adriana…” Él me miró con esa
superioridad de la gente bien, sin necesidad de mucho, me miraba,
entonces apenas me miró yo sentí una especie de derrota, pescaba
que yo lo estaba imitando, imitando, tratando de descifrar las
tonalidades de la gente bien para hablar como él… entonces
rápidamente me dijo: “Por favor señor, vamos a aclarar bien las
cosas, que no estamos en la épocas de annntes, ¡por favor, señor,
tranquilícese que no estamos en la época de Antesss! ¡¡¡Antessss!!!”
Como yo soy disléxico y pierdo el sentido del tiempo y del
espacio, creo que, ahora me doy cuenta, que “Antessss, Annntesss”,
se refería a un período anterior, un período que era anterior, y
después, viene el futuro. Pero como soy disléxico, me quedé con el
Annntesss… me enfrenté a él y le dije: “¡Y yo soy el PAAADRE, yo soy
el PAAADRE!” Me puse cacofónico. Nos miramos. Y acá pasó una cosa
preciosa. … Él me miró y como si hubiera comprendido toda mi
relación histórica y con Adriana… todo de golpe, de golpe, me miró
y… no me dijo nada, pero yo sentí que me decía “… pobre… está bien,
…a todos a esta edad nos pasa lo mismo… qué vas a hacer… somos
dependientes de la mujer…” Pero sin palabras, con gestos, muy
chiquitos… (Pausa.) parece increíble a mi edad, tanto esfuerzo que
hacemos por ser machos y de repente un tipo que no conozco
comprendió toda la historia de la relación con mi mujer, todo,
minuciosamente todo, ¡en cinco minutos se dio cuenta de todo! Y yo
quedé esperando que ella dijera: “yo soy la madre”. ¡se dio cuenta
que ella no se levantó y que yo me sentí humillado! Me emocionó
tanta comprensión, esta especie de alianza de clase de calzonudos” Y
entonces me emocioné y quise como abrazarlo ¡pocos hombres me
habían entendido así! Confieso que hasta creo que hubo como un
intento de beso, pero no beso de marica, no, no, beso de hombre… y
acá me equivoqué otra vez porque me olvidé que la clase alta no se
toca… la clase alta no se toca, no se deja agarrar, son gente que
tienen una habilidad enorme de moverse sin tocarse. (hace un
movimiento mímico imitando el tipo bien esquivándole el abrazo y
cómo penetra estéticamente en su living en dirección a Adriana.) Él,
sobre la marcha y con una gran elegancia, hace este movimiento
estético moviéndose hacia aquí… juro que cuando él se mueve… yo
estoy acá desairado… lo primero que hice fue colocar la boca hacia
acá (Retracción del labio en posición del beso inicial.)… me dio pudor,
me dio mucho pudor este movimiento… él está aquí, la mano
izquierda de él… juro que en este momento no retengo… sé que está
la mano izquierda de él dirigida hacia Adriana pero no puedo recordar
dónde está Adriana en este momento… no percibo la figura de ella
sólo sé que él está acá (Se sienta en la silla de Ana María e imita el
fallido empujón de ésta sobre el hombre bien y luego mima la forma
en que la esquiva estéticamente.) y Ana María está aquí sentada a un
metro veinte, un metro treinta, pega un salto hacia él cuando lo ve
venir hacia Adriana, como para empujarlo, y él, como si conociera el
movimiento de Ana María, como si captara todo esto, hace así, así,
así y Ana María pasa de largo y boom! ¡ se da con la jeta contra la
pared! Y él se queda acá. Aquí, aquí, sí, por Dios, recuerdo ahora que
Adriana está levantada, le toma la mano derecha a la nena y (Mira el
pasaje de Adriana y el hombre bien, hacia la puerta de calle, tomados
de la mano.) aquí primeramente percibo que Adriana está con la
mano derecha aquí, la mano izquierda de él aquí, la mano derecha de
Adriana aquí, hay un movimiento de Adriana que me mira, me mira y
yo siento que me dice: “te quiero papá, te quiero papá…” Hay un
sucesivo pase, una armonía estética en el deslizarse de los dos,
ninguna violencia, ninguna agresión, ¡Nada!, ¡Nada! era intimidad, ni
violatorio de nada, todo se deslizaba, la mano derecha aquí, la mano
izquierda aquí, la mano… cuando pasa Adriana aquí, hacia adelante,
yo avanzo, fue el primer movimiento espontáneo de la tarde! pero no
puedo hacerlo porque hay un hombre que se me cruza, se me cruza
en el momento en que yo avanzo hacia Adriana para pararla, en el
momento en el que yo voy a avanzar. Adriana está con el primer
hombre que se la lleva poco a poco. Ella alejándose y se me adelanta
el hombre: “¡Por favor señor, no estamos en la época de antes! Por
favor señor, que no estamos en la época de antes, ¿eh? Vamos a
hablar diez minutitos con su hija, vamos a volver a hablar con usted
y su mujer ¿eh? Diez minutitos, eh…” Hay un último movimiento de
Adriana, que me vuelve a mirar:”¡Adiós papá! ¡¡¡adiós papá, adiós
papá!!!”
Yo no recuerdo… estoy aquí sentado… recuerdo una serie de
imágenes… (vuelve a colocarse en su silla y realiza movimientos
mímicos de las posiciones de él y Ana María después que se la
llevaron a Adriana.) estoy aquí… sé que hay una mirada de Ana María
que está acá… y Ana María me mira, como los matrimonios no nos
miramos habitualmente, más allá de… más allá de…
Tampoco recuerdo cómo llega Ana María aquí, lo que sí
recuerdo que la mano derecha de ella está aquí, la mano izquierda
mía aquí, así, sí, sí aquí está, la mano, le tomo la mano derecha con
la izquierda mía, le aprieto la mano, es una ceremonia, un ritual del
silencio, del dolor, sin hablar… todo estaba acá, todo estaba acá, ¡por
Dios!... las dos manos tocándose, no había nada que hablar… y yo
descubro: ésta es mi mujer… ésta es mi mujer… Y los dos miramos
cómo se la llevaban a Adriana…
(Entra Tita colocándose detrás de él. A partir de aquí y durante
ciertos momentos de la obra los dos personajes sentados en ambas
sillas realizan movimientos con las sillas que en la puesta inicial de
Brisky tenían en sentido de acercamiento o distanciamiento afectivo
de los personajes en momentos críticos. No queremos “marcar”
nuestros movimientos, es decir, los momentos de mayor
acercamiento o distanciamiento o persecución de ambos personajes
expresados a través del movimiento de las sillas. En nuestra puesta
los personajes se aproximan sin tocarse nunca. Cada elenco debe
encontrar a través de los ensayos sus propios movimientos.)
Me resulta tan difícil hablar Tita, tan difícil, tenía tantas ganas
de hablar con vos… tantas ganas de hablar con vos, ¡por Dios! No me
salen las palabras de la boca, me cuesta hablar. Con Ana María no
puedo hablar, no puedo hablar, es increíble en un momento como
este en que deberíamos estar más juntos con Ana, más juntos que
nunca, estamos evitando enfrentarnos, no nos miramos, no podemos
mirarnos a la cara… Tita. Estoy viviendo como un sueño, Tita, como
un sueño, a veces tengo la impresión de que se va a abrir la puerta y
va a aparecer Adriana como todos los días… Vos sabés Tita que con
Ana María fuimos una pareja que nos quisimos mucho, muchísimo.
Una pareja triste, resignada, esperando algo que nunca llegaba y
paralizados por una ilusión!
Todos nuestros diálogos desembocaban siempre en lo mismo,
en esa especial frustración de la espera, habíamos agotado todos los
tratamientos médicos posibles y sin embargo los dos seguíamos
aferrados a la esperanza, éramos una pareja resignada pera cada uno
de nosotros tenía en el fondo una secreta ilusión, pero esa secreta
ilusión no la compartíamos, habíamos agotado el dolor de compartir
algo! Por eso cuando se acercaba la fecha, cada mes, ¡por Dios!,
esperábamos el milagro, pero sin hablar, en silencio… (Pausa.) Y
después, Tita, la llegada de Adriana… Yo te puedo decir literalmente
que la llegada de Adriana modificó nuestra pareja. ¡Nosotros fuimos
una pareja antes de Adriana y después fuimos otra pareja…!
(Pausa.)¡nos han quitado la vida Tita! ¡Nos han quitado la vida! ¡Me
siento tan solo, tan vacío! ¡Ya nada tiene sentido para mí, Tita, es
espantoso! Disculpá… disculpá mi incoherencia, Tita, pero me siento
desgarrado por dentro, el esternón, las costillas, estoy roto, y la
desesperación es no poder imaginar cómo puedo seguir viviendo sin
la nena…, ¡cómo puedo seguir viviendo sin la nena!
Antes teníamos la ilusión con la esperanza. Ahora nos queda el
recuerdo pero sin esperanzas. Nunca quise a nadie más en mi vida
que Adriana. ¡NUNCA! Y me la robaron, Tita, ¡me la robaron con
mentiras! ¡sabias mentiras que solamente esta gente es capaz de
transformar, lo bueno en lo malo, lo justo en injusto!
¡Cuando la calumnia de esta gente echa a rodar, todos los
valores se trastocan!
Yo pensaba que la maldad era una cosa abstracta, ¡teórica!
Pero cuando la veo encarnada en personas de carne y hueso, que
gritan, se ríen, gesticulan, insultan y persiguen, Tita, persiguen, como
si hubieran nacido para eso, ¡¡¡para perseguir…!!! Me siento tan solo,
Tita… es muy difícil explicarte, Tita, el vacío inenarrable que se
siente… Vos sabés que en estos momentos… Tita… uno se aferra a los
recuerdos, a las imágenes… Cada imagen, te aferrás, así, así, así, así.
(Pausa.) Los domingos a la mañana nosotros estábamos en la cama;
Ana María y yo leíamos el diario en la cama, a Adriana la sacábamos
a pasear después del desayuno… Cuando uno leía el diario, eh, y la
nena venía a eso de las diez de la mañana y se metía en la cama
entre nosotros dos, pero no hacía como todos los chicos “¡papámamá,
cuándo me van a sacar a pasear!” Se quedaba en silencio, en
silencio… Después Ana María le ponía un vestidito… la llevábamos a
tomar el desayuno, aquí a lo de don Ignacio, ¿conocés a don Ignacio,
Tita? ¡Tita! ¡Tita! (Tita no lo mira.)
Íbamos caminando, Ana María a la derecha, en el centro
Adriana y yo a la izquierda… nos acercábamos a la vereda y apenas
don Ignacio nos veía venir, gritaba: “¡Medias lunas con dulce y
manteca para la niña Adriana! ¡Medias lunas con dulce y manteca
para la…”!
TITA: (Gritando) ¡Ya escuché!, ¡ya escuché!
Después la sacábamos a pasear… Tita. A veces íbamos al
“Italpark”, al Tigre, a Ezeiza,… al bowling… Vos no sabés la paciencia
infinita que le tenía Ana María a la nena… infinita… ¡cómo si hubiera
almacenado todo su amor durante tantos años de espera y hubiera
podido expresarlo de golpe sobre la nena! (Pausa.)
Don Ignacio vino a verme el otro día… él la quería mucho a la
nena. Quince días después que se la llevaron vino a verme... golpeó,
abrí la puerta, me miró. Nos abrazamos, el viejo me apretaba y
sollozaba, me apretaba fuerte, ¡abrazo de macho, Tita! Abrazo de los
de antes, sollozaba y me apretaba… yo nunca lloré tanto, Tita, ni
cuando murió mamá…
TITA: (Se levanta de la silla.) ¡¡Mamá!! (Se sienta lentamente.)
Mamá, mamá…
Ana María bajó diez kilos desde que se llevaron a la nena, Tita.
Se está volviendo loca. Ella, que era tan solidaria, una mujer tan
fuerte, fue demasiado brutal, demasiado de golpe, fue espantoso, voy
a tener que sacarla del cuarto de la nena… cierra la puerta con llave y
habla, habla, como si estuviera con la nena. Se va a la cocina y dice:
“no puede ser, no puede ser”… Nos dejaron solos, Tita, en este país
de mierda, en este país de cagones, en este país de cornudos, nos
dejaron solos, ¡Tita! ¡No vino nadie a vernos! En este país de
cabrones, no vino nadie, Tita, nos dejaron solos, ¡solos! (Pausa. Se
acerca, parece que la va a tocar, pero nunca llega a hacerlo.)
Veinte días antes de que se la llevaran, yo le hice una reunión a
Adriana. Vinieron los chicos y las chicas del colegio. Vos la conocés a
Ana María, hizo empanadas, para todos. Meta empanadas y vino. Yo
estaba en un rincón viéndolos a los chicos y Ana María me decía:
“ahora cuando vengan los padres a buscar a los chicos, salúdalos, no
seas tímido como siempre, hablá un ratito”.
Vos sabés Tita que en el fondo yo soy muy tímido… vos me
conocés bien… Tita, si no me conocés bien vos, ¿Quién me conoce,
eh? (Tita no lo mira.)
Había una pelirroja amiga de Adriana entre las amigas, y de
repente vino el padre a buscarla y se puso a hablar de fútbol con
otro, de River, ¡Tita!, de la época de “La Máquina”, de mi época,
empezamos a hablar de fútbol con el padre de la pelirroja. Ana María
me miraba y me decía: “ahora te gusta hablar, ¿eh?”, ¿Y qué querés?
Le decía yo, si lo único de lo que me gusta hablar es de fútbol…
quedamos con el padre de la pelirroja, la amiguita de Adriana, en ir al
fútbol juntos… él había quedado en llamarme para ir juntos a la
cancha… (Pausa larga.)
Quince días después que se llevaron a la nena, fui a lo de don
Paco, a la farmacia, conocés lo de don Paco, Tita, ¿eh? (Tita no lo
mira.) ¿Sabés dónde está? La farmacia… a la vuelta de la esquina, fui
a comprar aspirinas, y cuando estaba pagando en la farmacia, miré a
un costado… y estaba parado el padre de la pelirroja, el que había
estado en casa quince días antes y yo lo miré y “¿qué tal!? ¿Qué tal,
cómo… !?” Me esquivo, Tita, el hijo de puta me esquivó… tuvo miedo,
se puso a mirar la vidriera para no saludarme… el mismo que había
estado en casa, el hincha de River… ¡cagones! Por eso, Tita, cuando
Ana María me dijo que vos habías hablado por teléfono para avisar
que venías a verme, yo pensé… ¡pero esta es la misma amiga de
siempre…! ¡Cuando yo estoy jodido vos estás a mi lado siempre y
cuando vos estás jodida yo estoy…! Porque siempre estamos juntos,
porque no tenemos miedo (Hace un chistido a Tita.)… ¡Shh! ¡Shhh!
¡Shh!
El otro día, el otro día sonó el teléfono, dos veces, no
contestaron. Ana María pensó que era la nena, Tita, que no la
dejaban hablar… pero que en cambio podía escuchar… Se puso como
una loca, Tita… ¡Nena!, ¡Por Dios! Te están haciendo algo, te están
pegando, yo estoy aquí con papá, te quiero mucho, hija… ¡Se estaba
volviendo loca, Tita!
Yo le saqué el teléfono: “¡Hola, Adriana! ¡Aquí están papá y
mamá, hija! ¡No hables, escuchá! ¡No hables, hija! Adriana, mamá y
papá están acá rezando, rezando por vos…”(Cruza las manos en
actitud de rezo.)
(Se entrecorta el discurso.) El otro día cuando la vinieron a
buscar… Yo quisiera hablar con su hija Adriana… yo soy el padre… en
silencio… no estamos en la época de antes… no estamos en la época
de antes… la mano derecha… Adriana, adiós, papá, adiós papá, adiós
papáaaa…
Yo pensé que esto podría ocurrir alguna vez, Tita, pero nunca
imaginé que fuera así, demasiado de golpe, estas cosas… pueden
ocurrirle a otro, a otro. Nunca a uno. De haber sabido que las cosas
podían ocurrir así, pienso que tal vez deberíamos haber actuado de
otra manera, haber hablado más con ella, haberla prevenido, a veces
pienso si no nos equivocamos en algo. A veces pienso, Tita, si no nos
equivocamos con la nena… haberle dicho algo, explicarle algo,
sugerido algo…
Una sola vez en el día tengo la oportunidad de hablar con Ana
María, ¡una sola vez! Y yo le pregunto: ¿no nos equivocamos en algo
con la nena, Ana María, no deberíamos haberle explicado algo,
haberle dicho algo? Pero ella no contesta, Tita, ella no habla, no
come, no duerme, no ríe. Se está volviendo loca, ¡loca! Y yo tengo
miedo por ella, Tita, pero también tengo miedo por mí… A veces he
pensado si lo mejor que pudiera pasarnos a los dos… (Tita se levanta
como para acariciarlo. Él la elude y se sienta en la otra silla.)
Me da vergüenza, a esta edad, me da vergüenza decírtelo, Tita,
pero tengo miedo de que te vayas y me dejes solo… solo con Ana
María, me siento tan solo, tan impotente, Tita, ¡tengo que salir a
trabajar! Y ella habla, habla como si estuviera con la nena, ¡se está
volviendo loca, Tita! Tengo que salir a trabajar y no puedo dejarla
sola, me siento tan impotente, no puedo dejarla acá sola. ¡Tengo
tanto odio, Tita! ¡Tanto resentimiento! Nos dejaron solos. No puedo
dejarla acá sola, ¡Tita! No te vayas, Tita, no te vayas. Tengo miedo,
tengo miedo… no me dejes, Tita. Por Dios, Tita, no me dejes solo.
¡Tengo miedo de que se vuelva loca adelante mío! (Pausa. Se vuelve
a aproximar, pero nunca se tocan.)
Vos sabés Tita, vos sabés que yo nunca tomo nada para
dormir… ahora todas las noches tomo algo para dormir… porque no
aguanto, ¡no aguanto todas las noches el olor a lágrimas de Ana
María llorando por la nena! ¡No aguanto las lágrimas! ¡Me da asco!
¡Asco del olor a lágrimas! No aguanto el olor a lágrimas en la camas y
me escapo… me escapo de la cama… y vengo al living… me tomo dos
pastillas y apenas comienzo a dormitar, apenas comienzo a dormitar
se me aparece la cara de Adriana riéndose, entonces tengo la
impresión de que todo fue una pesadilla y le empiezo a contar que
soñé que la habían venido a buscar y que se la llevaban… y lloro
como un loco, no sé si de alegría o de pena y de repente la cara de la
nena se empieza a esfumar y yo me siento sobresaltado. Desde que
la vinieron a buscar sueño lo mismo todas las noches. Me doy cuenta
de que estoy soñando, pero me hago trampas, Tita, trato de pensar
de que es realidad, que no es un sueño, para retener la imagen de la
nena tres segundo, nada más que tres segundos… para verle la cara
unos instantes, nada más que unos instantes. (le chista a Tita.)
¡Shhh! ¡Schhh! Es Ana María, Tita. ¡Es Ana! ¡Shhh! ¡Shhh! ¡Es Ana!
(Se dirige hacia la pared posterior, donde se coloca bruscamente en
posición de “cacheos” policiales con los brazos y las manos abiertas
apoyadas y tocando la pared. Al darse vuelta aparece transformado
en un burdo personaje fascista, con las manos en la cintura. El
proceso de metamorfosis es casi grotesco. Lentamente vuelve al
“personaje” anterior y se sienta para reanudar el diálogo con Tita. Al
reanudar el diálogo con Tita algo del personaje fascista se debe
apreciar sutilmente en la actuación.)
Vos sabés, Tita, que la nena sufrió mucho. Primero lo de los
padres y ahora esto… ¿Vos sabés como conocí yo a los padres de
Adriana, Tita? Él tenía un buraco acá en el frontal, era impresionante,
…diez centímetros… acá… ¡impresionante! Tenía además un agujero
en el molar, fosa orbicular derecha, comisura labial. Se le veía el piso
de la boca… Nunca vi tanto agujero en una jeta, además tenía el
parietal abierto, con salida de masa encefálica, ¡era impresionante! A
ella, le habían tirado con una 45 durmiendo, acá, en la cama, no
tenía jeta… no tenía jeta, Tita, tenía una cavidad, se le veía apenitas
un poquito del ojo acá… ¡era impresionante! Ninguno de los dos tenía
cara… Me llamaron para ver si estaba vivos, lindo oficio el de médico,
Tita, ¿eh?! (Se ríe. Tita no lo mira.) Los muchachos me llamaron para
ver si estaban vivos. Fue un domingo a la tarde, en la calle Amenábar
2030, me puse el guardapolvo blanco, agarré el aparato de la presión
arterial que me regaló papá… Te acordás, Tita, del aparato que me
regaló papá (Se ríe.), y me subí al coche. Lindo oficio el de médico,
¿eh? Llegué a las cinco de la tarde ahí, toqué el timbre, apareció uno
de los muchachos lleno de sangre, con el arma en la mano, y me
dijo:”¡Buenas tardes, doctor!; yo miré y vi a otros dos tipos parados
en la ventana, estaban armados. “¡Buenas tarde, doctor”! “¿Sí?”
“Queremos que usted certifique si la señora ha fallecido porque hasta
hace poco estaba gritando”…
Yo miré hacia la cama… ella tenía el bracito colgando, no tenía
jeta, Tita, una agujero así… “¿usted quiere que yo revise a la
señora?” ¡Lindo oficio el de médico, Tita! Él se fue caminando y se
puso al lado de los otros dos… el cuarto estaba todo lleno de sangre.
Había sangre en la puerta, en el piso, en el techo, en las ventanas.
Estaban los tres contra la ventana mirándome. Agarré el bracito de
ella, le coloqué el aparato de la presión que me regaló papá. “¡Cero!”
“La señora ha fallecido”, dije. “Muchas gracias, doctor. Queríamos
que usted certificara”, y se fueron… Tita.
Me dejaron solo. ¡El papá y la mamá de Adriana eran fanáticos,
Tita! ¡A estos hijos de mil putas, si no los cagaban a balazos en la
cama te cagaban ellos, te hacían volar la casa…! Estaba ahí… yo me
acerqué a la cama… eran jóvenes…
(En este momento debe caer sangre1 sobre la cara del
personaje.) Me dejaron solo. Escuché como un llanto, Tita, en el
cuarto de al lado… abrí la puerta y vi a la nena ¡hijos de puta! ¡tienen
a la nena acá! ¡hijos de puta! ¡estaba la nena acá…! ¿Qué edad
tendría Adriana?, Un año y medio o dos… Por Dios, ¡un milagro de
Dios!, ¡tantos años esperando, gracias a Dios…! ¡Quién te va a cuidar
a vos más que yo y Ana María; que estuvimos esperándote tantos
años! Agarré a la nena y la puse en el coche y la nena me miraba con
esos ojos celestes, la nena me miraba y se la llevé a Ana, y Ana abrió
la puerta ¡Ana! ¡Ana!, no digas nada, esta nena es nuestra, Ana, esta
nena es… no preguntes nada, no preguntes nada… ¡me la gané yo,
yo, YO! Esta nena es nuestra, me la gané YO! Esta nena es nuestra,
me la gané ¡YO! ¡YO! ¡¡¡Es nuestra!!! ¡¡Sh Shhh!! No preguntes nada.
nunca preguntes nada. Nunca más preguntes nada. Nunca más.
Le ensañamos a decir mamá y papá de entrada.
Ella necesitaba tanto amor, Tita, y nosotros teníamos tantas
ganas de dárselo, ¡por Dios!
¡Eran épocas de mierda, Tita! Había que salir a cagarse a
balazos todos los días… Por eso, Tita, cada vez que suena el teléfono
y yo pienso que puede ser Adriana, que no la dejan hablar pero que
en cambio puede escuchar… (la cara debiera estar totalmente
ensangrentada.)
“Hola, Adriana, no hables hija, no hables y escucha, escucha…
yo quiero que se sepas que papá y mamá están aquí rezando por vos
todos los días, todos los días rezando… Hay que tener mucha
paciencia, Adriana, mucha paciencia. Porque si las cosas siguen así, y
Dios quiere, dentro de muy poco, vamos a estar juntos otra vez los
tres, Adriana. Si las cosas siguen así, dentro de muy poco, vamos a
estar juntos otra vez los tres…”
APAGÓN
1 Nosotros utilizamos un tubo con un líquido del color de la sangre. El tubo estaba colocado en el techo y
se implementaba en el momento preciso con una jeringa desde el costado.

jueves, 22 de marzo de 2012

"Y FLORECERAN LAS CALAS…" por Darío Yancán

… otra vez, aunque este verano se negaron. Y se llenará el aire de risas, de ladridos, del viento entre la glicina. Volverá a sonar la lluvia sobre las chapas y se agitarán los álamos en la tormenta. Habrá otros pasos sobre la pinotea y otros niños llamarán a sus padres las noches de miedo o enfermedad. Y habrá gente feliz, luego conforme, luego indefectiblemente triste.
En algunos momentos, llegué a sentirme impune. En algunos momentos hice alarde de insensibilidad, pero gracias a la pérdida, me volví a sentir HOMBRE. Vivo, sanguíneo, sentimental, humano.
Cada objeto, cada ladrillo y cada terrón de esta tierra, mi tierra, se me despide a mi paso. El vidrio que rompieron para llevarse el ajuar de Renata, el dibujo de la habitación de Mateo, el ladrillo que me amputó la mano… Cada mueble movido, descubre pequeños objetos que el tiempo guardó entre pelusas y tierra y que me cuenta cosas.
Creí por muchos años que nada de esto me iba a suceder. Creí que la insensibilidad era buen refugio pero de ciertas culpas no hay forma de escapar.
Y volverán a florecer los azahares, volverá el tiempo del limón, las naranjas, las mandarinas, los pomelos. Y en el próximo noviembre, por sólo un mes, el comedor se pondrá lila con la glicina. Y la campanita blanca de la tía Alicia seguirá su imparable curso. Y el jazmín florecerá para navidad.
Y todo se sucederá cíclicamente con las estaciones, así como se sucederán los propietarios y los niños crecerán y mi grial irá rodando por este mundo.
Cómo rescatar los recuerdos? Como evitar que éstos estén ligados a un determinado sitio?.
Nunca había experimentado la pertenencia, ni siquiera en mi casa familiar. Nunca había sentido la honda la cuchilla de la decisión. Nunca me había sentido tan partido en dos. Feliz y destruido, vivo y muerto, humano y vegetal. Vivo en cada planta, en los materiales de estas paredes que van a ser entregadas… porque en ellas vive lo que fue la esperanza de una vida feliz y no supimos tenerla. Porque ellas dieron cobijo al nacimiento de mis hijos. Porque ellas son el cruel testimonio de uno de mis grandes fracasos que no deseo repetir.
Deseo que este holocausto no se en vano, que esta vida, a veces puta, a veces divina, se me haga amiga…
Perdón y gracias. Perdón hijos por no haber estado a la altura de un padre, de haberlos destapado en pleno invierno, por no haber estado el día en que pintaron su friso de pececitos, y de no haberles dado un beso cada noche. Perdón por no haber sido el hombre que esperabas. No tengo más.Gracias, amor, por el abrazo y por rescatarme…
En estos momentos desearía tener fe… pero antes debo abrazar a mis hijos.
Darío, 22 de marzo de 2012.-

miércoles, 8 de febrero de 2012

domingo, 29 de enero de 2012

"LA DEMOCRACIA CONSTITUCIONAL" por Luiggi Ferrajoli.


Centenario de la Escuela de Derecho de la Universidad de Vaplaraiso, Chile

lunes, 23 de enero de 2012

"EL CHE: si hubiese sido escuchado a tiempo". Homenaje de Dario Yancán


vean este video y la historia hubiese sido otra...

http://www.youtube.com/watch?feature=endscreen&NR=1&v=Agz3cYH_DPw